¿Qué es el Síndrome de Solomon? 7 Pautas para Combatirlo

El síndrome de Solomon es la tendencia de los niños de tomar decisiones o adoptar comportamientos para evitar sobresalir, destacar o brillar en un grupo social determinado debido a la presión que dicho grupo ejerce sobre él por distintos motivos.

De esta forma solemos ponernos trabas y complicaciones a nosotros mismos, por lo que seguimos los pasos de las personas que forman nuestro círculo de amigos aunque sepamos que no es el adecuado.

Síndrome de Solomon

Aunque no lo creamos de forma inconsciente tememos llamar la atención demasiado, esto puede ser por miedo a que nuestros logros y virtudes ofendan a las personas que están a nuestro alrededor.

Por lo que, podemos decir que este síndrome nos hace mostrar nuestra falta de creencia en nosotros mismos es decir, en nuestra autoestima y confianza. Haciéndonos dependientes del valor que nos den las personas de nuestro alrededor.

Además, también podemos concluir que aún a día de hoy nuestra sociedad condena el talento de otras personas así como los éxitos que puedan cosechar. Se puede decir, que aunque nadie lo diga, no nos gusta que a otra persona le vayan bien las cosas. Esto nos lleva a presentar el siguiente concepto que forma al Síndrome de Solomon, la envida.

¿Qué es la envidia?

El Diccionario de la Real Academia Española define la envidia como “tristeza o pesar del bien ajeno”, así como “emulación, deseo de algo que no se posee”. De estas dos pequeñas definiciones podemos obtener que la envidia es el sentimiento de aspiración de poseer algo que no se tiene ya que lo disfruta otra persona.

Por otro lado, también se puede considerar como un deseo de que la persona que está disfrutando de aquello que nosotros no tenemos y queremos lo pierda o se vea perjudicado (Montañez e Iñiguez, 2002).

Por lo que podemos concluir que la envidia surge cuando comparándonos con otras personas nos damos cuenta de que ellos tienen algo que nosotros no tenemos pero que sin embargo, ansiamos tener. Esto desencadenará en sentimientos de inferioridad hacia la otra persona.

¿Existe la presión de grupo o presión social?

Existen multitud de estudios como los de Asch, el cual presentaremos a continuación y Crutchfield que han demostrado que existe la fuerza del impacto del grupo sobre el individuo y la fuerza de la presión ejercida por el grupo cuando intenta imponer la uniformidad de opinión a un individuo que no piensa o actúa como los demás.

Según Moscovici en Sacristán (S/F) el inconformismo en ocasiones puede permitir que el grupo se adapte y actúe. Para él, existe modalidades básicas de la influencia social: conformismo, normalización e innovación:

Conformismo

Una persona puede cambiar su actitud o comportamiento hacia una idea u objeto determinado debido a la presión que ejerce el grupo sobre ella ya sea real o imaginada. Por lo que, la persona se siente obligada a cambiar tanto sus ideas como sus comportamientos para tomar como suya la del grupo que le rodea.

El conformismo aparece en este síndrome ya que los individuos aunque piensen diferente sobre algún tema en cuestión, tienden finalmente a aceptar lo que los demás piensan y sienten llegando a abandonar sus pensamientos y creencias para aceptar los del grupo como propios.

Normalización

Sería un sinónimo de negociación ya que consiste en dejar las diferencias respecto a un tema u objeto de lado para aceptar un denominador común. Es una presión que se ejerce por ambas partes y desemboca en una norma que se acepta por todos los miembros del grupo.

Innovación

Se puede considerar que es una influencia ejercida por un individuo o por un grupo minoritario cuyo objetivo es impulsar nuevas ideas así como modos de pensar o de comportarse diferentes a los existentes. Este grupo minoritario puede llegar a introducir cambios (Sacristán, S/F).

¿Hay estudios que corroboren este Síndrome?

El nombre de este Síndrome viene dado de su descubridor, un psicólogo estadounidense. Éste realizó una investigación que consistió en una prueba relacionada con la conducta humana y muy influida por el entorno social o presión social.

Este estudio se conoce como Teoría de Asch o el Poder de las Mayorías consistió en mostrar un par de cartas a un grupo de 11 sujetos, de los cuales siete de ellos sabían de la naturaleza de este estudio y tenían que ejercer un papel determinado; expresar su opinión antes de que lo hiciera el resto. Esta opinión había sido previamente programada con el investigador, pues el objeto de estudio era el resto de personas.

Una vez que sus colaboradores respondían así como sus objetos de estudio, se comprobaba las respuestas de estas personas que en principio respondían libremente. Parece ser que estas personas se dejaban guiar por las respuestas erróneas. Una de cada 4 coincidía en la mitad de las veces.

Este estudio se actualizó con imágenes tridimensionales. Según los datos que se extrajeron, los sujetos secundaron las respuestas erróneas impuestas por el grupo en una media superior al 40 por ciento. Gracias a esta experiencia, se comprobó el conformismo social que existe en el cerebro.

Por lo que según estos estudios se puede destacar que “la incomodidad de estar solo puede hacer que una opinión mayoritaria parezca más atractiva que ceñirse a las creencias propias” y “si las ideas ajenas pueden afectar al modo en que alguien percibe el mundo exterior, entonces la misma verdad se ve cuestionada” (Sacristán, (S/F).

¿Existe el Síndrome de Solomon en las escuelas?

El Síndrome de Solomon es un trastorno muy común en las aulas, ya que existen multitud de alumnos que por alguna razón confían muy poco en ellos mismos y temen ser excluidos de su grupo de amigos. Tenemos que recordar que para los menores es muy importante ser aceptados por sus compañeros, por lo que si tienen que ir en contra de sus ideas para ser aceptados lo harán.

Es importante que como educadores y profesionales de la educación, seamos capaces de ser conscientes de que estas situaciones están muy presentes en las clases de los centros educativos.

Por lo que tenemos que formar a nuestros alumnos para que sepan gestionar correctamente sus emociones con el fin de que puedan ser ellos mismos y expresarse sin miedo y/o consecuencias negativas por parte de sus compañeros. Si se trabaja adecuadamente, tendremos una clase en la que los alumnos no se van a sentir tan vulnerables frente a la presión de grupo.

Parece ser que como humanos, siempre hemos tenido miedo a destacar y a sobresalir por encima de un grupo. Ya sea por la exclusión por parte del grupo que eso conlleva o por el sentimiento de inseguridad que lleva consigo mismo esta acción.

¿Cómo superar el Síndrome de Solomon en las aulas?

Llegados a este punto podemos pensar que combatir este síndrome puede llegar a ser algo tremendamente complicado por la cantidad de emociones y sentimientos que la caracterizan y rodean.

Como profesionales de la educación debemos observar a nuestro grupo-clase con la idea de tener la información necesaria tanto de sus fortalezas como de sus debilidades para posteriormente poder actuar. A continuación os presentamos algunas pautas:

1- Crear cohesión de grupo

Para que un grupo funcione es importante que tengamos en cuenta su cohesión. Es decir, sus miembros deben de sentirse orgullosos de pertenecer al grupo y para ello debemos de tener en cuenta que debemos favorecer las condiciones adecuadas (Cascón, 2000). Un ejemplo para conseguir este objetivo podría ser realizar dinámicas de grupo en el aula.

2- Fomentar la educación en valores

Debe ser una constante en las actividades que se realicen para evitar este trastorno con el fin de hacer a las personas más justas y dignas. De forma transversal se pueden trabajar los valores en cualquier materia aunque es cierto, que algunas se prestan más que otras. En niveles como primaria una buena idea sería a través del cuento o historias.

3- Enseñar habilidades socioemocionales

El desarrollo de habilidades socioemocionales está cobrando cada vez mayor importancia en la actualidad. Éstas tienen una gran repercusión en el desarrollo personal, académico y laboral así como para la prevención de comportamientos antisociales.

Habilidades como el saber apreciar a la otra persona y demostrárselo, comprenderla y tener empatía; pueden ser adquiridas con facilidad si se trabaja bien desde la infancia, algo que podría prevenir que surja este síndrome en la infancia.

Como educadores, debemos de saber que existen multitud de programas de habilidades socioemocionales que se pueden realizar tanto en los centros como en las aulas. Algunos programas los ofrece el ministerio de educación mientras que otros son realizados por los propios profesionales.

4- Regular los conflictos

Aunque es cierto que no podemos prohibir los conflictos ya que son algo natural. Es recomendable que sepamos regularlos y solventarlos a tiempo, ya que si no se tratan pueden desembocar en sentimientos de malestar en el grupo en general y en alguno de sus miembros en particular. Esto puede generar que se creen este tipo de trastornos e incluso el acoso escolar.

Por ello, dependiendo de la franja de edad de nuestros alumnos es aconsejable que se traten las dificultades que se puedan presentar sus relaciones, no prestándoles por ello menos atención aunque nos parezcan tonterías. El diálogo o la mediación, son prácticas que nos pueden ayudar (Grande, 2010).

5- Promover el reforzamiento positivo en el aula

Es muy importante que tengamos en cuenta que a los alumnos les cuesta trabajo participar en clase. Una manera de animar a aquellos que participen poco por los motivos que sean, es el reforzamiento positivo. Consiste en premiar el esfuerzo a través de la palabra, un ejemplo podría ser: muy bien, has levantado la mano (Martínez y otros, 2010).

6- Fomentar buenas habilidades de comunicación en clase

Si tenemos buenas habilidades de comunicación, seremos asertivos y por ende expresaremos lo que pensamos de buena manera ya que tendremos las herramientas necesarias.

Gracias a estas habilidades podremos prevenir el conflicto y tener más confianza en nosotros mismos (García, 2015). Aunque existen muchos programas que ayudan a desarrollar las habilidades comunicativas, el mejor ejemplo para tus alumnos eres tú mismo.

7- Impulsar la resiliencia

Mediante la resiliencia podemos ser capaces de ganar autoconfianza ya que gracias a ésta somos capaces de asumir cualquier situación que nos ponga a prueba (Henderson y Milsteil, 2003).

Estas y otras pautas similares pueden ser efectivas para prevenir o mejorar la convivencia en el aula con este síndrome. Lo importante es que sepamos cuales pueden ser efectivas con nuestro grupo de clase e incluso con nuestros alumnos, ya que pueden existir muchas diferencias entre unos y otros.

Conclusión

Como hemos podido comprobar, este síndrome es algo muy común no sólo en las escuelas sino en la sociedad en general. A lo largo de nuestra vida, vamos a tener que enfrentarnos contra valores negativos de los cuales tenemos que ser conscientes si queremos cumplir los objetivos y metas que nos propongamos en la vida.

Por lo que, es importante que como educadores y familiares fomentemos en nuestros hijos y alumnos habilidades tanto de comunicación como socioemocionales así como sociales para que tengan las herramientas adecuadas para enfrentarse a todos los problemas que les plantee la vida.

Si no lo hacemos, no podrán llegar a cumplir sus sueños lo que desembocará en sentimientos y emociones negativos que le perjudicarán su bienestar emocional.

Por último, tenemos que resaltar que desde las aulas es importante que se destierre el miedo y que se promueva una cultura de reconocimiento y de esfuerzo, en la cual los méritos individuales puedan trascender del grupo clase. Esto hará que el Síndrome de Solomon no invada nuestras aulas como lo está haciendo en la actualidad.

Referencias

  1. Cascón, Paco (2000). Educar en y para el conflicto. Cuadernos de Pedagogía, 287, 61-66.
  2. García, M. G. (2015). La comunicación en la escuela. pp. 39-52. Tendencias Pedagógicas, (1).
  3. Grande, M. J. C. (2010). Convivencia escolar. Un estudio sobre buenas prácticas. Revista de paz y conflictos3, 154-169.
  4. Henderson, N., & Milstein, M. M. (2003). Resiliencia en la escuela. Buenos Aires: Paidós.
  5. Martínez, J. M. A., Meilán, J. J. G., León, F. G., & Ramos, J. C. (2010). Estrategias motivacionales y de aprendizaje para fomentar el consumo responsable desde la Escuela. REME13(35), 1.
  6. Montañés, M. C., & Iñiguez, C. G. (2002). Emociones sociales: enamoramiento, celos, envidia y empatía.
  7. Sacristán, A. E. (S/F). Teorías psicosociales aplicadas: la teoría de Asch.
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Graduada en Pedagogía por la Universidad de Sevilla y estudiante el Máster en Psicología de la Educación. Avances en Intervención Psicoeducativas y Necesidades Educativas Especiales.

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