Los 3 Tipos de Apego en Niños y Adultos

Los principales tipos de apego son seguro, ansioso/ambivalente y evitativo. Según la psicóloga Mary Ainsworth, el apego se define como “un lazo afectivo que una persona o animal forma entre él mismo y otro específico; un lazo que los une en el espacio y perdura en el tiempo”.

Este vínculo resulta de vital importancia para el posterior desarrollo de una personalidad sana y cumple diversos objetivos importantes.

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La teoría del apego es el resultado del trabajo conjunto de John Bowlby, quien formuló los principios básicos y Mary Ainsworth, quien hizo posible comprobar la teoría con su metodología innovadora y la expandió. Bowlby resumió la teoría del apego en tres premisas:

  1. Cuando un individuo está seguro de que una figura de apego va a estar disponible cuando lo desee, esta persona será mucho menos propensa a tener miedo crónico o intenso que un individuo que, por algún motivo, no tenga esta seguridad.
  2. La segunda premisa es relativa al período en el que esta seguridad se desarrolla. Postula que la seguridad acerca de la disponibilidad de las figuras de apego, o la falta de ésta, se construye lentamente durante los años de inmadurez y que estas expectativas tienden a persistir de forma relativamente estable durante el resto de la vida.
  3. La tercera premisa tiene que ver con el papel de la experiencia. Afirma que las expectativas acerca de la accesibilidad y receptividad de las figuras de apego que los individuos desarrollan son reflejos precisos de las experiencias que éstos han tenido.

Tipos de apego la infancia

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Basándose en sus observaciones, Ainsworth, Blehar, Waters and Wall delinearon tres tipos de apego que a continuación explicaremos con más detalle: seguro, ansioso/ambivalente y evitativo.

Antes de nada, hay que señalar que Mary Ainsworth desarrolló un procedimiento experimental para observar la variedad de formas de apego que exhibían niños y sus madres, la “situación del extraño”. Este experimento tenía lugar en una habitación pequeña con un cristal a través del cual los investigadores podían observar sin que el niño los viera.

En esta situación, la madre y el niño entran en una habitación de juegos que no resulta familiar para el niño, y algo después una persona desconocida entra en la habitación. El extraño se acerca al niño e intenta jugar con él, y luego la madre abandona la habitación.

Al poco, la madre vuelve y se va de nuevo, esta vez llevándose consigo a la persona desconocida, dejando al niño completamente solo. Finalmente, la madre y el extraño vuelven a la habitación. Esta situación es útil para observar la protesta por parte del niño a la hora de separarse de la madre, el deseo de exploración, la ansiedad ante la persona desconocida y cómo se comporta cuando se reúne con la madre.

Ainsworth encontró que los niños exploraron y jugaron más cuando estaba la madre presente, y que esta conducta disminuyó cuando el extraño entraba en la habitación, sobre todo cuando la madre la abandonaba.

La situación del extraño y las observaciones que Ainsworth hizo en las casas de los niños que participaron en sus investigaciones le permitieron describir y explicar los distintos tipos de apego:

Niños de apego seguro 

Estos niños conformaron la mayoría de los que estudió Ainsworth. Los niños de apego seguro se sienten seguros de que su madre estará disponible para cubrir sus necesidades y la utilizan como una base segura para explorar lo que les rodea. La buscan cuando están disgustados.

En la situación del extraño, un niño con apego seguro explora y juega más que los otros niños y cuando la madre se va, su conducta exploratoria disminuye. La vuelta de la madre a la habitación les hace claramente felices y se acercan a ella buscando contacto físico durante unos momentos antes de seguir explorando.

En los hogares, las madres de estos niños con apego seguro eran muy sensibles y responsivas a las llamadas de sus hijos, estando disponibles siempre que éstos las necesitaban. Según Bowlby, un individuo que ha experimentado un apego seguro desde el principio de su vida “probablemente posea un modelo de representación de su figura de apego como alguien disponible, responsivo y atento”.

Niños de apego ansioso o ambivalente 

Estos niños adoptan un estilo conductual ambivalente hacia la figura de apego y no consiguen desarrollar sentimientos de seguridad hacia él o ella, como resultado de un nivel inconsistente de respuesta a sus necesidades.

En la situación del extraño, parecen tan preocupados por la localización de su madre que apenas exploran la habitación. Sufren mucho cuando la madre se va y, cuando vuelve, exhiben una conducta ambivalente, fluctuando entre la irritación y la resistencia al contacto y conductas de acercamiento.

En sus casas, las madres de los niños de apego ansioso o ambivalente se comportaban de forma inconsistente, siendo sensibles y cariñosas con sus hijos en algunos casos pero frías e insensibles en otros.

Estos patrones de comportamiento hacen que los niños se sientan inseguros acerca de su sus madres están realmente disponibles cuando lo necesiten o no. Estos niños constituyen alrededor del 10% de la población de los estudios realizados en Estados Unidos.

Niños de apego evitativo 

Estos niños no se orientan hacia su figura de apego cuando investigan el entorno. Son muy independientes respecto a la figura de apego, tanto física como emocionalmente. No buscan el contacto con ella cuando están disgustados. Estos son los niños que exhiben una conducta más independiente en la situación del extraño.

Desde el primer momento, empiezan a explorar y a examinar los juguetes de la habitación, pero no utilizan a su madre como una base segura: más bien la ignoran. Cuando la madre abandona la habitación, estos niños no parecen afectados y no buscan proximidad física ni contacto cuando ella vuelve. Incluso a veces puedan llegar a rechazar a su madre si intenta acercarse.

El comportamiento independiente de los niños con apego evitativo en la situación del extraño podría ser interpretado como algo saludable, pero en realidad estos niños tienen muchos problemas emocionales.

Las madres de estos niños son relativamente insensibles a las peticiones y necesidades de éstos. Los niños parecen muy inseguros y en algunos casos muy preocupados acerca de la proximidad de su madre, llorando intensamente cuando la madre se va.

La interpretación global de Ainsworth afirma que, cuando estos niños entran en la situación del extraño, entienden que no tienen el apoyo de sus madres y reaccionen de una forma defensiva actuando indiferentemente. Como han recibido muchos rechazos en el pasado, intentan negar que necesitan a sus madres para hacer frente a sus frustraciones. Estos niños constituyeron el 20% de la muestra estudiada en Estados Unidos.

Otro tipo de apego más

Más tarde, después de realizar diversos estudios y observaciones, se añadió otro tipo de apego, el desorganizado.

Los niños exhiben una mezcla confusa de comportamientos y pueden parecer desorientados. Es posible que se resistan o directamente eviten a sus padres.

Algunos investigadores creen que el hecho de que no haya un patrón de apego claro está vinculado a un trato inconsistente por parte de los cuidadores principales. En estos casos, los padres seguramente hayan servido como fuente de confort y, a la vez, como fuente de temor, dando lugar a una conducta desorganizada.

Consecuencias de los tipos de apego en las relaciones adultas

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El tipo de apego que se crea entre el niño y su cuidador primario no solo es relevante durante la infancia; también tiene importantes consecuencias cuando el niño alcanza la adolescencia y la edad adulta.

El tipo de apego afecta a la forma en que los individuos se perciben a sí mismos y al resto de personas, determina en gran medida sus relaciones y está asociado a múltiples trastornos.

  • En general, los individuos con apego seguro son más cálidos, estables y tienden a tener relaciones más satisfactorias. Suelen tener una visión coherente de sí mismos, creen que merecen recibir amor y no tienen problemas para confiar en otras personas.
  • Los individuos con apego ansioso/ambivalente se sienten más inseguros a la hora de relacionarse, pero, a la vez, tienen deseos de intimidad.
  • Finalmente, los individuos con apego evitativo también son inseguros para las relaciones, pero suelen evitarlas y son desapegados respecto al resto de personas.

Después de lo que hemos explicado anteriormente, parece obvio que el tipo de apego que cada persona desarrolle en su infancia influirá en sus relaciones, tanto amistosas como románticas, como adulto.

Más específicamente, en cuanto a las relaciones románticas, el estudio de Hazan y Shaver (1987) fue el primero en explorar la posibilidad de que las características específicas de las relaciones entre los padres y los niños determinen el tipo de relación amorosa que se tiene en la edad adulta.

Comprobaron esta teoría con 620 sujetos, utilizando un “test de amor” en un periódico, y encontraron diferencias significativas dependiendo del tipo de apego. El 56% de los sujetos se clasificaron a sí mismos como personas de apego seguro, el 25% se clasificó como de apego evitativo y el 19% restante como ansioso/ambivalente.

Estos porcentajes son similares a los que se encontraron en otros estudios americanos relacionados con el apego entre la madre y el niño. Los sujetos, dependiendo del tipo de apego en el que se habían clasificado, diferían en la forma en que describían la relación más importante que habían tenido.

Las personas de apego seguro la describieron como especialmente felices, amistosas y llenas de confianza, y sus relaciones duraron más que las de personas con otros tipos de apego.

Las personas con apego evitativo se caracterizaron por un miedo a la intimidad, altibajos emocionales y celos. No produjeron precisamente la media más alta en la dimensión que medía lo positiva que había sido la experiencia amorosa.

Por último, las personas de apego ansioso o ambivalente experimentaron el amor como una obsesión envolvente, un deseo de reciprocidad y unión, altibajos emocionales y una atracción sexual y celos extremos.

Un estudio posterior a este encontró resultados similares. En general, los resultados proporcionan apoyo para esta teoría.

La transmisión intergeneracional de los tipos de apego

Ha sido constatado en diversas investigaciones que los padres de apego seguro suelen tener hijos con apego seguro, los padres de apego ansioso tienen hijos con apego ansioso o ambivalente y los padres con apego evitativo tienen altas probabilidades de tener hijos con apego evitativo.

Estos datos ponen de relieve la transmisión entre generaciones del tipo de apego, que en algunos casos se ha detectado a lo largo de tres generaciones. Esta transmisión parece más clara en el caso de las madres que en el de los padres, probablemente porque los padres suelen pasar menos tiempo interactuando con los hijos y no suelen representar la figura principal de apego.

Aunque los modelos de representación del tipo de apego suelen ser bastante estables, algunos acontecimientos pueden provocar su cambio. Estos modelos representan a uno mismo, a los demás y a las relaciones interpersonales.

Se construyen a partir de las interacciones de vinculación con el cuidador o los cuidadores primarios y las emociones que siente el niño a partir de esas interacciones. Las interacciones y las emociones asociadas se interiorizan mentalmente y crean expectativas para las interacciones siguientes.

El hecho de que la transmisión generacional sea bastante frecuente no debe hacernos pensar que es inevitable. Por ejemplo, el establecimiento de una relación de pareja satisfactoria, o la experiencia de la maternidad, podrían llevar a una reelaboración de este modelo.

De esta forma, es posible que, si una persona ha sido rechazada por sus padres durante su infancia, no trate a sus hijos de la misma forma para que puedan llegar a ser personas con un sentido de identidad completo y una autoestima alta.

Referencias

  1. Bowlby J. (1973): Attachment and loss: vol 2. Separation: anxiety and anger. Basic Books, New York.
  2. Bowlby J. (1980): Attachment and loss: vol 3. Loss: sadness and depression. Basic Books, New York.
  3. Bretherton, I. (1992). The origins of attachment theory: John Bowlby and Mary Ainsworth. Developmental Psychology, 28, 759-775.
  4. Hazan, C., & Shaver, P. R. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52, 511-524.
  5. Oliva, A. (2004). Estado actual de la Teoría del Apego. Revista de Psiquiatría y Psicología del Niño y del Adolescente, 4(1), 65-81.47.

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