Problemas de Conducta en Niños y Aulas ¿Cómo Tratarlos?

Los problemas de conducta en el aula, niños de primaria, de preescolar y en general en la infancia, se deben en muchos casos a que los niños reciben más atención –y más reforzamiento- cuando tienen un mal comportamiento que cuando actúan de forma adecuada.

Para que un tratamiento psicoeducativo en población infanto-juvenil tenga éxito, los padres deben implicarse al máximo en la modificación de estas conductas, puesto que los niños actúan en función del contexto en el que se encuentran.

problemas de conducta en niños

Los problemas de conducta en niños más comunes

1. Rabietas

Este es un problema muy frecuente en niños, que seguramente hayas experimentado en numerosas ocasiones.

Las pataletas de los niños, los gritos y llantos desmesurados y repentinos, constituyen una fuente de malestar para los padres y, en muchas ocasiones, los niños logran salirse con la suya actuando de este modo.

Se considera dentro de la normalidad cuando lo manifiestan entre los 2 y los 3 años, siendo menos frecuente en edades más avanzadas.

Es incluso más molesto para los padres cuando las rabietas se producen en sitios concurridos –como un restaurante, un centro comercial, un supermercado, etc.- puesto que llegan a molestar a la gente de alrededor.

En estas ocasiones, es mucho más probable que los padres cedan ante las peticiones de los niños para evitar que se produzca una rabieta aún mayor, dejándolos en evidencia en público.

rabieta de niño

Si quieres reducir el número de rabietas, deberías seguir las siguientes instrucciones para modificar el comportamiento de tu hijo:

En primer lugar, debes saber que lo más recomendable en estos casos es retirar la atención a tu hijo.

A esto se denomina “técnica de la extinción”, puesto que el fin que se persigue es extinguir o eliminar determinadas conductas del menor.

Para llevar a cabo esta técnica, debes estar dispuesto/a a soportar un primer momento de rabietas aún mayores.

Piensa que tu hijo está acostumbrado a salirse con la suya tras unos minutos, por lo que si estás horas sin atenderle, tendrá el denominado “estallido de la extinción”.

También es importante que comiences explicando claramente a tu hijo lo que va a suceder de aquí en adelante, que sería algo más o menos así (en el caso de que tenga 6 años):

Bueno, ya tienes 6 años y eres un niño grande, así que a partir de ahora no voy a atenderte cuando grites, llores o patalees. Si quieres algo, tienes que pedirlo y hablar como un niño de 6 años”.

Si el niño ha estado atento y ha escuchado tu explicación, será capaz de comprenderlo. Por tanto, no le repitas las instrucciones una y otra vez –puesto que de ese modo, estarías prestándole atención-.

Al principio, el niño puede pensar que cederás en algún momento y que terminará agotando tu paciencia como ha ocurrido en otras ocasiones.

Por ello, para que se tome tus instrucciones en serio, es importante que le demuestres que no va a suceder, que no vas a atenderle por mucho que grite.

Si sus rabietas se producen en la calle, de camino al colegio, simplemente tómale de la mano y acompáñale hasta el centro, sin reaccionar a su actitud.

No grites ni pierdas el control de la situación. Mantén la calma y sé consistente con la explicación que le has dado a tu hijo.

En el momento en que se calme y comience a hablar de una forma tranquila, atiéndelo y refuerza esta conducta.

Como comentábamos al inicio de este artículo, la causa principal de problemas de conducta en niños es que suelen obtener más atención cuando se comportan mal que cuando actúan de un modo correcto.

También es importante que comentes a los cuidadores habituales de tu hijo (abuelos, niñera, etc.) la forma en la que deben actuar con ellos, para que tengáis una actitud consistente y el niño pueda generalizar su comportamiento.

2. Agresividad y conductas desafiantes

niña desafiante

Los niños que presentan comportamientos agresivos constantemente suelen provocar mucho malestar a sus padres, puesto que perciben que no pueden dominar a su hijo y controlar su conducta.

Como afirma Javier Urra, autor del libro “El pequeño Dictador”, se trata de niños que “no toleran los fracasos, no aceptan la frustración. Echan la culpa a los demás de las consecuencias de sus actos”, etc.

Poco a poco, estos niños van tomando el control de las personas de su alrededor, haciendo lo que les apetece y con la seguridad de que sus padres no les van a contrariar.

Como puedes observar, se trata de un problema que va agravándose con el paso del tiempo, por lo que debe comenzar a tratarse cuanto antes.

Cuanto menor es el niño, más moldeable es y más fácil será ponerle fin a este problema.

Por tanto, si tu hijo presenta una actitud agresiva, como la que estamos describiendo, deberías llevar a cabo los siguientes métodos:

  • Aprender a decir NO. Incluso si te amenaza, insulta o agrede, debes mantener tu postura y hacerle ver que no cederás si actúa de ese modo. Sé firme y no dejes que se
    salga con la suya con este comportamiento.

  • Nunca utilices el castigo físico. Este tipo de castigo no suele funcionar y lo único que provoca es que se frustre y utilice la violencia contra otras personas u objetos.

  • Busca figuras violentas a su alrededor: Los niños son muy vulnerables al contexto en el que se encuentran. Muchas veces, aquellos niños que muestran conductas agresivas tienen amigos que se comportan de igual modo.

Lo aconsejable es que tengas un control de los niños con los que se relaciona tu hijo y hacer que pase menos tiempo con ellos en caso de ser necesario.

Aquí también debes hacer hincapié en las series, películas o videojuegos por las que tu hijo muestra interés. Los medios de comunicación pueden llegar a potenciar conductas violentas.

3. Problemas de control de esfínteres

niño durmiendo en silla

La adquisición del control de esfínteres se presenta a edades diferentes, según el niño del que se trate.

Normalmente, estas edades oscilan entre los 2 y los 6 años, produciéndose primero el control de la caca y después el de la orina.

A veces, los niños controlan el pis durante el día pero tienen problemas de retención durante la noche, hasta una edad más avanzada.

Si tu hijo/a tiene dificultades en relación al control de esfínteres, lo primero que debes hacer es consultar a un médico especialista que descarte problemas fisiológicos.

Es un error común intentar comenzar una terapia psicológica sin haber acudido al médico en primer lugar.

Si se descartan problemas médicos, se pueden iniciar varios métodos diferentes:

  • Modificar hábitos diurnos y nocturnos. Si tu hijo no puede controlar el pis por la noche, puedes cambiar algunas rutinas, como evitar que beba en exceso a partir de la cena o despertarlo a la hora que suele ocurrir el episodio de incontinencia.

Si lo despiertas entre 10-15 minutos antes de que haga pis en la cama, puede ir al baño y evitar que esto suceda.

  • Técnica de sobrecorrección mediante práctica positiva. Se trata de una técnica en la que se le enseña al niño a reparar los daños causados por una acción inapropiada. En este caso, tras el episodio de incontinencia, se le indica al niño que cambie las sábanas, se asee y cambie de pijama.

  • Técnica del pipi-stop.  Aunque presenta más dificultades, puesto que hay que instalar una máquina en casa, su eficacia está ampliamente demostrada. Esta técnica consiste
    en hacer sonar una alarma cuando se detecta que el menor está mojando la cama.

Por tanto, el niño se despierta y puede interrumpirse el episodio y evitar que se produzca la incontinencia. Te recomendamos este método si tu hijo presenta incontinencias frecuentemente (consultando con un especialista).

4. Baja motivación ante el estudio

niña desmotivada en clase

Seguro que has experimentado frustración con tu hijo/a porque no dedicaba tanto tiempo al estudio como te gustaría.

Muchos padres tienen la misma sensación hoy en día, puesto que vivimos en una sociedad altamente competitiva que concede mucha importancia a los resultados académicos –a expensas del esfuerzo-.

Otro problema frecuente es pensar que a los niños no se les debe premiar por hacer su deber, puesto que se considera una forma de “chantaje”.

No obstante, deberías tener en cuenta que los niños no comprenden aún la importancia de estudiar, por lo que no estarán motivados si no obtienen premios o recompensas a corto plazo.

Si quieres aumentar la motivación de tu hijo/a ante el estudio, establece junto a él una serie de recompensas diarias, semanales y trimestrales.

Por ejemplo: “Si le dedicas 2 horas diarias a las tareas del colegio, puedes elegir entre:

  • Salir con la bicicleta 45 minutos.

  • Ver 30 minutos la televisión.

  • Jugar con el ordenador 30 minutos.

  • Elegir cena”.

Como puedes observar en este ejemplo, se ofrecen diversos premios, para evitar que se produzca saciación.

También es importante que el tiempo de la actividad esté establecido previamente, para que no haya confusiones ni conflictos al interrumpir el premio.

Al igual puedes hacer con premios trimestrales, en los que les puedes ofertar a tu hijo/a excursiones, visitas a un parque de atracciones, viajes de fin de semana, etc.

Lo importante aquí es que te adaptes a sus intereses y busques el modo de reforzar su esfuerzo en el estudio.

De este modo, al igual que los adultos trabajamos para conseguir un reforzador económico –el salario-, los niños trabajarán para conseguir aquello que les interesa.

5. Timidez e inseguridad

niña tímida con gorro

La timidez en niños no provoca tanta preocupación por sus padres como los problemas que hemos descrito anteriormente, puesto que no alteran la dinámica familiar y no suelen ser motivo de conflictos.

De hecho, muchos niños han sido catalogados como tímidos desde pequeños y no se le ha prestado ningún tipo de atención a este problema.

Hoy en día, el interés por este tipo de niños está aumentando, puesto que está demostrado que los niños con habilidades sociales adecuadas tendrán un mejor desarrollo académico, social y familiar.

A continuación te damos algunos consejos específicos para que los apliques si tu hijo/a es especialmente tímido/a y piensas que puede crearle problemas de relación con los demás:

  • Indícale cómo comportarse con los demás. Utiliza instrucciones específicas, como “saluda a esos niños y pregunta si puedes jugar con ellos”, en vez de dar indicaciones generales e inespecíficas.

  • Compórtate como un modelo a seguir. Si quieres que tu hijo se comporte de una forma más abierta con los demás, actúa del mismo modo cuando él está delante.

Saluda a la gente de los establecimientos a los que acudes, mantén pequeñas conversaciones con vecinos y conocidos, etc. Esto ayudará a que tu hijo tenga
un buen modelo de referencia al que imitar.

  • No le compares con otros niños. Las comparaciones pueden hacer que tu hijo se sienta inferior, por lo que se desaconseja que le digas cosas del tipo: “mira qué bien se comporta ese niño”.

Si lo que pretendes es que imite el comportamiento de otros chicos más sociables, intenta alabarlos diciendo: “qué simpático, qué amable es ese niño que ha venido a saludarnos”.

De este modo, no le estás diciendo a tu hijo lo mal que se relaciona, sino lo bien que lo hace otro.

  • Refuerza los avances que muestra, aunque sean pequeños. Este problema de timidez requiere tiempo y dedicación para que notes efectos importantes.

Al principio, anímale para que realice conductas simples como despedirse de los demás con la mano, o saludar al llegar a un sitio dando los buenos días.

Refuerza estas conductas diciéndole lo bien que lo ha hecho, y no le presiones cuando veas que se siente incómodo en alguna situación.

Poco a poco, podrás ser más exigente con las conductas que le pides, como decirle que pida el refresco que quiere al camarero directamente.

Recuerda que es muy importante que le prestes la atención adecuada a tus hijos y al comportamiento que presentan, puesto que cuanto antes se detecte el problema, más fácil será ponerle remedio.

Y tú, ¿qué otros problemas de conducta observas en tus hijos?

Referencias

1. Caraveo-Anduaga, J. J., Colmenares-Bermúdez, E., & Martínez-Vélez, N. A. (2002). Síntomas, percepción y demanda de atención en salud mental en niños y adolescentes de la Ciudad de México. Salud pública de México, 44(6), 492-498.

2. Eastman, M., & Rozen, S. C. (2000). Enfados y rabietas: consejos para lograr la armonía familiar.

3. Fernández, L. R., & Armentia, S. L. L. (2006). Enuresis nocturna. Nefrología Pediátrica, V Garcia Nieto, F Santos Rodríguez, B Rodríguez-Iturbe, 2ªed. Aula Médica, 619-29.

4. Juan Urra. El pequeño Dictador. Cuando los padres son las víctimas.

5. Olivares, J., Rosa, A. I., Piqueras, J. A., Sánchez-Meca, J., Méndez, X., & García-López, L. J. (2002). Timidez y fobia social en niños y adolescentes: un campo emergente. Psicología Conductual, 523-542.

6. Pernasa, P. D., & de Lunab, C. B. (2005). Las rabietas en la infancia: qué son y cómo aconsejar a los padres. Revista pediatría de atención primaria, 7(25).

Fuente imagen 5.

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