19 Enfermedades Causadas por el Estrés

Existen enfermedades causadas por el estrés debido a las respuestas emocionales, fisiológicas y endocrinas que se dan en el organismo. Estas respuestas pueden tener efectos negativos en nuestra salud, tanto mental como física.

De manera breve podría definirse el estrés como un estado físico y mental en el que entramos como respuesta a acontecimientos estresantes. Las respuestas ante el estrés no son solo conductuales, aunque ésta sea la única respuesta que directamente observable.

enfermedades causadas por el estrés

Las respuestas fisiológicas y endocrinas van encaminadas al aumento de la energía del individuo para que éste pueda responder al estímulo de una manera rápida y eficaz.

Para ello se activa nuestro sistema nervioso autónomo (se tensan los músculos, aumenta nuestra presión sanguínea, sudamos, aumenta el tamaño de nuestra pupila…), activa nuestro sistema inmunológico y nuestro sistema endocrino segrega epinefrina, norepinefrina y esteroides.

La activación de nuestro sistema inmunológico se produce para evitar que suframos alguna infección mientras respondemos ante el estímulo estresor, pero si este estímulo perdura en el tiempo el sistema inmunológico cae y nos deja expuesto ante las infecciones. Por ello es tan usual resfriarse justo después de un periodo de exámenes.

La epinefrina se encarga de liberar los nutrientes almacenados y la norepinefrina aumenta la presión sanguínea para que estos nutrientes lleguen a los músculos y aumenten su activación.

La norepinefrina además funciona como un neurotransmisor en el cerebro y media las respuestas emocionales ante estímulos aversivos.

El cortisol, una hormona esteroide secretada en situaciones estresantes, se encarga de convertir los glucocorticoides en glucosa para que ésta pueda ser utilizada por el organismo, además aumenta el flujo sanguíneo, y estimula las respuestas conductuales.

También tiene efectos negativos como disminuir la sensibilidad de los órganos reproductores ante las hormonas reproductoras (concretamente la hormona luteinizante), lo cual disminuye el apetito sexual.

La vivencia de situaciones estresantes a largo plazo provoca daños cerebrales debidos principalmente a la exposición de glucocorticoides.

Entre los daños cerebrales destaca la destrucción de las neuronas del hipocampo que causa problemas de aprendizaje y memoria. También se ha comprobado que la amígdala sufre daños, lo cual hace que la persona identifique una situación nueva como estresante.

Además, el estrés provoca un fenómeno denominado aprendizaje diabólico, este fenómeno se da cuando se sufre un síntoma durante un largo periodo de tiempo, en este caso el estrés, y se crea un circuito autodestructivo.

Digamos que las modificaciones de ciertos circuitos cerebrales hacen que se den respuestas estresantes ante cualquier tipo de situación, lo cual hace que la persona sufra más estrés, vuelve a modificar su circuito y dan respuestas estresantes cada vez más intensas. Este fenómeno puede causar irritabilidad, cambios de humor y un aumento de la agresividad.

Los efectos que tenga el estrés sobre nuestra salud depende tanto de variables internas, es decir, las asociadas al individuo, como externas, las asociadas al contexto.

En los cuadros siguientes pueden observarse algunas de las variables más estudiadas en cuanto a su relación con el estrés:

Cuadros estres

Un acontecimiento vital por sí mismo no genera un trastorno, hay que tener en cuenta la vulnerabilidad o resistencia biológica del individuo y las características del estresor y el contexto.

Las personas más resistentes al estrés suelen tener una predisposición genética que les hace resilientes, es decir, les hace superar eventos estresantes negativos, tienen un temperamento calmado, perciben que tienen el control de la situación, sienten que son eficaces, tienen una autoestima alta y están bien integrados socialmente.

También existen variables externas que hacen que el evento se perciba como menos estresante como pertenecer a sociedades comunitarias donde sea normal apoyarse en las personas del entorno para superar eventos estresantes, tener buenas relaciones con los familiares (sin que éstos lleguen a ser sobreprotectores), que el evento estresante no ocurra durante la infancia y, por supuesto, que los estresores sean de baja intensidad y no ocurran de manera prolongada.

Además, el modo en el que aparecen los eventos estresantes condiciona el tipo de trastorno que se puede desarrollar. Las situaciones estresantes de gran intensidad pero que pasan rápido son igual de perjudiciales que las que perduran a lo largo del tiempo pero son de nivel moderado, sin embargo las formas agudas del estrés suelen estar vinculadas a los síntomas de ansiedad mientras que las crónicas predisponen los síntomas depresivos.

Trastornos físicos relacionados con el estrés

La exposición a situaciones estresantes durante un largo periodo de tiempo puede provocar o intensificar los trastornos físicos descritos a continuación.

  • Enfermedades coronarias. Estas enfermedades pueden darse por el aumento de presión sanguínea provocado por la secreción de norepinefrina y cortisol. Entre estas enfermedades se encuentra la hipertensión, las taquicardias e incluso el aumento de probabilidad de sufrir un ataque cardíaco, una embolia o un infarto cerebral.
  • Trastornos dermatológicos. Los desajustes hormonales y endocrinos provocados por el estrés pueden causar problemas como el acné (por el exceso de secreción sebácea), la alopecia, manchas, eccemas, sequedad, sudoración excesiva, debilidad en las uñas…
  • Trastornos endocrinos. La hiperfunción del sistema endocrino puede acabar causando diabetes de tipo II (producida por el aumento sistemático de glucosa en la sangre) y, en los casos más graves, pueden acabar llevando a la persona a la obesidad.
  • Trastornos gastrointestinales. El aumento de las secreciones de jugos gástricos puede provocar úlceras en el estómago, problemas digestivos, náuseas, diarreas, dolor abdominal e incluso un trastorno denominado síndrome del colón/intestino irritable que explicaré más adelante.
  • Trastornos respiratorios. El estrés sostenido hace que tengamos una mayor probabilidad de sufrir alergias, apnea del sueño (cortes en la respiración mientras se está durmiendo que disminuyen la calidad del sueño) y asma.
  • Problemas musculares y articulatorios. Debido a la continua tensión de los músculos son frecuentes los dolores de cuello y de espalda, los tirones y las contracturas. Además, esto causa a su vez problemas articulatorios.
  • Dolores de cabeza y migrañas. Al aumentar la presión arterial pueden inflamarse las meninges (capas que envuelven al cerebro) y esto puede provocar dolor de cabeza y, en casos más graves, migrañas. Un dato curioso es que el cerebro no tiene receptores del dolor, por lo tanto, cuando nos duele la cabeza no es porque nos pase nada en el cerebro, normalmente es debido a la inflamación de las meninges.
  • Trastornos inmunológicos. Como he explicado antes, las defensas bajan si la situación estresante perdura en el tiempo, por lo tanto, es más probable contraer enfermedades infecciosas.
  • Trastornos de los órganos sexuales. Los órganos sexuales pueden deteriorarse debido a los desajustes hormonales provocados por el estrés. Este deterioro puede provocar alteraciones de los ciclos menstruales, disminución del apetito sexual, empeorar algunos trastornos de la conducta sexual (de los que hablaré más adelante) e incluso infertilidad tanto en hombres como en mujeres.
  • Problemas de crecimiento. La altura que alcanzaremos en nuestra adultez viene predeterminada genéticamente, pero en nuestros genes no hay una cifra exacta si no un intervalo dentro del cual podrá estar nuestra altura. La altura que alcancemos, dentro de ese intervalo, depende de factores ambientales y uno de ellos es el estrés. Se ha comprobado que los adultos que sufrieron estrés durante su infancia no llegan a la altura máxima de su intervalo.

Influencia del estrés en trastornos psicológicos

Está claro que el estrés empeora algunos trastornos psicológicos, pero ¿por qué ocurre esto?

Según el modelo de diátesis-estrés desarrollado por Zubin y Spring existen componentes genéticos y adquiridos que nos hacen reaccionar ante el estrés de diferentes maneras.

Esta reacción nos hace más vulnerables o resistentes ante las situaciones desencadenantes de trastornos psicológicos.

Pongamos el caso de una persona que tiene genes que le predisponen a actuar de forma exagerada ante situaciones estresantes.

Esta persona no sufre ninguna condición psicopatológica pero un día se divorcia, no consigue manejar esa situación, y empieza a manifestar síntomas de algún trastorno psicológico.

Posiblemente otra persona, con una genética diferente, hubiera manejado de otra manera la situación estresante y no hubiera llegado a desarrollar un trastorno psicológico.

Entre los trastornos psicológicos influenciados por el estrés nos encontramos con:

  • La depresión. Se ha comprobado que el este trastorno es más frecuente en las personas que han sufrido estrés crónico.
  • Trastornos de ansiedad. Las personas que sufren mucho estrés en su vida cotidiana tienen una mayor probabilidad de sufrir trastornos de ansiedad porque se activan demasiado ante situaciones estresantes por el proceso de aprendizaje diabólico explicado anteriormente.
  • El dolor crónico. Algunos estudios han demostrado que el estrés crónico produce hiperalgesia (sensibilidad excesiva al dolor) en los órganos internos y el sistema somatosensorial y, por lo tanto, es más probable sufrir dolor crónico.
  • Los trastornos de la conducta sexual. Niveles altos de estrés pueden provocar un trastorno de la conducta sexual denominado Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo. Este trastorno es más frecuente en mujeres y conlleva la pérdida progresiva del deseo sexual.
  • Los trastornos del sueño. Es frecuente que las personas que sufren niveles altos de estrés desarrollen trastornos del sueño como el insomnio. Además, en un estudio reciente, se ha demostrado que las maneras que tienen de afrontar el estrés este tipo de personas son poco eficientes.
  • Trastornos de la conducta alimentaria. Uno de los trastornos de la conducta alimentaria más frecuentes en las personas que sufren estrés es el Trastorno por Atracón. Este trastorno se caracteriza por los episodios de ingesta compulsiva (atracones), es decir la persona come una cantidad de comida excesiva durante muy poco tiempo y tiene una sensación de pérdida de control sobre lo que está haciendo.
  • El alzheimer. Hay estudios que demuestran que el estrés produce un envejecimiento prematuro de áreas claves del cerebro, como el hipotálamo, y, por lo tanto, aumenta las probabilidades de desarrollar la Enfermedad de Alzheimer.
  • Zubin y Spring sugieren que la experiencia de estrés es esencial para la aparición de psicosis aguda. Estudios recientes han comprobado que esto es así, las experiencias estresantes mal gestionadas, que causan malestar y ansiedad, pueden generar la aparición de síntomas psicóticos en individuos con una predisposición genética. Además, si esto individuos han sufrido una experiencia de trauma infantil, hay bastante probabilidad de que desarrollen la psicosis.

Trastornos psicológicos causados por el estrés

A parte de influir en algunos trastornos y ayudar a que éstos se desarrollen, también hay trastornos provocados principalmente por el estrés. Entre ellos destacan:

  • Trastorno adaptativo o estrés crónico. Como explicaba en un artículo anterior, el estrés crónico es un tipo de trastorno de adaptación que se caracteriza por una reacción emocional y conductual no saludable ante una situación identificable y prolongada de estrés. Es decir, este trastorno aparece cuando el individuo sufre estrés de forma prolongada y no lleva a cabo respuestas adaptativas ante ese estrés.
  • Síndrome del colon irritable (o del intestino irritable). Este síndrome está provocado directamente por una situación que cause un estrés intenso o un estrés prolongado. La hiperactivación del sistema endocrino debida al estrés puede provocar un aumento de sensibilidad en los órganos internos, como el colon o el intestino.
  • Trastorno por estrés postraumático. Este trastorno se da como consecuencia de una experiencia traumática que provoca un estrés agudo, como sufrir abusos sexuales o presenciar una catástrofe. No ocurre en todas las personas que sufren este tipo de experiencias, es más frecuente que se desarrolle si la experiencia ha ocurrido durante la infancia del individuo o si este usa estrategias poco adaptivas para afrontar el estrés.

Por último, me gustaría recordaros que todos estos trastornos influidos o provocados por el estrés se desarrollan porque usamos estrategias que no son saludables para afrontarlos y no por el mero hecho de sufrir estrés. Así que está en tus manos, cuídate y usa estrategias adaptativas para gestionar el estrés.

Referencias

  1. Chang, L. (2011). The Role of Stress on Physiologic Responses and Clinical Symptoms in Irritable Bowel Syndrome. Gastroenterology, 761–765. 
  2. Groesz, L., McCoy, S., Carl, J., Saslow, L., Stewar, J., Adler, N., . . . Epel, E. (2012). What is eating you? Stress and the drive to eat. Appetite, 717–721. 
  3. Levy Nogueira, M., Lafitte, O., Steyaert, J.-M., Bakardjian, H., Dubois, B., Hampel, H., & Schwartz, L. (2015). Mechanical stress related to brain atrophy in Alzheimer’s disease. Alzheimer’s & Dementia: the Journal of the Alzheimer’s Association, 11–20. doi: 10.1016/j.jalz.2015.03.005.
  4. Palagini, L., Bruno, R. M., Cheng, P., Mauri, M., Taddei, S., Ghiadoni, L., . . . Morin, C. M. (2016). Relationship between insomnia symptoms, perceived stress and coping strategies in subjects with arterial hypertension: psychological factors may play a modulating role. Sleep Medicine, 108–115. 
  5. Parish, S. J., & Hahn, S. R. (2016). Hypoactive Sexual Desire Disorder: A Review of Epidemiology, Biopsychology, Diagnosis, and Treatment. Sexual Medicine Reviews, 103–120. 
  6. Zheng, G., Hong, S., Hayes, J. M., & Wiley, J. W. (2015). Chronic stress and peripheral pain: Evidence for distinct, region-specific changes in visceral and somatosensory pain regulatory pathways. Experimental Neurology, 301–311. doi:10.1016/j.expneurol.2015.09.013.
  7. Zullig, K. J., Matthews-Ewald, M. R., & Valois, R. F. (2016). Weight perceptions, disordered eating behaviors, and emotional self-efficacy among high school adolescents. Eating Behaviors.

¿Puede Engordar el Estrés?

El estrés puede engordar en algunas personas debido a cambios en el sistema neuroendocrino que provocan un aumento del apetito. Además de la liberación de hormonas como la adrenalina, coricotropina o cortisol, en el estrés pueden darse conductas aprendidas como el ingerir alimentos constantemente.

“Estrés” es un término utilizado de forma generalizada y coloquial por la mayoría de personas para referirse a un estado de ansiedad, a lo que sentimos cuando nos vemos desbordados al tener muchas tareas y poco tiempo para llevarlas a cabo.

el estrés engorda

¿Qué es el estrés?

El popular término fue acuñado en 1936 por Hans Selye, fisiólogo y médico austrohúngaro, quien definió el estrés como “una respuesta inespecífica del organismo ante cualquier demanda de cambio”.

Cualquier estímulo que signifique un reto o una amenaza para nuestro bienestar puede suponernos un estado de estrés. Los estresores, que son los estímulos que causan estrés, pueden ser tanto físicos como psicológicos o emocionales.

Por ejemplo, podemos sentirnos estresados ante una situación que nos resulte difícil de predecir o controlar, como en una primera cita, una entrevista de trabajo o en épocas de exámenes. Otros estresores pueden ser ruidos fuertes, excesivo frío o calor, una persona desagradable…

¿Qué ocurre en el organismo cuando tenemos estrés?

Ante un estímulo que pueda suponer una amenaza (real o percibida) para nuestro organismo, nuestro cerebro está preparado biológicamente para hacer una decisión muy rápida: luchar o huir.

Este mecanismo está inscrito en la especie humana desde el principio de los tiempos, cuando el hombre vivía en un entorno hostil, lleno de peligros. El cerebro humano se desarrolló para que, cuando el hombre prehistórico se encontrara con algún animal que pudiera hacerle daño, evaluara rápidamente los riesgos para decidir, de forma inconsciente, si era más conveniente para su supervivencia luchar con el animal o huir de él.

Para lograr los recursos necesarios para tomar esta decisión y huir o luchar de forma eficaz, muchas funciones corporales, como la digestión, se enlentecen y se ven cambios químicos en el organismo. Nuestro cuerpo produce cantidades mayores de la hormona cortisol, el ritmo cardíaco aumenta, los músculos se tensan, se incrementa el estado de alerta y la respiración se vuelve más rápida.

Esta respuesta tan antigua en nuestra especie se sigue dando en la actualidad, cuando, realmente, el tipo de peligro que hizo necesario que se desarrollara ya no se da con mucha frecuencia.

En la sociedad actual la mayoría de los estresores son más psicológicos que físicos, pero los efectos en el organismo son los mismos. Cierto nivel de estrés es normal y sano en las personas; el problema viene cuando los estresores son crónicos y las funciones normales del organismo se ven permanentemente afectadas.

¿Engorda el estrés?

Mientras la respuesta inmediata a un estresor puede ser la pérdida de apetito, para algunas personas, el estrés crónico puede estar unido a un aumento del apetito que provoca, a su vez, un aumento de peso. El problema está causado por nuestro sistema neuroendocrino, que conecta el cerebro al resto del cuerpo de una forma que ayudaba a nuestros ancestros a sobrevivir, pero a nosotros no.

Una de las hormonas que se libera en momentos de tensión es la adrenalina, que da energía inmediata, junto a la hormona liberadora de corticotropina (CRH) y cortisol. Un nivel alto de adrenalina y CRH en el organismo disminuye el apetito temporalmente, pero estos efectos no duran mucho.

El cortisol, por su parte, sirve para ayudar al organismo a recuperarse después de haberse esforzado en luchar o huir y permanece mucho más tiempo. En la actualidad, en realidad no luchamos ni huimos (físicamente) de las situaciones que nos estresan, pero el cortisol se libera de todas formas, haciendo que nuestro organismo “crea” que necesitamos recuperar las calorías perdidas y aumentando el apetito. Cuando el estrés es crónico, esto puede suponer un aumento de peso importante.

Además de los motivos fisiológicos que acabamos de explicar, comer más cuando estamos bajo estrés crónico también puede ser una conducta aprendida. En situaciones estresantes, tenemos el impulso de movernos, de hacer algo, y comer es una actividad que se puede llevar a cabo de forma rápida y que reconforta inmediatamente.

¿Todas las personas engordan con el estrés?

No obstante, el estrés a largo plazo puede provocar un aumento de peso en algunas personas y una disminución de peso en otras. Por una parte, como hemos visto, los mayores niveles de cortisol pueden aumentar la ingesta de comida pero, por otra parte, el estrés puede inhibir el apetito mediante la activación del sistema nervioso simpático.

Los estudios realizados con animales ofrecen la oportunidad de examinar el efecto del estrés en la ingesta de comida controlando más factores que en los estudios con humanos. En estas investigaciones se ha visto generalmente que los animales comen menos cuando la intensidad del estresor es alta, pero cuando la intensidad se reduce, comen más cantidad.

Las interacciones entre los genes y los factores ambientales también son relevantes en este tema. Las diferencias estables entre individuos pueden determinar qué patrón de reacciones (ganar peso, perderlo o ninguna de las dos cosas) prevalecería para cada individuo bajo condiciones estresantes.

Un estudio de campo, cuyos participantes eran hombres y mujeres de mediana edad que llevaban diarios de estrés y de la ingesta diaria de alimentos, identificó tres reacciones al estrés.

Algunos sujetos comieron más, de forma consistente, durante períodos de estrés, otros comieron menos y hubo sujetos en los que no se vio ningún cambio en sus patrones de alimentación relacionado con el estrés. En consonancia con esto, una investigación con estudiantes de universidad encontró tanto una tendencia a comer más reportada por los mismos estudiantes como otra a comer menos durante períodos de exámenes.

También se han relacionado ciertas dimensiones de la personalidad con una tendencia a engordar. Se ha encontrado que los síntomas depresivos, el estrés psicológico y un nivel bajo de satisfacción vital son más comunes entre sujetos obesos que entre sujetos de peso normal.

El estrés, inducido por eventos vitales negativos, y los síntomas depresivos, han sido identificados como factores de riesgo para un aumento de peso a corto y largo plazo. También se ha visto que los sujetos obesos son más extrovertidos que los sujetos control de peso normal, pero no se han encontrado diferencias en los niveles de neuroticismo de ambos.

La mayoría de estas investigaciones, sin embargo, se centran en las asociaciones del estrés con estas características a corto plazo. Un estudio publicado en el International Journal of Obesity (Korkeila, Kaprio, Rissanen, Koskenvuo & Sörensen, 1998) tuvo como objetivo examinar si ciertas variables de personalidad predicen un aumento significativo de peso durante dos períodos de seguimiento relativamente largos (6 años y 15 años).

Las observaciones principales sugieren que un mayor nivel de estrés al principio de la investigación predicen el mayor aumento de peso en los siguientes 6 años en hombres; un nivel bajo de satisfacción vital y una puntuación alta en neuroticismo también tienden a ser factores de riesgo para aumentar de peso en los siguientes 6 años en mujeres mayores; y mayores niveles de extroversión fueron relacionados con un riesgo menor de sufrir aumento de peso en hombres jóvenes. La mayoría de estos descubrimientos, sin embargo, se debilitaron a lo largo del seguimiento más largo (15 años).

Otro estudio publicado en el International Journal of Obesity (Kivimäki, Head, Ferrie, Shipley, Brunner, Vahtera & Marmot, 2006) estudió la asociación entre el estrés en el trabajo y el índice de masa corporal centrándose en la siguiente hipótesis: el estrés crónico en el trabajo puede inducir una pérdida de peso en algunos individuos y un aumento en otros.

Los resultados sugieren que, si estas diferencias individuales son estables y se acumulan en el tiempo, es probable que la tendencia a ganar peso cuando hay situaciones de estrés sea más común entre personas con un índice de masa corporal alto, mientras que aquellas con un índice de masa corporal bajo tienden más a perder peso.

Otras interacciones entre la alimentación y el estrés

Siguiendo con el tema de perder peso, los expertos afirman que no deberíamos ponernos a dieta cuando estamos bajo estrés crónico o grave. En un estudio publicado en el Journal of Clinical Nutrition en 2001, investigadores de la universidad de British Columbia descubrieron que limitar mucho la ingesta de calorías podría producir una serie de acontecimientos bioquímicos en el organismo que, no solo aumentaría el nivel de estrés sino que también podría hacer que nos sintiéramos más hambrientos.

Los investigadores estudiaron a 62 mujeres durante tres días. De este grupo, 33 estaban siguiendo una dieta de 1500 calorías diarias, mientras que las otras 29 consumían alrededor de 2200 calorías cada día. Después de analizar muestras de orina, se descubrió que las mujeres que habían consumido menos comida tenían los niveles de cortisol más altos.

No fue una sorpresa que estas mujeres también hubieran reportado haber tenido más estrés durante lo que los investigadores llamaron “experiencias diarias relacionadas con la comida”. Resumiendo, cuanto más restringían la comida, más altos eran sus niveles de hormonas relacionadas con el estrés y, por ello, más ganas tenían de comer.

Consejos para la práctica: combatir el estrés y no engordar

Los efectos del estrés en nuestro organismo no tienen por qué ser del todo inevitables. A continuación, describo algunas recomendaciones que pueden ayudar a disminuir los niveles de estrés y mantener el peso.

  • En días estresantes, come poco y con frecuencia. Esto mantendrá a tu metabolismo activo durante todo el día. Desayuna, incluso si no tienes hambre o crees que no tienes tiempo. Desayunar ayuda a hacer que tu metabolismo empiece a funcionar y a mantener los niveles de azúcar en sangre estables, lo cual reduce el estrés.
  • Añade a tu dieta alimentos que aceleren tu metabolismo. Está demostrado que algunas comidas aumentan el ritmo metabólico y, aunque los efectos no son astronómicos, pueden contrarrestar algún descenso del metabolismo causado por el estrés. Las guindillas, el café, el té verde, los alimentos integrales (pan, pastas) y las lentejas son algunos ejemplos de este tipo de alimentos. Asegúrate también de beber una cantidad adecuada de agua; el metabolismo puede enlentecerse si estamos deshidratados.
  • El combustible que necesitan nuestros músculos para llevar a cabo la respuesta de lucha o huida es el azúcar; por eso cuando tenemos estrés sentimos más ganas de alimentos dulces o con hidratos de carbono. Ten cuidado con los bollos, pasteles y demás dulces.
  • Haz ejercicio. Además de para otras muchas cosas, el ejercicio resulta útil para disminuir el estrés. Al empezar alguna actividad física, el organismo libera un torrente de sustancias bioquímicas que pueden contrarrestar los efectos negativos de las que se liberan cuando hay estrés. Por otra parte, si hacemos demasiado ejercicio, los niveles de estrés pueden aumentar; haz algún deporte que te guste y con una frecuencia moderada.
  • Asegúrate de que duermes bien y el tiempo suficiente. Para ello, modera tu consumo de cafeína. Dormir poco aumenta los niveles de cortisol, haciendo que nos sintamos hambrientos y menos satisfechos con la cantidad de comida que comemos.
  • Evita la cafeína, el tabaco y el alcohol. Según el American Institute of Stress, el tabaco y la cafeína pueden hacer que los niveles de cortisol aumenten, así como el estrés, que el nivel de azúcar en sangre disminuya y tengamos más hambre. El instituto también advierte que beber demasiado alcohol puede afectar al nivel de azúcar en sangre y a los niveles de insulina.
  • Si te encuentras bajo una situación de estrés crónico, antes de llevar a cabo una dieta, deberías hacer lo posible para reducir los niveles de estrés. Después, asegúrate de seguir una dieta equilibrada que no suponga un aumento de estrés a tu organismo.
  • No te saltes comidas. Muchas personas argumentan que no tienen tiempo para desayunar o incluso almorzar. Saltarse comidas, lejos de hacer que pierdas peso, puede enlentecer tu metabolismo y hacer que, más tarde, tengas más hambre de lo normal.
  • Dedica algún tiempo a la relajación. Un masaje, ir a un spa de vez en cuando, hacer meditación…está demostrado que disminuye los niveles de cortisol. Te sentirás más relajado y aumentará tu productividad en el trabajo.

Referencias bibliográficas

  1. Kivimäki, M., Head, J., Ferrie, J. E., Shipley, M. J., Brunner, E., Vahtera, J. & Marmot, M. G. (2006). Work stress, weight gain and weight loss: evidence for bidirectional effects of job strain on body mass index in the Whitehall II study. International Journal of Obesity, 30, 982-987.
  2. Korkeila, M., Kaprio, J., Rissanen, A., Koskenvuo M. & Sörensen, T. I. A. (1998). Predictors of major weight gain in adult Finns: stress, life satisfaction and personality traits. International Journal of Obesity, 22, 949-957.

Cansancio Mental: 12 Consejos para Combatirlo Efectivamente

El cansancio mental, también llamado fatiga mental, es la disminución de la eficiencia funcional mental y física en un periodo de tiempo determinado.

Cuando la persona está cansada mentalmente, se disminuye su capacidad de hacer frente a las exigencias cognitivas del entorno o de la tarea, a la intensidad o a la duración.

cómo combatir el cansancio mental

El cansancio mental es resultado de la interacción entre la persona y el trabajo que realiza, entendiendo como trabajo tanto la tarea que realiza como las condiciones en las que lo hace la persona.

El cansancio mental se debe fundamentalmente a las exigencias que la persona realiza en el trabajo, principalmente de tipo mental, aunque se acompaña de exigencias físicas que suelen ser sedentarias.

Las tareas con funciones cognitivas variables (donde debe comprender, razonar, solucionar problemas, movilizar recursos como concentración, atención y memoria.

El cansancio mental se produce cuando la persona tiene una gran carga mental en el trabajo. La carga mental puede definirse como la cantidad de esfuerzo mental que una persona debe realizar para poder alcanzar un objetivo.

Una persona presenta un exceso de carga mental cuando las exigencias de la tarea en el trabajo que debe realizar, el ritmo que la persona debe llevar, la tensión que soporta o la atención continuada son superiores a las que puede hacer frente.

Debemos tener claro, en cualquier caso, que no siempre la fatiga mental se produce por el trabajo y en ningún caso se debe exclusivamente al trabajo, porque también influyen los hábitos de vida de la persona, su forma de afrontar las situaciones, sus circunstancias personales, etc. Y todo ello es importante de cara a la prevención y a la intervención.

¿Qué factores determinan el cansancio mental o por qué está producido?

En primer lugar, se debe aclarar que si bien son varios los factorees que contribuyen a que aparezca la fatiga mental, es un fenómeno multicausal.

Los factores de riesgo que determinan el cansancio mental incluyen:

a) Las exigencias de la tarea: incluimos aquí las tareas en las que se requiere responsabilidad, una alta atención sostenida, actividades peligrosas. También se debe atender a la duración de la actividad y al contenido de la misma.

Nos referimos a tareas complejas o con alto nivel de concentración o a aquellas tareas minuciosas que requieren más atención y fijación visual.

b) Condiciones físicas del lugar de trabajo: aquí incluimos la iluminación, la temperatura, el olor o el ruido, todo ello puede afectar también al cansancio mental.

c) Factores organizacionales: influye también el tipo de organización y el clima y la cultura organizacional, el grupo y los conflictos que tienen lugar. Las relaciones laborales, como por ejemplo las que tienen que ver entre trabajadores o con la dirección también pueden influir.

d) Características individuales: la edad de la persona, su formación, la actitud que tiene, su personalidad, su estado de salud, su experiencia…

e) El tiempo: se debe tener en cuenta el tiempo que el trabajador debe estar prestando atención a la tarea y el tiempo del que dispone para realizar el trabajo.

f) La información que maneja en su trabajo, tanto en cantidad (si es mucha información o menos) como en complejidad (si varía el grado de complejidad de la misma).

El cansancio mental puede ocurrir en aquellos trabajos donde hay una fuerte implicación emocional por parte del trabajador. También en trabajos con gran exigencia intelectual o en aquellas que aunque simples, son monótonas.

El cansancio mental suele tener lugar más en aquellos puestos con escasa actividad física para el trabajador.

¿Cuáles son los síntomas del cansancio mental?

El cansancio mental afecta a todo el organismo, tanto física como mentalmente. Entre los síntomas que se asocian al cansancio mental, encontramos:

– Pérdida de concentración.

– Disminución de la atención.

– Descenso de la motivación.

– Menor capacidad de asimilar y retener información.

– Incremento de errores.

Trastornos del sueño.

– Fatiga ocular.

– Sensación de cansancio.

– Mareos.

– Cefaleas.

Parestesias (adormecimiento).

– Irritabilidad, en general inestabilidad emocional.

– Peor relación entre el esfuerzo y el resultado obtenido.

– Alteraciones digestivas.

– Dolores músculo-esqueléticos.

– Alteraciones psicosomáticas.

La sensación de cansancio y agotamiento que se produce forma parte de un mecanismo de adaptación y equilibrio por parte del organismo, dado que aparece para que sea capaz de adaptarse dando señales de la necesidad de descanso.

La sensación de monotonía, de disminución de la vigilancia o de estar “saturado” son estados que se asemejan al cansancio mental.

Consecuencias del cansancio mental

La fatiga mental tiene diferentes consecuencias, no sólo a nivel físico y psicológico, que ya lo hemos visto en el apartado anterior, sino también a nivel organizacional.

El cansancio mental tiene consecuencias a nivel personal, económico y material.

Una persona con cansancio mental tendrá un peor rendimiento, además de un mayor número de errores en el trabajo. Puede afectar al análisis de datos y a la hora de tomar decisiones en el trabajo.

Debido al agotamiento mental, pueden tener lugar accidentes laborales que podrían evitarse si se atiende a los efectos del cansancio mental.

Además, el cansancio mental también tiene efectos en la motivación de las personas, de modo que cuanto mayor es el cansancio, menor es la motivación de la persona.

El cansancio mental también se relaciona con el absentismo laboral, concretamente con el de corta duración (faltar varias horas o días al trabajo sin ninguna patología física).

12 consejos para combatir el cansancio mental

1. Haz descansos varias veces a lo largo de tu jornada laboral

Uno de los consejos fundamentales para hacer frente al cansancio mental, tanto para intervenir cuando ya ha sucedido como para prevenirlo, es realizar descansos.

Muchas veces los tiempos vienen marcados por la empresa, sin embargo, es imprescindible que hagas pausas o pequeños descansos durante tu jornada de trabajo.

Lo más adecuado sería que pudieras escoger esas pausas siguiendo tus necesidades y que durante ese tiempo puedas verdaderamente desconectar de tu trabajo y de la rutina. Así es como verdaderamente será efectivo.

Debes tener en cuenta que “ir al baño”, o sentarse mientras se espera una llamada de teléfono del trabajo, por ejemplo, no debe considerarse una pausa del trabajo. Eso forma parte de tus necesidades básicas o del trabajo.

Las pausas deben ser tiempo donde puedas desconectar de verdad y donde puedas dedicarlo a descansar o a hacer algo que te hace sentir bien.

Lo adecuado sería establecer periodos de descanso de alrededor de 10 minutos cada aproximadamente 90 minutos de trabajo, según el tipo de tarea que realice la persona.

Muchas veces se hacen pausas cuando ya ha aparecido el cansancio. Una buena alternativa es prevenirlas con pausas antes de que ésta aparezca.

2. Aliméntate bien

Otro de los factores a los que se debe atender para hacer frente al cansancio mental es una buena alimentación.

El papel de la alimentación es realmente importante. Cuando ingerimos alimentos de manera desordenada o no llevamos una dieta equilibrada, esto puede afectar negativamente a nuestro cuerpo y a nuestra mente.

Nuestro organismo se enlentece cuando nota carencias de nutrientes necesarios para su buen funcionamiento y pierde fuerzas, notándonos cansados y
desfallecidos.

No sólo es importante lo que ingieres, también los tiempos y la manera en la que lo haces. Comer irregularmente o no masticar bien los alimentos puede afectarte también: por ejemplo, digestiones pesadas.

3. Haz ejercicio físico regular

El ejercicio físico moderado y regular puede ayudar también a prevenir la fatiga. El hecho de tener una vida activa y no sedentaria es una recomendación para cualquier persona.

Sin embargo, cuando el trabajo es sedentario la recomendación es incluso más importante.

Cuando la persona no realiza ejercicio físico, los músculos pierden fuerza y la persona se siente más cansada. Cuando uno realiza ejercicio físico, eso repercute en su energía.

El ejercicio físico no es sólo beneficioso a nivel físico, sino también a nivel emocional. Hacer ejercicio físico ayuda a superar las dificultades diarias.

4. Duerme un número de horas suficiente para estar descansado

Tanto la manera de alimentarnos como el descanso, el sueño y el ejercicio físico regular, son factores que pueden ayudarnos a fortalecer nuestra resistencia. Si no les prestamos atención, podemos sentirnos cansados.

Es necesario descansar y dormir un número de horas adecuadas, alrededor de 7 u 8 horas, aunque hay diferencias individuales, dado que algunas personas pueden sentirse bien con un número de horas menor y otras pueden necesitar algunas más.

5. Utiliza técnicas de relajación

Existen distintas técnicas de relajación que pueden ayudarte a hacer frente al cansancio mental.

Las técnicas de relajación son métodos que pueden ayudar a la persona a que reduzca la tensión física y mental, de manera que alcanza una situación de tranquilidad y calma controlando la ansiedad y el estrés.

Se requiere entrenamiento para poder lograrlo, pero con un tiempo al día pueden notarse resultados satisfactorios.

Existen distintas técnicas para ello, una de las más conocidas mundialmente es la técnica de la relajación muscular progresiva de Jacobson, que se propone alternando la tensión con la distensión.

De este modo, se pretende que la persona sea capaz de reconocer la tensión para poder destensarlo y acabar sintiéndose mejor.

6. Dedícate tiempo a ti mismo

Dedicarse tiempo a uno mismo dentro de la rutina diaria es algo necesario que aumenta el bienestar de la persona.

Nos pasamos la mayor parte del día en el trabajo y eso genera estrés y en ocasiones la realización de tareas que no producen bienestar en la persona.

Dedicar un tiempo al día a realizar actividades agradables: escuchar música, leer un libro, estar en contacto con la naturaleza, un hobby, estar con la familia o con amigos… Todo ello puede ayudar a sobrellevar el cansancio y a proporcionar bienestar mental.

7. El Mindfulness te ayudará a estar en el momento presente

Mindfulness o atención plena es prestar atención con conciencia plena al momento presente.

Puede influir en tu cansancio o agotamiento mental el hecho de pensar en “todo lo que te queda por hacer”, en que “no te da tiempo” o “no llegas a todo”, por ejemplo.

Los ejercicios de Mindfulness sólo te ocuparán unos minutos al día, y sería recomendable que trataras de hacerlos varias veces al día. Puedes realizarlo incluso en el trabajo, en aquellos momentos que dedicas a descansar.

Mediante el Mindfulness se pretende que aprendas a tomar conciencia del momento presente, sin vivir en el pasado ni en el futuro.

Si los practicas, atendiendo también a la respiración, lograrás cada vez un estado de bienestar que puede ayudarte a encontrarte mejor.

8. Organízate y aprende a planificarte

La planificación y organización de tareas puede ser muy beneficiosa para prevenir el cansancio mental.

Muchas veces el cansancio mental aparece por el estrés que genera el trabajo y el día a día. Para ello, aunque en el trabajo se marquen unos tiempos y unos objetivos que se deben cumplir, la persona siempre tiene un cierto margen de maniobra.

Para ello, utiliza la agenda y establécete objetivos parciales, a corto plazo y fáciles de cumplir, de manera que puedas obtener una retroalimentación rápida de tu trabajo que te ayude a sentirte mejor.

La organización y planificación permite a la persona evitar que se acumulen las tareas, lo que luego puede dar lugar a un excesivo trabajo y a unos niveles de estrés altos.

9. Atiende a las condiciones ambientales del trabajo

Algo tan simple como la iluminación o el ruido pueden ayudar a que aparezca la fatiga mental.

Por eso mismo, es importante que cuides las condiciones donde trabajas. Que atiendas al ruido, a la iluminación, la temperatura… y adecuar, en la medida de lo posible, el lugar de trabajo para que sea beneficioso para ti y que no te entorpezca el trabajo.

Utilizar una iluminación adecuada y hacer descansos de pantallas como ordenadores es algo necesario.

Además, se debe atender también al ruido intentando evitar hacer tareas con exigencia mental en sitios con excesivo ruido. De ser algo necesario, deberían usarse protectores auditivos (por ejemplo, tapones).

También es importante que en las pantallas de trabajo, los ángulos de posición y el mobiliario sea adecuado.

Por ejemplo, atiende a la distancia a la que trabajas, orienta bien la pantalla, establece un ángulo de 60 grados para trabajar cuando estés sentado.

10. Descansa la vista

Un aspecto importante al que debes atender es el descanso de la vista. Por ejemplo, cuando acabes el día, dedícale un tiempo exclusivo.

Hazte pequeños masajes, presionando las cejas con los dedos índice y pulgar con los ojos cerrados.

La fatiga visual también es algo bastante frecuente y que acompaña al cansancio mental. Es la respuesta que tienen los ojos por el excesivo esfuerzo que hacen y pueden ser síntomas oculares como tensión y pesadez, picor o enrojecimiento de los ojos y también visuales, como visión borrosa, ver sombras negras, etc.

11. Rotación de puestos y ampliación o cambio de tareas

En muchas ocasiones este consejo no puede llevarse a cabo, pero es probable que en algunos trabajos sea posible.

Rotar los trabajos y ampliar las tareas para poder romper con la monotonía del trabajo sería una solución beneficiosa.

Como en algunas ocasiones esto no será posible, la propia persona puede alternar entre las distintas tareas que tiene que hacer a lo largo de su jornada laboral.

12. Adapta tu ritmo de trabajo

El descanso lo hemos puesto como una de las condiciones imprescindibles para prevenir y tratar la fatiga mental.

Sin embargo, otras alternativas que también pueden tenerse en cuenta es adaptar el ritmo de trabajo. En algunas ocasiones puede no ser posible porque la presión de tiempo por entregar el trabajo es muy grande.

Sin embargo, en otras ocasiones puede llevarse a cabo. Por ejemplo, puedes comprobar más detalladamente el trabajo que haces para prevenir errores, para descargar la memoria utiliza la agenda, alarmas o cualquier otra ayuda externa que te ayude a eliminarlo de la cabeza.

Puedes posponer también aquellas tareas más críticas, bien porque se necesitan muchos recursos cognitivos o porque te desmotivan mucho y escoger aquellas que te resulten más agradables o sencillas.

¿Y tú, qué haces para descansar cuando te encuentras cansado mentalmente?

Referencias

  1. Alonso Castaño, L. (1995). Seguridad e higiene laboral en la hostelería y restauración. AMV Ediciones, Madrid.
  2. Arquer, M. I. (1999). Nota de prevención: Carga mental de trabajo: fatiga. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el trabajo. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
  3. Delegación del Rector para la Salud, Bienestar Social y Medio Ambiente. Fatiga laboral: conceptos y prevención.
  4. Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales (2011). Ficha divulgativa: riesgos relacionados con la fatiga mental y visual. Medidas preventivas. Confederación Española de Organizaciones Empresariales.
  5. Garrosa, E., Moreno-Jiménez, B., y González, J. L. La carga mental y la fatiga laboral: relación, fuentes, facilitadores y consecuencias asociadas.
  6. Unión General de Trabajadores. Carga mental. Secretaría de Política Sindical de FSP/UGT Almería.

5 Importantes Efectos del Estrés en la Salud

Los efectos del estrés en el organismo se dan tanto a nivel físico como mental: `puede provocar daños en el sistema cardiovascular, endocrino, sistema gastrointestinal, sistema sexual e incluso en la sexualidad.

La respuesta de estrés implica la producción de una serie de cambios psicofisiológicos en el organismo en respuestas a una situación de sobredemanda. Dicha respuesta resulta adaptativa al preparar a la persona para enfrentarse a situaciones de emergencia, de la mejor manera posible.

efectos del estrés

A pesar de esto, hay ocasiones en las que el mantenimiento de esta respuesta durante largos períodos, la frecuencia y la intensidad de la misma, acaba perjudicando al organismo.

El estrés puede provocar diversos síntomas como úlceras, incremento de determinadas glándulas, atrofia de ciertos tejidos, que dan lugar a patologías.

Hoy en día existen cada vez más posibilidades de conocer cómo interactúan entre sí las emociones y la biología. Un ejemplo de esto es la abundante investigación existente entre las relaciones directas e indirectas que existen entre estrés y enfermedad.

Efectos del estrés en la salud humana

1- Efectos en el sistema cardiovascular

Cuando se produce una situación estresante se generan una serie de cambios a nivel del sistema cardiovascular como pueden ser:

  • El incremento de la frecuencia cardíaca.
  • Constricción de las arterias principales que provocan el aumento de la presión arterial, sobre todo se dan en aquellas que canalizan la sangre al tracto digestivo.
  • Constricción de las arterias que suministran sangre a los riñones y la piel, facilitando el aporte sanguíneo a la musculatura y el cerebro.

Por otro lado, la vasopresina (hormona antidiurética que produce aumento de la reabsorción de agua), hace que los riñones frenen la producción de orina y así se produzca una disminución de la eliminación de agua, produciéndose, consecuentemente, un aumento del volumen sanguíneo y un aumento de la presión arterial.

Si este conjunto de cambios, se producen en repetidas ocasiones a lo largo del tiempo, se produce un desgaste importante en el sistema cardiovascular.

Para entender los posibles daños que se dan, hay que tener en cuenta que el sistema circulatorio es como una enorme red de vasos sanguíneos cubiertos por una capa denominada pared celular. Esta red alcanza todas las células y en ella existen puntos de bifurcación en los cuales la presión sanguínea es mayor.

Cuando la capa de la pared vascular sufre daños, y ante la respuesta de estrés que se genera, existen sustancias que se vierten al torrente sanguíneo como los ácidos grasos libres, triglicéridos o colesterol, que penetran en la pared vascular, se adhieren a ella y consecuentemente la engrosan y endurecen, formando placas. Así, el estrés influye en la aparición de las llamadas placas ateroscleróticas que se sitúan en el interior de la arteria.

Esta serie de cambios puede ocasionar daños en el corazón, en el cerebro y en los riñones. Dichos daños se traducen en una posible angina de pecho (dolor en el tórax producido cuando el corazón no recibe la suficiente irrigación sanguínea); en un infarto de miocardio (parada o grave alteración del ritmo de los latidos del corazón por obstrucción de la arteria/as correspondiente/s); insuficiencia renal (fallo del funcionamiento del riñón); trombosis cerebral (obstrucción del flujo de alguna arteria que riega parte del encéfalo).

A continuación, se expondrán tres ejemplos sobre fenómenos estresantes, de diferente índole, para ilustrar lo anterior.

En un estudio realizado en 1991 por Meisel, Kutz y Dayan, se comparó en la población de Tel Aviv, los tres días de ataques con misiles de la Guerra del Golfo, con los mismos tres días del año anterior, y se observó una mayor incidencia (el triple), de infarto de miocardio en los habitantes.

También cabe destacar esta mayor incidencia ante desastres naturales. Por ejemplo, tras el terremoto en Northrige de 1994, se observó un incremento de los casos de muerte cardíaca súbita, durante los seis días posteriores a la catástrofe.

Por otro lado, se incrementa el número de infartos de miocardio en campeonatos del mundo de fútbol, sobre todo si los partidos finalizan en penaltis. La incidencia más alta se da dos horas después de los partidos.

En general, se puede afirmar que el rol del estrés es el de precipitar el fallecimiento de las personas cuyo sistema cardiovascular está muy comprometido.

2- Efectos en el sistema gastrointestinal

Cuando una persona presenta una úlcera en el estómago esta puede ser debida o bien a la infección por la bacteria Helicobacter pylori, o bien la presentan, sin que exista una infección. En estos casos es cuando se habla del posible papel que juega el estrés en las enfermedades, aunque no se sabe bien qué factores están implicados. Se barajan varias hipótesis.

La primera hace referencia a que cuando se da una situación estresante, el organismo reduce la secreción de los ácidos gástricos, y simultáneamente, se reduce el engrosamiento de las paredes del estómago, ya que, durante ese período, no es necesario que se encuentren en funcionamiento dichos ácidos para producir la digestión, se trata de “economizar” algunas de las funciones del organismo que no son necesarias.

Tras dicho período de sobreactivación intensa se produce una recuperación de la producción de ácidos gástricos, en concreto del ácido clorhídrico. Si este ciclo de reducción de la producción y recuperación se produce de manera repetida, se puede llegar a desarrollar una úlcera en el estómago, que por tanto no está tan relacionada con la intervención de un agente estresante, sino con dicho período.

También es de interés comentar la sensibilidad que presenta el intestino al estrés. Como ejemplo podemos pensar en una persona que antes de presentarse a un examen importante, por ejemplo, una oposición, tiene que acudir al baño en repetidas ocasiones. O, por ejemplo, alguien que tiene que exponer la defensa de una tesis delante de un jurado compuesto por cinco personas que te evalúan, y en mitad de la exposición siente deseos irrefrenables de ir al baño.

Así, no es extraño hacer alusión a la relación causal entre el estrés y ciertas enfermedades intestinales, por ejemplo, el síndrome del intestino irritable, consistente en un cuadro de dolor y cambio en el hábito intestinal, produciéndose diarrea o estreñimiento en la persona ante situaciones o condiciones estresantes. Sin embargo, estudios actuales informan de la implicación de aspectos conductuales en el desarrollo de la enfermedad.

3- Efectos en el sistema endocrino

Cuando las personas se alimentan se producen en el organismo una serie de cambios destinados a la asimilación de los nutrientes, su almacenamiento y su posterior transformación en energía. Se produce una descomposición de los alimentos en elementos más simples, que pueden asimilarse en moléculas (aminoácidos, glucosa, ácidos libres…). Estos elementos se almacenan respectivamente en forma de proteínas, glucógenos y triglicéridos, gracias a la insulina.

Cuando se produce una situación estresante, el organismo tiene que movilizar la energía sobrante y lo hace mediante las hormonas del estrés que hacen que los triglicéridos se descompongan en sus elementos más simples, como ácidos grasos que se liberan al torrente sanguíneo; que el glucógeno se degrade en glucosa y que las proteínas se conviertan en aminoácidos.

Tanto los ácidos grasos libres como el exceso de glucosa, se liberan en el torrente sanguíneo De esta manera, mediante dicha energía liberada, el organismo puede hacer frente a las sobredemandas del medio.

Por otro lado, cuando una persona experimenta estrés, se produce una inhibición de la secreción de insulina y los glucocorticoides hacen que las células adiposas sean menos sensibles a la insulina. Esta ausencia de respuesta se da sobre todo debido a la ganancia de peso en personas, que provoca que las células adiposas, al distenderse, sean menos sensibles.

Ante estos dos procesos, se pueden dar enfermedades como las cataratas o la diabetes.

Las cataratas, que se traducen en una especie de nube en el cristalino del ojo que dificulta la visión, se originan debido a la acumulación de un exceso de glucosa y ácidos grasos libres en sangre, que no pueden almacenarse en las células adiposas y forman placas ateroscleróticas en las arterias obstruyendo los vasos sanguíneos, o propiciando la acumulación de proteínas en los ojos.

La diabetes, es una enfermedad del sistema endocrino, de las más investigadas. Se trata de una enfermedad común en la población de mayor edad de las sociedades industrializadas.

Existen dos tipos de diabetes, el estrés influye más en la diabetes tipo II o diabetes no insulino-dependiente, en la que el problema radica en que las células no responden bien a la insulina, a pesar de que esté presente en el organismo.

De esta manera se concluye que el estrés crónico en una persona con predisposición a padecer diabetes, que sea obesa, con una dieta inadecuada y de edad avanzada, constituye un elemento esencial en el posible desarrollo de la diabetes.

4- Efectos en el sistema inmunitario

El sistema inmunitario de las personas está compuesto por un conjunto de células denominadas linfocitos y monocitos (glóbulos blancos). Existen dos clases de linfocitos, las células T y las células B, que se originan en la médula ósea. Aun así, las células T emigran a otra zona, al timo, para madurar, es por eso por lo que reciben el nombre “T”.

Estas células realizan funciones de ataque a los agentes infecciosos de manera distinta. Por un lado, las células T producen inmunidad mediada por células, es decir, cuando un agente extraño penetra en el organismo, el monocito denominado macrófago, lo reconoce y alerta a una célula T auxiliar. Entonces estas células proliferan de manera desorbitada y atacan al invasor.

Por otro lado, las células B, producen una inmunidad mediada por anticuerpos. Así, los anticuerpos que generan reconocen el agente invasor y se ligan a él, inmovilizando y destruyendo a la sustancia extraña.

El estrés puede influir en estos dos procesos y lo hace de la siguiente forma. Cuando se produce estrés en una persona, la rama simpática del sistema nervioso autónomo suprime la acción inmune, y el sistema hipotalámico-hipofisario-suprarrenal, al activarse, produce en grado elevado glucocorticoides, deteniendo la formación de nuevos linfocitos T y disminuyendo la sensibilidad de los mismos a las señales de alerta, así como expulsando los linfocitos de la corriente sanguínea y destruyéndolos a través de una proteína que rompe su ADN.

Así, se concluye que existe una relación indirecta entre el estrés y la función inmunitaria. A mayor estrés, menor función inmunitaria, y a la inversa.

Un ejemplo lo podemos encontrar en un estudio realizado por Levav y cols en 1988, donde vieron que los padres de los soldados israelís fallecidos en la Guerra del Yom Kippur, mostraron una mayor mortalidad durante el período de duelo que aquellas que observaron en el grupo control. Además, ese incremento de mortalidad se produjo en mayor medida en padres viudos o divorciados, confirmando otro aspecto estudiado como es el papel amortiguador de las redes de apoyo social.

Otro ejemplo mucho más común es el del estudiante que en épocas de exámenes, puede sufrir una disminución de la función inmunitaria, poniéndose malo con un resfriado, gripe…

5- Efectos en la sexualidad

Un tema un poco diferente al que se han ido tratando a lo largo de este artículo es el de la sexualidad, que por supuesto también puede verse afectada por el estrés.

La función sexual en hombres y mujeres puede verse modificada antes determinadas situaciones experimentadas como estresantes.

En el hombre, ante determinados estímulos el cerebro estimula la liberación de una hormona liberadora denominada LHRH, que estimula la pituitaria (glándula que se encarga de controlar la actividad de otras glándulas y de regular determinadas funciones del cuerpo, como el desarrollo o la actividad sexual). La pituitaria libera la hormona LH y la hormona FSH, produciéndose la liberación de testosterona y espermatozoides, respectivamente.

Si el hombre vive una situación de estrés se produce una inhibición en este sistema. Se activan otros dos tipos de hormonas; las endorfinas y las encefalinas, que bloquean la secreción de la hormona LHRH.

Además, la pituitaria segrega prolactina, cuya función es la de disminuir la sensibilidad de la pituitaria a la LHRH. Así, por un lado, el cerebro segrega menos LHRH, y por otro la pituitaria se protege para responder en menor grado a ésta.

Para más inri, los glucocorticoides de los que se habló anteriormente, bloquean la respuesta de los testículos a la LH. Lo que se extrae de toda esta serie de cambios que se producen en el organismo cuando se da una situación de estrés es que éste se prepara para responder ante una situación potencialmente peligrosa, dejando de lado, claro está, el tener relaciones sexuales.

Un aspecto con el que quizás se está más familiarizado es la falta de erección en el hombre ante el estrés. Dicha respuesta está determinada por la activación del sistema nervioso parasimpático, mediante el que se produce un incremento del riego sanguíneo en el pene, el bloqueo de la salida de la sangre por las venas y el llenado de sangre de los cuerpos cavernosos del mismo, produciéndose el endurecimiento de éste.

Así, si la persona se encuentre estresada o ansiosa su organismo está activado, en concreto se produce la activación del sistema nervioso simpático, con lo que el parasimpático no se encuentra en funcionamiento, no produciéndose una erección.

En cuanto a la mujer, el sistema de funcionamiento es muy similar, por un lado, el cerebro libera LHRH, que a su vez segrega LH y FSH en la pituitaria. La primera activa la síntesis de estrógenos en los ovarios y la segunda estimula la liberación de óvulos en los ovarios. Y por otro, durante la ovulación, el cuerpo lúteo formado por la hormona LH, libera progesterona, estimulándose así las paredes del útero para que en caso de que un óvulo se fecunde, pueda implantarse en éstas y transformarse en embrión.

Existen ocasiones en las que dicho sistema falla. Por un lado, se puede producir la inhibición del funcionamiento del sistema reproductor cuando se da un aumento en la concentración de andrógenos en la mujer (ya que las mujeres también presentan hormonas masculinas), y una diminución en la concentración de estrógenos.

Por otro lado, la producción de glucocorticoides ante el estrés puede producir la disminución de la secreción de las hormonas LH, FSH y estrógenos, reduciéndose la probabilidad de ovulación.

Y además, la producción de prolactina incrementa la reducción de progesterona que a su vez interrumpe la maduración de las paredes uterinas.

Todo esto puede llevar a ocasionar problemas de fertilidad que afectan a un número cada vez mayor de parejas, que se transforman en una fuente de estrés que agrava el problema.

También podemos hacer referencia a la dispareunia o coito doloroso, y vaginismo, contracción involuntaria de los músculos que rodean la abertura de la vagina. Con respecto al vaginismo, se ha observado que posibles experiencias dolorosas y traumáticas de tipo sexual de la mujer, pueden provocar una respuesta condicionada de miedo a la penetración, que activa el sistema nervioso simpático, provocando la contracción de los músculos de la vagina.

La dispareunia por su parte, puede estar referida a preocupaciones de la mujer por si lo hará bien, inhibiendo la actividad del sistema nervioso parasimpático y activando el simpático, dificultándose las relaciones por una falta de excitación y lubricación.

Conclusiones

Ahora que se saben todos los posibles efectos adversos que pueden estar provocados por el estrés, no hay excusas para pensar en afrontar las situaciones de una manera más adaptativa recurriendo por ejemplo a técnicas de relajación o meditación, que han resultado muy eficaces.

Bibliografía

  1. Moreno Sánchez, A. (2007). Estrés y enfermedad. Más Dermatología. Nº1.
  2. Barnes, V. (2008). El impacto de la reducción del estrés en la hipertensión esencial y las enfermedades cardiovasculares. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. Vol. IV, año IV.
  3. Amigo Vázquez, I., Fernández Rodríguez, C. y Pérez Álvarez, M. (2009). Manual de psicología de la salud (3ª edición). Ediciones pirámide.

Estrés crónico: síntomas, causas, tratamientos

El estrés crónico es un tipo de trastorno de adaptación que se caracteriza por una reacción emocional y conductual no saludable ante una situación identificable y prolongada de estrés (en esto se diferencia de la ansiedad ya que en ésta el estímulo estresante no es identificable).

El estrés es una respuesta adaptativa de nuestro cuerpo ante una demanda excesiva del entorno o una situación con una alta carga emocional. Las situaciones estresantes pueden ser tanto negativas como positivas, por ejemplo pueden producirnos el mismo estrés presentarnos a un examen importante y casarnos.

Estrés crónico

Esta capacidad nos permite prepararnos para responder ante los estímulos estresantes. Para ello primero hace falta tomar conciencia de la situación. Si identificamos el estímulo como estresante se activará el sistema neuroendocrino y se emitirá una respuesta neurofisiológica, caracterizada por una subida de los niveles de arousal (nos ponemos en alerta, se acelera nuestro pulso y se tensan nuestros músculos, sube nuestras defensas para protegernos ante posibles infecciones, etc.).

Cuando se llega a niveles de estrés intermedios nuestro rendimiento ante la situación estresante será óptimo, pero si la situación estresante se sigue produciendo de forma prolongada nuestro sistema neuroendocrino se agota, el estrés deja de ser adaptativo y aparece el estrés crónico (véase la Figura 1).

Los niveles de estrés necesarios para llegar al nivel óptimo y para llegar al estrés crónico dependen se muchas variables (contexto, personalidad, tipo de estímulo,…) por lo tanto varía de persona a persona.

estres-productividad

Figura 1. Curva de Yerkes-Dodson. Niveles demasiado bajos o demasiado altos de estrés provocan una bajada de la productividad mientras que niveles intermedios de estrés provocan una alta productividad.

Características del estrés crónico

La reacción emocional y conductual del estrés crónico debe producirse en un intervalo inferior a 3 meses tras haberse producido la situación estresante y deben ser de mucha intensidad (más incapacitantes de lo que cabría esperarse, por ejemplo llorar antes de un examen).

Este trastorno comprende los siguientes síntomas (según el DSM-V):

  • Un malestar mayor de lo esperable en respuesta ante el estímulo estresante.
  • Un deterioro significativo de la actividad social y laboral (o académica).

Para hablar de estrés crónico los síntomas anteriores deben persistir más de 6 meses. Es importante aclarar que estos síntomas no deben responder a una reacción de duelo ya que en ese caso sería una respuesta normal, no desadaptativa.

Existen subtipos, en los cuales se combina la sintomatología de este y otros trastornos:

  • Trastorno de la adaptación con depresión: este tipo comprende síntomas como ánimo depresivo, el llanto y la desesperanza.
  • Trastorno de adaptación con ansiedad: aquí estarían incluidos síntomas como el nerviosismo, la preocupación o la inquietud o, en el caso de los niños, temor a la separación de personas importantes en su vida (normalmente los padres).
  • Trastorno de la adaptación con ansiedad y estado depresivo: en este tipo se combina la sintomatología de los dos anteriores.
  • Trastorno de adaptación con alteración de la conducta: las personas que sufren este tipo del trastorno llevan a cabo conductas que implican la violación de los derechos de los demás y la violación de las normas y reglas sociales (por ejemplo faltar a la escuela, destruir la propiedad, pelearse,…).
  • Trastorno de la adaptación con perturbación de las emociones y del comportamiento: aquí se combina la sintomatología de todos los tipos anteriores.

Sintomatología del estrés crónico

Las personas que sufren estrés crónico pueden sufrir los siguientes síntomas:

  • Estado de ánimo depresivo, tristeza.
  • Dificultades para respirar.
  • Dolor en el pecho.
  • Ansiedad o preocupación.
  • Sentimiento de incapacidad para lidiar con los problemas.
  • Dificultad para realizar sus rutinas diarias.
  • Sentimiento de incapacidad para planear por adelantado.

Curso y pronóstico

La mayoría de los síntomas disminuyen y a menudo desaparecen a medida que pasa el tiempo y van desapareciendo los estresores, sin necesidad de ningún tipo de tratamiento, pero cuando el estrés se cronifica es más difícil que ocurra esto ya que puede facilitar la aparición de otros trastornos como depresión o ansiedad o incluso promover el consumo de sustancia psicoactivas.

¿Quién puede padecer estrés crónico?

Se ha calcula que entre el 5-20% de la población que ha sido asistida por problemas psicológicos sufren un trastorno de adaptación (dentro de los cuales se incluye el estrés crónico). En los niños y adolescentes este porcentaje aumenta llegando a ser de entre 25-60%.

El estrés crónico puede padecerse a cualquier edad, aunque son especialmente frecuente en niños y adolescentes, y afecta de forma indiferente a mujeres y hombres.

Se dan casos de estrés crónico en todas las culturas pero la manera en la que estos casos se manifiestan y el modo de estudiarlos varía notablemente dependiendo de la cultura, además los casos de estrés crónico son más numerosos en culturas desfavorecidas o en países en vías de desarrollo. Asimismo suele ser más frecuente en poblaciones con niveles socioeconómicos bajos.

Factores de riesgo o protección

Hay muchos factores o variables que pueden aumentar o disminuir la probabilidad de padecer un trastorno de adaptación, aunque no se conoce ninguna variable que por sí misma determine la aparición de este trastorno.

Las variables pueden ser:

Individuales

Las variables individuales que pueden influir en la aparición de un trastorno de adaptación son las que influyen en el modo en el que la persona percibe y hace frente (coping) a las situaciones estresantes. Entre estas variables destacan:

  • Determinantes genéticos. Determinados genotipos pueden hacer que el individuo tenga una mayor predisposición o vulnerabilidad ante las situaciones estresantes.
  • Las destrezas sociales. Las personas con mejores destrezas sociales podrán buscar el apoyo necesario en su entorno.
  • La inteligencia. Las personas más inteligentes desarrollarán estrategias más eficaces para hacer frente a la situación estresante.
  • La flexibilidad cognitiva. Los individuos flexibles se adaptarán mejor a las situaciones y no las percibirán como estresantes.

Sociales

El entorno social es muy importante tanto como factor de riesgo como protector, ya que puede ser una herramienta más para afrontar el estrés pero también pueden propiciar la aparición de ciertos estresores (divorcios, maltrato, bullying,…). Las principales variables sociales son:

  • La familia puede ser una fuerte barrera protectora ante el estrés, si hay una buena relación familiar, pero también puede resultar estresante si es una familia desestructurada o con estilos educativos particularmente autoritarios. Hay que tener en cuenta que no es conveniente tampoco compartir todo el estrés con la familia ya que ello puede desestructurar el núcleo familiar.
  • El grupo de iguales. Los amigos (o compañeros) en la adolescencia y la pareja en la adultez constituyen factores muy influyentes durante nuestra vida. Al igual que pasaba con la familia pueden ser factores tanto de riesgo como protectores. Pero, a diferencia de lo que ocurría con la familia, a las personas de nuestro entorno podemos elegirlas, por lo tanto es importante reconocer cuando están constituyendo factores de riesgo y eliminarlas de nuestra vida si es necesario, la salud es lo primero.

Tratamiento

El diseño del tratamiento va a depender de múltiples factores, entre los cuales cabe destacar:

  • La edad de la persona.
  • Su estado general y su historia médica.
  • Los síntomas concretos que padece.
  • Si padece algún subtipo del trastorno.
  • La tolerancia o susceptibilidad de la persona ante determinados medicamentos o terapias.

Aunque existen diversos tratamientos, se recomienda usar tratamientos holísticos multimodales que incluyen los ámbitos importantes de la vida del paciente, por ejemplo podrían combinarse la psicoterapia, la terapia familiar, la modificación de conducta, la restructuración cognitiva y la terapia de grupo.

Todos los tratamientos persiguen los mismos objetivos que son:

  1. Aliviar los síntomas que ya se están produciendo, para lo cual las técnicas de relajación pueden ser muy útiles.
  2. Enseñar a la persona y ofrecerle un soporte para que maneje la situación estresante actual, y la posibles situaciones futuras, lo mejor posible.
  3. Reforzar y, si es necesario, reestructurar el entorno social. Para ello se deben crear nuevos lazos y reforzar los ya existentes, empezando por formar una relación psicólogo-paciente sana.
  4. Identificar los factores individuales que puedan favorecer o dificultar el desarrollo del trastorno y la adhesión al tratamiento.
  5. Seguir un mantenimiento para evaluar la progresión del paciente.

En cuanto a la naturaleza del tratamiento, psicológico o psicofarmacológico, se recomienda empezar con psicoterapia y comenzar con los psicofármacos sólo si es necesario, pero siempre continuando con la psicoterapia.

Tratamiento psicoterapéutico

Hay tratamientos muy diversos pero nos centraremos en la terapia cognitivo-conductual y la sistémica por ser las más usadas.

Terapia cognitivo-conductual

Este enfoque está orientado a enseñar al paciente a desarrollar sus propias herramientas para resolver problemas, para mejorar la comunicación y para manejar los impulsos, la ira y el estrés.

La intervención se focaliza en modificar los pensamientos y los comportamientos para poder mejorar las estrategias de adaptación.

Este enfoque incluye a gran variedad de técnicas como el biofeedback, la resolución de problemas, la reestructuración cognitiva, técnicas de relajación,…

Terapia sistémica

De las terapias sistémicas las más usuales son:

  • Terapia familiar. Esta terapia está orientada a la modificación de los aspectos necesarios en la familia para convertirla en un factor protector para ello fomentan el conocimiento del problema del paciente, la comunicación e interacción entre los miembros de la familia y el apoyo mutuo.
  • Terapia de grupo. Este tipo de terapia suele realizarse cuando el paciente va mejorando. Puede ser muy útil pero debe tenerse cuidado pues puede hacer que el paciente no identifique su responsabilidad en el problema y por lo tanto no trabaje para recuperarse porque crea que no depende de él mismo.

Tratamiento psicofarmacológico

Los psicofármacos solo están indicados en casos particularmente resistentes a la psicoterapia y en casos graves (como los subtipos de trastorno de la adaptación con ansiedad o depresión), pero siempre debe acompañarse de psicoterapia.

Es importante tomar el fármaco sólo cuando el médico lo recete y en las dosis que éste nos indique ya que la elección del psicofármaco a tomar depende de múltiples factores, por ejemplo no todos los antidepresivos tienen los mismos efectos, y puede resultar muy peligroso tomar el psicofármaco equivocado (o en la dosis equivocada) pudiendo llegar incluso a ocasionar otros trastornos.

En el caso del estrés crónico se suele preinscribir ansiolíticos o antidepresivos dependiendo de la sintomatología del paciente. Sólo si la ansiedad es muy intensa puede indicarse la toma de antipsicóticos a dosis bajas. En casos concretos donde existe una inhibición o aislamiento importantes puede preinscribirse también psicoestimulantes (por ejemplo anfetaminas).

Material recomendado para saber más

  • Buendía, J. (Coord.) (1993). Estrés y Psicopatología. Madrid: Pirámide.
  • Lazarus, R.S. y Folkman, S (1986). Estrés y Procesos Cognitivos. Barcelona: Martínez Roca.
  • Sapolsky, R. (1995) ¿Por qué las Cebras no Tienen Úlcera? La Guía del Estrés. Madrid: Alianza Editorial.

Libros interesantes

  • Sobolewicz, T. (2002). He sobrevivido al infierno. MUSEO ESTATAL DE AUSCHWITZ-BIRKNEAU.

Películas interesantes

  • Landis, J. (1985). Cuando llega la noche (Into the Night). Estados Unidos: Universal Pictures.
  • Leigh, M. (2002). Todo o nada (All or Nothing). Reino Unido: Coproducción GB-Francia; Thin Man Films/Les Films Alain Sarde/StudioCanal.
  • Tarvenier, B. (1999). Hoy empieza todo (Ça commence aujourd’hui). Francia: Les Films Alain Sarde/ ittle Bear/TF1 Films Production.

Referencias

  1. Batlle Vila, S. (2007-2009). Trastornos de Adaptación. Máster en Paidopsiquiatría. Barcelona: Universitat Autònoma de Barcelona.
  2. Carlson, Neil (2013). Physiology of Behavior. Pearson. pp. 602-606. ISBN 9780205239399.
  3. González de Rivera y Revuelta, J. (2000). TRASTORNOS ADAPTATIVOS Y DE ESTRÉS. Congreso Virtual de Psiquiatría. Recuperado el 2 de Marzo de 2016, de psiquiatria.com.
  4. Holmes, T., & Rahe, R. (1967). The social readjustment rating scale. J. Psychoson. Res., 213-218.
  5. MedlinePlus. (3 de Octubre de 2014). Enciclopedia médica. Obtenido de Trastorno de adaptación.
  6. Perales, A., Rivera, F., & Valdivia, Ó. (1998). Trastornos de adaptación. En H. Rotondo, Manual de psiquiatría. Lima: UNMSM. Obtenido de sisbib.unmsm.edu.pe.
  7. psicomed. (s.f.). DSM-IV. Obtenido de Trastornos adaptativos psicomed.net.
  8. Rodríguez Testal, J. F., & Benítez Hernández, M. M. (s.f.). Trastornos Adaptativos. Psicopatología Clínica. Sevilla: Universidad de Sevilla.

¿Puede haber manchas en la piel por estrés?

el estrés puede causar manchas en la piel

Pueden aparecer manchas en la piel por estrés y otros tipos de afecciones dermatológicas: acné, eczema,  urticaria, rosácea, psoriasis, alopecia (caída del cabello), vitiligo (manchas blancas de pigmento en la piel), la tricotilomanía (arrancarse el cabello) e incluso trastornos de auto-mutilación.

Cuando las personas experimentan estrés en la vida,  su piel se vuelve un reflejo de las tensiones. De hecho, durante el desarrollo en el útero, el cerebro y la piel se derivan de las mismas células.

el estrés puede causar manchas en la piel

El estrés o nervios puede ocasionar:

  • Manchas y erupciones en la piel en general (en niños y adultos).
  • Manchas en la cara.
  • Manchas en las manos.
  • Granos.
  • Dermatitis.
  • Sarpullido.

Los estudios muestran que al menos el 30% de los pacientes que tienen problemas dermatológicos, padecen también algún problema psicológico que no esta siendo tratado.

Sin embargo, si esos problemas psicológicos son tratados, el estado de la piel puede mejorar en gran medida.

El estrés agrava los problemas de piel existentes

La piel es el órgano más largo y visible del cuerpo, por lo que tiende a registrar los efectos del estrés o los nervios rápidamente.

Si tu piel y cara tiende a ser seca, el estrés la hace aún más seca. Si tiendes a desarrollar puntos negros, con el estrés se harán más visibles.

Lo mismo con el acné: el estrés produce hormonas como la adrenalina que pueden alterar el equilibrio de otras hormonas en el cuerpo, empeorando los granos típicos del acné.

Es más, el estrés a largo plazo disminuye la producción de colágeno y elastina –
fibras que dan a la piel su elasticidad-, dando lugar a la flacidez.

En las personas jóvenes la piel conserva la capacidad de recuperarse, pero el proceso de curación se ralentiza con la edad y, después de los 40, los efectos del estrés pueden ser permanentes.

Un nuevo campo de estudio: la psicodermatología

Estos efectos, sus causas y sus tratamientos, son estudiados por el subcampo de la dermatología llamado psicodermatología.

La psicodermatología estudia el impacto que tienen las emociones de las personas en la piel, integrando por tanto psicología, psiquiatría y dermatología.

Con este enfoque integrativo se abren otras posibilidades de tratamiento, incluyendo: antidepresivos, psicoterapia, terapia de relajación…que puedan controlar y tratar las afecciones en la piel.

La mente y la piel están conectadas en varios niveles. Muchas terminaciones nerviosas están conectadas con la piel.

En el acné por ejemplo, cuando estas tenso tu cuerpo libera cortisol, una hormona del estrés que puede incrementar la producción de grasa por la piel.

Otras enfermedades de la piel, como la alopecia y el vitíligo, pueden ser desencadenadas por una reacción autoinmune.

Existen otros casos en los que enfermedades mentales graves se pueden presentar como enfermedades de la piel. Por ejemplo: arrancarse el pelo, morderse las uñas, tics…

Erupciones y picazón en la piel

Las erupciones, picazones en la piel y condiciones como el eczema empeoran bajo el estrés.

Debido a que algunas personas se rascan bajo situaciones estresantes, pueden desarrollar erupciones que empeoran la situación.

En situaciones de estrés, el flujo sanguíneo se desvía lejos de la piel hacia los órganos vitales y esto puede agravar las alergias y erupciones existentes.

Tratamientos de las manchas en la piel

Si los problemas de la piel derivados del estrés influyen en la autoestima y en las relaciones sociales, puede guiar a problemas más graves, como la depresión.

Si hay depresión, ansiedad u otros trastornos mentales, la medicación y la terapia cognitiva conductual pueden resultar de ayuda. 

Las técnicas de relajación y el deporte también pueden ayudar a disminuir ansiedad, estrés y depresión.

Por ejemplo, se ha demostrado que los niveles de actividad, el estado de ánimo y el estado de la piel de los niños mejoran después de recibir masajes.

Otra solución para controlar las manchas u otras afecciones de la piel es controlar hábitos como rascarse. Para ello, es necesario ser consciente de uno mismo y tener comportamientos alternativos que puedan ayudar.

Por ejemplo:

  • Cada vez que te vas a rascar, tomar un lápiz y escribir algo.
  • Cuando vas a comerte las uñas, tomar un lápiz y escribir algo.

Para ser más consciente de ti mismo te puede ayudar el mindfulness y las técnicas de relajación.

Finalmente, la dieta también es importante para mejorar el estado de la piel y evitar el efecto de las hormonas del estrés. Las vitaminas C y E actúan como antioxidantes y evitan el efecto destructivo de los radicales libres en las células del organismo.

Estrés en niños

Si un niño padece enfermedades de la piel relacionadas con el estrés, los padres tienen que observar qué tipos de acontecimientos estresantes están sufriendo sus hijos.

En la niñez y adolescencia son muy importantes las experiencias escolares y con el grupo social, por lo que los padres se pueden centrar en ellas.

Si el problema de la piel se da durante un periodo corto de tiempo, no hay mucho que hacer. Por ejemplo, desarrollar más manchas durante un periodo de exámenes.

Sin embargo, si el estresor es crónico, es necesario intentar resolver dicho estresor. Por ejemplo, tener relaciones conflictivas en la familia.

Algunas formas de reducir las consecuencias del estrés en tu piel

Aunque es imposible evitar el estrés completamente, hay algunas formas de controlar sus efectos negativos sobre la piel.

  1. Haz ejercicio frecuentemente. Será bueno para tu piel y para el resto de tu cuerpo.
  2. Tomate tiempo libre para hacer algo que te guste, incluso si solo tienes 10 minutos al día. Lee un libro que te guste o tomate un baño caliente.
  3. Da un paseo.
  4. Cuida tu piel, especialmente cuando estas cansado o estresado.
  5. Practica técnicas para controlar el estrés como yoga, técnicas de relajación, relajación progresiva, meditación o visualización.
  6. Duerme lo suficiente. Lo ideal son 8 horas al día.
  7. Aprende a decir no para tener más tiempo para ti mismo.
  8. Busca apoyo social de amigos, familiares, pareja o profesionales.

¿Y en ti ha causado el estrés manchas en tu piel?

Referencias

  1. http://www.webmd.com/beauty/skin/effects-of-stress-on-your-skin.
  2. http://www.webmd.com/beauty/skin/the-effects-of-stress-on-your-skin.
  3. http://www.dailymail.co.uk/health/article-3743/The-secret-signs-stress.html.

Las 4 Hormonas del Estrés Principales

La principal hormona del estrés que modifican el funcionamiento física y mental es el cortisol. Por otra parte, hay otras hormonas como el glucagón, la prolactina, hormonas reproductivas como el estrógeno, la progesterona y la testosterona, y hormonas relacionadas con el crecimiento, que también se ven modificadas durante los estados de estrés.

El estrés es un sentimiento de tensión física o emocional que puede provenir de cualquier situación o pensamiento que cause sentimientos de ansiedad, nerviosismo o frustración.

hormonas del estrés

Cuando una persona padece estrés, no sólo experimenta cambios psicológicos, sino que sufre una serie de alteraciones y cambios físicos.

En este artículo hablaremos sobre cómo se realizan estos cambios físicos y te explicaremos el funcionamiento de las hormonas del estrés.

¿Qué es el estrés?

El estrés se considera un estado de tensión y ansiedad perlongado en el tiempo, que provoca una serie de alteraciones y una sensación de malestar en la persona que lo padece.

De este modo, Bruce McEwen definió en el año 2000 el estrés como una amenaza real o supuesta a la integridad fisiológica o psicológica de un individuo que resulta en una respuesta física o conductual.

Por su parte, en medicina el estrés es referido como una situación en la cual los niveles de glucocorticoides y catecolaminas en circulación se elevan.

Así pues, con las primeras aproximaciones al término de estrés, ya vemos dos cosas claras:

  1. Por una parte, el estrés es una alteración de origen psicológico que provoca una serie de modificaciones en el funcionamiento físico del cuerpo.

  2. En el estrés se ve implicado la actividad de distintas hormonas, las cuales provocan los cambios corporales de una forma directa.

Para entender bien los efectos del estrés, tenemos que tener en cuenta que cuando padecemos estos estados, nuestro cuerpo sufre una falta de armonía en la homeostasis.

Así pues, la homeostasis es un concepto básico para entender el estrés y su implicación hormonal.

Este concepto hace referencia a la idea de que el cuerpo posee un nivel ideal de oxigeno en sangre, acidez y temperatura corporal.

Trastorno de Estrés Postraumático

De este modo, estas variables físicas se mantienen es un estado óptimo a través de la homeostasis, la cual permite el correcto funcionamiento fisiológico de nuestro cuerpo.

Sin embargo, cuando aparece un estresor, es decir, un elemento del mundo externo que nos puede desestabilizar, nuestro cuerpo se aleja del balance homeostático y las variables de nuestro cuerpo se pueden modificar.

Así pues, ante la amenaza de padecer una agresión, nuestro cuerpo modifica el balance homeostático, y aumenta la irrigación sanguínea, la frecuencia cardíaca, la tensión muscular o la sudoración entre otros.

Pero ojo, este cambio no configura de por sí un estado de estrés, ya que nuestro cuerpo se activa más de lo normal en un momento de emergencia para ser capaz de responder de una forma más rápida y eficaz.

Si nuestro cuerpo tiene sus músculos más tensionados, sudamos con mayor facilidad y tenemos una frecuencia cardíaca más elevada, estaremos más preparados para realizar una respuesta conductual rápida que si nuestro cuerpo se encuentra en un estado relajado.

De este modo, el estrés aparece cuando la alteración del balance homeostático y los cambios corporales se producen de forma crónica, es decir, los tenemos siempre y no sólo ante situaciones específicas que motiven la activación del cuerpo.

Si padeces estrés sabrás bien a lo que me refiero, ya que notarás tu cuerpo activado y sensaciones físicas desagradable en todo momento.

Así pues, cuando padecemos estrés, nuestro cuerpo está en todo momento tan activado como si estuviéramos respondiendo ante una situación límite.

Además, la elevada activación que sufre nuestro cuerpo ante el estado de estrés, origina muchas alteraciones físicas, las cuales nos hacen más propensos a enfermar

Esto se explica porque, como hemos dicho, nuestro cuerpo deja de funcionar a través de un estado homeostático, y nuestros niveles de frecuencia cardíca, irrgación sanguínea, tensión muscular, etc. se ven alterados.

Y en gran parte, las responsables de que se produzcan estos cambios, son las hormonas que liberamos cuando estamos estresados.

Las hormonas son unas sustancias químicas que son liberadas por nuestro cerebro hacia todo el cuerpo. La alteración del funcionamiento de estas sustancias que se distribuyen por muchas regiones corporales, provoca de inmediato una serie de cambios físicos.

A continuación revisaremos qué hormonas se ven alteradas en los estado de estrés, cómo funcionan y qué efecto dañinos pueden originar sobre nuestro cuerpo.

Estrés y sistema nervioso autónomo

Antes de revisar las hormonas, cabe destacar que la respuesta de estrés tiene mucho que ver con el sistema nervioso autónomo.

Así pues, en los estados de estrés, una parte de este sistema se activa (el sistema nerviosos simpático) y otro se inhibe (sistema parasimpático).

El sistema nerviosos simpático se activa durante el tiempo que nuestro cerebro considera una emergencia (en los casos de estrés de forma continua). Su activación aumenta la vigilancia, la motivación y la activación general.

Así mismo, este sistema activa las glándulas adrenales de la médula espinal, las cuales son las responsables de liberar las hormonas del estrés de las que hablaremos a continuación.

La otra mitad del sistema, el sistema nervioso parasimpático, se inhibe. Este sistema lleva a cabo funciones vegetativas que promueven el crecimiento y el almacenamiento de energía, por lo que al inhibirse el sistema, estas funciones dejan de realizarse y pueden verse en entredicho.

Estrés y cambios hormonales

La respuesta del estrés tiene como componente principal el sistema neuroendocrino, y en especial, el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal de este sistema.

Cómo hemos dicho, ante eventos estresantes (o interpretados como estresantes) el sistema nervioso simpático se activa, el cual provoca de inmediato la activación de las glándulas adrenales del sistema neuroendocrino que estamos comentando.

Esta activación estimula la liberación de vasopresina en el eje hipotálamo-hipofisario. La presencia de esta sustancias estimula a la hipófisis a que libere otra hormona, la corticotropina a la circulación general del cuerpo.

A su vez, la corticotropina actúa sobre la corteza de las glándulas adrenales induciendo la síntesis y la liberación de glucocorticoides, en particular cortisol.

Así pues, el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal se puede entender como una estructura que, ante la aparición de un evento estresante, produce una cascada de hormonas que concluye con una mayor liberación de glucocorticoides en el cuerpo.

De este modo, la principal hormona del estrés que modifican el funcionamiento corporal es el cortisol

No obstante, otras hormonas como el glucagón, la prolactina, hormonas reproductivas como el estrógeno, la progesterona y la testosterona, y hormonas relacionadas con el crecimiento, también se ven modificadas durante los estados de estrés.

Las principales hormonas del estrés

1. Cortisol

cortisol molécula

El cortisol es considerado la hormona del estrés por excelencia ya que el organismo la fabrica ante situaciones de emergencia para ayudarnos a enfrentarnos a los problemas y poder realizar una respuesta rápida y eficaz.

De este modo, cuando estamos estresados la liberación de cortisol se dispara.

En situaciones normales (sin estrés) las células de nuestro cuerpo utilizan el 90% de la energía en actividades metabólicas como reparación, renovación o formación de nuevos tejidos.

Sin embargo, como hemos comentado anteriormente, ante situaciones de estrés, nuestro cerebro envía mensajes a las glándulas adrenales para que estas liberen mayores cantidades de cortisol.

Esta hormona, es la responsable de liberar glucosa a la sangre para enviar mayores cantidades de energía a los músculos (para activar mejor nuestros tejidos), de este modo, cuando estamos estresados realizamos una mayor liberación de glucosa a través del cortisol.

¿Y en qué se traduce esto? pues como venimos comentando, en situaciones estresante puntuales, este hecho no tiene efectos negativos sobre nuestro organismo, ya que una vez superada la emergencia los niveles hormonales vuelven a la normalidad.

Sin embargo, cuando tenemos estrés de forma habitual, los niveles de cortisol se disparan de forma continua, por lo que gastamos mucha energía para liberar glucosa a la sangre, y las funciones de recuperación, renovación y creación de nuevos tejidos se paralizan.

De este modo, el estrés puede tener un efecto negativo sobre nuestra salud, ya que tendremos una desregulación hormonal.

Los primeros síntomas de poseer niveles elevados de cortisol durante un tiempo prologando son falta de sentido del humor, irritabilidad, sentimientos de ira, cansancio permanente, dolores de cabeza, palpitaciones, hipertensión , falta de apetito, problemas digestivos, y dolores o calambres musculares.

2. Glucagón

glucagón

El glucagón es una hormona que actúa en el metabolismo de los hidratos de carbono y que es sintetizada por las células del páncreas.

Su función principal consiste en permitir que el hígado libere la glucosa que tiene almacenada cuando nuestro cuerpo tiene niveles bajos de esta sustancia y necesita una mayor cantidad para funcionar adecuadamente.

De hecho, el papel del glucagón se podría considerar contrario a la insulina. Mientras la insulina disminuye los niveles de glucosa demasiado altos, el glucagón los aumenta cuando estos son demasiado bajos.

Cuando tenemos estrés, nuestro páncreas libera mayores cantidades de glucagón para proporcionar más energía a nuestro cuerpo, por lo que se desregula nuestro funcionamiento hormonal, siendo especialmente peligroso para esas personas que padecen diabetes.

3. Prolactina

prolactina

La prolactina es una hormona segregada por la glándula hipófisis anterior del cerebro que se encarga de realizar la estimulación de la secreción de leche de las mujeres durante el periodo de lactancia.

De este modo, cuando una mujer está en el periodo de lactancia, es capaz de producir leche a través de la liberación de estar hormona.

Sin embargo, en estos casos, padecer periodos de elevado estrés puede provocar hiperprolactinemia.

La hiperprolactinemia consiste en un aumento de prolactina en sangre que causa de forma inmediata una inhibición de la producción de la hormona hipotalámica, la cual se encarga de sintetizar los estrógenos, a través de distintos mecanismos.

De este modo, al incrementar los niveles de prolactina, se inhibe la hormona que sintetiza las hormonas sexuales femeninas, hecho que produce una falta de ovulación, disminución de estrógenos y consecuentes menstruales como falta de menstruación.

Así pues, a través de la prolactina, los niveles elevados de estrés pueden causar una desregulación del funcionamiento sexual en las mujeres y alterar el ciclo menstrual.

4. Hormonas sexuales

Con el estrés también se ve alterado el funcionamiento de tres hormonas sexuales: los estrógenos, la progesterona y la testosterona.

A. Estrógenos

Receptor de estrógeno alfa
Receptor de estrógeno alfa

Como hemos visto anteriormente, el estrés disminuye la síntesis de estrógenos, pudiendo alterar el funcionamiento sexual de la mujer.

Sin embargo, la relación entre estrógenos y estrés es bidireccional, es decir, el estrés puede reducir la creación de estrógenos pero a su vez, los estrógenos pueden constituir una hormona protectora del estrés.

Este hecho fue demostrado por la psicóloga de la Universidad de Princeton Tracey Shors, la cual realizó un experimento con un total de 44 ratas y comprobó su respuesta al estrés entre ratas hembras sin ningún tipo de modificación y ratas hembras a las que se les había extraído los ovarios.

B. Progesterona

progesterona

La progesterona es una hormona sintetizada en los ovarios que entre otras cosas, se encarga de regular el ciclo menstrual de las mujeres y controla la los efectos de los estrógenos para que estos no excedan su estimulación de crecimiento celular.

Experimentar estrés durante largos periodos de tiempo puede disminuir la producción de esta hormona, produciendo un desequilibrio de la progesterona que puede originar diversos síntomas como disminución de deseo sexual, cansancio excesivo, aumento de peso, dolor de cabeza o cambios de humor.

C. Testosterona

testosterona

Por su parte, la testosterona es la hormona sexual masculina, la cual permite el crecimiento del tejido reproductivo de los hombres. Así mismo, permite el crecimiento de características secundarias sexuales como el vello facial y corporal o las erecciones sexuales.

Cuando una persona padece estrés de forma habitual, los niveles de testosterona disminuyen, ya que el cuerpo opta por invertir su energía en la producción de otras hormonas como el cortisol.

De este modo, el estrés se convierte en una de la principales causas de problemas sexuales como la impotencia, la disfunción eréctil o la ausencia de deseo sexual.

Así mismo, la disminución de los niveles de esta hormona, también puede producir otros síntomas como cambios de humor frecuentes, sensaciones de fatiga constante e incapacidad para dormir y descansar adecuadamente.

Así pues, vemos como el estrés es un fenómeno que está estrechamente vinculado con el funcionamiento hormonal de las personas, de tal modo que estar sometido a épocas estresantes de forma permanente puede acarrear graves alteraciones tanto psicológicas como fisiológicas.

Referencias

  1. Biondi, M. y Picardi, A. (1999). Psychological stress and neuroendocrine function in humans: The last two decades of research. Psychotherapy and Psychosomatics, 68, 114–150.
  1. Axelrod, J. y Reisine, T. D. (1984). Stress hormones: Their interaction and regulation. Science, 224, 452–459.

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