Trastorno de Integración Sensorial: Síntomas, Causas y Tratamiento

El trastorno de integración sensorial, también conocido como trastorno de la regulación sensorial del procesamiento o trastorno del procesamiento sensorial, es un problema de origen neurológico que provoca dificultades en el procesamiento de la información proveniente de los distintos órganos sensoriales, el sistema vestibular (percibir el movimiento) y la propiocepción o conciencia del propio cuerpo.

Este trastorno puede darse tanto cuando el cerebro no detecta las señales sensoriales como cuando no responde bien a ellas (STAR Institute, 2016). El sistema nervioso maneja la información de forma irregular, dando lugar a ansiedad y confusión en el afectado.

Trastorno de la Integración Sensorial

Es un problema que se da entre el 5 y el 16% de los niños en edad escolar; y afecta a un sinfín de actividades de la vida diaria de las personas. Puede aparecer tanto en niños como en adultos, y es un diagnóstico que está aumentando; a pesar de no ser adecuadamente reconocido.

Hay muchas terapias para poder mejorarlo, sin embargo, esta condición no tiene cura.

Características de la integración sensorial

Se trata de procesos de organización neurológicos que tiene el objetivo de dar una respuesta adecuada a los estímulos que llegan a través de los sentidos y su procesamiento e interpretación posterior por los centros sensoriales del cerebro. Además, de responder al ambiente, los sentidos nos ayudan a sobrevivir, aprender y disfrutar.

anna jean ayres
Anna Jean Ayres

Para la integración sensorial, el cerebro debe reunir información aislada de cada órgano sensorial que se procesa en partes diferentes del sistema nervioso.

Sin embargo, las conexiones entre las áreas cerebrales, además de ciertas zonas que se encargan de la integración, van a hacer que percibamos de forma global; combinando de la mejor manera todos los datos (Koleva, Efe, Atasoy & Kostova, 2015).

La Teoría de la Integración Sensorial y su terapia fue desarrollada en 1960 por una psicóloga y neurocientífica estadounidense llamada Jean Ayres. 

¿Con qué patologías se asocia?

Puede aparecer conjuntamente con otros problemas neurológicos como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), autismo, dislexia, dispraxia del desarrollo, síndrome de Tourette o retrasos en el habla (Goldstein & Morewitz, 2011).

Tipos

Ha sido clasificado por Case-Smith (2005) y Miller et al. (2007) en 3 grupos diagnósticos:

Tipo 1: Trastorno de la modulación sensorial

Este conlleva que los afectados no respondan a la estimulación sensorial tengan una reacción por debajo de lo normal e incluso lleven a cabo comportamientos para intentar estimular sus sentidos. Es decir, su cerebro no puede clasificar o definir la información que viene de los sentidos en intensidad, duración, complejidad o novedad.

De esa forma, no son capaces de adaptar su comportamiento a las sensaciones existentes.

Los que la presentan suelen reaccionar con miedo y conductas negativas, se encuentran sumidos en sí mismos, siendo frecuentes las conductas de autoestimulación como el balanceo o golpearse sí mismo. Todo eso les da problemas a la hora de relacionarse con los demás.

Dentro de este tipo pueden existir varias subcategorías. Por ejemplo, hay niños que pueden tener un fallo en un componente de la modulación sensorial, como el registro sensorial. Problemas en esta fase de la percepción afectaría a la atención a los estímulos sensoriales, lo que ocasiona que fracasen a la hora de captar información que los individuos sanos ni perciben.

Otro tipo de alteración puede ser la inseguridad gravitacional, que consiste en una respuesta anormal de ansiedad o miedo al cambiar la posición de la cabeza. Este cambio involucra los sistemas sensoriales propioceptivos y vestibulares.

Tipo 2: Trastorno sensorial motor

Lo característico de este subtipo es que presentan movimientos desorganizados y torpeza motora, ya que no pueden procesar de forma normal la información sensorial.

Tipo 3: Discriminación sensorial

El problema en este caso está centrado en la diferenciación de la información que llega de los sentidos, que da lugar a dificultades como dispraxia o problemas en el control postural. Los niños que tienen este déficit suelen tener un rendimiento escolar bajo.

Causas

Las causas exactas no se conocen y aún se están estudiando. Las investigaciones realizadas hasta ahora insinúan que el trastorno de la integración sensorial tiene un importante componente hereditario.

De todas formas, también pueden influir complicaciones en el embarazo o en el parto, o factores del entorno; como haber recibido pocos cuidados o privación sensorial en su infancia.

También se asocia con esta condición el haber nacido con un peso más bajo de lo normal o antes de tiempo.

Todo esto se vincula con anormalidades en el funcionamiento cerebral. Unos científicos de la Universidad de California en San Francisco publicaron este estudio, que indica la existencia de alteraciones en la microestructura de la sustancia blanca del cerebro en niños con este problema.

Más concretamente, una reducción en la sustancia blanca de regiones como la parte posterior del cuerpo calloso, la cápsula interna y el centro semioval (llamada la sustancia blanca de esta zona “corona radiata”) y radiaciones talámicas posteriores (Owen et al., 2013).

Manifestaciones

Además, los individuos afectados varían en un amplio rango de disfunción en el procesamiento sensorial, que abarca distintos niveles de hiposensibilidad e hipersensibilidad a los estímulos.

El primero es que la información de los sentidos no llega a ser considerada, como si no la captara o la captara muy levemente (por ejemplo, puede tocar algo muy caliente sin quemarse); mientras que le segunda implica todo lo contrario: incluso el leve contacto con la ropa, por ejemplo, puede percibirse con pavor.

También el trastorno de la integración sensorial puede variar en los sentidos afectados, presentando algunas dificultades en una sola modalidad sensorial, otros en varias e incluso otros en todas (Goldstein & Morewitz, 2011).

Otros en cambio, son unos auténticos buscadores de emociones siempre al tanto de cómo estimular sus sentidos y les encantan captar información intensa, pero de forma patológica. Hay que tener cautela con esto porque suele diagnosticarse de forma incorrecta como TDAH (STAR Institute, 2016).

En los adultos se manifiesta como problemas para seguir una rutina o mantener un trabajo, además de dificultades para las relaciones sociales y el ocio; aunque también puede darse depresión y aislamiento.

Vamos a presentar, a continuación, algunos signos de este trastorno como ejemplo:

– Sentirse molesto por un contacto táctil inesperado, por muy leve que sea. Sobre todo, si es tocado en ciertas partes del cuerpo o abrazado.

– Molestias al colocarse ciertas prendas, telas, roce con etiquetas… o accesorios que son ajustados a la piel.

– Desagrado especial por mancharse, o, al contrario, rechazar las actividades de aseo personal. Más bien, suelen manifestar una fuerte evitación hacia cierto contacto como el agua, el cepillo de dientes o algo que manche su piel como comida o pintura.

– Gran actividad, o bien, puede ser extremadamente sedentario.

– Hipersensibilidad a los sonidos, ya sea por su frecuencia o volumen. O incomodidad al encontrarse en ambientes ruidosos o escuchar voces desconocidas o en otro idioma.

– Umbral del dolor exageradamente bajo o alto.

– Gran incomodidad al captar olores intensos o comida muy condimentada.

– En cuanto a la visión, se frota los ojos o parpadea asiduamente, tarda más en aprender a leer, les molesta mirar objetos en movimiento o brillantes, evitan patrones visuales o luces, tienen problemas para discriminar entre colores, formas o tamaños, etc.

– Retraso en la motricidad fina, que es la que permite colorear, escribir o abrochar un botón.

– Déficits en la motricidad gruesa, la que influye en caminar, subir escaleras o correr.

– Movimientos torpes y caóticos.

– Tono muscular demasiado alto o bajo.

– Problemas orales como babeo frecuente o naúseas, hipersensibilidad en la boca, retraso del habla, pánico a probar comidas nuevas, etc.

– Dificultades en las relaciones con los demás, siendo aislados.

– Molestias relacionadas con el sistema vestibular como ser movidos por otra persona, montarse en un ascensor o un medio de transporte, actividades que requieren cambiar la posición de la cabeza, ponerse cabeza-abajo, saltar, montarse en un balancín, etc.

Diagnóstico

Existen muchas dificultades en la actualidad para diagnosticar esta condición, ya que muchos de los profesionales de la salud no saben reconocer los déficits sensoriales de este tipo y se adelantan a clasificarlo como otro trastorno diferente que puede presentar síntomas parecidos.

Por eso, existen otros expertos que están promulgando esta condición y exigiendo que se reconozca y se investigue más profundamente.

Una de las formas de diagnosticar el trastorno de la integración sensorial es completando listas de conductas como la Sensory Checklist de Biel & Peske (2005) o la Sensory Processing Disorder Checklist de Winnie Dunn (2014), en las que aparece una lista de comportamientos y se debe responder a ellos si es algo que ocurre con frecuencia o no o si es algo que la persona evita, busca, ambas cosas, o es neutro.

Tratamiento

El tratamiento depende de las características que presente el niño, pero no tiene una cura, sino que consiste en mejorar la vida del afectado lo máximo posible dentro de su problema, pudiendo obtenerse muy buenos resultados si se trata adecuadamente.

Terapia de integración sensorial

Puede ser útil para muchos de los afectados y consiste, básicamente, en exponer de forma estructurada y repetitiva a diferentes estímulos sensoriales. Puede hacerse como un juego y su objetivo consiste en que, a través de la plasticidad cerebral, los mecanismos vayan cambiando e integrando poco a poco más cantidad de información.

Hacerle sentir mejor

Lo más habitual es paliar su incomodidad con distintas técnicas. Una vez detectadas las cosas que son desagradables para la persona, se intentan evitar estas situaciones, disminuirlas, o bien procurar afrontarlas de manera paulatina.

Por ejemplo, puede que un niño con este problema deteste cierta prenda de ropa o tipo de tela, por lo tanto, podría dejar de usarse esa prenda.

Otro ejemplo sería el de un niño que no soporta cepillarse los dientes debido a la hipersensibilidad de sus encías. Algo que puede hacerse contra esto es ir acostumbrando al niño a utilizar el cepillo de dientes, usando primero un dedal de goma o una toallita. En las farmacias existen varios productos que pueden ser útiles para masajear las encías o boca.

Modelo DIR

Por sus siglas en inglés (Developmental, Individual difference, Relationship-based model, de Stanley Greenspan y Serena Wieder) es un programa de intervención para niños con trastornos de la integración sensorial, necesidades especiales o cualquier tipo de autismo.

Se centra en el Desarrollo o construcción de las capacidades para que el niño aprenda a desenvolverse adecuadamente en la vida: cómo prestar atención, cómo relacionarse con los demás, cómo comunicar lo que necesita y alcanzar metas académicas.

“I”se refiere a las diferencias individuales, defendiendo que hay que conocer la forma de percibir las cosas, que es diferente en cada niño (búsqueda de sensaciones, hipersensbilidad o hiposensibilidad…)

Mientras que R habla de los vínculos de aprendizaje con los otros, que se ajustan a sus diferencias individuales para que puedan lograrlo.

En esta técnica se utilizan las emociones e intereses del pequeño para que se originen interacciones de aprendizaje que pongan en marcha las diferentes partes cerebrales para que trabajen conjuntamente. También establece retos a alcanzar poco a poco más complicados para los niños, como cambios ambientales.

Normalmente incluye ejercicios para el entrenamiento en la resolución de problemas.

Para lograr los objetivos, a menudo se necesita el trabajo conjunto de varios profesionales, combinando terapia para el lenguaje o para alimentarse, terapia ocupacional, rehabilitación neuropsicológica, programas educativos e incluso intervenciones biomédicas.

Referencias

  1. About SPD. (s.f.). Recuperado el 20 de julio de 2016, de STAR Institute for Sensory Processing Disorder
  2. Dunn, W. (s.f.). Sensory Processing Disorder Checklist. Recuperado el 20 de julio de 2016, de SPD parent zone
  3. Goldstein, M.L., Morewitz, S. (2011). Sensory Integration Dysfunction. En Chronic Disorders in Children and Adolescents. (pp. 125-130). New York: Springer Science & Business Media.
  4. Koleva I., Efe R., Atasoy E. & Kostova Z.B. (2015). Education in the 21st century, theory and practice, St. Kliment Ohridski University Press.
  5. Owen, J. P., Marco, E. J., Desai, S., Fourie, E., Harris, J., Hill, S. S., & … Mukherjee, P. (2013). Abnormal white matter microstructure in children with sensory processing disorders. Neuroimage: Clinical, 2844-853.
  6. Peske, B. &. (2005). Sensory Checklist. Obtenido de Sensory Smarts
  7. What is Sensory Processing? (s.f.). Recuperado el 20 de julio de 2016, de Sensory Smarts
  8. Wieder, G. &. (s.f.). ¿En qué consiste el Modelo DIR®/Floortime™? Recuperado el 20 de julio de 2016, de Stanley Greenspan

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