El Síndrome del Niño Maltratado (o Bebe Sacudido)

El síndrome del niño maltratado o síndrome del bebé sacudido (SBS) es una forma de maltrato físico infantil que se caracteriza por la existencia de un traumatismo de tipo intracraneal (Rufo Campos, 2006).

Entre los hallazgos clínicos que se presentan, pueden aparecer hematomas subdurales o subaracnoideos, edema cerebral difuso y hemorragias retinianas, como consecuencia de una violenta sacudida del bebé que es agarrado desde el área torácica o desde las extremidades (Molina Alpízar y Umañ Araya, 2015).

síndrome del niño maltratado

En la mayoría de ocasiones, estas lesiones cerebrales van a producir un conjunto de alteraciones clínicas y patológicas (Molina Alpízar y Umaña Araya, 2015) que podrán implicar el desarrollo de un deterioro cognitivo importante, llegando a producir graves consecuencias funcionales para el bebé (Rufo campos, 2006).

Prevalencia del síndrome del niño maltratado

A pesar de que existe un escaso conocimiento de la prevalencia de este síndrome, diferentes investigaciones afirman que se trata la causa más frecuente de traumatismos craneoencefálicos graves en los lactantes, antes de que alcancen el año de vida (Rufo campos, 2006).

La frecuencia exacta de la incidencia del síndrome del bebe sacudido en los países occidentales es poco precisa, sin embargo, se piensa que la tasa anual de prevalencia se encuentra entre unos 11 y 24 casos por cada 100.000 que presenta una edad debajo de los 12 meses de edad (Rufo campos, 2006).

El síndrome el niño o bebé sacudido se diagnostica principalmente en niños de entre 2 y 3 meses de edad, sin embargo, también es posible documentarlo en niños de hasta aproximadamente 5 años (Molina Alpízar y Umañ Araya, 2015;Címbaro Canella et al., 2010).

La prevalencia de fallecimientos se estima entre un 25% y 30% de los casos. Además, normalmente, éstos fallecimientos tienen lugar en los días sucesivos al daño debido a un incremento de la presión intracraneal por la presencia de un edema o hemorragia cerebral (Molina Alpízar y Umañ Araya, 2015; Címbaro Canella et al., 2010).

De entre todos los casos, aproximadamente un 30% de los niños llegarán a presentar secuelas permanentes como la ceguera o sordera unilateral, alteraciones motoras persistentes, o alteraciones de tipo cognitivo (Címbaro Canella et al., 2010).

Definición

Como hemos señalado anteriormente, el síndrome del bebé sacudido se trata de un tipo de traumatismo cerebral que tiene lugar cuando el bebé es zarandeado de forma violenta (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Las descripciones más primitivas sobre el bebé sacudido corresponden a las realizadas por el The Brithis Medical Journal en 1971 por Guthkelch. Sin embargo, fue descrito por primera vez por el radiólogo infantil J. Caffey en 1972, como un tipo de maltrato infantil que se caracteriza por la presencia de hemorragias retinianas, subdurales y/o subaracnoideas, en ausencia de traumatismo exterior, o con signos mínimos de maltrato, en niños lactantes (Rufo campos, 2006).

En la mayoría de las ocasiones el síndrome del bebe sacudido tiene lugar en el siguiente escenario propuesto por Molina Alpízar y Umañ Araya (2015): “Un bebé que llora todo el tiempo con padres jóvenes o bajo mucho estrés que en un momento dado no logra calmar al niño lo que produce situaciones de frustración anulando el control de impulsos que desencadena la agresión”.

Existen varios factores anatómicos que hacen a los niños de corta edad y especialmente a los bebés particularmente vulnerables a las lesiones ocasionadas por una sacudida (Molina Alpízar y Umaña Araya, 2015).

Los músculos del cuello del bebé son aún débiles y la cabeza es grande y pesada en comparación con el tamaño de su cuerpo (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010) por lo que todavía no poseen un soporte sólido y adecuado (Molina Alpízar y Umaña Araya, 2015).

Cuando se sujeta al bebé por el tórax o por las extremidades y es sacudido con fuerza, las lesiones cerebrales serán ocasionadas por los mecanismos de aceleración y deceleración (Molina Alpízar y Umaña Araya, 2015). Esto significa que, las sacudidas hace que el cerebro se desplace para adelante y atrás dentro de la cavidad del cráneo (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010) y se golpee repetidamente con éste (Departament of Health U.S.A, 2015).

El golpeteo continuado del cerebro dentro del cráneo hará que éste sufra contusiones, hinchazón y hemorragia (Departament of Health U.S.A, 2015). además, también podrán aparecer diferentes fracturas paravertebrales de las costillas (Rufo campos, 2006).

Además, debido a la extensión súbita de la medula espinal durante las sacudidas, podrán aparecer apneas centrarles severas, produciendo hipoxias severas que pueden conducir a un incremento de la presión intracraneal, incrementando el flujo cerebral y conduciendo al desarrollo de un edema cerebral y por tanto provocando un daño neuronal importante (Molina Alpízar y Umaña Araya, 2015).

Por lo tanto, el daño cerebral va a estar causado tanto por daños axonales como por la presencia de una hipoxia paralela a la sacudida que provocan el aumento de la presión intracraneal y el desarrollo de un edema cerebral (Rufo campos, 2006).

Diferentes investigaciones recientes han examinado las consecuencias del síndrome del bebé sacudido y señalan que son los niveles de velocidad y la aceleración de la cabeza del bebé los mecanismos que generan fuerzas muy superiores a las que el cuello de un bebé es capaz de soportar. Por tanto, la sacudida produce un alto porcentajes de casos de lesión severa o letal del cordón espinal cervical, del tronco encefálico, o cerebral (Rufo campos, 2006).

Síntomas

El cuadro clínico que pueden presentar estos pacientes en la fase aguda de la enfermedad es extremadamente variable (Rufo campos, 2006).

En muchos casos es posible que las lesiones pasen desapercibidas en los momentos iniciales. Los signos más prevalentes que pueden presentarse en un bebé que ha sido sacudid incluyen (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010):

  • Letargo.
  • Irritabilidad.
  • Inapetencia.
  • Problemas respiratorios.
  • Convulsiones.
  • Vómito.
  • Piel pálida o azul.
  • También puede darse una pérdida de conciencia (Rufo campos, 2006).

Además, los casos de crisis epilépticas suelen presentarse entre un 40-70% de los casos (Molina Alpízar y Umaña Araya, 2015).

Generalmente, los niños llegan a los servicios de urgencia en un estado de inconsciencia, con presencia de bradicardia e incluso trastornos respiratorios que puede implicar el desarrollo de una apnea grave (Molina Alpízar y Umaña Araya, 2015).

Otra de las manifestaciones que pueden aparecer en los momento iniciales son las hemorragias retinianas, presentes entre un 50-100% de los casos y suele ser un signo muy importante para la realización del diagnóstico diferencia. Además, también es posible identificar la presencia de fracturas en el cráneo, las costillas o los huesos largos. (Molina Alpízar y Umaña Araya, 2015).

Cuando se documentan todas estas manifestaciones es esencial realizar un buen diagnóstico diferencial, ya que el síndrome del bebe sacudido pone en juego diversas variables médico-legales.

Alguno de los diagnósticos diferenciales que deben realizarse son: hidrocefalia, muerte súbita infantil, epilepsiameningitis, trastornos metabólicos, accidentes y caídas, anormalidades oculares secundarias, leucemia, hipertensión, síndrome de Terson, déficit vitamínico, enfermedad de Menkes, hemofilia, ontogénesis, etc. (Molina Alpízar y Umaña Araya, 2015).

De forma resumida, Címbaro Canella y colaboradores (2010), nos muestran los síntomas y lesiones más frecuentes:

  • Disfunción neurológica.
  • Coma.
  • Vómitos.
  • Convulsiones.
  • Perímetro craneal agrandado.
  • Incapacidad para sostener la cabeza.
  • Dificultad respiratoria.
  • Hipotensión o hipertensión.
  • Lesiones en la columna y en la médula espinal.
  • Perforación esofágica.
  • Edema cerebral.
  • Facturas de huesos largos y costillas.
  • Hemorragias retinianas.

Secuelas neurológicas

La evolución general del síndrome es hacia un daño cerebral secundario, que habitualmente condiciona un retraso mental más o menos marcado y/o un déficit neurológico (Rufo Campos, 2006).

Aunque la mayor parte de las muertes ocurren en la fase aguda del síndrome, los niños que sobreviven van presentar diversas consecuencias que condicionaran el normal desarrollo neurológico. Podrán aparecer algunas de las siguientes patologías (Molina Alpízar y Umaña Araya, 2015).:

Son estas secuelas neurológicas las que van a implicar una situación grave de alteración del desarrollo infantil con importantes secuelas evolutivas, motoras, intelectuales o sensoriales.

En mucho casos, tras varios años del suceso, pueden observarse comportamientos autistas, empleo de palabras sueltas y sin sentido referencial o no son capaces de obedecer a órdenes sencillas, todo esto asociado a una pérdida neuronal evidente (Rufo Campos, 2006).

Los datos estadísticos muestran que existen un alto índice de discapacidades o secuelas, como retraso mental, parálisis cerebral infantil y epilepsias asociadas al padecimiento de un síndrome de bebe sacudido durante etapas tempranas de la vida (Rufo Campos, 2006).

Tratamiento y pronóstico

En la intervención terapéutica lo esencial son las medidas de soporte vital: soporte respiratorio y en muchos casos, cirugía para detener la hemorragia interna o cerebral. Los especialistas suelen emplear técnicas de imágenes por resonancia magnética (IRM) o la tomografía computarizada (TC) para terminar la extensión y gravedad de las lesiones (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Una vez superada la fase aguda, los tratamientos se orientaran a la recuperación de las secuelas y de las diversas funciones perdidas.

En comparación con el traumatismo cerebral accidental en los bebés, las lesiones ocasionadas por las sacudidas presentan un peor pronóstico. El daño de la retina puede ocasionar ceguera.

La mayoría de los bebés que sobreviven a las sacudidas intensas tendrán alguna forma de discapacidad neurológica o mental, como parálisis cerebral o retraso mental, que puede no ser aparente sino hasta los 6 años de edad. Los niños que sufren el síndrome del bebé sacudido pueden necesitar cuidados médicos el resto de su vida (National Institute of Neurological Disorders and Stroke, 2010).

Por estos motivos, será esencial la estimulación cognitiva precoz para promover el correcto desarrollo neurocognitivo de bebe y la consecución del desarrollo eficaz y óptimo de todas sus funciones intelectuales y cognitivas.

Prevención

Nunca se debe sacudir o zarandear a un bebé, bajo ninguna circunstancia (Departament of Health U.S.A, 2015). La mayoría de las personas responsables de estos sucesos, pueden sentir sensaciones de frustración o pérdida de control debido a diferentes factores como el llanto continuado, dificultades para alimentarlos, entre otros (Departament of Health U.S.A, 2015).

El departamento de salud de EE.UU (2010), destaca que es importante comprender que el llanto del bebe es una situación normal ya que suelen emplearlo como forma de comunicación con su cuidador. En muchos casos, los bebés pueden tener demasiado frio o calor, buscar llamar la atención, estar cansados o tener hambre (Departament of Health U.S.A, 2015).

Ante estas situaciones, muchos cuidadores se sienten sobrepasados y abrumados. Sin embargo, es esencial tolerar la situación y emplear diversas acciones para calmar el llanto del bebé, como comprobar si tiene hambre, sueño, si necesita que le cambie los pañales, si tiene fiebre o está enfermo, si se siente nervioso etc. (Departament of Health U.S.A, 2015).

Conclusiones

Debemos tener en cuenta que cualquier persona padres o cuidadores pueden llegar a ejecutar este tipo de maltrato. Cuando esto ocurre se podrán en marcha diferentes mecanismos legales, ya que las diversas instituciones van a actuar para proteger los derechos e integridad de los menores.

Se trata de una forma de maltrato infantil grave, el daño neurológico va limitar el desarrollo posterior del bebé y por lo tanto va a condicionar tanto sus funciones motoras, físicas como intelectuales.

Referencias

  1. Címbaro Canella, R., Clemente, D., González, N., Indart, J., & De Lillo, L. (2010). Descripción del caso presentado en el número anterior: Síndrome del bebe sacudido/Shaken baby syndrome. Arch Argent Pediatr.
  2. Molina Alpízar, V., & Umaña Araya, B. (2015). Síndrome del niño sacudido. Med. lg. Cost.rica, 32(1).
  3. Rufo Campos, M. (2006). El síndrome del niño sacudido. Cuad Med Forense, 12(43-44).
  4. U.S.A, D. o. (2015). Shaken Baby Syndrome.
  5. Fuente imagen.

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