12 Consejos de la Psicología para Criar Niños

¿Tu hijo no te obedece? ¿Recurre a pataletas cuando no consigue lo que quiere? ¿Te pone a prueba día a día?

Tal vez estos sean los problemas más comunes que puede encontrarte siendo padre o madre y los que más escuchas cuando te reúnes con otros en busca de apoyo y consejos. Sin embargo, hay una serie de consejos de la psicología que puedes seguir para criar niños, tener mejor calidad de vida y prepararlos para el futuro.

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Educar a los hijos es una tarea tremendamente complicada que requiere la plena implicación de todos los cuidadores, tiempo y paciencia. Recuerda eso de “Zamora no se conquistó en una hora”.

Por eso, si sigues las pautas que te explico en este artículo y mantienes una rutina, tan ardua tarea te resultará mucho más fácil y tanto tu hijo como tú obtendréis la recompensa.

1- No le des todo lo que pida

Esto es algo bastante frecuente pues los niños a medida que crecen adquieren más conocimientos para conseguir lo que desean de ti. No sólo juguetes, chuches u otras cosas materiales, si no también atención y que les resuelvas los problemas.

Como padre piensas que tú estás para eso, para hacer que tu hijo viva una vida fácil, sin penas ni sufrimiento. Sin embargo, debes darte cuenta de que esas dificultades son tan necesarias para la vida como la propia felicidad.

Una situación muy común es la de estar con tu hijo en el supermercado y que te pida que le compres una bolsa de chuches. Tú, que ya has escuchado por ahí eso de que no hay que darles todos los caprichos, le dices que no.

Pero el niño insiste e insiste hasta que, ante tu reiterada negativa, tiene una rabieta. Es en ese momento cuando te pilla, y tú cedes con tal de que pare de avergonzarte y le compras su ansiada bolsa de chuches.

Y así, tu hijo acaba de aprender que, aunque le digas que no, si insiste, llora y patalea, conseguirá lo que quiere.

No sólo ocurre esto cuando quieren conseguir cosas materiales, también aprenden el mismo mecanismo cuando no pueden resolver algo, como por ejemplo, dormir solos.

Para estas situaciones, es importante tener claro que lo que tu hijo necesita de ti es tu guía, tu apoyo para ayudarle a solucionar las cosas, para conocer las normas y los límites, en definitiva, para crecer y aprender a moverse en el mundo. Si lo haces tú todo por él, le estás privando de esa oportunidad.

2- Permítele experimentar

Naturalmente como padre quieres mantener a tu hijo a salvo de cualquier peligro y riesgo. Sin darte cuenta de que eliminar todos los peligros de su vida les priva de aprender a afrontar los problemas que se le irán presentado en su vida.

La clave está en dejar que asuman los riesgos acordes a su edad y enseñarles cómo afrontarlos.

No sirve de nada decirle a un niño que no corra porque se va a caer. Primero porque es un niño y tiene que correr, segundo porque tiene que aprender que, si corre y se cae, no es el fin del mundo, puede levantarse y seguir su camino. 

Al proporcionar al niño la libertad adecuada, le estás ayudando a que se conozca a sí mismo y sepa cuáles son sus propios límites.

3- Enséñale a resolver sus problemas

Imagina que tu hijo quiere irse una semana de campamento en verano, pero le da miedo estar fuera de casa tanto tiempo y se pone muy nervioso. ¿Qué haces?

Los padres más ansiosos querrán que su hijo esté a salvo y seguramente le aconsejarán que no vaya (“total, para pasarlo mal”).

No obstante, esa situación es una gran oportunidad para tu hijo para aprender a manejar sus emociones y enfrentarse a aquello que más les asusta.

Si le invitas a que evite ir al campamento, le estás enseñando a dejarse llevar por las emociones y a que puede evadir cualquier situación que no le guste.

Lo más adecuado sería hacerle ver que esos nervios que siente son normales ante situaciones desconocidas, pero que pasarán en cuanto esté allí pasándoselo bien con sus amigos.

También podéis buscar juntos estrategias que pueda llevar a cabo en el caso de que se vuelva a sentir nervioso cuando esté allí y dejarle claro que, de todos modos, si no está agusto, siempre puede volver a casa.

El objetivo de esto es animar a tu hijo a buscar sus propias formas con las que afrontar los retos que se le presenten.

4- Háblale claro y muéstrale lo que tiene que hacer.

Muchas de las quejas de los padres están relacionadas con la desobediencia de los hijos. Lo más común es que te digan cosas como: “Es que ya no sé cómo decirle que se porte bien”.

No se paran a pensar que, tal vez, el problema está en que el niño no sabe qué es portarse bien.

Cuando le pidas a tu hijo que haga algo, es importante que la orden sea clara y concreta y que las primeras veces le enseñes cómo se hace. Ya que eso de portarse bien o mal puede resultar demasiado ambiguo para la comprensión de los pequeños.

Tu hijo aprenderá que una conducta está bien o mal en función de las consecuencias que tenga, pero para eso tiene que saber qué es lo que ha hecho. Si le pides que se quede sentado hasta que termine su comida y ve que así obtiene tu aprobación, lo seguirá haciendo.

Por otro lado, si lo que le pides es que “se porte bien en la mesa”, es muy probable que no tenga claro lo que tiene que hacer y que, además, la consecuencia de ello sea tu enfado.

5- No olvides reforzar sus conductas

Este punto es de esas cosas que parecen muy sencillas pero que la mayoría de la gente olvida hacer: premiar.

Castigar es algo que suele salir solo. Cuando el niño te pone nervioso o hace algo que no te gusta o que está mal, lo primero que sale es reñirle “para que aprenda que eso no se hace”.

Por el contrario, cuando hace algo bien muchas veces no se le dice nada y se pasa por alto porque “es lo que tiene que hacer”.

Así, el niño lo que aprende es que hay ciertas conductas (negativas) con las que obtiene la atención de los adultos, la cual para él es su mayor premio, y hay otras (positivas) con las que no le hacen ni caso. Si fueras tú, ¿qué continuarías haciendo?

Si tu hijo ha hecho lo que le has pedido o ha realizado por sí sólo una conducta positiva, es muy importante que sepa que lo ha hecho bien para que así repita esa acción.

Para hacérselo saber no es necesario tampoco hacer una fiesta, los niños no son tan exigentes, se les hace exigentes.

Para tu hijo lo más preciado es tu atención y tu aprobación. Con que le digas lo bien que lo ha hecho y le muestres tu cariño estará más que satisfecho.

6- Evita los “¿por qué?”

Preguntar el por qué de una conducta que ha causado un problema raramente tiene una respuesta satisfactoria, lo más común es que te contesten: “no sé”.

Si tu hijo de 8 años deja los juguetes esparcidos por toda la casa y ha perdido su favorito y tú le preguntas por qué lo ha hecho, ¿qué piensas que te va a contestar? ¿Que es porque es desordenado?

En vez de preguntar “por qué”, tal vez debas indagar en qué puede hacer él para solucionar su problema y que no se vuelva a repetir. Por ejemplo:

“Has dejado tus juguetes por toda la casa y se ha perdido el que más te gusta ¿qué puedes hacer para encontrarlo y que no se vuelva a perder? “.

Es más que probable que tu hijo ate cabos y deduzca qué ha sucedido para que su juguete se pierda y la próxima vez sea algo más ordenado.

7- No le des todas las respuestas

Es muy tentador, cada vez que tu hijo tiene alguna duda, darle la respuesta de forma automática pues así pensamos que le estamos ayudando y que aprenderá.

Sin embargo, los niños necesitan aprender a aprender, es decir, tener recursos para obtener la información que necesitan y qué mejor que hacerlo a través del descubrimiento.

Cada vez que tu hijo te haga alguna pregunta, empieza por utilizar la frase “no lo sé” y proponle a tu hijo buscar la solución a su problema, ya sea juntos o él solo.

Con esta sencilla frase enseñarás a tu hijo a tolerar la incertidumbre, a ser paciente y manejar la frustración. Además, aumentará su motivación para afrontar los retos que se le presenten.

8- Evita ser dramático/a

Muchas veces para evitar que los hijos hagan algo que pueda perjudicarles, algunos padres se ponen muy ansiosos y tienden a ser catastróficos y a meterle miedo a su hijo.

Si ves a tu hijo que sale corriendo o se pone a trepar por alguna estructura del parque, cambia ese “¡no hagas eso que te vas a caer!”, por un “ten cuidado”.  Así le incitarás a ser precavido sin inducirles un miedo irracional.

9- Déjale cometer errores

Cometer un fallo no es el fin del mundo, de hecho, gracias a los errores aprendes a hacer las cosas bien.

Dejar que tu hijo se equivoque y haga las cosas mal puede resultarte bastante duro y doloroso. Pero ayudará a tu hijo a aprender como solucionar sus problemas y a tomar mejores decisiones la próxima vez.

Es importante que tu hijo sepa cuáles son las consecuencias de sus actos y eso no va a aprenderlo si estás constantemente protegiéndole y haciendo las cosas por él para evitar que cometa errores.

10- Ayúdale a manejar sus emociones

El manejo de las emociones es esencial para ser una persona feliz y sana emocionalmente.

Enseña a tu hijo que todas las emociones están bien, no pasa nada por sentirlas, ninguna es censurable. Que no pasa nada por sentirse enfadado si ha perdido una partida o si alguien se ha comido su helado, que puede llorar cuando algo malo le pase.

Muéstrale que es igual de necesario que esa emoción no se le vaya de las manos, que no es el fin del mundo y que debe pensar qué puede hacer para sentirse mejor.

Es cierto que para poder hacer esto, los padres tenéis que saber cómo manejar vuestras emociones también.

Es fácil que tu hijo te saque de quicio cuando se enfade mucho por algo que para ti seguramente sea una tontería. Es en este momento cuando debes recabar toda la paciencia del mundo y mostrarle tu apoyo y empatía.

Por ejemplo, imagina que estáis jugando al parchís y tu hijo se enfada mucho porque ha perdido. En lugar de enfadarte porque se ha enfadado, tal vez sea más adecuado decirle algo como: “Comprendo que te enfades, a mí también me ocurre, pero así no vas a conseguir ganar. Ahora puedes esperar a que se te pase solo y, si ves que no, piensa qué puedes hacer para volver a estar bien”.

11- Recuerda que eres su modelo a seguir

La principal fuente de aprendizaje e información de los niños es la observación del comportamiento de los adultos, especialmente de los padres. Por ello, no sirve de nada que le digas a tu hijo que haga tal cosa si tú eres el primero que no la hace.

Obviamente como padre vas a cometer muchos fallos, como ya se ha dicho, no es una tarea fácil y eres humano. Por eso, es importante que, si te equivocas, lo admitas y se lo expreses a tu hijo.

Hay muchos padres que nunca le dicen lo siento a sus hijos porque piensan que eso es una muestra de debilidad. Se olvidan de que un niño también es una persona con sentimientos y, al igual que un adulto, necesita una disculpa cuando alguien le hace daño, aunque sea sin intención, por ejemplo, cuando le gritas.

¿Cómo puedes pedirle a tu hijo que sea educado y honesto si tú eres el primero que no es capaz de hacerlo con él?

Recuerda que tu hijo, hasta que vaya adquiriendo su propia identidad, es una pequeña versión de ti. Lo que tú veas bien, a él le parecerá lo mejor. Lo que tú critiques, a él le parecerá de lo más reprochable.

Si quieres que tu hijo sea alguien bueno, muéstrale cómo hacerlo en primera persona.

12- Quiérelo mucho y respétalo.

La última clave y la más importante de todas. Quiere a tu hijo, demuéstrale tu amor y comprensión todos los días y, sobre todo, respétalo.

No conseguirás que él te respete si tú no haces lo mismo con él. El amor se demuestra de muchas formas, no sólo expresándolo de forma verbal. Están los gestos, las miradas… Para un niño la sonrisa de sus padres vale muchísimo.

No confundas el amor con la sobreprotección o con dárselo todo hecho. Eso puede ser casi tan perjudicial para él como ser un padre negligente que no satisface ninguna de sus necesidades.

Permite a tu hijo conocer al mundo bajo tu guía, pero no a través de ti, esa no es la idea.

Respeta sus tiempos de aprendizaje, sus emociones, sus decisiones y ayúdale a mejorar.

Referencias

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  5. Rimm, S. B. (2008). How to parent so children will learn: Strategies for raising happy, achieving children. Great Potential Press, Inc.
  6. Sanders, M.R., Dadds, M.R. (1993) Behavioral family intervention. Boston: Allyn & Bacon.
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