¿Cuáles fueron los principales logros de las reformas agrarias en América Latina?

Los principales logros de las reformas agrarias en América Latina pueden resumirse en cuatro puntos fundamentales: paz social en los campos, mayor atención a los indígenas dedicados a las actividades agrícolas, visibilización de los campesinos ante la opinión pública e incremento de la participación política y gremial del campesinado.

Sin embargo, se discuten aún los logros de estas reformas en las áreas de disminución de las desigualdades existentes en la distribución de tierras de cultivos. Asimismo, está en controversia sus supuestos aportes en el incremento de la producción, del empleo agrícola y el mejoramiento de las condiciones de vida del campesinado.

Al respecto, muchos afirman que los procesos de reforma agraria dados en Latinoamérica solo han logrado que porciones de terreno se hayan repartido entre pequeños agricultores.

Sin embargo, estos cambios no han generado mejoras de ingresos, aumento de empleo o disminución de la pobreza de la población campesina.

También, algunos aseguran e que, a pesar de que se aumentaron las áreas en cultivo, los trabajadores del campo no tienen los recursos tecnológicos para su explotación. Por ello, no han estado nunca en la capacidad para competir con los grandes monopolios agrícolas.

Descripción de los principales logros de las reformas agrarias en América Latina

Paz social en los campos

La paz social en los campos constituyó uno de los principales logros de las reformas agrarias en América Latina. Esta paz se evidenció de manera especial en el proceso de la reforma agraria en México. Los patrones de propiedad de las tierras sufrieron cambios durante la revolución mexicana iniciada en el año 1910.

En los años anteriores, la mayoría de las tierras aptas para cultivos estaban en manos de aristócratas terratenientes. La clase campesina que trabajaba para ellos no era esclava

. Sin embargo, estaba sometida a la presión de altas deudas que los obligaban a entregar su fuerza de trabajo a los amos de las tierras.

Por las constantes revueltas que esto causaba, el gobierno mexicano decidió aprobar un cuerpo de leyes para apoyar los programas de reforma agraria en el país.

En un principio, los campesinos aztecas recibieron alrededor de 5.3 millones de hectáreas de tierras. La repartición se hizo entre medio millón de personas de 1500 comunidades diferentes.

Posteriormente, se han realizado modificaciones a este programa. Estas han ampliado el grupo de campesinos beneficiados. De este modo, casi todos los campesinos en el país son propietarios de pequeñas parcelas de tierra.

Sin embargo, aún se mantienen los bajos rendimientos de producción. A pesar de esto, las revueltas por adjudicación de tierras han disminuido y persiste el clima de tranquilidad social.

Mayor atención a los indígenas dedicados a las actividades agrícolas

El proceso de reforma agraria boliviana es un caso representativo de los logros de las reformas agrarias en América Latina en lo relativo a beneficios a los indígenas. Esta se inició de la mano de su revolución en el año 1952.

En este sentido, sus objetivos eran poner fin al sistema de servidumbre en el campo, incorporar a los indígenas campesinos al mercado de consumo y devolverle sus tierras comunales.

Además, intentó modernizar el sistema de producción y lograr apoyo financiero para los pequeños propietarios de tierras.

Anteriormente, el 8,1% de los propietarios agrícolas bolivianos poseían el 95% de la superficie agraria total utilizable.

Mientras más grande era la propiedad de las tierras, menor era el área efectivamente cultivada. El porcentaje de uso de tierras en los latifundios era mínimo. En la mayoría de los casos estaba por debajo del 1%.

Según datos gubernamentales, para revertir esto, la reforma agraria boliviana distribuyó 12 millones de hectáreas entre 450 mil nuevos propietarios indígenas en el período comprendido entre los años 1952 y 1970.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Reforma Agrariala (INRA), hasta comienzos del 2013, un tercio de toda la tierra regularizada ya estaba en manos colectivas. Estas eran controladas por organizaciones indígenas y campesinas en forma de tierras comunitarias nativas autónomas.  

Asimismo, un 22% se encontraba en forma de parcelas individuales o familiares por pequeños agricultores y “colonizadores” (agricultores de las tierras altas que se asentaron en las tierras bajas).

Juntos, los campesinos y las comunidades indígenas poseían alrededor de 35 millones de hectáreas (55% de las tierras adjudicadas).

Visibilización de los campesinos ante la opinión pública

En 1959, el gobierno de Fidel Castro promulgó su primera ley de reforma agraria. Esta primera ley trajo a la vista del público una situación que había pasado inadvertida hasta ese momento.

Antes de la reforma, alrededor del 80% de las mejores tierras de cultivo eran explotadas por empresas extranjeras con poco beneficio para los cubanos.

Estas empresas contrataban campesinos cubanos y pagaban un sueldo por su trabajo. Al hacerlo de esta manera, estos trabajadores del campo aparecían ante la opinión pública como trabajadores de una empresa y no como lo que eran: campesinos sin tierra para cultivar.

Despues de promulgada la ley, los agricultores comenzaron a explotar las tierras cedidas por el gobierno. Lo hacían de manera cooperativa en las llamadas Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC).

Esto representó no solo un cambio dramático en la tenencia de la tierra, sino también en las relaciones laborales.

Por otro lado, sus actividades se hicieron públicas a través de las metas de producción anuales establecidas por el gobierno. Todo esto contribuyó con su visibilización, la cual se cuenta como uno de los logros de las reformas agrarias en América Latina.

Incremento de la participación política y gremial del campesinado

Los procesos de adjudicación de tierras agrícolas no es nada nuevo en Latinoamérica. Existen registros históricos que relatan reparticiones de tierras confiscadas durante la colonia y entregadas a servidores patriotas o miembros de los ejércitos libertadores.

De igual manera, existen relatos similares que cuentan sobre rebeliones de esclavos y desalojo de los dueños de tierras para posteriormente ser repartidas entre la población negra.

Sin embargo, los procesos formales de redistribución de tierra cultivables enmarcados en las llamadas reformas agrarias son hechos de más reciente data. En el transcurso del siglo XX se dieron varios de ellos.

A partir de estos procesos se comenzaron a llevar registros formales de los principales logros de las reformas agrarias en América Latina.

De forma paralela,  en toda Latinoamérica aparecieron organizaciones gremiales campesinas que aumentaron la participación política y gremial de los agricultores.

Entre ellos, están las sociedades de cooperación agrícola (SOCAS) en Chile y la Federación de Cooperativas de la Reforma Agraria (FECORAH) en Nicaragua.

De igual manera, luego de las reformas agrarias surgieron las Cooperativas Agrarias de Producción (CAPs) y las Empresas Rurales de Propiedad Social (ERPS) en Perú.

En Bolivia y Brasil se fundaron organizaciones gremiales como la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y la Confederación Nacional de Trabajadores de la Agricultura (CONTAG), respectivamente.

Asimismo, florecieron organizaciones como la Federación de Sindicatos Agrarios Nacionales (FESIAN) de Costa Rica, la Central Campesina Salvadoreña (CCS) y el Movimiento Campesino Paraguayo (MCP).  

Referencias

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  8. Brent, Z. (2013, diciembre 17). Reforming Cuba’s Agrarian Reform. Tomado de foodfirst.org.
  9. Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO). (s/f). Las organizaciones campesinas en América Latina. Tomado de fao.org.
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Magíster en Lingüística. Profesora titulada de inglés.

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