Síndrome Serotoninérgico: Síntomas, Causas y Tratamiento

El síndrome serotoninérgico se reconoce por tres síntomas característicos: alteraciones en el estado mental, hiperactividad autonómica y anormalidades neuromusculares.

Son resultado de una estimulación excesiva de los receptores de serotonina en el sistema nervioso central y periférico. La serotonina es un neurotransmisor que actúa en el cerebro y en algunos otros órganos, participando en una gran variedad de funciones. Por ejemplo, se asocia con el placer, el sueño, regulación del estado de ánimo, mantener una adecuada temperatura corporal, etc.

Serotonin molecule as a neurotransmitter in the human brain. Dig

Sin embargo, es peligroso que se acumule demasiada serotonina. Su exceso se relaciona tanto con síntomas leves (temblores o diarrea), como con síntomas graves que incluyen rigidez muscular, fiebre o convulsiones.

Este síndrome suele producirse por el uso de fármacos que promueven la neurotransmisión serotoninérgica, interacciones entre varios fármacos con estas propiedades, o sobredosis. También se asocia con el uso de drogas ilegales o suplementos dietéticos. Además, parece que varía individualmente, ya que hay personas que poseen mayor sensibilidad a la serotonina que otras.

Se trata de una emergencia médica poco conocida, y su frecuencia aumenta según se incrementa el uso de fármacos serotoninérgicos. Lo habitual es que los síntomas se resuelvan durante las primeras 24 horas, una vez retirado el fármaco que la produjo. No obstante, si no se diagnostica y trata a tiempo, el síndrome puede desarrollarse afectando a varios órganos del cuerpo provocando la muerte.

El tratamiento consiste en una serie de medidas de apoyo: líquidos, reducir la temperatura corporal, administración de benzodiacepinas, y en ocasiones, intubación o ventilación mecánica. El fármaco más utilizado para bloquear y contrarrestar los efectos serotoninérgicos es la ciproheptadina.

¿Es frecuente este síndrome?

No se conoce con exactitud la incidencia del síndrome serotoninérgico. Parece ser que hay más casos de los que se documentan, y es posible que las formas más leves no pidan ayuda médica.

Además, a menudo no se diagnostica como tal o se consideran síntomas secundarios de la medicación. Esto ocurre porque el síndrome serotoninérgico no es muy conocido, los criterios diagnósticos varían o se confunde con otros síndromes o condiciones.

Parece ser que en la actualidad el número de personas con este síndrome ha aumentado. Seguramente por el uso generalizado de fármacos que potencian la serotonina, unido a un aumento en los últimos años de la conciencia y conocimiento de este síndrome. Volpi-Abadie, Kaye, Kaye (2013) también indican que se ha documentado en todas las edades.

Causas del síndrome serotoninérgico

Nuestro cuerpo necesita serotonina para funcionar adecuadamente: mantener un buen estado de ánimo, que la temperatura de tu cuerpo sea la adecuada, sentir bienestar ante situaciones agradables, regular la actividad de nuestro sistema digestivo y nuestro apetito, entre otras funciones.

Esto es posible si los niveles de serotonina son óptimos, pero si disminuyen o se elevan nuestro organismo deja de funcionar correctamente.

El síndrome serotoninérgico se produce por una hiperactivación de los receptores de serotonina que se encuentran en el cerebro y en otros órganos. No ocurre por la sola activación de un receptor, sino por la combinación de la activación de múltiples receptores de serotonina.

Esto es más probable que pase con la utilización de dos agentes serotoninérgicos a la vez, aunque también hay casos en los que aparece al inicio del tratamiento con algún fármaco de este tipo, o cuando se aumenta la dosis del mismo.

Al parecer, la causa más común del síndrome serotoninérgico es la combinación de fármacos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) con un inhibidor de la enzima monoamino oxidasa (iMAO).

Los fármacos ISRS funcionan impidiendo que la serotonina liberada sea recogida de nuevo por las células (y, en consecuencia, degradada). Mientras que los inhibidores de la enzima monoamino oxidasa, como su nombre indica, bloquean una enzima que se encarga de destruir la serotonina. ¿El resultado? Una elevada acumulación de serotonina.

Según la Organización Mundial de la Salud, los casos de síndrome serotoninérgico asociados a un iMAO suelen ser más graves, de peor avance y con más probabilidad de fallecimiento.

¿Qué sustancias pueden producir el síndrome serotoninérgico?

Una gran variedad de combinaciones de fármacos puede provocar el síndrome serotoninérgico. Aquí se presenta una lista de las sustancias que se asocian a este síndrome. Hay que tener en cuenta que la mayoría por sí solas o en dosis adecuadas no provocan el síndrome.

– Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): antidepresivos como el citalopram, fluoxetina, paroxetina, fluvoxamina o sertralina.

– Inhibidores de la enzima monoamino oxidasa (iMAO): antidepresivos como la isocarboxazida y la fenelzina.

– Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN): fármacos contra la depresión como la trazodona o la duloxetina.

– Antidepresivos que influyen en los niveles de dopamina y noradrenalina, como el bupropión, un fármaco para la depresión y la adicción al tabaco. (Potencia los efectos de la serotonina)

– Antidepresivos tricíclicos como la amitriptilina y la nortriptilina.

– Medicamentos para la migraña como triptanos, carbamazepina y ácido valproico.

– Analgésicos: como ciclobenzaprina, fentanilo, meperidina o tramadol.

– El litio, un estabilizador del estado de ánimo muy usado en el trastorno bipolar.

– Medicinas para las náuseas como el droperidol, metoclopramida, o granisetrón.

– Medicamentos para el resfriado y la tos que contienen dextrometorfano.

– Un medicamento antirretroviral para tratar el VIH llamado ritonavir.

Drogas ilegales como el éxtasis, el LSD, la cocaína y las anfetaminas.

– Suplementos nutricionales como la hierba de San Juan, el ginseng y la nuez moscada.

Lo más habitual es que estas sustancias indiquen en su prospecto información sobre su interacción con otros fármacos y los posibles efectos secundarios. Por tanto, una buena forma de prevención es tener en cuenta estas indicaciones e informar al médico si toma otros fármacos antes de empezar cualquier tratamiento.

Síntomas

Los síntomas comienzan a manifestarse generalmente unas horas después de tomar una nueva sustancia que potencia los efectos de la serotonina, mezclar varias sustancias que la intensifican, o tras un aumento de la dosis.

El síndrome serotoninérgico posee una variedad de síntomas en el que la gravedad de las manifestaciones clínicas refleja el grado de actividad serotoninérgica. Es decir, cuanta más actividad serotoninérgica exista, más graves serán los síntomas.

Muchos autores prefieren llamarlo “intoxicación serotoninérgica” más que “síndrome”, por el amplio rango de síntomas y toxicidad. Su presentación es muy variable, y los síntomas pueden ir desde molestias leves sin fiebre, hasta afectaciones que pueden conllevar a la muerte.

Los síntomas típicos que describen el síndrome son tres: disfunciones autonómicas, cambios en el estado mental, y deterioro neuromuscular. A continuación, verás qué manifestaciones se asocian a cada uno de ellos.

Hiperactividad autonómica

Dentro de las alteraciones autonómicas, se engloban, de menor a mayor gravedad: dilatación de las pupilas (midriasis), sudoración abundante, piel de gallina, diarrea, vómitos, taquicardias, aceleración del ritmo cardíaco, aumento de la presión arterial; e incremento de la temperatura corporal, que puede conllevar a fiebre alta.

Cambios en el estado mental

El individuo puede sentirse confundido y con fuertes dolores de cabeza. Además de entrar en un estado de agitación, ansiedad, inquietud, euforia y desorientación. Puede llegar a presentar delirios, estupor e incluso perder la consciencia.

Alteraciones neuromusculares

Estos pacientes pueden experimentar temblores, pérdida de coordinación, rigidez muscular, hiperreflexia (reflejos exagerados), e incluso convulsiones (espasmos musculares incontrolados). Esta hiperactividad neuromuscular suele afectar sobre todo a las extremidades inferiores.

En cuanto a los niveles de gravedad, los casos más leves suelen caracterizarse por hipertensión, taquicardia, sudoración temblores, e hiperreflexia en ausencia de fiebre.

Es moderado cuando presenta los síntomas anteriores además de hipertermia (más de 40 grados de fiebre), hiperactivación intestinal, hipervigilancia, agitación y habla apresurada.

En los casos graves, además de los síntomas ya mencionados, la fiebre sube a más de 41 grados. También se observa un descenso importante en la frecuencia del pulso y presión arterial, delirio y rigidez muscular.

En el síndrome serotoninérgico grave, pueden aparecer complicaciones como convulsiones, rabdomiolisis (degradación de las fibras musculares que pasan al torrente sanguíneo y perjudica a los riñones al entrar en ellos), mioglobinuria (existencia de mioglobina en la orina, lo que indica que hay una destrucción de la masa muscular), insuficiencia renal, acidosis metabólica, dificultad para respirar, trombosis, coma e incluso muerte.

Diagnóstico

No hay ninguna prueba específica para detectar el síndrome de la serotonina. Para detectarlo, los profesionales sanitarios se basan en los síntomas y en pruebas clínicas.

Es sobre todo un diagnóstico de exclusión, es decir se tratará de descartar otras condiciones parecidas antes de afirmar este síndrome. Por ejemplo, estados intoxicación por drogas o abstinencia, síndrome neuroléptico maligno, toxicidad anticolinérgica, hipertermia maligna, meningitis, etc. Un signo característico de este síndrome es que el paciente tenga trastornos concomitantes como depresión, dolor crónico que se traten con este tipo de fármacos.

Es necesario conocer la historia médica del paciente, los síntomas y realizar un examen físico. También es importante un el examen neurológico.

Otras pruebas pueden ser: análisis de sangre y de orina para comprobar que no haya destrucción de fibras musculares ni daño en los riñones, radiografía del pecho, tomografía computarizada e incluso punción lumbar (si se sospecha de meningitis).

En los exámenes se pueden apreciar leucocitosis (niveles altos de leucocitos), bajos niveles de bicarbonato, y creatina y transaminasas elevadas. Sin embargo, las concentraciones en sangre de serotonina no correlacionan con la gravedad del síndrome.

Los criterios diagnósticos que se utilizan para este síndrome son los Criterios de Toxicidad de Serotonina de Hunter (HSTC). Incluye el uso de un agente serotoninérgico más uno o varios de los siguientes criterios: clonus espontáneos (reflejos alterados y repetitivos), clonus (puede ser ocular) con agitación y sudoración abundante, temblor e hiperreflexia, o bien, hipertonía y temperatura superior a 38 grados con clonus.

El clonus y la hiperreflexia son fundamentales para el diagnóstico, sin embargo, es importante saber que una fuerte rigidez muscular puede enmascarar estos síntomas.

Tratamiento

El tratamiento del síndrome serotoninérgico debe ser inmediato, constituyendo una emergencia médica. Éste varía según la gravedad de los síntomas que presente el paciente.

Así, si los síntomas son leves, podría ser suficiente la suspensión y/o posterior reducción de la dosis del medicamento responsable. Además de tratamiento médicos de soporte.

Si son moderados, es probable que el afectado tenga que acudir al hospital y permanecer allí varias horas hasta que los síntomas mejoren. Mientras que, si es un caso grave, el paciente necesitará un tratamiento hospitalario intensivo con administración de antagonistas serotoninérgicos e intubación endotraqueal.

Las principales estrategias para tratar el síndrome serotoninérgico son:

– Interrupción del consumo de cualquier sustancia serotoninérgica.

– Sedación con benzodiacepinas: es importante sedar al paciente para disminuir la presión arterial, el ritmo cardíaco, y la agitación. Suele usarse el diazepam o lorazepam. Los relajantes musculares también son útiles para controlar las convulsiones y la rigidez muscular.

– Administrar agentes bloqueantes de la producción de serotonina, como la ciproheptadina. También se pueden usar antipsicóticos antagonistas de los receptores de serotonina como la olanzapina y la clorpromazina. Aunque no son del todo recomendables porque el primero puede bajar demasiado la tensión arterial, y el segundo puede aumentar la temperatura corporal.

– Administración de oxígeno e hidratación por vía intravenosa. La primera ayuda a mantener niveles adecuados de oxígeno en sangre. Mientras que la segunda sirve para la deshidratación (recordemos la sudoración excesiva de estos pacientes) y la fiebre.

– Fármacos que regulan la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Como el esmolol y el nitroprusiato para la hipertensión y frecuencia cardiaca elevada. Si la tensión es muy baja, se administra fenilefrina o epinefrina (adrenalina).

– En casos graves, puede ser necesario un tubo de respiración y medicación para paralizar los músculos, como el etomidato.

– Evaluar si el paciente puede volver a tomar medicación serotoninérgica (y qué dosis) una vez que está recuperado.

En la mayoría de los casos, este síndrome se resuelve entre 24 y 72 horas tras haber interrumpido el medicamento serotoninérgico, y haber comenzado el tratamiento. Aunque hay medicamentos que poseen una vida media de eliminación más extensa, pudiendo permanecer estos efectos durante varios días.

Referencias

  1. Carrillo Esper, R., Garnica Escamilla, M.A., Rocha Rodríguez, M.G. y Carrillo Córdova, C.A. (2011). Síndrome serotoninérgico. Caso clínico. Revista de la Facultad de Medicina de la UNAM, 54(2): 46-53.
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  3. Patten Rivera, A. (2015). Síndrome serotoninérgico. Centro de Información de Medicamentos y Farmacoterapéutica. 5(2).
  4. Serotonin syndrome. (13 de noviembre de 2015). Obtenido de Mayo Clinic.
  5. Volpi-Abadie J., Kaye A.M., Kaye A.D. (2013). Serotonin Syndrome. The Ochsner Journal; 13(4): 533-540.
  6. What Is Serotonin Syndrome? (s.f.). Recuperado el 25 de noviembre de 2016, de WebMD.
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Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

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