Neuritis Óptica: Síntomas, Causas y Tratamientos

La neurourits óptica (NO) es una patología en la que se produce una inflamación leve o significativa del nervio óptico (Ernene et al., 2016).

A nivel clínico, la alteración funcional y estructural de esta rama nerviosa se caracteriza por la presencia o desarrollo de un déficit de la agudeza y capacidad visual, en la capacidad cromática, alteración pupilar aferente y, en algunos casos, acompañado por edema, atrofia o palidez del nervio (Buompadre, 2013).

neuritis óptica

Además, el curso clínico de la neuritis óptica suele ser muy variable, desde súbito/progresivo a unilateral/bilateral. Además, a nivel etiológico, la neuritis óptica puede estar provocada por factores desmilinizantes, vasculares, tóxicos, traumáticos, entre otros (Bidot, Vignal-Clemont, 2013).

En el caso del diagnóstico de este tipo de patologías, resulta fundamental el examen físico, oftalmológico y neurológico, complementado con diversas pruebas como la resonancia magnética, la campimetría o los potenciales evocados (Gutiérrez-Ortiz y Teus Guezala, 2010).

El tratamiento de la neuritis óptica suele centrarse en el control o eliminación de la causa etológica identificada y, por otro lado, en la reducción y gravedad de los episodios o ataques sintomatológicos, generalmente a través de la administración de fármacos corticoides e inmunomuduladores (Buompadre, 2013).

Características de la neuritis óptica

Neuritis óptica es el término médico que suele emplearse para hacer referencia a la presencia de una inflamación del nervio óptico (Mayo Clínic, 2014).

El nervio óptico, también denominado par craneal II, es la rama nerviosa encargada de la transmisión de información visual, es decir, de los estímulos que se generan en la retina y son trasladados al área occipital de la corteza cerebral para su procesamiento (Buompadre, 2013).

Así, la función del par craneal II es fundamentalmente sensorial, abarcando los receptores periféricos de la retina, las vías centrales y los centros corticales (Sánchez Méndez, 2016).

De esta forma, cuando existen una afectación temporal o lesión permanente del nervio óptico, podrán aparecer una amplia variedad de síntomas oftalmológicos (Gutierrez-Ortíz y Teus Guezala, 2010).

Las patologías y eventos médicos que con más frecuencia afectan al nervio óptico son los glaucomas (alteración de la presión intraocular) y las patologías inflamatorias, comprensivas o inflamatorias, hereditarias y traumáticas (Gutierrez-Ortíz y Teus Guezala, 2010).

De forma específica, la neuritis óptica puede ocasionar un amplio patrón de perdida visual, dolor localizado y otros síntomas de carácter neuro-ocular (Mayo Clínic, 2014).

Aunque la neuritis óptica es una patología que suele estar asociada al padecimiento de la esclerosis múltiple, constituyendo normalmente uno de sus síntomas iniciales, en otros casos, supone un evento médico aislado que suele remitir tras la administración de un tratamiento temprano y eficiente (Mayo Clínic, 2014).

Estadísticas

A pesar de que existen escasos estudios epidemiológicos acerca de la prevalencia mundial de la neuritis óptica, algunos estudios realizados en Suecia y Dinamarca, indica que ésta oscila entre 4 y 5 casos de nuevo diagnóstico, por cada 100.000 individuos de la población general (Ernene et al., 2016).

Además, también se han identificado diversos factores de riesgo asociados a la edad, el sexo, la raza o las alteraciones genéticas (Mayo Clinic, 2014).

Específicamente, existe un pico de frecuencia entre los 20 y los 40 años de edad. Además, dentro de éstos, las mujeres suelen padecer la neuritis óptica en una proporción más elevada que los hombres, con una ratio de 3:1 (Mayo Clinic, 2014). Además, la neuritis óptica tiene a afectar con una frecuencia mayor a los individuos caucásicos (Ernene et al., 2016).

La situación más común de diagnóstico es la siguiente: paciente joven entre 20 y 45 años, con un primer evento agudo de signos y síntomas relacionados con la afectación oftalmológica nerviosa (Ernene et al., 2016).

Sin embargo, también pueden observarse algunos casos más atípicos durante la infancia o en edades avanzadas, durante la vejez (Ernene et al., 2016).

Signos y síntomas más comunes

En función de la causa etiológica y las características individuales de la persona afectada, los síntomas que produce la neuritis óptica pueden variar de forma significativa, sin embargo, los más comunes incluyen (Buompadre, 2013; Krause, 2015; Mayo Clinic, 2014; Sánchez Méndez, 2016):

a)  Episodios de Dolor Agudo

Buena parte de las personas que sufren neuritis óptica refieren el padecimiento de episodios de dolor localizado en las áreas oculares, especialmente detrás de los ojos o alrededor de éstos, dolor periocular.

Además, las sensaciones de molestia y dolor suelen agravarse o acentuarse ante el movimiento de los ojos. En muchas ocasiones, puede acompañarse de la percepción de destellos lumínicos (fotopsias), puntos negros, e incluso luces intermitentes o parpadeantes.

b) Déficit Agudeza Visual

La pérdida de la agudeza visual es uno de los signos tempranos y cardinales de la neuritis óptica. Generalmente, suele presentarse en un continuo que varía desde la visión borrosa a la ausencia total de percepción lumínica.

Normalmente, este tipo de síntomas suelen presentarse de forma unilateral, es decir, afecta a un único ojo, aunque en aproximadamente un 40% de los casos neuritis óptica infantil, cursa con una caída bilateral de la agudeza visual, simultáneamente o consecutivamente.

Además, la pérdida progresiva de agudeza suele acompañarse de una alteración de la percepción de los colores (discromatopsia) y una reducción significativa del campo visual. En buena parte de las personas afectadas, este tipo de síntomas comienza con una percepción anormal o menos extraña de los colores.

Normalmente, esta pérdida de visión suele ser temporal, restringida al padecimiento de una exacerbación o brote sintomático, aunque la duración del episodio es variable, por lo general tienen a resolverse en un período de horas a días. Sin embargo, en otros casos la pérdida de visión, parcial o total, es permanente.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que la pérdida de visión eficiente y nítida, en muchos casos, puede verse agravada por la realización de actividad física intensa o por la presencia de temperaturas elevadas, ya sean corporales (fenómeno de Uhtholff) y/o ambientales.

c) Defecto Pupilar Aferente

La pupila es una estructura ocular que se sitúa en el área central del iris, suele presentar un diámetro variable en función de los estímulos físicos (Luz/oscuridad) o nerviosos (fármacos/miedo/sorpresa, etc.).

La función esencial es controlar la cantidad de luz que accede a través de la estructura ocular para la correcta percepción visual, es decir, ante la iluminación intensa en uno o ambos ojos, normalmente se produce una constricción pupilar.

Sin embargo, en las patologías que afectan a esta estructura, puede parecer presencia de un defecto en la respuesta pupilar a los estímulos lumínicos.

De esta forma, en el caso de la neuritis óptica, se produce una alteración o transmisión aferente de la información visual del nervio óptico así, cuando una fuente de luz intensa se alterna entre ambos ojos, en un intervalo aproximado de 4 segundos, la pupila afectada puede llegar a responder en forma de dilatación.

d) Edema de papila

La papila óptica es una región ocular ciega, en la que confluyen todos los haces nerviosos que originan el nervio óptico. En el caso de la neuritis óptica, son frecuentes los edemas de papila, es decir, la presencia de una inflamación de esta área de convergencia.

Como consecuencia, pueden aparecer diversos síntomas relacionados con la presencia destellos, oscurecimientos, visión borrosa o doble.

Curso clínico característico

Como hemos señalado anteriormente, la neuritis óptica puede tener un curso progresivo o repentino, lo más usual, es la presentación de un grupo de síntomas en forma de brote o episodio agudo (Cleveland Clinic, 2015).

A pesar de que los síntomas son variables en los diferentes individuos afectados, en el caso de los adultos, es más común que solo afecten a un ojo, mientras que, en la población infantil, la neuritis óptica suele afectar a los dos ojos con más frecuencia (Cleveland Clinic, 2015).

Además, lo más común es que la crisis tienda a resolverse en un período corto de tiempo. Normalmente, los síntomas tienen a desaparecer en algunos días, aproximadamente una semana (Múltiple Sclerosis Society, 2016).

Sin embargo, existen casos en los que estos se vuelven recurrente, ocasionando complicaciones médicas crónicas, mientras que en otros desaparecen con una mayor rapidez, resolviéndose en horas (Múltiple Sclerosis Society, 2016).

Causas

El nervio óptico puede verse afectado por una amplia variedad de factores, patologías inflamatorias, infecciosas, desmielinizantes, vasculares, tóxicas, nutricionales, hereditarias, comprensivas, mecánicas e incluso infiltrativas (Buompadre, 2013).

Al margen de esto, buena parte de las neuritis ópticas son producto de la presencia de diversos factores inmunológicos de origen desconocidos, a partir de los cuales, el propio organismo destruye diversas células sanas, entre ellas la mielina que recubre la rama nerviosa óptica (Mayo Clinic, 2014).

La mielina es fundamental para la transmisión de la información, es decir, permite que los impulsos eléctricos se transmitan rápida y eficazmente desde las áreas oculares hacia los centros cerebrales son procesados (Mayo Clinic, 2014).

Cuando aparece este proceso patológico, el proceso normal de transmisión de interrumpe afectado a la capacidad visual, entre otros eventos (Mayo Clinic, 2014).

Concretamente, la neuritis óptica es una condición médica muy frecuente en la esclerosis múltiple. Además, se ha señalado que existe un 50% de probabilidad de desarrollar esta patología desmielinizante tras haber padecido uno o varios episodios de neuritis óptica (Mayo Clinic, 2014).

Además, algunas investigaciones han sugerido la presencia de algunos factores genéticos relacionados con la predisposición y desarrollo de la neuritis óptica. Específicamente, se ha identificado la presencia del haplotipo HLA-DR15, DQ6, DW2 en casi el 50% de pacientes adultos diagnosticados además de esclerosis múltiple (Buompadre, 2013).

Diagnóstico

El diagnóstico de la neuritis óptica es clínico, es decir, la presencia e identificación de algunos signos y síntomas, como el defecto pupilar aferente, el déficit visual, la discromatopsia o el edema de papila, son suficientes para emitir el diagnóstico (Galdos Iztueta, Noval Martín, Martínez Alday, Pinar Sueiro, Fonollosa Callduch, 2012).

En la fase de exploración física y oftalmológica, por tanto, es fundamental explorar la sensibilidad y capacidad visual, el fondo de ojo, el campo visual, la integridad del nervio óptico, etc.

Además, deben emplearse algunas pruebas complementarias (Galdos Iztueta et al., 2012):

Resonancia Magnética: este tipo de técnica de neuroimagen permite identificar la presencia de lesiones nerviosas de tipo desmilinizante, es especialmente útil para pronosticar un posible desarrollo de esclerosis múltiple. Generalmente, en la neuritis óptica puede observarse lesiones de tipo oval, con una amplitud superior a 3 mm y localizadas en áreas periventriculares.

Potenciales evocados visuales: este tipo de técnicas permiten estudiar los potenciales generados por el sistema nervios tras la estimulación de un órgano sensorial periférico. Concretamente, se emplean para examinar la posible afectación de las vías ópticas o para detectar lesiones que no hayan producido síntomas clínicos evidentes. Lo más habitual en la neuritis óptica es hallar una prolongación de la latencia la onda P100 con una preservación de la amplitud y morfología de la onda.

Tomografía de coherencia óptica: con esta técnica podemos estudiar el espesor de reina y así medir su grosor interno y la integridad de la capa de fibras nerviosas.

¿Existe tratamiento?

Debido fundamentalmente a las etiologías desmilinizantes de la neuritis óptica, no existe una cura específica para esta patología.

Normalmente, las crisis de neuritis suelen remitir de forma espontánea, sin embargo, se recomienda el empleo de algunas medidas terapéuticas, como los fármacos esteroides para controlar y reducir la inflamación del nervio óptico (Mayo Clinic, 2014).

A pesar de que los esteroides son eficientes en la resolución de los síntomas, en muchos casos tienen efectos secundarios, como patologías estomacales, insomnio, cambios anímicos o incremento de peso corporal (Mayo Clinic, 2014).

Además, el tratamiento esteroideo también suele emplearse para reducir el riesgo de desarrollo de EM y acelerar la recuperación funcional de la visión (Mayo Clinic, 2014).

En casos más graves, cuando otras intervenciones no muestran efectos beneficiosos, también puede emplearse la plasmaféresis, sin embargo, aún no se ha confirmado a nivel experimental sus aplicaciones y efectos secundarios (Mayo Clinic, 2014).

Referencias

  1. AAO. (2016). Optic Neuritis. Obtenido de American Academy of Opthalmology.
  2. Bidot, S., & Vignal-Clemont, C. (213). Neuropatías ópticas. EMC, 1-6.
  3. Buompadre, M. (2013). Neuropatía óptica aguda: diagnósticos diferenciales. Rev Neurol, 139-147.
  4. Cleveland Clinic. (2016). Health Information. Obtenido de Cleveland Clinic.
  5. Ergene, E. (2016). Adult Optic Neuritis. Obtenido de Medscape.
  6. Galdos Iztueta, M., Noval Martín, S., Martínez Alday, N., Pinar Sueiro, S., & Fonollosa Callduch, A. (2012). Protocolos en neuropatías ópticas. Parte 1. Revista de Información de Investigación Oftalmológica de Laboratorios Thea, 1-36.
  7. Gutiérrez-Ortiz, C., & Teus Guezala, M. (2010). Patologia del nervio óptico. jano, 59-68.
  8. Hedges, T. (2005). Tratamiento de la neuropatía optica: nuevas posibilidades.
  9. Krause, L. (2015). Optic Neuritis. Obtenido de Healthline.
  10. Mayo Clinic. (2014). Optic neuritis. Obtenido de Mayo Clinic.
  11. MSS. (2016). Optic neuritis. Obtenido de Multiple Sclerosis Society.
  12. NIH. (2016). Optic neuritis. Obtenido de MedlinePlus.
  13. Sánchez-Méndez, F. (2016). El nervio óptico y los trastornos de la visión . Formación continuada médico práctico.
  14. Fuente imagen.
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Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla y estudiante de Máster Estudios Avanzados de Cerebro y Conducta.

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