Síndrome de Ulises: Síntomas, Causas y Tratamientos

El síndrome de Ulises, también conocido como el síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple, es un conjunto de síntomas que afecta a los emigrantes y personas que se ven forzadas a vivir en un país que no es el suyo, estando lejos de sus familiares y seres queridos durante periodos muy prolongados de tiempo.

El síndrome debe su nombre al héroe mitológico Ulises, el protagonista de la Odisea de Homero, que se enfrenta a la adversidad, lejos de su familia.

síndrome de Ulises

Las vidas de las personas emigrantes se ven frecuentemente amenazadas por diversos problemas de salud que provienen de eventos y condiciones de su lugar de procedencia, así como por los procesos migratorios y de adaptación.

Cuando se enfrentan a niveles de extremos de estrés en el país al que se mudan, estas personas presentan síntomas crónicos y múltiples, que han sido documentados como el “síndrome de Ulises”. Estos síntomas son la respuesta a los esfuerzos que realizan para adaptarse a los estresores del nuevo contexto.

El psiquiatra Joseba Achotegui, de la Universidad de Barcelona, describe este síndrome tras dos décadas trabajando con emigrantes: “El síndrome de Ulises incluye sentimientos de soledad, ya que la familia y los amigos son dejados atrás; una sensación de fracaso personal y una lucha por la supervivencia que supera al resto de prioridades. El síndrome se caracteriza por síntomas físicos como dolores de cabeza y síntomas psicológicos como la depresión”.

Achotegui se centra en los normalmente subestimados y mal entendidos retos psicosociales a los que se enfrentan estas personas, incluyendo varias formas de estrés que experimentan en su salida desde el país de origen y la adaptación a un ambiente nuevo y diferente.

Al comenzar la nueva vida también pueden surgir miedos que  bloqueen y dificulten la adaptación en el país de destino: miedo a lo desconocido (se pierde seguridad al no saber bien con lo que nos enfrentamos), temor a no lograr nuestros deseos como encontrar trabajo o conocer nuevas personas, miedo a cambiar nuestra forma de ser (para algunas personas el cambio de contexto supone también un cambio de identidad) o miedo al rechazo o a la imposibilidad de integrarse en la nueva cultura.

Síntomas del síndrome de Ulises

El síndrome de Ulises tiene lugar cuando se da un nivel extremo de estresores. El complejo contexto de migración puede incluir factores que causan altos niveles de estrés como:

  • La separación forzada de los miembros de la familia
  • Los peligros del viaje migratorio
  • Aislamiento social
  • Ausencia de oportunidades
  • Sensación de fracaso en los objetivos de la migración
  • Una bajada en el estatus social
  • Una lucha extrema por la supervivencia
  • Actitudes discriminatorias por parte de las personas del país de llegada

Entendemos por estrés un  “desequilibrio sustancial entre las demandas ambientales y las capacidades de respuesta del sujeto”.

Estos factores agravan la presencia de síntomas como migrañas, insomnio, preocupaciones recurrentes, nerviosismo, irritabilidad, desorientación, miedo y dolores gástricos y físicos. Es importante señalar que la diversidad y la cronicidad de estos factores se ven aumentadas por la falta de una red saludable de apoyo social y la intervención inapropiada del sistema médico del país huésped.

En el proceso del intento de adaptación a la cultura del nuevo país, muchos síntomas son diagnosticados erróneamente y tratados innecesariamente como si fueran trastornos mentales.

Los enfoques biomédicos ven estos síntomas no como una respuesta reactiva a los apuros que se encuentran en el nuevo país, sino como signos de depresión y otros trastornos mentales, que llevan a una serie de tratamientos que, en lugar de mitigarlos, pueden exacerbar los estresores que ya existen para el emigrante.

“Los emigrantes están siendo sobre-diagnosticados. Están siendo categorizados como pacientes con trastornos mentales cuando en realidad están muy estresados, lo cual es diferente” asegura Achotegui en una entrevista. “El síndrome de Ulises no genera necesariamente trastornos mentales, pero aumenta el riesgo de sufrirlos. Las personas vulnerables están en riesgo de desarrollar alcoholismo, depresión y ludopatía”.

Otros síntomas del síndrome de Ulises incluyen tristeza, excesivos lloros, ansiedad, fatiga, pérdidas de memoria e incluso pensamientos suicidas. Un número significativo de personas que lo sufren intentan combatir sus problemas por medio del alcohol, lo cual probablemente tendrá consecuencias aún más destructivas en sus vidas.

Causas

Los estresores que definen al síndrome que estamos abordando son los siguientes:

Soledad

En primer lugar, la soledad está motivada por el duelo por la familia que el emigrante deja atrás y la separación de los seres queridos, especialmente cuando se dejan atrás hijos pequeños o padres ancianos o enfermos a los que no puede traer consigo.

Por otra parte, el emigrante tampoco puede volver a su país con el fracaso a cuestas de no haber podido salir adelante con la migración. La soledad forzada es un gran sufrimiento que se vive sobre todo de noche, cuando afloran los recuerdos, las necesidades afectivas y los miedos. Además, los emigrantes provienen de culturas en las que las relaciones familiares son mucho más estrechas, lo cual hace el proceso especialmente duro.

Duelo por el fracaso del proyecto migratorio

El sentimiento de desesperanza y fracaso surge cuando el emigrante no logra siquiera las mínimas oportunidades para salir adelante al tener dificultades con “los papeles”, el mercado de trabajo o hacerlo en condiciones de explotación.

Es extremadamente penoso para estas personas ver que todos sus esfuerzos han sido en vano. Además, este fracaso aumenta los sentimientos de soledad.

La lucha por la supervivencia

En este apartado hay dos grandes áreas. En primer lugar, la alimentación; muchas veces estas personas tienen problemas para encontrar comida y se hallan desnutridos. Además, hay que tener en cuenta que los emigrantes son, en general, un colectivo que se alimenta mal, ya que envían todo el dinero que ganan a su familia.

El resultado es una tendencia a comer alimentos de baja calidad. En segundo lugar, la vivienda constituye otro gran problema. Debido a los prejuicios de los autóctonos, los emigrantes tienen muchos problemas para conseguir una casa donde vivir, y muchos pasan a depender de otras personas, con un alto riesgo de padecer abusos. El hacinamiento es un factor que aumenta, a su vez, los niveles de estrés.

El miedo

En cuarto lugar, hay que tener en cuenta el miedo por los peligros físicos relacionados con el viaje migratorio (las pateras, los camiones), las coacciones de las mafias, las redes de prostitución, etc.

Además, también existe el miedo a la detención y expulsión y a los abusos. Se sabe que el miedo físico, a la pérdida de la integridad física, tiene unos efectos mucho más desestabilizadores que el miedo de tipo psicológico, lo cual agrava la situación.

Orígenes según los modelos transcultural, biológico y socio-conductual

Los complejos orígenes del síndrome de Ulises son relevantes para los tres dominios principales de las ciencias de la salud mental: transcultural, biológico y socio-conductual.

En el área transcultural, el síndrome de Ulises presenta un fracaso en la aculturación. El proceso de asimilación de la nueva cultura no llega a completarse.

En el dominio biológico, este síndrome constituye una condición de estrés crónico que afecta a todos los miembros de la familia del emigrante o su grupo social, y tiene implicaciones intergeneracionales.

Respecto al área socio-conductual, el síndrome constituye un grave trauma de apego que tiene pocas posibilidades de curarse. Estas personas pueden llegar a sentir una despersonalización, que se caracteriza por tener períodos en los que la persona se siente desconectado de su propio cuerpo y pensamientos.

A veces, este trastorno es descrito como sentir que estás observándote a ti mismo desde fuera o como estar en un sueño. Estas personas pueden sentir que pierden su sentido de identidad, también.

Prevención y tratamiento: recomendaciones

La mejor forma de iniciar una nueva etapa es cerrar definitivamente la anterior: despedirse de conocidos, familiares y amigos. Es importante conocer las consecuencias de trasladarse a otro país, pasar por el duelo y aceptar los sentimientos que provoca la nueva situación.

Respecto a la pérdida de identidad que suele sentir quien sufra el síndrome de Ulises, podría reenfocarse como una nueva posibilidad, en lugar de una pérdida. Muchas veces se tienen roles familiares y de amistad en el lugar de origen a los que la persona puede sentirse atada. 

Es el momento de liberarse y comenzar a ser aquello que se desea ser. Se sigue siendo en esencia la misma persona pero con la posibilidad de dar un salto cualitativo y acercarse más a quién se quiere ser en realidad.

Respecto al sentimiento de fracaso por tener que partir, tomar la decisión de emigrar es una prueba de valentía y de querer mejorar. Ante la posibilidad de quedarse “atascado” la persona decide dar un paso para abrir nuevas posibilidades.

Hablar con otras personas que hayan tenido que trasladarse puede ayudar a llevar mejor la situación, además de tener una mejor idea de lo que se encontrará.

Una vez la persona se haya establecido en el país nuevo, si empieza a sentir los síntomas del síndrome de Ulises, las siguientes recomendaciones podrían resultarle útiles:

  • Consultar con un médico. Es fundamental que un profesional de la salud se encargue de realizar los estudios correspondientes para descartar otras enfermedades asociadas. Los síntomas del síndrome de Ulises son tan diversos y compartidos con otros trastornos y enfermedades que se confunden fácilmente.
  • Ir a una consulta psicológica. Para procesar de forma adecuada el duelo que supone perder de vista a la familia y al resto de seres queridos, se recomienda la realización de terapia. De esta forma el sentimiento de pertenencia, afectado en estos casos, podría elaborarse, y el sentido de identidad no quedaría tan afectado.
  • Hablar con seres queridos. De esta manera, se evita fomentar el sentimiento de soledad. Es importante contar con el apoyo de personas en quienes confiamos. En la actualidad, la comunicación a larga distancia con familiares y amigos se ve facilitada por el uso de las nuevas tecnologías a través de Internet.
  • Disminución del estrés. Muchas técnicas de respiración y relajación contribuyen a disminuir los niveles de cortisol en nuestro organismo, ayudando a que nuestro cuerpo y mente no respondan con tensión ante la situación. Se recomienda realizar estos ejercicios a diario. Algunos ejemplos de estas técnicas son el mindfulness y la meditación.
  • Ejercicio físico. Si bien las personas que padecen este trastorno padecen de un cansancio excesivo, es importante que el cuerpo pueda liberar tensión física y mental. Dedicar un rato a andar cada día o a hacer una tabla de ejercicios sencilla en casa bastará para disminuir el estrés y sentirse más relajado.
  • Hábitos alimenticios. Además de las cuatro comidas, es importante comer cada dos o tres horas algo liviano, como por ejemplo, fruta. El proceso de adaptación a una nueva cultura y a un nuevo país implica un gasto de energía muy grande que es necesario recuperar.
  • Pensamiento positivo. La clave para superar este síndrome es ser optimista y tener fuerza de voluntad.

Conclusiones

El concepto del síndrome de Ulises conforma un reto para los actuales enfoques biomédicos. Exige una evaluación no clínica y completa de la difícil situación de los emigrantes que sufren el síndrome de estrés crónico y múltiple.

Esto significa que se requiere una prevención del síndrome, no solo a nivel individual sino también a nivel comunitario en general.

Desde este enfoque, el emigrante no está aislado, sino integrado, y se le hace consciente de la importancia de mantener lazos fuertes con su lenguaje y su cultura como los factores más poderosos para influir en su bienestar general.

El objetivo es que los emigrantes consigan completar su proceso de adaptación y sus objetivos sin comprometer su estado de salud. Podrían traer al país de llegada técnicas naturales y culturalmente relevantes de su propio país, para ayudarse a sí mismos y al resto de emigrantes. De esta forma, aliviarían la tristeza típica que se siente al separarse de los seres queridos.

Los programas comunitarios orientados al bienestar de los emigrantes pueden ser muy eficaces siempre y cuando haya una monitorización periódica de los mismos y una evaluación para hacer los ajustes necesarios y tomar medidas correctivas.

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Graduada en Psicología.

1 Comentario

  1. “Los emigrantes están siendo sobre-diagnosticados. Están siendo categorizados como pacientes con trastornos mentales cuando en realidad están muy estresados, lo cual es diferente”

    Y yo me pregunto, ¿a caso este síndrome de ulises no es también una clara sobre-diagnosticación de un proceso de adaptación (en todos los sentidos) al país nuevo? Proceso completamente natural y normal, además de una respuesta predecible y culturalmente aceptable. Y teniendo en cuenta la definición que da el DSM sobre qué es una enfermedad mental, ¿como podéis seguir patologizando problemas sociales por medio de convertirlos en individuales? adjunto definición por si no la teneis muy clara (que por lo que se ve no):“Un trastorno mental es un síndrome caracterizado por una alteración clínicamente significativa del estado cognitivo, la regulación emocional o el comportamiento de un individuo, que refleja una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que subyacen en su función mental. Habitualmente los trastornos mentales van asociados a un estrés significativo o una discapacidad, ya sea social, laboral o de otras actividades importantes. Una respuesta predecible o culturalmente aceptable ante un estrés usual o una pérdida, tal como la muerte de un ser querido, no constituye un trastorno mental. Un comportamiento socialmente anómalo (ya sea político, religioso o sexual) y los conflictos existentes principalmente entre el individuo y la sociedad, no son trastornos mentales salvo que la anomalía o el conflicto sean el resultado de una disfunción del individuo, como las descritas anteriormente.” (DSM-5, 58)

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