Rebeldía en la Adolescencia: Causas y 6 Consejos para Tratarla

La rebeldía en la adolescencia es causada por los numerosos cambios físicos y endocrinos que experimentan los adolescentes, algunos de los cuales influyen negativamente sobre su autoestima y bienestar psicológico.

Estos cambios biológicos llevarán consigo muchos cambios comportamentales, como apatía, tristeza o rebeldía. Lo primero que debes hacer es aceptar es que tu hijo ha entrado en una nueva etapa de la vida y que, inevitablemente, se producirán cambios en muchos aspectos.

En esta época, los factores neurobiológicos van a cobrar especial relevancia, aunque no serán los únicos. La rebeldía, debido a los conflictos familiares que conllevan, es una de las conductas que se perciben con mayor facilidad, y la que recibe mayor atención.

Aunque te parezca difícil tratar con un adolescente que muestra un comportamiento desafiante, deberías saber que esta actitud también supone beneficios futuros. El hecho de que un adolescente se rebele contra la “autoridad” –es decir, padres y profesores-, le ayudará a convertirse en un adulto que defiende sus ideas y sus derechos.

Por otro lado, encontramos que adolescentes sumisos no desarrollarán estas habilidades y llegarán a ser adultos igualmente sumisos. Por tanto, te proponemos que empieces a concebir esta actitud desafiante como una “rebeldía adaptativa”.

Causas de la rebeldía en la adolescencia

Una de las causas de las situaciones de riesgo en adolescentes es el consumo de alcohol y la presión de grupo.

Factores neurobiológicos y psicológicos

Como ya hemos comentado anteriormente, son muchos los cambios biológicos que atraviesa un adolescente, provocando que éste se muestre irascible, triste o agresivo.

Por ejemplo, es común entre las adolescentes que manifiesten desagrado por los cambios corporales como ensanchamiento de las caderas o desarrollo de vello en piernas y axilas.

A los chicos suele afectarle más el cambio de altura que están atravesando, lo que les hace percibirse como torpes en deportes en los que antes destacaban. La siguiente analogía que te ayudará a entender mejor esta situación: Imagina que cada mañana tuvieses que conducir un coche que va creciendo paulatinamente.

Al adaptarte al nuevo cambio de tamaño, se produciría un nuevo “estirón”, por lo que nunca te sentirás seguro al volante. A estos cambios biológicos, se le suma un periodo de inestabilidad psicológica que dificultará su interacción familiar, social y escolar.

Entre los mayores desafíos, se encuentra una crisis de identidad a la que tienen que hacer frente, tras la cual tendrán un mayor conocimiento de sí mismos y una personalidad más estable.

Desapego parental

En esta fase en la que los niños comienzan a entrar en la etapa de la adolescencia, dejan a un lado a sus padres como figuras de apego principales, y comienzan a estrechar las relaciones con sus amigos y compañeros de clase.

Esto se debe a que están intentando llevar a cabo un distanciamiento parental. Crear una identidad propia es uno de los retos de esta etapa. Por ello, puede que percibas que tu hijo/a es muy vulnerable e influenciable a la opinión de sus amigos, pasando más tiempo con éstos que con su propia familia.

También es posible que te desagrade la forma en la que comienza a vestirse o peinarse. A veces, incluso se muestran interesados en tatuajes y piercings. Como veremos más adelante, este aspecto es muy importante para sentar las bases de su identidad individual.

Relaciones inadecuadas con compañeros

En esta época en la que cobran especial relevancia las relaciones sociales, un adolescente experimentará una gran tristeza y abatimiento ante unas relaciones sociales insatisfactorias –tanto con amigos como con parejas sentimentales-.

Todos los cambios que se produzcan en esta etapa se vivirán con una intensidad mucho mayor.

Por ejemplo, un cambio de residencia, una ruptura en una relación de pareja, un conflicto con algún amigo, etc., pueden provocar una mezcla de sentimientos difusos que el adolescente no sabe manejar.

Además, el hecho de no tener buenas relaciones en el ámbito escolar –si es víctima de bullying, por ejemplo-, puede provocar una inadaptación en muchos ámbitos de su vida.

Esta situación se agrava cuando los jóvenes no quieren compartir sus problemas con sus padres ni amigos, por miedo o vergüenza.

Inadecuada disciplina familiar

En la sociedad actual se han producido cambios en el modelo familiar tradicional, en el que el padre era el que se encargaba de trabajar y la mujer se preocupaba de la educación de sus hijos.

Afortunadamente, hemos dejado atrás ese modelo familiar obsoleto, y la mujer ha entrado, igualmente, en el mercado laboral. No obstante, con esta nueva estructura familiar, puede suceder que los hijos sientan que sus padres están ausentes.

Para evitarlo, y para promover relaciones paterno-filiares sanas, se recomienda que ambos progenitores se impliquen más en la educación de los hijos. Por otra parte, a veces también sucede que el adolescente percibe injusticias que se producen en el ámbito familiar.

Por ejemplo, seguro que conoces algún caso de celos entre hermanos, en el que uno de ellos suele quejarse de los beneficios del otro. En este punto hay que ser especialmente cuidadoso, puesto que la percepción de desigualdad de un adolescente es un desencadenante claro de violencia y agresividad.

Toma una actitud equitativa con tus hijos, de forma que los hermanos tengan los mismos derechos y obligaciones.

Violencia en los medios de comunicación

La conducta de rebeldía adolescente va asociada –en muchos casos- a manifestaciones de agresividad. Numerosos estudios han tratado de encontrar una relación entre la violencia percibida en medios de comunicación y la violencia manifestada por población infanto-juvenil.

Aunque no se trata de una relación muy clara, sí que se han encontrado indicadores de que la exposición a actos de violencia fomenta que los adolescentes se comporten de este modo.

Uno de los modelos más interesantes que intenta dar explicación a este fenómeno es el de Albert Bandura:

Según este autor, las personas que se comportan agresivamente tienen dificultades para ser empáticos y les falta sensibilidad ante los sentimientos de los demás.

Bandura afirma que la exposición de modelos violentos en su entorno o en medios de comunicación es una condición necesaria pero no suficiente para que el adolescente se comporte de esa forma.

En otras palabras, que los adolescentes tengan acceso a modelos violentos potenciará conductas agresivas, pero se necesitan otros factores.

Según Bandura, la población infanto-juvenil presentará un comportamiento agresivo cuando perciba que esto le aporta algún tipo de beneficio. Por ejemplo, los chicos que consiguen la aprobación de los demás comportándose de forma agresiva, tenderán a perpetuar esta conducta.

Además, es importante para el adolescente que el modelo agresivo sea relevante para él, como un compañero al que admira o un héroe de ficción.

Por otro lado, el autor también habla de los mecanismos cognitivos que utilizan los jóvenes al usar la violencia (como deshumanización de las víctimas, autoengaño con respecto a las consecuencias, etc.).

6 Consejos para tratar la rebeldía en la adolescencia

Hasta aquí hemos expuesto las causas principales que provocan conductas desafiantes y rebeldes en los adolescentes. A continuación te proponemos algunos consejos que pueden facilitarte el trato con tus hijos/as y hacer más llevadera esta etapa:

Muestra comprensión y empatía

Ten en cuenta que se trata de una etapa pasajera. Acepta los cambios que se están produciendo en este periodo. Seguro que tu hijo se ha quejado en más de una ocasión de que nadie le entiende, o manifiesta abiertamente que es un incomprendido.

Puede que te resulte complicado aceptarlo, pero es posible que tenga parte de razón. Intenta no centrarte en los castigos que le impones a tu hijo y procura comprender su punto de vista.

Si te muestras abierto/a, si le hablas de tus miedos e inquietudes cuando tenías su edad, te verá de una forma más cercana, como alguien en quien se puede confiar. Háblale también de tus amigos, de tus primeras relaciones sentimentales, y no intentes indagar en las suyas –esto sólo lo distanciaría aún más-.

Coméntale también como era tu relación con tus padres, para que se sienta identificado en tu experiencia. Fomenta la comunicación familiar durante las comidas, sin encender la televisión ni otros aparatos electrónicos.

Disfruta de esos momentos familiares y mantén la calma si se producen altercados en la mesa.

No prohibirle todo lo que pida

Ya hemos visto algunos de las exigencias que te pueden imponer tus hijos –piercings, tatuajes, cambios de look, entre otros-. Selecciona algunos ámbitos en los que puedes ser más permisivo/a, para que no te conviertas en su enemigo.

Por ejemplo, podrías permitirle que escoja la ropa que le gusta o que decore la habitación a su antojo. De hecho, puedes implicarte aún más si le acompañas a ir de compras y aceptas el estilo de ropa o música que le guste.

Ser democráticos

Si aprendes a negociar con tu hijo, comprobarás cómo su comportamiento presenta un cambio positivo. Deja a un lado la educación consistente en una dictadura, en la que los padres imponen las normas y no hay posibilidad de discutirlas. Todo puede dialogarse.

También es importante que tu pareja y tú estéis de acuerdo –crear enemistades entre vosotros solo provocará que el menor aproveche la situación en su propio beneficio-.

Utiliza esta técnica de negociación para temas como hora de llegada a casa, viajes, etc. Recuerda que siempre se puede llegar a puntos medios.

Animarle a que practique algún deporte

Los adolescentes suelen estar llenos de energía y, a veces, esta es la causa de que se comporten de forma agresiva. Por tanto, una buena opción es que le propongas que realice algún deporte.

En este punto se recomienda ser especialmente cautos, puesto que algunos deportes competitivos –como el fútbol o el baloncesto- pueden potenciar las conductas agresivas. Considera otras opciones como el atletismo, pádel, jogging, entre otros.

Evita gritar y que te grite

Está comprobado que gritando no se solucionan los conflictos. En vez de eso, sólo conseguiréis estar más enfadados y agresivos. Explica a tu hijo/a que mientras utilice un tono de voz elevado, no podrá dialogar contigo.

En la mayoría de las ocasiones, los adolescentes gritan para llamar la atención y tratar de arrebatarte la autoridad. No entres nunca en ese juego, tú eres un adulto y debes estar por encima de esas provocaciones.

Te recomendamos que ignores este comportamiento hasta que tu hijo se haya calmado y te hable como una persona adulta. Poco a poco, irá instaurando esta conducta de diálogo contigo, puesto que comprobará que no conseguirá nada gritando.

Si el problema persiste, acudir a un especialista

Por último, deberías conocer los peligros de percibir estas conductas desafiantes como un comportamiento normal, cuando se trata de algo más grave.

Numerosos adolescentes presentan depresiones enmascaradas –algunos por causas graves como bullying o acoso-. Se les llama de esta forma porque los jóvenes, lejos de presentar los síntomas típicos de apatía y tristeza, manifiestan conductas agresivas.

Si esta es la situación de alguno de tus hijos, deberías considerar la posibilidad de que estén atravesando un periodo de inadaptación psicológica. Implícate en su vida, sin agobiarle, para indagar un poco más sobre el motivo real de su comportamiento agresivo o desafiante.

Muestra preocupación por las notas y visita a los profesores con frecuencia, para saber qué comportamiento muestra en el colegio y si sus relaciones sociales son adecuadas. Los síntomas de problemas mentales pueden pasar desapercibidos, confundiéndose con la crisis típica de la adolescencia.

Otro de los motivos para estar preocupado/a por tu hijo o hija es que las enfermedades mentales como depresión pueden estar acompañadas por consumo de sustancias o tentativas de suicidio.

Por tanto, en el caso de que percibas una conducta anómala, lo recomendable es que acudas a un especialista –psicólogo o pediatra- para que te indique si es necesario o no iniciar una terapia psicológica.

Esperamos que te hayan sido útiles estos consejos. Recuerda que nadie nos enseña a ser padres, por lo que lo hacemos lo mejor que sabemos.

No te culpes por el comportamiento de tus hijos adolescentes, y disfruta de ellos en cada etapa.

Al fin y al cabo, como dijimos al principio, esta rebeldía les convertirá en adultos con ideas e identidad propias.

Referencias

  1. Alvarez-Solís, R.; Vargas-Vallejo, M. Violencia en la adolescencia. Salud en Tabasco (2002), vol. 8, núm. 2, pp. 95-98.
  2. Amanda Céspedes. Niños con pataleta, adolescentes desafiantes. Cómo manejar los trastornos de conducta en los hijos.
  3. Bruce E. Levine. How Teenage Rebellion Has Become a Mental Illness (2008).
  4. Lamas, C. Para comprender la adolescencia problemática. Pág 63-85 (2007).
  5. Romero Romero, R. La depresión y el suicidio en niños y adolescentes. Revista del Sistema Cetys Universidad (2002).
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Licenciada en Psicología y Máster en Terapia de Conducta y Salud

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