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Humanidades » Lengua y literatura » Poemas del Barroco cortos de grandes autores

Poemas del Barroco cortos de grandes autores

Francisco de Quevedo. Fuente: Attributed to Juan van der Hamen, Wikimedia Commons

¿Qué son los poemas del Barroco?

Los poemas del Barroco son las composiciones poéticas hechas en el siglo XVII en España, sobre todo. Su estilo era muy elaborado y ornamentado, con abundantes juegos de palabras que buscaban el placer estético. Entre los representantes más destacados están Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, sor Juana Inés de la Cruz o Tirso de Molina.

El término barroco se utiliza a menudo para referirse a elaborados estilos poéticos, especialmente el gongorismo, que deriva de la obra del poeta español Luis de Góngora, o el marinismo, que deriva de la obra del poeta italiano Giambattista Marino. También abarca la poesía metafísica en Inglaterra y la poesía escolástica de corte en Rusia.

Los poetas barrocos querían sorprender a los lectores y hacerles admirar sus composiciones por su uso de la retórica y el doble sentido, por lo que a veces se hacía difícil entenderlos completamente. 

Poemas del Barroco y sus autores

1. Triunfo de amor (Tirso de Molina, España)

Hagan plaza, den entrada,
que viene triunfando Amor
de una batalla mortal
en que ha sido vencedor.

2. Amadís de Gaula a Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes, España)

Tú, que desdeñaste la llorosa vida

Que tuve ausente y desdeñado sobre

El gran ribazo de la Peña Pobre,

De alegre a penitencia reducida,

Tú, a quien los ojos dieron la bebida

De abundante licor, aunque salobre,

Y alzándote la plata, de estaño y cobre,

Te dio la tierra en tierra la comida,

Vive seguro de que eternamente,

En tanto, al menos, que en la cuarta esfera,

Sus caballos aguije el rubio Apolo,

Tendrás claro renombre de valiente;

Tu patria será en todas la primera;

Tu sabi autor al mundo único y solo.

3. A la noche (Lope de Vega, España)

Noche fabricadora de embelecos,
loca, imaginativa, quimerista,
que muestras al que en ti su bien conquista,
los montes llanos y los mares secos;

habitadora de celebros huecos,
mecánica, filósofa, alquimista,
encubridora vil, lince sin vista,
espantadiza de tus mismos ecos;

la sombra, el miedo, el mal se te atribuya,
solícita, poeta, enferma, fría,
manos del bravo y pies del fugitivo.

Que vele o duerma, media vida es tuya;
si velo, te lo pago con el día,
y si duermo, no siento lo que vivo.

4. Derrochador de encanto (William Shakespeare, Inglaterra)

Derrochador de encanto, ¿por qué gastas
en ti mismo tu herencia de hermosura?
Naturaleza presta y no regala,
y, generosa, presta al generoso.

Luego, bello egoísta, ¿por qué abusas
de lo que se te dio para que dieras?
Avaro sin provecho, ¿por qué empleas
suma tan grande, si vivir no logras?

Al comerciar así sólo contigo,
defraudas de ti mismo a lo más dulce.
Cuando te llamen a partir, ¿qué saldo

podrás dejar que sea tolerable?
Tu belleza sin uso irá a la tumba;
usada, hubiera sido tu albacea.

5. La vida es sueño (fragmento, Jornada III, Escena XIX, Pedro Calderón de la Barca, España)

(Segismundo)

Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir solo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

6. A una nariz (Francisco de Quevedo, España)

Érase un hombre a una nariz pegado,

érase una nariz superlativa,

érase una nariz sayón y escriba,

érase un pez espada muy barbado.

Érase un reloj de sol mal encarado,

érase un alquitara pensativa,

érase un elefante boca arriba,

era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,

érase una pirámide de Egipto,

las doce tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,

muchísima nariz, nariz tan fiera,

que en la cara de Anás fuera delito.

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7. Quien no sabe de amor (Lope de Vega)

Quin no sabe de amor vive entre fieras;

Quien no ha querido bien, fieras espante,

O si es Narciso de sí mismo amante,

Retrátese en las aguas lisonjeras.

Quien en las flores de su edad primeras

Se niega a amor no es hombre que es diamante;

Que no lo puede ser el que ignorante,

Ni vio sus burlas ni temió sus veras.

¡Oh, natural amor! Qué bueno y malo,

En bien y en mal te alabo y te condeno,

Y con la vida y con la muerte igualo:

Eres en un sujeto, malo y bueno,

O bueno al que te quiere por regalo,

Y malo al que te quiere por veneno.

8. Canto a Córdoba (Luis de Góngora, España)

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas

placa de honor, de majestad, de gallardía!

¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,

de arenas nobles, ya que no doradas!

¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,

que privilegia el cielo y dora el día!

¡Oh siempre gloriosa patria mía,

tanto por plumas cuanto por espadas!

¡Si entre aquellas ruinas y despojos

que enriquece Genil y Darro baña

tu memoria no fue alimento mío,

nunca merezcan mis ausentes ojos

ver tu muro, tus torres y tu rio,

tu llano y sierra, oh patria, oh flor de España!

9. No en balde, niño amor (Tirso de Molina)

No en balde, niño amor, te pintan ciego.

Pues tus efectos son de ciego vano:

un guante diste a un bárbaro villano,

y a mí me dejas abrasado en fuego.

A tener ojos, conocieras luego

que soy digno de un bien tan soberano,

dejándome besar aquella mano,

que un labrador ganó, ¡costoso juego!

La falta de tu vista me lastima.

Amor, pues eres ciego, ponte antojos;

verás mi mal, mi desdichado clima.

Diérasme tú aquel guante por despojos,

que el labrador le tiene en poca estima;

guardaréle en las niñas de mis ojos.

10. El gran teatro del mundo (fragmento) (Pedro Calderón de la Barca)

REY

¿Tú también tanto baldonas

mi poder, que vas delante?

¿Tan presto de la memoria

que fuiste vasallo mío,

mísero mendigo, borras?

POBRE

Ya acabado tu papel,

en el vestuario ahora

del sepulcro iguales somos,

lo que fuiste poco importa.

RICO

¿Cómo te olvidas que a mí

ayer pediste limosna?

POBRE

¿Cómo te olvidas que tú

no me la diste?

HERMOSURA

¿Ya ignoras

la estimación que me debes

por más rica y más hermosa?

DISCRECIÓN

En el vestuario ya

somos parecidas todas,

que en una pobre mortaja

no hay distinción de personas.

RICO

¿Tú vas delante de mí,

villano?

LABRADOR

Deja las locas

ambiciones, que ya muerto,

del sol que fuiste eres sombra.

RICO

No sé lo que me acobarda

el ver al Autor ahora.

POBRE

Autor del cielo y la tierra,

ya tu compañía toda,

que hizo de la vida humana

aquella comedia corta,

a la gran cena, que tú

ofreciste, llega; corran

las cortinas de tu solio

aquellas cándidas hojas.

11. Por estar contigo (Giambattista Marino, Italia)

¿Qué enemigos habrá ahora que en mármol frío

no se tornen de repente,

si miran, señor, en el escudo vuestro

aquella orgullosa Gorgona tan cruel,

con cabellos horriblemente

vueltos amasijo de víboras

provocan escuálida, y pavorosa pompa?

¡Mas qué! Entre las armas ventaja

apenas os procura el monstruo formidable:

ya que la auténtica Medusa es vuestro valor.

12. Perdido ando, señora, entre la gente (Bernardo de Balbuena, España)

Perdido ando, señora, entre la gente

sin vos, sin mí, sin ser, sin Dios, sin vida:

sin vos porque de mí no sois servida,

sin mí porque con vos no estoy presente;

sin ser porque del ser estando ausente

no hay cosa que del ser no me despida;

sin Dios porque mi alma a Dios olvida

por contemplar en vos continuamente;

sin vida porque ausente de su alma

nadie vive, y si ya no estoy difunto

es en fe de esperar vuestra venida.

¡Oh bellos ojos, luz preciosa y alma,

volved a mirarme, volveréisme al punto

a vos, a mí, a mi ser, mi dios, mi vida!

13. Octavas (Vicente Espinel, España)

Nuevos efetos de milagro extraño

nacen de tu valor, y hermosura,

unos atentos a mi grave daño,

otros a un breve bien que poco dura:

De tu valor resulta un desengaño,

que el suyo le deshace a la ventura,

mas el semblante regalado y tierno

promete gloria en medio deste infierno.

Esa beldad que adoro, y por quien vivo

¡Dulcísima señora! en mí es de suerte,

que al más terrible mal, áspero, esquivo

en una gloria inmensa lo convierte.

Mas la severidad del rostro altivo,

y ese rigor igual al de la muerte

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con sólo el pensamiento, y la memoria

promete infierno en medio desta gloria.

Y este miedo que nace tan cobarde

de tu valor, y mi desconfianza

el fuego hiela, cuando en mí más arde,

y las alas derriba a la esperanza:

Mas llega tu beldad haciendo alarde,

destierra el miedo, pone confianza,

alegra el alma, y con un gozo eterno

promete gloria en medio deste infierno.

Bien pudiera, gallarda Ninfa mía,

perder tu gravedad de su derecho,

y el perpetuo rigor, que en ti se cría

desamparar un rato el blanco pecho:

que aunque tiene tu talle, y gallardía

lleno de gloria el mundo, y satisfecho,

ese rigor, y gravedad notoria,

promete infierno en medio desta gloria.

Vuelvo los ojos do contemplo, y miro

el áspero rigor con que me tratas,

de temor tiemblo, y de dolor suspiro

viendo la sinrazón con que me matas:

a veces ardo, a veces me retiro,

mas todos mis intentos desbaratas,

que sólo uno no sé qué del pecho interno

promete gloria en medio deste infierno.

Negar que la apariencia del hidalgo

pecho, que en mi favor siempre se muestra,

no me levanta a más de lo que valgo,

y a nueva gloria el pensamiento adiestra,

jamás podré, si de razón no salgo;

más esme la fortuna tan siniestra,

que pervertiendo el fin desta vitoria

promete infierno en medio desta gloria.

14. En el abril de mis floridos años (Vicente Espinel)

En el abril de mis floridos años,

cuando las tiernas esperanzas daba

del fruto, que en mi pecho se ensayaba,

para cantar mis bienes, y mis daños,

So especie humana, y disfrazados paños

se me ofreció una idea, que volaba

con mi deseo igual, mas tanto andaba,

que conocí de lejos mis engaños:

Porque, aunque en el principio iguales fueron

mi pluma, y su valor en competencia

Llevando el uno al otro en alto vuelo,

A poco rato mis sentidos vieron,

que a su ardor no haciendo resistencia

mi pluma, se abrasó, y cayó en el suelo.

15. A Du Terrier, gentilhombre de Aix-En-Provence, en la muerte de su hija (François Malherbe, Francia)

Tu dolor, Du Terrier, ¿habrá de ser eterno,

y las tristes ideas

que le dicta a tu mente el afecto de un padre

no tendrán nunca fin?

La ruina de tu hija, que a la tumba ha bajado

por la muerte común,

¿habrá de ser un dédalo que tu razón perdida

de tu pie no desande?

Yo sé de los encantos que ilustraban su infancia;

no creas que pretendo,

infausto Du Terrier, mitigar tu congoja

abajando su brillo.

Mas era de este mundo, que a la rara belleza

no destina bondades;

y, rosa, ella ha vivido lo que viven las rosas,

el tiempo de un albor.

Y aun dando por supuesto, conforme a tus plegarias,

que hubiera conseguido

con cabellos de plata acabar su carrera,

¿algo habría cambiado?

Aun ingresando anciana en la mansión celeste,

¿le cabía mejora?

¿No habría padecido el polvo funeral

y el verme de la tumba?

16. Triste no tener amigos (Baltasar Gracián, España)

Triste cosa es no tener amigos,

pero más triste debe ser no tener enemigos,

porque quien enemigos no tenga, señal de que

no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman,

ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien,

ni cosa buena que le envidien.

17. El héroe (fragmento) (Baltasar Gracián)

¡Oh, pues, varón culto, pretendiente de la heroicidad! Nota el más importante primor, repara en la más constante destreza.

No puede la grandeza fundarse en el pecado, que es nada, sino en Dios, que lo es todo.

Si la excelencia mortal es de codicia, la eterna sea de ambición.

Ser héroe del mundo, poco o nada es; serlo del cielo es mucho. A cuyo gran monarca sea la alabanza, sea la honra, sea la gloria.

18. En alabanza de la rosa (Miguel de Cervantes)

El que eligió en el jardín

el jazmín, no fue discreto,

que no tiene olor perfeto

si se marchita el jazmín.

Mas la rosa hasta su fin,

porque aun su morir se alabe,

tiene olor más dulce y suave,

fragancia más olorosa:

luego mejor es la rosa

y el jazmín menos süave.

Tú, que rosa y jazmín ves,

eliges la pompa breve

del jazmín, fragante nieve,

que un soplo al céfiro es;

mas conociendo después

la altiva lisonja hermosa

de la rosa, cuidadosa

la antepondrás en tu amor;

que es el jazmín poca flor,

mucha fragancia la rosa.

19. Compara su amada a la aurora (Torquato Tasso, Italia)

Cuando sale la Aurora y su faz mira

en el espejo de las ondas; siento

las verdes hojas susurrar al viento;

Puede servirte:   Arturo Borja

como en mi pecho el corazón suspira.

También busco mi aurora; y si a mí gira

dulce mirada, muero de contento;

veo los nudos que en huir soy lento

y que hacen que ya el oro no se admira.

Mas al sol nuevo en el sereno cielo

no derrama madeja tan ardiente

la bella amiga de Titón celoso.

Como el dorado rutilante pelo

que orna y corona la nevada frente

de la que hurtó a mi pecho su reposo.

20. Los vicios (Gregório de Matos Guerra, Brasil)

Yo soy aquel que en los pasados años

cantaba con mi lira maldiciente

torpezas del Brasil, vicios y engaños.

Y bien que os descanté tan largamente,

canto de nuevo con la misma lira,

el mismo asunto en plectro diferente.

Y siento que me inflama y que me inspira

Talía, que es ángel de mi guarda

desque a Febo mandó que me asistiera.

21. Un soneto me manda hacer Violante (Lope de Vega)

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo y aún sospecho
que voy los trece versos acabando:
contad si son catorce y está hecho.

22. La vida es sueño (fragmento) (Pedro Calderón de la Barca)

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que solo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.

Quejoso de mi fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?
Piadoso me has respondido.
Pues, volviendo a mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías,
las hubieras recogido.

23. El rostro vi de mi difunta esposa. Soneto XXIII (John Milton, Inglaterra)

El rostro vi de mi difunta esposa,
devuelta, como Alceste, de la muerte,
con que Hércules acrecentó mi suerte,
lívida y rescatada de la fosa.

Mía, incólume, limpia, esplendorosa,
pura y salvada por la ley tan fuerte,
y contemplo su hermoso cuerpo inerte
como el que está en el cielo en que reposa.

De blanco a mí llegó toda vestida,
cubierto el rostro, y alcanzó a mostrarme
que en amor y en bondad resplandecía.

¡Cuánto brillo, reflejo de su vida!
Pero ¡ay! que se inclinó para abrazarme
y desperté y vi en noche vuelto el día.

24. Soneto CLXVI (Luis de Góngora)

Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

25. Hombres necios…  (fragmento) (sor Juana Inés de la Cruz, Nueva España)

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

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Referencias

  1. A Poet’s Glossary: Baroque and the Plain Style by Edward Hirsch. Recuperado de blog.bestamericanpoetry.com.
  2. Baroque. Recuperado de encyclopedia2.thefreedictionary.com.
  3. Bloom, H. Poets and Poems. Chelsea House Publishers.
  4. Gillespie, G. German Baroque Poetry. Twayne Publishers Inc.
  5. Rivers, E. Renaissance and Baroque Poetry of Spain. Waveland Press Inc.

Cita este artículo

Lifeder. (1 de abril de 2026). Poemas del Barroco cortos de grandes autores. Recuperado de: https://www.lifeder.com/poemas-del-barroco/.

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Por Equipo editorial

El Equipo Editorial de lifeder.com está formado por especialistas de las distintas disciplinas que se tratan y por revisores encargados de asegurar la exactitud y veracidad de la información publicada.
Última edición el 1 de abril de 2026.

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