Síndrome de Riley-Day: Síntomas, Causas, Tratamiento

El síndrome de Riley-Day, también conocido como disautonomía familiar, es una neuropatía sensitiva autonómica de origen hereditario que produce una afectación nerviosa generalizada que resulta en una disfunción autonómica y sensorial (Axelrod, Rolnitzky, Gold von Simson, Berlin y Kaufmann, 2012).

Además de esta denominación, este tipo de enfermedad puede conocerse con el nombre de disautonomía familiar, neuropatía sensorial autónoma hereditario tipo III (NSAH III) (National Institutes of Health, 2016).

Sindrome de Riley-Day

A nivel genético, el síndrome de Riley Day se produce por la presencia de una mutación en el cromosoma 9, específicamente en la localización (9q31) (Orphanet, 2007).

A nivel clínico, puede dar lugar a una amplia variedad de signos y síntomas, todos ellos producto de una disfunción sensorial y afectación significativa del sistema nervioso autónomo (Orphanet, 2007).

Algunos de estos incluyen alteración de la respiración, la digestión, la producción de lágrimas, la presión arterial, el procesamiento de los estímulos, el gusto, la percepción de dolor, la temperatura, etc. (Genetics Home Reference, 2016).

El diagnostico de esta patología se realiza en base a la observación clínica de las alteraciones médicas, además, para su confirmación, es esencial el empleo de un estudio genético (Orphanet, 2007).

El síndrome de Riley Day presenta una alta tasa de morbilidad y portalidad. Sin embargo, a pesar de que no existen tratamientos curativos, se suelen emplear diversas medidas terapéuticas para el tratamiento sintomatológico (National Institute for Neurological Disorders and Stroke, 2015) que, mejoran el pronóstico médico, la supervivencia y la calidad de vida de las personas afectadas (Axelrod et al., 2012).

Definición

El síndrome de Riley Day, es un tipo de neuropatía sensitiva autonómica de origen genético-hereditario que forma parte de las neuropatías periféricas, produciendose en estas una disfunción de las estructuras nerviosas sensoriales y autonómicas como consecuencia de una alteración genética (Esmer, Díaz Zambrano, Santos Díaz, González Huerta, Cuevas Covarrubias y Bravo oro, 2014).

La neuropatía periférica, también conocida como neuritis periférica, es el término que se emplea para clasificar un grupo de trastornos que se producen como resultado de la presencia de una o varias lesiones en el sistema nervioso, debidas al padecimiento o desarrollo de daños en los nervios periféricos (Johns Hopkins Medicine, 2016, Pai, 2009).

Este tipo de alteraciones producen frecuentemente episodios de dolor localizado en las extremidades, hipotonía, espasmos y atrofia muscular, pérdida de equilibrio, descoordinación motora, perdida de sensibilidad, parestesias, alteraciones en la sudoración, mareos, pérdida de consciencia o disfunción gastro-intestinal entre otros (American Chronic Pain Association, 2016).

De forma específica, en el sistema nervioso periférico, sus fibras nerviosas de distribuyen desde el cerebro y la médula espinal a toda la superficie corporal (órganos internos, áreas cutáneas, extremidades etc.).

Así, su función esencial es la transmisión bidireccional de información motora, autonómica y sensorial (Foundation for Pheripheral Neuropathy, 2016; Foundation for Pheripheral Neuropathy, 2016).

Clasificación

Existen diferentes tipos de neuropatías periféricas:

  • neuropatía motora
  • neuropatía sensorial
  • neuropatía autónoma
  • neuropatía mixta o combinada (Foundation for Pheripheral Neuropathy, 2016)

Según la función de la tipología de fibra nerviosa que se encuentra afectada:

  • nervios motores
  • nervios sensoriales
  • nervios autonómicos (National Institute of Neurological Disorders and stroke, 2016).

En el caso del síndrome de Riley Day, la neuropatía periférica es de tipo sensorial autonómica.

Así, en esta patología, tanto los terminales nerviosos como los terminales nerviosos autónomicos (National Institute of Neurological Disorders and stroke, 2016), se encuentran afectados o lesionados.

Los terminales nerviosos se encargan fundamentalmente de la transmisión y control de las percepciones y experiencias sensoriales, mientras que los terminales nerviosos autonómicos se encargan de la transmisión y control de toda la información relacionada con los procesos y actividades no conscientes o involuntarias del organismo 

Generalmente, las neuropatías sensitivas-autonómicas, suelen afectar fundamentalmente a los umbrales de la percepción sensorial, a la transmisión y procesamiento de estímulos relacionados con el dolor, al control y regulación de la respiración, a la función cardíaca y a la función gastrointestinal (Foundation for Pheripheral Neuropathy, 2016).

El síndrome de Riley-Day fue descrito de forma inicial por Riley y colaboradores en 1949. En su reporte clínico describía 5 casos infantiles en los que identificó una sudoración profusa, una reacción excesiva a la ansiedad con el desarrollo de hipertensión, ausencia de lágrimas o dolor ante cambios de temperatura (Norcliffe-Kaufmann y Kaufmann, 2012).

Además, este grupo de investigadores observó este conjunto de síntomas clínicos en una población específica, en niños con ascendencia judía, los que les hizo sospechar un origen o etiología genética (Norcliffe-Kaufmann y Kaufmann, 2012).

Más tarde, en 1952 el porte clínico inicial fue ampliado con 33 casos más y el nombre asignado a esta patología fue el de disautonomía familiar (DA) (Norcliffe-Kaufmann y Kaufmann, 2012).

Sin embargo, no fue hasta 1993, cuando se descubrió los factores genéticos específicos implicados en el síndrome de Riley-Day (Blumenfeld et al., 1993; Norcliffe-Kaufmann y Kaufmann, 2012).

Finalmente, el síndrome de Riley-Day queda categorizado como una afectación neurológica en la que pueden distinguirse daños y lesiones en los axones o citoesqueleto de las neuronas autonómicas y sensoriales (Esmer et al., 2014).

Frecuencia

El síndrome de Riley Day es una enfermedad poco frecuente, tiene una prevalencia específica en personas de ascendencia judía, especialmente de Europa de Este (Orphanet, 2007).

Así, diferentes estudios han estimado su incidencia en aproximadamente un caso por cada 3.600 nacimientos (Axelrod y Gold-von Simson, 2007).

A pesar de que esta patología es hereditaria y por lo tanto está presente desde el nacimiento, no se ha identificado una frecuencia mayor en uno de los sexos (Orphanet, 2007).

Además, la edad media de las personas que padecen el síndrome de Riley-Day es de 15 años, debido a que la probabilidad de alcanzar los 40 años de edad en el momento del nacimiento no supera el 50% (Familial Dysautonomia Foundation, 2016).

Normalmente, las principales causas de fallecimiento están relacionadas con las patologías y complicaciones pulmonares o la muerte súbita debido a déficit autonómico (Familial Dysautonomia Foundation, 2016).

Signos y Síntomas 

El síndrome de Riley-Day, da lugar a un patrón de afectación neurológica compleja, acompañada de importantes alteraciones relacionadas con el funcionamiento cardiovascular autonómico, la respuesta ventilatoria, el dolor, la percepción de la temperatura o el gusto, la deglución, la marcha o la expresión de los reflejos musculares (Norcliffe-Kaufmann y Kaufmann, 2012).

Los hallazgos clínicos pueden variar de forma significativa entre los individuos afectados, sin embargo, los más comunes suelen incluir (Axelrod y Gold-von Simson, 2007):

Manifestaciones musculo-esqueléticas

Las características físicas no suelen ser obvias en el momento del nacimiento, así, las dismorfias corporales tienden a desarrollarse con el tiempo, debido fundamentalmente al padecimiento de una formación ósea y tono muscular deficiente.

En el caso de la configuración facial, parece desarrollarse una estructura peculiar con un aplanamiento significativo del labio superior, especialmente evidente al sonreír, mandíbula prominente y/o erosión de las fosas nasales.

Además, la estatura baja o el desarrollo de una escoliosis severa (curvatura o desviación de la columna vertebral), son algunos de los hallazgos médicos más frecuentes.

Manifestaciones autonómicas

Las alteraciones del área autonómica son significativas y constituyen algunos de los síntomas más incapacitantes para las personas que sufren síndrome de Riley-Day.

– Alacrimia: ausencia parcial o total de lagrimeo. Esta condición médica, constituye uno de los síntomas cardinales del síndrome de Riley-Day, ya que las lágrimas suelen estar ausentes ante el llanto emocional desde el momento del nacimiento.

– Déficit de alimentación: en casi todo los afectados existen una dificultad significativa para alimentarse con normalidad de forma eficiente.

Esto se derivan fundamentalmente de factores como la coordinación oral deficiente, el reflujo gastroesofágico (el contenido estomacal regresahacia el esófago debido a un cierre deficiente el éste), motilidad intestinal anormal, vómitos y náuseas recurrentes, entre otros.

– Exceso de secreciones: es posible observar un incremento excesivo de las secreciones corporales, como la diaforesis (sudoración profusa), gastrorrea (producción excesiva de jugo y mucosa gástrica), broncorrea (producción excesiva de mucosa bronquial), y/o sialorrea (producción excesiva de saliva).

– Alteración respiratoria: la hipoxia o la deficiencia de oxígeno en el organismo es uno de los síntomas más frecuentes del síndrome de Riley-Day. Además, la hipoxemia o déficit de la presión de oxígeno en la sangre también es frecuente.

Por otro lado, muchos individuos pueden desarrollar enfermedades pulmonares crónicas, como la neumonía, por aspiración de sustancias y/o alimentos.

– Crisis disautonómica: episodios breves de náuseas, vómitos, taquicardia (ritmo cardiaco rápido e irregular), hipertensión arterial (elevación anormal de la presión sanguínea), hiperhidrosis (sudoración excesiva y anormal), incremento de la temperatura corporal, taquipnea (incremento anormal de la frecuencia respiratoria), dilatación pupilar, entre otros.

– Alteraciones cardíacas: además de las mencionadas anteriormente, tan bien es frecuente observar hipotensión ortostática (disminución repentina de la presión sanguínea producto de un cambio postural) y bradirritmia (ritmo cardiaco anormalmente lento). Además, también es frecuente observar un incremento de la presión sanguínea (hipertensión) ante situaciones emocionales o estresantes.

– Sincopes: en muchas ocasiones, puede producirse una pérdida de consciencia temporal debido a una reducción repentina del flujo sanguíneo.

Manifestaciones sensoriales

Las alteraciones del área sensorial suelen ser menos graves que las relacionadas con la configuración musculo-esquelética o la función autonómica. Algunas de las más habituales en el síndrome de Riley-Day incluyen:

– Episodios de dolor: la percepción elevada de dolor es frecuente en los individuos que padecen síndrome de Riley-Day, especialmente asociado a la piel y a la estructura ósea.

– Alteración de la percepción sensorial: normalmente puede apreciarse una percepción anormal de la temperatura, la vibración, el dolor o el sabor, aunque nunca está totalmente ausente.

Otras manifestaciones neurológicas

En todos los casos o en buena parte de estos, es posible identificar un retraso generalizado del desarrollo, caracterizado fundamentalmente por una adquisición tardía de la marcha o el lenguaje expresivo.

Además, las pruebas de neuroimagen indican el desarrollo de la afectación neurológica y de una atrofia cerebelosa significativa que, entre otros síntomas, puede contribuir al empeoramiento del control de equilibrio, la coordinación motora o la macha.

Causas

La disautonomía familiar o el síndrome de Riley Day tiene una naturaleza etiológica genética. Específicamente, se asocia a una mutación del gen HSAN3 (IKBKAP) localizado en el cromosoma 9, en la ubicación 9q31 (Orphanet, 2007).

El gen IKBKAP se encarga de proporcional lagunas instrucciones bioquímicas para la producción de una proteína denominada complejo-IKK. Así, en el caso del síndrome de Riley-Day, la ausencia o producción deficiente de ésta conduce a los signos y síntomas característicos de esta patología (Genetics Home Reference, 2016).

Diagnóstico 

El diagnóstico de esta patología, al igual que otros trastornos neurológicos hereditarios, se realiza en base al reconocimiento clínicos de los signos y síntomas cardinales de la patología que hemos descrito anteriormente (Axelrod y Gold-von Simson, 2007).

Es fundamental realizar un diagnóstico diferencial para descartar la presencia de otro tipo de enfermedades diferentes al síndrome de Riley Day y precisar la sintomatología que padece la persona afectada (Orphanet, 2007).

Además, es aconsejable realizar un estudio genético para confirmar la presencia de una mutación genética compatible con esta enfermedad (Axelrod y Gold-von Simson, 2007).

Tratamiento

En la actualidad, aún no se ha conseguido identificar un tratamiento curativo para esta patología de origen genético. Se suelen emplear algunos fármacos como diazepan, metoclipramida o hidrato de cloral, para aliviar alguno de los síntomas (National Organization for Rare Disorders, 2007).

Además, también se recomienda el empleo de terapia física y ocupacional para el manejo de las complicaciones musculo-esqueléticas.

Por otro lado, las medidas compensatorias de alimentación o respiración son fundamentales para compensar los déficits y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas (National Organization for Rare Disorders, 2007).

Por lo tanto, el tratamiento es fundamentalmente paliativo de apoyo, orientado al control de la alacrimia, la disfunción respiratoria y gastrointestinal, las alteraciones cardíacas o las complicaciones neurológicas (National Organization for Rare Disorders, 2007).

Además, en casos de dismorfias y alteraciones musculo-esqueléticas graves, pueden emplearse abordajes quirúrgicos para corregir algunas alteraciones, especialmente aquellas que frenan el desarrollo caporal normalizado y la adquisición de las habilidades y capacidades motoras.

Referencias

  1. ACPA. (2016). Peripheral Neuropathy. Obtenido de American Chronic Pain Association: https://theacpa.org/condition/peripheral-neuropathy
  2. Axelrod, F., & Gold von Simson, G. (2007). Hereditary sensory and autonomic neuropathies: types II, III, and IV. Obtenido de BioMed Central:
    http://ojrd.biomedcentral.com/articles/10.1186/1750-1172-2-39
  3. Axelrod, F., Rolnitzky, L., Gold von Simson, G., Berlin, D., & Kaufmann, H. (2012). A Rating Scale for the Functional Assessment of Patients with
    Patients with. The Journal of Pediatrics, 1160-1165.
  4. Esmer, C., Díaz Zambrano, S., Santos Díaz, M., Gonzélez Huerta, L., Cuevas Covarrubias, S., & Bravo Oro, A. (2014). Neuropatía sensitiva autonómica
    hereditaria tipo IIA: manifestaciones neuroógicas y esqueléticas tempranas. An Pedriatr (Barc), 254-258.
  5. FD. (2016). FD Fact Sheet. Obtenido de Dysautonomia Foundation: http://www.familialdysautonomia.org/facts.htm
  6. FPN. (2016). What Is Peripheral Neuropathy. Obtenido de The Foundation for Peripheral Neuropathy:
    https://www.foundationforpn.org/what-is-peripheral-neuropathy/evaluation-and-tests/
  7. Genetics Home Reference. (2016). familial dysautonomia. Obtenido de Genetics Home Reference:
    https://ghr.nlm.nih.gov/condition/familial-dysautonomia#inheritance
  8. NIH. (2015). Dysautonomia Information. Obtenido de National Institute of Neurological Disorders and Stroke: http://www.ninds.nih.gov/disorders/dysautonomia/ 
  9. NIH. (2016). Neuropathy. Obtenido de National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Disease:
    http://www.niddk.nih.gov/health-information/health-communication-programs/ndep/health-care-professionals/practice-transformation/specific-outcomes/neuropathy/Pages/default.aspx
  10. Norcliffe-Kaufmann, L., & Kaufmann, H. (2012). Familial dysautonomia (Riley–Day syndrome): When baroreceptor feedback fails. Autonomic Neuroscience: Basic and Clinical, 26-30.
  11. NORD. (2007). Dysautonomia, Familial. Obtenido de National Organization for Rare Disorders: http://rarediseases.org/rare-diseases/dysautonomia-familial/
  12. Orphanet. (2007). Disautonomía familiar. Obtenido de Orphanet:
    http://www.orpha.net/
  13. Pai, S. (2009). Neuropatía Periférica.
  14. UMM. (2016). Riley-Day syndrome. Obtenido de University of Maryland Medical Center: http://umm.edu/health/medical/ency/articles/rileyday-syndrome
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Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla y estudiante de Máster Estudios Avanzados de Cerebro y Conducta.

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