Teoría del apego: Conductas, Etapas y Experimentación

La teoría del apego explica cómo se establecen los lazos y las relaciones entre las personas a lo largo de la vida y comprende una visión interdisciplinaria que abarca desde la psicología hasta la etiología.

El apego es un lazo afectivo o un vínculo emocional que establece el niño con sus padres o figuras representativas de cuidado y protección. El cual proporciona una seguridad emocional necesaria y clave para el posterior desarrollo de la personalidad del menor.

teoría del apego

John Bowlby fue el autor de la teoría del apego y quien afirmó que los niños desde muy temprana edad, y por medio de una relación cálida, próxima y continuada con su figura representativa, fijan una determinada salud mental.

Como se sabe, las personas vienen predispuestas biológicamente para las relaciones sociales desde su nacimiento y para el desarrollo de conductas de apego.

En esta línea, lo más importante de la teoría de John Bowbly es que el estado de seguridad, ansiedad o temor que presente el niño, estará determinado por la accesibilidad con su figura de apego, la cual suele ser su madre.

Actualmente, la teoría del apego sigue teniendo peso en la sociedad científica y en la explicación de cómo se desarrollan los niños. Su influencia ha servido para la realización de nuevas terapias y también ha contribuido a aportar nuevas ideas a éstas.

Las conductas del apego

El apego no surge de manera espontánea sino que va desarrollándose conforme pasan una serie de etapas o fases. Así pues, primero existe una preferencia del niño por las personas en general para pasar después a una asociación con aquellas que están cercanas a él.

Así, el apego se intensifica durante la mitad del primer año desarrollando un tipo de apego que puede ser más positivo o más negativo.

Los estudios que el autor de esta teoría realizó fue sobre la crianza con los primates, pudiendo describir la evolución de la conducta del apego, sus etapas y la formulación entre la conducta exploratoria y el vínculo seguro. Por otro lado, se estudió también el establecimiento de la relación entre la conducta del apego y la conducta de angustia ante personas extrañas de los niños.

A rasgos generales, las conductas de apego son necesarias para la supervivencia de los menores ya que al nacer éstos están totalmente desprovistos de habilidades que los permitan sobrevivir por ellos mismos.

En esta línea, las conductas establecidas por John Bowlby fueron: el llanto, la sonrisa, la succión, la llamada, el aferramiento y el seguimiento y las cuales se observan en el niño de las siguientes formas:

  • El llanto provoca que inmediatamente la figura representativa se acerque al niño, lo que le permite ver que al acercarse a él, éste deja de llorar.
  • La sonrisa en torno al mes del niño se va haciendo social, al igual que refuerza al cuidador para que se produzca ese acercamiento.
  • La succión garantiza el contacto y acercamiento físico con la figura representativa, padre, madre, etc.
  • Las vocalizaciones por parte del bebé facilitan el diálogo y favorece el acercamiento con las figuras de apego.
  • El aferramiento se puede reflejar en conductas como presionar la mano.
  • El seguimiento se percata en el niño con estímulos preferentes que desarrolla en torno a su cuidador como buscarlo con la mirada.

Por otra parte, en cuanto al cuidador, que puede ser la madre, también cuenta con ciertas condiciones que le facilitan el apego desde un punto de vista biológico.

Dichos cambios en ella pueden observarse a través de los cambios hormonales que la predisponen al cuidado de sus hijos así como la relación de interacción prácticamente innata que se establece entre ella y el bebé.

El modelo de Bowlby

Su modelo se basa en cuatro sistemas de conductas relacionadas que son: el sistema de conductas de apego, el sistema de exploración, el sistema de miedo a los extraños y el sistema afiliativo.

El sistema de conductas de apego se refiere a aquellas que se realizan para el mantenimiento y la continuidad del contacto con las figuras de apego como son las sonrisas, el llanto y los contactos físicos. Estas conductas se activan cuando el niño percibe una señal de peligro o amenaza como cuando aumenta la distancia entre él y su cuidador o cuidadores.

Relacionado con el anterior, se encuentra el sistema de exploración el cual se diferencia de él en que al disminuir la conducta del apego el niño realiza más conductas exploratorias.

Por otro lado, el sistema del miedo a los extraños también está vinculado con los dos sistemas anteriores, ya que si aparece tendrá como consecuencia un aumento de las conductas del apego y una disminución en el sistema de conductas exploratorias.

En contraposición al sistema de miedo se encuentra el sistema afiliativo, el cual pone de manifiesto la predisposición que tienen las personas a la interacción con otras, incluso con aquellas desconocidas para las que no hay vínculo.

A través de ésto, se puede observar cómo el apego constituye una serie de conductas diversas que cuya activación, intensidad y morfología va a depender de variables individuales y ambientales. A continuación se extiende un conjunto de procesos que conducen a la selección de la figura del apego:

  • Tendencia innata al acercamiento a determinados estímulos como voces o caras humanas.
  • Aprendizaje discriminativo por contacto, distinguiendo entre voces y olores conocidos como el de su madre y el de otras personas.
  • Predisposición a orientarse hacia lo conocido y familiar.

Etapas de la formación del apego

  1. Desde el nacimiento a los 2 meses: orientación hacia las personas y emisión de señales. Aquí se van produciendo las primeras interacciones que facilitan la adaptación mutua y la familiarización sensorial del bebé con su cuidador.
  2. Entre los 3 y los 7 meses: reacciones diferenciadas ante la figura de apego. Las conductas del bebé son diferentes con otras personas en relación de las que presenta con la madre, como puede comprobarse con la sonrisa o el llanto que son mucho más frecuente el primero y más regulado el segundo, en presencia de ésta.
  3. Entre los 7 meses y los 3 años: conductas de apego. En esta fase el niño mantiene y hace lo posible por que se dé el acercamiento con su figura de apego, ya sea por medio del llanto o gateando. Responde con temor ante los extraños y la presencia de su madre le proporciona seguridad.
  4. Desde los 3 años en adelante: formación de pareja con corrección de objetivos. Esta fase es de ajuste y regulación mutua, y las relaciones se dirigen a la autonomía del niño.

Reacción del niño ante extraños

Mary Ainsworth fue una psicóloga que realizó estudios de la interacción madre-hijo mediante trabajos de observación.

Dicha investigación la llevó a cabo por medio de la creación de una situación extraña ante el niño para observar la reacción de éste ante una serie de presentaciones, separaciones y encuentros entre su figura de apego y otra persona ajena o desconocida para él.

Las condiciones experimentales consistían en la disposición de dos habitaciones: una de lugar de actuación de las conductas del niño y otra comunicada con ésta donde se disponían los observadores. Los participantes del experimento lo conformaban la madre y su hijo y una mujer desconocida.

A continuación se propone una descripción de las actuaciones llevadas a cabo en el estudio de la psicóloga:

  1. El observador lleva a la madre y al bebé a la sala.
  2. La madre permanece pasiva mientras el bebé explora. Si es necesario se le estimula con un juguete pasado un par de minutos.
  3. Entra la persona extraña, en el primer minuto habla con la madre y en el segundo se acerca al niño. Pasado tres minutos la madre sale de la habitación.
  4. Se da el primer episodio de separación
  5. Aquí se produce el primer episodio de reunión, donde la madre saluda y calma si es necesario al niño, tratando de que vuelva a jugar. Después vuelve a salir de la habitación diciendo adiós.
  6. Se produce así el segundo episodio de separación.
  7. Continuación de la separación, volviendo a entrar en la habitación la persona extraña.
  8. Por último, segundo episodio de reunión. Vuelve a entrar la madre mientras la extraña se va discretamente.

Durante los tres primeros episodios se miden las conductas exploratorias, la manipulación exploratoria, la exploración visual, la orientación visual, las sonrisas, las vocalizaciones y el llanto, entre otras.

A partir del cuarto episodio se mide la búsqueda de contacto, la evitación y la resistencia, y la interacción a distancia del niño con la persona extraña.

Cada episodio, menos el primero realizado en 30 segundos, dura 3 minutos aproximadamente aunque puede acortarse si el niño está demasiado angustiado debido a la separación, alargando así el período de reunión con la madre.

De este modo, con los resultados obtenidos del experimentador puede clasificar a los niños en diversos tipos de apego. No obstante, este experimento no es definitorio ya que otras teorías asocian las diferencias en el apego a la forma de educar en cada cultura.

Los diferentes tipos de apego que se encontraron a modo de ampliación son los siguientes que se mencionan:

Apego seguro

El niño muestra echar de menos a su madre, se alegra al volver a verla y se tranquiliza pero vuelve a sus juegos.

Los pequeños utilizan a su cuidadora como una base a partir de la cual empezar a explorar. La autora creía que estos niños mostraban un patrón de apego adecuado y saludable.

Apego inseguro-evitativo

El niño no está perturbado ni muestra desagrado ante la separación, además de ignorar y evitar a la madre en su regreso. Se mostraban independientes en la situación en la que aparecía el extraño, presentando conductas de exploración independientemente de la presencia o no de su madre.

La conducta de independencia de estos niños al principio fue considerada como algo positivo, pero después Ainsworth concluyó que se trataba de pequeños con problemas emocionales.

Apego inseguro-resistente

El niño muestra mucha angustia por la separación y busca el contacto tras su vuelta pero no consigue tranquilizarlo a pesar de estar con él, mostrando resistencia ante ella.

En esta línea, los niños se aferran a su figura de apego pero luego se resisten a que se les acerque. Ante la presencia del extraño muestran desagrado por no estar su cuidador y además no indican conductas exploratorias de la habitación de juegos.

Apego desorganizado

El niño muestra patrones de conductas contradictorias, confusión, rigidez, desorden en las secuencias temporales y aprensión. Estos niños muestran dificultades a la hora de regular sus emociones. Este tipo de apego se relaciona muchas veces con diversos tipos de abuso infantil.

Referencias

  1. Teoría del apego. Recuperado de wikipedia.org.
  2.  La teoría del apego de John Bowlby. Recuperado de bebeymas.com
  3. Moneta C, M.E. (2014). Apego y pérdida: redescubriendo a John Bowlby. Revista Chilena de Pediatría.
  4. Enesco, I. (2003). El desarrollo del bebé. Cognición, emoción y afectividad. Psicología y Educación. Alianza Editorial.
  5. Santrock, J.W. Psicología del desarrollo. El ciclo vital. Mc Graw Hill.
  6. Oliva Delgado, A. (2004). Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y Psicología del Niño y del Aadolescente.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here