Síndrome del Emperador: Síntomas, Causas, Consecuencias

El síndrome del emperador o del niño tirano es un trastorno de la conducta que puede aparecer en la infancia. Su principal síntoma es un comportamiento abusivo constante hacia los padres o hacia otras figuras de autoridad, por las que el niño no siente ningún respeto. Debido a ello, les desafía constantemente, e incluso puede llegar a chantajearles o agredirles.

Antiguamente, en la mayoría de las familias los padres eran figuras indiscutibles. Los niños tenían que asumir lo que sus mayores les decían, y muchas veces no tenían ni voz ni voto. Sin embargo, los cambios culturales producidos en las últimas décadas han llevado al abandono de este modelo de familia tradicional.

Fuente: pixabay.com

Aunque en gran medida es bueno democratizar la relación con los hijos, en algunos casos extremos los niños pueden adoptar conductas muy poco funcionales. Cada vez más padres afirman tener problemas para controlar a los pequeños, que se muestras desafiantes, agresivos e irrespetuosos con ellos.

En los casos más graves, el síndrome del emperador podría estar relacionado con el trastorno negativista desafiante, una alteración del comportamiento infantil descrita en el último manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psicología (APA).

Síntomas

Los niños que presentan el síndrome del emperador tienden a intentar dirigir sus familias como si fueran pequeños tiranos. Para conseguir lo que quieren, manipulan, amenazan, gritan y montan pataletas cuando algo no sucede tal y como les gustaría. En los casos más graves, pueden llegar incluso a recurrir a la violencia.

Los síntomas provocados por este trastorno de la conducta pueden variar ligeramente en función de cada caso; pero en la mayoría de los niños que lo presentan aparecerán algunos rasgos comunes. A continuación veremos los más importantes de ellos.

Egocentrismo

El egocentrismo es una característica propia de las personas que son incapaces de ponerse en el lugar de los demás ni comprender sus emociones, pensamientos ni motivaciones. Creen que el resto de individuos experimentan lo que ocurre de la misma manera que ellos, y tienden a anteponer sus deseos al bienestar de los demás.

Esta característica está presente, en mayor o menor medida, en todos los niños; sin embargo, aquellos afectados por el síndrome del emperador la muestran en unos niveles mucho más altos. Su completa falta de empatía les lleva a emplear cualquier medio que sea necesario para acabar consiguiendo lo que quieren.

Debido a ello, la mayoría de los niños con trastorno negativista desafiante pueden llegar a hacer mucho daño (físico o emocional) a sus padres y demás personas de su entorno. Por lo general, son incapaces de preocuparse por los sentimientos del resto, o incluso de comprenderlos.

Baja tolerancia a la frustración

Otro de los rasgos más comunes entre los niños con el síndrome del emperador es la dificultad que tienen para aceptar que las cosas no son como ellos desearían. Cuando algo no sale tal y como les gustaría, tienden a enfadarse y llevar a cabo comportamientos agresivos (rabietas).

Este problema aparece porque el niño es incapaz de sobrellevar la frustración que le provoca que sus deseos no se cumplan. Debido al profundo malestar que esto le provoca, acaba sufriendo un estallido emocional.

Hedonismo

Los niños con trastorno negativista desafiante basan su vida en la búsqueda constante del placer. Esto, que es común hasta cierto punto en la mayoría de las personas, llega hasta un extremo insano en ellos: son incapaces de desarrollar ningún tipo de disciplina, evitan el esfuerzo y quieren conseguir resultados inmediatos en todo lo que hacen.

Por supuesto, no siempre es posible obtener placer sin realizar esfuerzos. Por ello, estos niños suelen acabar enfadándose con sus circunstancias, y echándole la culpa a los demás de todo lo malo que les ocurre.

Esto, además, correlaciona con un bajo sentido de la responsabilidad personal; es decir, los niños con síndrome del emperador nunca sienten que lo que les sucede tenga nada que ver con sus acciones. Debido a esto, es muy poco probable que acaben consiguiendo aquello que se proponen.

Escasas habilidades sociales

Para poder relacionarnos correctamente con los demás, es necesario que les entendamos en cierta medida (empatía) y que contemos con las herramientas adecuadas para hacerlo. Sin embargo, en el caso de los niños que sufren el síndrome del emperador, ninguna de estas dos condiciones se cumplen.

Por eso, la mayoría de las veces los afectados por este trastorno de la conducta tendrán grandes dificultades para mantener cualquier tipo de relación con las personas de su entorno.

Por ejemplo, suele costarles mucho hacer amigos en clase, y tienden a estar castigados frecuentemente debido a su mal comportamiento.

Maquiavelismo

El último de los rasgos compartido por todos los niños con síndrome del emperador es el maquiavelismo, o la tendencia a utilizar la manipulación para conseguir lo que quieren de los demás.

Debido a su falta de empatía y a que no les gusta esforzarse para alcanzar sus objetivos, estos niños emplean cualquier medio a su alcance para que el resto de personas cumplan todos sus caprichos. Así, no dudan en amenazar, hacer chantaje emocional, o incluso utilizar la violencia física en algunos casos.

Causas

Aunque aún no se sabe qué lleva exactamente a un niño a desarrollar el síndrome del emperador, los expertos creen que se trata de un trastorno de la conducta con un origen multicausal.

Esto quiere decir que no existe un único motivo por el que un niño puede acabar desarrollando este tipo de personalidad, sino que es necesario que interactúen varios factores para que se forme este patrón de conducta y pensamiento.

En este sentido, se cree que es necesario la unión de cierto tipo de temperamento innato con una educación concreta. A continuación veremos brevemente cómo debe ser cada uno de estos elementos para que surja el trastorno negativista desafiante.

Genética

Según las investigaciones llevadas a cabo durante el último siglo, una parte importante de nuestra personalidad viene determinada desde el momento en el que nacemos.

A pesar de que nuestras experiencias pueden modificar en cierta medida la manera en la que somos, lo cierto es que alrededor del 50% de nuestros rasgos se mantienen estables toda la vida.

En relación al trastorno negativista desafiante, hay principalmente tres rasgos de personalidad que pueden tener una gran influencia a la hora de desarrollarlo: la cordialidad, la responsabilidad, y el neuroticismo.

La cordialidad tiene que ver con la manera en la que el individuo interactúa con los demás. En su lado más positivo, la persona es alguien en quien se puede confiar, altruista y considerado con los demás. Alguien bajo en cordialidad, por el contrario, será egocéntrico, competitivo y manipulador.

La responsabilidad está relacionada directamente con la capacidad de autocontrol de la persona. Alguien con bajos niveles de este rasgo será incapaz de planificarse, buscará la gratificación instantánea y tendrá problemas de disciplina. Además, tampoco tendrá unos principios morales claro.

Por último, el neuroticismo tiene que ver con la inestabilidad emocional. Una persona altamente neurótica se alterará fácilmente en situaciones que dejarían indiferente a otros.

Por otro lado, este rasgo puede provocar que el individuo crea que los demás están en su contra, y que se centre demasiado en el lado negativo de una situación.

Educación

Los expertos también creen que el síndrome del emperador puede tener una relación directa con la clase de educación que se le da al niño desde el momento en el que nace.

Hoy en día, debido al deseo de proteger a los más pequeños de cualquier problema, muchos padres tienden a evitarles dificultades y a tratarles con excesivo cuidado.

El problema de esto es que el niño adquiere la creencia inconsciente de que todo el mundo debe cumplir sus deseos, y aprende a ver los problemas como algo intolerable. Si esto se lleva al extremo, es muy probable que acabe desarrollando un trastorno negativista desafiante.

La buena noticia es que, mientras no nos es posible influir en la genética de nuestros hijos, sí que podemos cambiar la manera en la que los tratamos. Por eso, cambiar la manera de educar a los más pequeños es el curso de acción más efectivo para paliar problemas como el síndrome del emperador. Más adelante veremos de qué manera es posible lograrlo.

Consecuencias

Si no cambian su manera de pensar y comportarse, la vida de los niños que sufren el síndrome del emperador no es sencilla. Los rasgos propios de este tipo de personas suelen provocarles todo tipo de dificultades tanto en la infancia y adolescencia como una vez que ya son adultos. A continuación veremos cuáles son las más comunes.

Problemas para conseguir sus objetivos

Debido a la creencia de que todo el mundo debe darles lo que quieren, y a su dificultad para esforzarse para alcanzar sus metas y desarrollar una disciplina, las personas con síndrome del emperador rara vez son capaces de conseguir lo que se proponen.

Esto, a la larga, tiende a generarles una gran frustración, que a su vez les lleva a enfadarse más con el mundo y a buscar culpables fuera de sí mismos. Se trata de un círculo vicioso que rara vez les lleva a ninguna parte.

Dificultades en sus relaciones sociales

A pesar de que algunos de sus rasgos pueden hacerles atractivos a corto plazo, la mayoría de personas con el síndrome del emperador tienden a acabar dañando sus relaciones sociales. Por lo general, tienden a exigir mucho de sus familiares y amigos, a manipularles, y a no tener en consideración sus sentimientos.

Además, en algunos casos la frustración sentida por estas personas pueden llevarles a desobedecer alguna norma importante o a comportarse de manera violenta, lo que podría acarrearles consecuencias extremadamente negativas.

Hedonismo excesivo

En muchos casos, la frustración y falta de responsabilidad de las personas con trastorno negativista desafiante acaba llevándoles a centrarse única y exclusivamente en conseguir todo el placer que puedan. Por eso, algunos de estos individuos pueden acabar desarrollando todo tipo de adicciones y comportamientos poco potenciadores.

Entre otras cosas, es posible que alguien con el síndrome del emperador acabe haciéndose adicto a las emociones extremas, al juego, o a sustancias peligrosas como el alcohol o las drogas.

Además, debido a que no les gusta trabajar duro para conseguir lo que quieren, en los peores casos su personalidad podría llevarles incluso a cometer actos criminales.

Cómo actuar: tratamiento

En este último apartado descubrirás algunas de las acciones que puedes emprender para evitar que tu hijo acabe desarrollando el síndrome del emperador, o para solucionar los peores efectos del mismo si crees que ya lo padece.

Mantente atento a los primeros indicios

En ocasiones, es difícil diferenciar entre lo que es un comportamiento normal en un niño y lo que no. Sin embargo, debes estar alerta ante posibles indicadores de que tu hijo está desarrollando el síndrome del emperador.

A partir de los cuatro años, los pequeños suelen ser capaces de expresar su enfado y explicar las razones del mismo. A los cinco, por lo general ya pueden controlar sus emociones de manera rudimentaria.

Si ves que a esta edad tu hijo todavía tiene muchas rabietas y se enfada demasiado, puede que esté empezando a desarrollar este problema.

Ponle límites

Los límites y las normas, a pesar de que tengan una mala reputación, son en realidad buenos para los niños. Esto se debe a que ayudan a darle un orden a su mundo, que con frecuencia puede ser demasiado caótico para ellos.

Cuando un niño sabe exactamente qué se espera de él, será mucho más sencillo que aprenda a regular su comportamiento. Además, se sentirá más seguro y experimentará menos síntomas de ansiedad.

Enséñale a ponerse en el lugar de los demás

Una de las habilidades más importantes que podemos aprender en la vida es la empatía. De hecho, la mayoría de los problemas provocados por el síndrome del emperador vienen de una incapacidad para desarrollar esta capacidad.

Por eso, en lugar de simplemente castigar a tu hijo cuando hace algo mal, habla con él y muéstrale las consecuencias de sus actos. Hazle reflexionar sobre cómo pueden estar sintiéndose los demás, y poco a poco será capaz de ponerse en el lugar de otros por sí mismo.

Referencias

  1. “Little Emperor Syndrome: Child Tyrants” en: Exploring Your Mind. Recuperado en: 27 Septiembre 2018 de Exploring Your Mind: exploringyourmind.com.
  2. “Children tyrants: The Emperor’s Syndrome” en: Psychology Spot. Recuperado en: 27 Septiembre 2018 de Psychology Spot: psychology-spot.com.
  3. “Síndrome del Emperador: niños mandones, agresivos y autoritarios” en: Psicología y Mente. Recuperado en: 27 Septiembre 2018 de Psicología y Mente: psicologiaymente.com.
  4. “Síndrome del emperador o del niño tirano: cómo detectarlo” en: Siquia. Recuperado en: 27 Septiembre 2018 de Siquia: siquia.com.
  5. “Oppositional defiant disorder” en: Wikipedia. Recuperado en: 27 Septiembre 2018 de Wikipedia: en.wikipedia.org.
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