Rabietas infantiles: 11 consejos para gestionarlas

Las rabietas infantiles se dan cuando los niños sufren una gran activación emocional y son incapaces de calmarse así mismos, sintendo dificultad para autogestionar las emociones que están sintiendo.

Por suerte para ellos, los pequeños suelen contar con su papá y su mamá así como con otros adultos para poder gestionar de forma óptima sus emociones y para poder afrontar aquellos problemas y conflictos cotidianos que suceden en su infancia.

rabietas infantiles

Normalmente como adultos tendemos a pensar que la etapa infantil es la época más feliz de la vida. Una etapa que casi siempre está relacionada con conceptos y emociones como la felicidad, la alegría, la despreocupación, el bienestar, etc.

Aunque esto tiene gran parte de verdad, no hay que olvidar que los niños al igual que los adultos cuentan tanto con emociones positivas como con emociones negativas y también pueden sentir frustración ante aquellos sucesos que nos ocurren de forma cotidiana.

En el presente artículo voy a intentar darte algunas pautas para que en aquellos momentos en los que tus hijos tengan una rabieta puedas gestionar la situación de una forma más sencilla así como aprender a calmarlos y poder consolarlos.

¿Porqué lloran los niños?

Para muchos adultos es difícil comprender y aceptar el llanto y la rabietas de sus hijos.

Es muy común que nos encontremos con consejos sobre la crianza basados en las rabietas de los niños que son contradictorios en relación con lo que los niños necesitan en ese momento.

El hecho de pensar que un niño que llora lo hace por salirse con la suya y debe aprender a controlarse es una decisión que puede afectar tanto a tu hijo como a vuestra relación de apego.

Como adulto seguro que cuando te apetece llorar o estar solo te das permiso para hacerlo ya que seguramente es lo que te apetece.

Imagina que estás enfadado porque acabas de perder dinero y solo te apetece estar enfadado y gritar. Añade a la situación que hay alguien a quien tienes mucho aprecio que no respeta tus emociones e intenta que no expreses tu enfado diciéndote que no es para tanto y que lo único que quieres es llamar la atención.

Quizá con este ejemplo entiendas la frustración que puede llegar a sentir un niño cuando no se le permite expresar su enfado y como adulto se adoptan conductas para que deje de llorar o patalear.

El llanto es una respuesta normal del organismo ante estímulos que nos provocan sentimientos de tristeza intensos.

Para los niños llorar es una forma de demandar ayuda a sus cuidadores . El llanto puede suceder por dolor, hambre, separación o cualquier otra causa habitual que sobrepase la capacidad de afrontamiento del pequeño.

Según John bowlby, padre de la teoría del apego, la no aceptación de las emociones negativas de un niño puede traer consecuencias también negativas.

Además afirmó que los niños deben poder expresar su dolor abiertamente a través del llanto durante las situaciones de separación o perdida. Así como la ira hacia sus padres.

Los niños necesitan llorar cuando sucede algo en sus vidas que les causa estrés. En la vida de los niños pueden existir muchas fuentes de estrés aunque como adultos pensemos que sus preocupaciones deben ser mínimas.

Un niño según su edad puede estresarse por muchas situaciones, como por ejemplo que otro niño le quite su juguete, una comida que no le gusta o incluso tener sueño.

Si bien aunque el estrés de los niños estará inevitablemente presente alguna vez durante la etapa infantil, los padres pueden hacer que se reduzca ese nivel de estrés en ellos , proporcionándoles un ambiente de adaptación favorable en el que los adultos puedan responder y reconocer fácilmente las necesidades de los pequeños.

Recuerda que tú eres su modelo de referencia y su apoyo. El pequeño necesita tener alguien a lo que aferrarse cuando no sabe gestionar de forma correcta o sencilla lo que le está pasando o lo que está sintiendo.

Adoptar una conducta de indiferencia ante el llanto de tus hijos puede hacer que el autoconcepto de los niños se vea maltrecho ya que el mensaje que le llega a tu hijo es que no merece la atención ni el consuelo por parte de figuras tan importantes como su padre y su madre.

De otra forma si la conducta que adoptan los padres es la de castigar de alguna forma al niño cada vez que llora, éste incorporará a sus esquemas mentales un autoconcepto de sí mismo en el que decidirá no expresar sus sentimientos en un futuro a corto, medio y largo plazo, ya que lo asociará algo dañino y a estímulos negativos.

Es comprensible que a veces tu paciencia no es suficiente para contener el llanto y la rabieta de tu hijo. Es por esto que en el presente artículo te muestro varios consejos para que en esos momentos de intensidad emocional puedas ayudar al pequeño a calmarse y como adulto estabilizar la situación con éxito.

Consejos para calmar la rabieta de tus hijos

1. Intenta prevenir la frustración

Un niño cansado o con hambre tendrá un nivel más bajo de lo normal para tolerar la frustración, por lo que es conveniente que las necesidades básicas de tu hijo estén cubiertas ya que de esa forma cuando se enfade o se ponga triste su reacción no será tan elevada.

2. Respira hondo

Recuerda que tú eres el adulto y eres quien debe mantener la paciencia. Seguramente algunas veces te cueste más intentar dejar que tu hijo exprese su enfado o tristeza pero piensa que adoptar técnicas para mantener la calma como por ejemplo respirar profundamente harán que la situación sea mucho más llevadera para ambos.

3. Acompáñalo

A ninguna persona sea cual sea su edad le resulta agradable encontrarse en una situación de soledad cuando sus sentimientos están desbordados. Es por esto que cuando tu hijo esté llorando es muy importante que estés a su lado si lo requiere, de esta forma verá que aunque en este momento esté triste o enfadado tú estarás acompañándolo en todo momento para hacerle saber que estás ahí para lo que necesite.

4. Manténlo a salvo

Es posible que cuando tu hijo sienta un gran enfado o frustración el sentimiento de rabia le provoque actuar con violencia. Es muy importante detener su conducta con tranquilidad si ves que puede hacer daño alguien o puede hacerse daño.

Si es necesario, para que pueda liberar su ira puedes permitirle que por ejemplo golpee algo con lo que no pueda lesionarse como por ejemplo una almohada.

5. Hazle sentir que te preocupas por él

Quizá en un primer momento tu hijo no querrá hablar, dale tiempo para que la intensidad de su conducta disminuya, aunque siempre será de ayuda que le preguntes acerca de porque está llorando o qué le pasa.

Los niños suelen desarrollar antes la capacidad de comprensión del lenguaje que la capacidad de expresión verbal. Por eso si el niño es muy pequeño no sabrá explicarte con total detalle que le ocurre, es tu deber como adulto intentar averiguar qué puede haber pasado para ocasionar esa reacción emocional en tu hijo.

6. No te burles de él

Quizá cuando averigües el motivo por el cual tu hijo se ha enfadado o está triste te parezca que tiene poca importancia, pero recuerda que él todavía es pequeño para aprender a tolerar un nivel alto de frustración así como para poder gestionar sus emociones de forma madura.

Es importante que no le hagas llegar a tu hijo un mensaje de indiferencia ante el motivo por el que llora.

Algo a añadir en este punto es que en la sociedad en la que vivimos no está bien visto llorar, patalear o gritar en público. Es importante que entiendas que esto es un concepto social y que tus hijos todavía están aprendiendo a desarrollarse en el mundo en el que vivimos por lo que si necesitan expresarse deja que lo hagan con total libertad.

7. Muéstrale tu apoyo

Hazle saber a tu hijo que en el momento que lo necesite vas a estar ahí para lo que pueda requerir. Es probable que una vez que se haya calmado quiera expresarte lo que le ha ocurrido. Hazle saber que lo vas escuchar y vas a intentar ayudarlo y apoyarlo para que pueda encajar la situación.

Aún así no lo presiones hablar si aún no quiere hacerlo. Tampoco lo fuerces a que pare de llorar o se calle, deja que se le pase y ten paciencia a que llegue la calma.

8. Jamás pierdas los papeles

Es comprensible que aveces estés a punto de perder la paciencia, pero bajo ningún concepto utilices el maltrato físico ni verbal hacia tu hijo.

Esto puede ocasionar daños a nivel emocional y psicológico en el pequeño. En esos momentos tu hijo necesita comprensión por parte de su figura de apego.

Además estarías cometiendo un abuso de poder, ya que tu hijo al ser pequeño no está en igualdad de condiciones ante la violencia que puedas proporcionarle.

9. Ponle nombre a las emociones

El hecho de que tu hijo sepa identificar lo que esta sintiendo os ayudará a resolver la situación de una forma más tranquila, ya que el desconocimiento de qué son las emociones y cómo se llaman cada una de ellas, puede hacer que tu hijo aun se sienta peor, aumentando así la rabieta que está teniendo en ese momento.

Es por esto, que el hecho de enseñarle inteligencia emocional al pequeño, explicándole que está sintiendo en este momento le dará una mayor tranquilidad y conocimiento así como autoconocimiento de la frustración que esta sintiendo.

Frases como: “entiendo que te sientas enfadado porque perdiste tu muñeco” o “María, ahora mismo estas triste y necesitas llorar porque se han acabado las galletas” pueden hacer que la rabieta tenga una menor duración y disminuya la intensidad rápidamente.

Dilas en un tono suave y amoroso, tal como te gustaría que te hablaran a ti si estuvieras triste o enfadado.

Además tu hijo se sentirá escuchado, comprendido y acompañado por lo que vuestra relación de apego de fortalecerá.

10. Utiliza la relajación

Un buen método es también enseñar a los pequeños a meditar. La meditación tiene muchos beneficios, entre los cuales se encuentra el desarrollo de la capacidad de autorelajación.

Si tu hijo es aún muy pequeño para aprender a meditar, intenta realizar con el actividades que puedan fomentar un estado de paz, como por ejemplo evitar ruidos fuertes, poner música suave, darle un baño relajante…etc

11. Utiliza un lenguaje que pueda entender y ponte a su altura

Aunque los niños desarrollan muy pronto la capacidad de comprensión, es importante que cuando hables con el lo hagas en un lenguaje sencillo que pueda entender. No utilices frases muy largas, explicaciones muy rebuscadas o tecnicismos.

Un tono de voz suave, además de unas caricias (si le apetece que se las des y no se aparta) pueden hacer que el niño se tranquilice más rápido y mejor.

Además es recomendable que te agaches y te pongas a su altura para hablarle o interactuar con el de alguna forma, ya que esto hará que te presté más atención y entenderá que no lo estás riñendo, sino que quieres ayudarlo.

En definitiva, puedes seguir estos pasos siempre que quieras, aunque es difícil que en un momento de estallido emocional puedas llevar a cabo todos y cada uno de ellos.

Pero tranquilo, si poco a poco los aplicas te darás cuenta de que simplemente intentándolo y con paciencia adoptarás este nuevo modelo de crianza y acompañamiento.

Comienza a relacionarte con tus hijos de la forma que te hubiera gustado que tus padres se relacionaran contigo cuando eras pequeño. Piensa que nunca es tarde para tener una infancia feliz.

¿Y tú qué haces para aliviar las rabietas en los niños?

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Graduada en psicología por la universidad de Sevilla. "lo maravilloso de aprender algo, es que nadie puede arrebatártelo"

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