Síndrome de Pfeiffer: síntomas, causas, tratamientos

El síndrome de Pfeiffer es un trastorno genético muy raro que se caracteriza por la fusión temprana de los huesos del cráneo, observándose deformaciones en la cabeza y la cara. Esta anomalía se define como craneosinostosis, que da la apariencia de ojos saltones. Además, los afectados manifiestan alteraciones en las manos, como desviaciones en los dedos, y en los pies.

Toma su nombre de Rudolf Arthur Pfeiffer, un genetista alemán que en 1964 describió a 8 pacientes de la misma familia que presentaban anormalidades en las manos, pies y en la cabeza.

Síndrome de Pfeiffer

Forma parte de un grupo de enfermedades que son consecuencia de mutaciones en los genes FGFR. Por ejemplo, el síndrome de Apert, síndrome de Crouzon, síndrome de Beare-Stevenson, o síndrome de Jackson-Weiss.

Tipos de síndrome de Pfeiffer

Una clasificación que ha sido ampliamente reconocida para el síndrome de Pfeiffer se publicó en 1993 por Michael Cohen. Propuso que podían darse tres tipos en función de su gravedad, de forma que los tipos II y III son los más graves.

Sin embargo, los tres tipos tienen en común la presentación de pulgares y dedos de los pies ensanchados, braquidactilia (dedos más cortos de lo normal) y sindactilia (malformación caracterizada por la unión congénita de algunos dedos entre sí).

  • Tipo I: o síndrome de Pfeiffer clásico, que se hereda por un patrón autosómico dominante e incluye defectos en la cara media. Normalmente presentan inteligencia normal y pueden llevar su vida sin dificultades graves.
  • Tipo II: Este tipo no parece ser hereditario, sino que aparece de forma esporádica, y da lugar a dificultades neurológicas graves y muerte precoz. Se detecta por la forma del cráneo, llamada “cráneo en hoja de trébol” por el parecido de la forma de la cabeza a un trébol de tres hojas. Esto se debe a una avanzada fusión de los huesos. También se observan con frecuencia protusiones de los globos oculares (proptosis).
  • Tipo III: tampoco es hereditario, y abarca síntomas y manifestaciones parecidas a los del tipo II, pero no presentan la deformidad del cráneo en forma de trébol. Más bien, se caracteriza por poseer la base craneal anterior más corta. Comparten con el tipo anterior la proptosis ocular, por el poco espacio que deja el cráneo para los globos oculares. A veces aparecen los llamados dientes natales (ya presentan algunos dientes al nacer), y malformaciones en órganos del área abdominal o anomalías viscerales. Por otro lado, pueden mostrar retraso mental y problemas neurológicos severos que pueden ocasionar una muerte temprana.

Más recientemente, concretamente en 2013, Greig y colaboradores desarrollaron un nuevo sistema de clasificación del síndrome de Pfeiffer también en función de la gravedad. Estudiaron a 42 pacientes, basando su clasificación según la evaluación del estado neurológico, las vías respiratorias, ojos y oídos.

Además, estas evaluaciones se realizaban antes y después de intervenciones quirúrgicas para observar cómo evolucionaban. Los resultados indicaron 3 tipos:

  • Tipo A o problemas leves: Ningún cambio tras las operaciones.
  • Tipo B o problemas moderados: mejoría funcional postoperatoria.
  • Tipo C o problemas serios: significativa mejora tras la operación.

Esta última clasificación es útil ya que incentiva un tratamiento de tipo multidisciplinar.

¿Cuál es su frecuencia?

El síndrome de Pfeiffer afecta por igual a ambos sexos y aproximadamente se da en 1 de cada 100.000 nacimientos.

¿Cuáles son sus causas?

El síndrome de Pfeiffer presenta un patrón de herencia autosómica dominante. Esto significa que sólo se necesita una copia del gen afectado para provocar la enfermedad, que puede ser aportado por cualquiera de los dos padres. El riesgo de transmitir el gen anómalo de alguno de los padres al hijo es del 50% en cada embarazo.

Sin embargo, también puede resultar de una nueva mutación (como vimos en los tipos I y II).

La tipología I se asocia con mutaciones tanto en FGFR1 como en FGFR2, mientras que en los tipos II y III se vinculan a defectos en el gen FGFR2.

Está muy relacionado con mutaciones en el gen receptor-1 del factor de crecimiento de fibroblastos (o FGFR1) que se encuentra en el cromosoma 8, o en el gen 2 (FGFR2) del cromosoma 10. La tarea de estos genes es codificar los receptores del factor de crecimiento de fibroblastos, que son esenciales para que se desarrollen los huesos de manera adecuada.

Se cree también que un facilitador para la aparición de esta enfermedad es que el padre tenga una edad avanzada al concebir, ya que aumentan las mutaciones en el esperma.

¿Cuáles son sus síntomas?

La heterogeneidad genética y alélica de este síndrome parece explicar la variabilidad fenotípica presentada (Cerrato et al., 2014)

– Principalmente, los característicos rasgos faciales y craneales: crecimiento anormal de la cabeza, fusión de los huesos del cráneo (craneosinostosis), prominencia frontal, ojos abultados (proptosis) e hipertelorismo (órbitas más separadas de lo normal). También es habitual la cabeza en forma puntiaguda o turribraquicefalia y el un subdesarrollo en el tercio medial de la cara.

– En el tipo II se presenta la cabeza en forma de hoja de trébol que ya indicamos, que se vincula a menudo con hidrocefalia (dilatación de los ventrículos por una acumulación de líquido cefalorraquídeo).

– Hipoplasia maxilar, o mandíbula superior poco desarrollada mientras que muestra una mandíbula inferior prominente.

– Problemas dentales.

– Oídos desplazados.

– Pérdida de audición en un 50% de los afectados.

– Anomalías en las extremidades superiores, concretamente malformaciones en los pulgares y dedos de los pies. Se observan grandes, ensanchados y/o doblados. Clinodactilia o angulación de alguno de los dedos.

– Como ya mencionamos, dedos de las manos y los pies exageradamente cortos (braquidactilia) o unión de los dedos (sindactilia o sinfalangismo).

– Todos los pacientes con anomalías en las extremidades superiores tenían también otras anomalías más leves en las extremidades según Cerrato et al. (2014)

– Falta de movilidad (anquilosis) y fijación anormal de las articulaciones del codo.

– Malformación de órganos del abdomen en casos graves.

– Problemas respiratorios.

– Si es de tipo II o III, se pueden dar problemas neurológicos y de desarrollo mental por los posibles daños cerebrales, o bien, hipoxia (por dificultades respiratorias que también presentan algunos de los afectados). En cambio, los del tipo I poseen habitualmente una inteligencia dentro de los rangos normales.

– Casos más graves: pérdida de visión secundaria a un aumento de la presión intracraneal.

Posibles complicaciones

Evidentemente, los casos más graves son los que van a evolucionar peor (tipos II y III). Ya que estos están en riesgo de sufrir alteraciones neurológicas y complicaciones respiratorias que pueden llevar a una muerte temprana. En cambio, los sujetos con síndrome de Pfeiffer tipo I mejoran notablemente tras el tratamiento.

Trastornos asociados

– Síndrome de Apert

– Síndrome de Crouzon

– Síndrome de Jackson-Weiss

– Síndrome de Beare-Stevenson

– El síndrome Muenke

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico del Síndrome de Pfeiffer se puede realizar al momento de nacer, observando la unión prematura de los huesos craneofaciales, y la longitud y anchura de los pulgares y dedos de los pies.

Hay que destacar que el diagnóstico prenatal acertado se hace complicado, ya que los rasgos de este síndrome pueden confundirse con los de otros trastornos mencionados arriba (Children’s craniofacial association, 2010).

¿Cómo puede tratarse?

Es muy importante que el tratamiento se realice de forma temprana para que los niños con este síndrome no vean reducido su potencial.

El tratamiento va a enfocarse en los síntomas que afecten a cada individuo en concreto. Es decir, éstos deben ser individualizados y guiados según el tipo y la gravedad de la presentación clínica.

Normalmente requiere un abordaje multidisciplinar y exhaustivo, con un esfuerzo coordinado de un grupo de especialistas. Entre ellos sería necesario que se incluyeran pediatras, cirujanos, otorrinolaringólogos (médicos que tratan los problemas de oído, nariz y garganta), neurólogos, audiólogos (para problemas de audición), entre otros.

Se aconseja el tratamiento quirúrgico para corregir la craneosinostosis, ya que puede provocar otros problemas como la hidrocefalia. En el caso de esta última, quizás haya que realizar una intervención insertando un tubo en el interior del cráneo para drenar el líquido cefalorraquídeo sobrante del cerebro. También puede alojarse en otras partes del cuerpo, siendo adecuado que se extraiga.

La cirugía también puede usarse como método correcto y reconstructivo en bebés para ayudar a paliar los efectos de las malformaciones del cráneo como la hipoplasia medial facial, anormalidades nasales o la proptosis ocular.

Los resultados de este tipo de intervención pueden ser variables. En un estudio de Clark et al. (2016) se resalta el éxito de la cirugía plástica reconstructiva en el tratamiento de proptosis y de las complicaciones oftalmológicas típicas de los afectados por este síndrome.

En resumen, los especialistas aconsejan que durante el primer año de vida puede ayudar un procedimiento quirúrgico temprano para dividir las suturas craneales que se han cerrado y así permitir que el cráneo y cerebro puedan crecer con normalidad.

Se puede hacer lo mismo con las cuencas de los ojos, con el objetivo de mantener una buena visión.

Es adecuado en una edad más avanzada corregir con cirugía la mitad de la cara para mejorar su apariencia física y la posición de la mandíbula superior e inferior (Children’s craniofacial association, 2010).

En algunos casos, se puede optar por la cirugía para ayudar a corregir malformaciones del oído. En otros casos, se pueden utilizar audífonos especializados con el objetivo de mejorar la audición.

La cirugía parece practicarse también en sujetos con sindactilia u otras malformaciones esqueléticas para así lograr un mejor funcionamiento e incrementar la movilidad.

Es necesario señalar que los procedimientos quirúrgicos para corregir las anormalidades asociadas con la enfermedad van a depender de la gravedad, estado y localización de dichas anomalías y los síntomas que desencadenan.

En otros casos en los que se presenten problemas dentales, es adecuado acudir a una clínica de ortodoncia. Se recomienda en cualquier caso acudir a un dentista a los 2 años de edad.

Otra opción para mejorar la movilidad del afectado es acudir a fisioterapia u optar por medidas ortopédicas.

Es recomendable una consulta genética para las familias de los afectados. Es especialmente útil si se sospecha de la existencia de este síndrome y en la familia hay casos anteriores de dicha enfermedad. Una evaluación clínica adecuada detectaría en estos casos de forma definitiva cualquier signo o síntoma, unido a los rasgos físicos que pueden asociarse a esta condición.

De todas formas, señalamos que, a medida que avanza la ciencia, se están desarrollando nuevas y mejores maneras de intervenir en esta enfermedad.

Un gran apoyo para afectados y familias es acudir a asociaciones de casos similares y buscar información. Una de estas asociaciones es la Children’s Craniofacial Association: www.ccakids.org, que tienen programas útiles para tratar las necesidades especiales de estas personas y sus familias.

Referencias

  1. Cerrato, F., Nuzzi, L., Theman, T., Taghinia, A., Upton, J., & Labow, B. (2014). Upper Extremity Anomalies in Pfeiffer Syndrome and Mutational Correlations. Plastic And Reconstructive Surgery, 133(5), 654E-661E.
  2. Clark, J. D., Compton, C. J., Tahiri, Y., Nunery, W. R., & Harold Lee, H. B. (2016). Case report: Ophthalmic considerations in patients with Pfeiffer syndrome. American Journal Of Ophthalmology Case Reports, 21-3.
  3. Cohen, M,M, (1993). Pfeiffer syndrome update, clinical subtypes, and guidelines for differential diagnosis. Am J Med Genet, 45 (3): 300–7
  4. Greig, A., Wagner, J., Warren, S., Grayson, B. & McCarthy, J. (2013). Pfeiffer Syndrome: Analysis of a Clinical Series and Development of a Classification System. Journal of Craniofacial Surgery: 24: 204-215.
  5. Redett, J. (2010). Guía para entender el síndrome de Pfeiffer. Obtenido de Children’s Craniofacial Association.
  6. Robin, H. N. (s.f.). Pfeiffer Syndrome. Recuperado el 14 de junio de 2016, de NORD National Organization for Rare Disorders.
  7. Pfeiffer syndrome. (s.f.). Recuperado el 14 de junio de 2016, de Wikipedia.
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Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Cursando Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

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