Trastornos Alimenticios en Niños y Adolescentes

Los trastornos alimenticios más frecuentes en niños y adolescentes son la anorexia, bulimia, trastorno por atracón, pica, ingesta selectiva y rumiación.

Aunque la alimentación es una función básica del ser humano, desde el momento de nacer, las personas elegimos cómo y cuándo ingerir alimentos, por lo que se convierte en un modo de comunicación, sociabilización, etc.

trastornos alimenticios en niños y adolescentes

Trastornos alimenticios más frecuentes en niños y adolescentes

Anorexia nerviosa

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Tanto la anorexia nerviosa como la bulimia nerviosa son trastornos de la alimentación que se han ido presentando en edades cada vez menores.

Actualmente, se está produciendo un gran interés en este tipo de trastornos, puesto que, además de la gravedad de la enfermedad en sí, ésta llega a cronificarse en un 25% de los casos, culminando en muerte en una de cada 10 pacientes.

Además, durante el transcurso del trastorno, tanto la calidad de vida del menor afectado como la de sus familiares se ve muy deteriorada.

Desde los 7-8 años, ya comienzan los primeros indicios de preocupación corporal, realizando algunas conductas de dieta entre los 8-11 años.

Aproximadamente un 1% de la población infanto-juvenil presenta anorexia nerviosa. Al igual que sucede en la población adulta, se presenta más frecuentemente entre chicas.

Estas niñas aprenden a concederle importancia al físico a través de la influencia de los medios de comunicación, sus progenitores y compañeros de clase.

Las burlas y críticas por tener sobrepeso son un factor fundamental para que las chicas comiencen a realizar conductas desadaptativas en relación a la comida.

El inicio del trastorno suele comenzar con la restricción alimentaria, que se produce por el miedo a engordar y se mantiene por la distorsión cognitiva que desarrollan.

Estos niños/as se prohíben ingerir alimentos altamente calóricos, lo cual combinan con ejercicio físico –en el subtipo restrictivo de anorexia nerviosa- y algunas conductas desadaptativas como usar laxantes y provocarse vómitos –cuando se trata de anorexia nerviosa de tipo purgativo-.

Poco a poco, se vuelven más exigentes con el peso al que pretendían llegar en un principio, de forma que cada vez ingieren menor cantidad de alimentos.

Un criterio necesario para diagnosticar anorexia nerviosa es que los niños pierdan un 15% de su peso corporal, o que no consigan llegar al peso esperado en función de su edad y altura.

Los daños orgánicos son graves y numerosos, entre los que se encuentran:

  • Se reducen las constantes vitales –hipotermia, hipotensión y bradicardia-.

  • Ojos hundidos.

  • Piel seca.

  • Amenorrea –o no aparición de la menstruación en niñas prepúberes- y sequedad vaginal en chicas.

  • Estreñimiento.

  • Bajos niveles de estrógenos –en chicas- o testosterona –en chicos-.

Con respecto a las características psicológicas, los padres suelen describir a las menores como altamente responsables, inteligentes y con gran preocupación por agradar a los demás.

Conforme avanza el trastorno, suelen volverse más retraídas, pasan menos tiempo con sus amigos y muestran cambios en su comportamiento –se vuelven más irascibles, ansiosas, impulsivas y disminuye su autoestima-.

Todo ello afecta negativamente a la relación que mantienen estas chicas con sus progenitores y hermanos.

Bulimia nerviosa

tipos de bulimia

En el caso de la bulimia nerviosa, los niños y adolescentes también pretenden perder peso mediante conductas inapropiadas.

Se estima que entre un 1-3% de las preadolescentes y adolescentes presentan este trastorno, cuya edad de inicio suele ser ligeramente superior a la que se presenta en la anorexia nerviosa.

En este trastorno, son típicos los episodios en los que se producen atracones –el niño o adolescente ingiere gran cantidad de comida, normalmente de contenido hipercalórico-.

El atracón se produce tras un periodo de tiempo en el que la chica/o ha intentado llevar a cabo una dieta restrictiva, la cual conlleva que sienta un gran deseo de comer y pierda el control durante la ingesta.

Después de presentar un atracón, los chicos se sienten culpables y pueden llevar conductas como ejercicio físico intenso, usar laxantes, autoprovocarse el vómito –en el caso de la bulimia nerviosa de tipo purgativo- o simplemente recurrir a nuevas dietas y practicar ejercicio –en el subtipo no purgativo de bulimia nerviosa-.

Una vez que el trastorno está instaurado, las niñas y adolescentes no llevan a cabo los atracones únicamente cuando tienen hambre, sino ante emociones intensas que no saben gestionar.

En este caso, a diferencia de la anorexia nerviosa, las chicas presentan un peso normativo o ligeramente superior al indicado en función de su edad y altura.

Algunos de los daños físicos que suelen sufrir las chicas con bulimia nerviosa son:

  • Hipertrofia de glándulas salivares.

  • Cara hinchada.

  • Arritmias.

  • Distensión abdominal.

  • Erosión del esmalte dental y caries.

  • Dolor epigástrico.

Como este trastorno se produce a una edad más elevada que la anorexia nerviosa y, en muchas ocasiones, las chicas ya han abandonado sus hogares de origen, existen menos estudios de características familiares.

Sin embargo, parece ser habitual en estas familias que se produzca un mayor número de conflictos, una elevada incidencia de trastornos afectivos, abuso de alcohol entre familiares, etc.

Pica

La pica es un trastorno en el que los niños ingieren de forma continuada sustancias no nutritivas, sin sentir aversión o asco.

Estas sustancias varían en función de la edad que presente el niño:

  • Los niños pequeños suelen ingerir pintura, cuerdas, yeso, etc.

  • En adolescentes, sin embargo, es más frecuente que coman excrementos de animales, hojas, arena o insectos.

La edad más frecuente para presentar pica suele ser entre 2-3 años, influyendo también el vivir en una zona con poca estimulación ambiental.

En niños con retraso parece ser más común, siendo más probable cuanto mayor es el nivel de retraso mental.

También parece que existe relación entre este trastorno y algunas características de los padres, como que presenten algún trastorno psicopatológico severo –a mayor nivel de psicopatología, mayor probabilidad del niño de desarrollar pica-.

A pesar de que este trastorno puede provocar problemas en el organismo (como infecciones u obstrucciones intestinales), suele tener un buen pronóstico, remitiendo en la mayoría de los casos de forma natural.

En otras ocasiones, se requiere que los padres asistan a un especialista para que le indiquen pautas sobre cómo corregir esta conducta desadaptativa.

Rumiación

La rumiación es otro de los trastornos alimenticios característicos de edades infantiles.

Los niños que lo presentan, regurgitan el alimento ingerido a la vez que llevan a cabo unos movimientos corporales específicos: arquean la espalda, echan la cabeza hacia atrás y, a veces, inician el episodio introduciéndose los dedos en la boca.

Esta conducta parece provocar placer en el niño y un gran malestar en los progenitores.

Las causas de este trastorno no se conocen con exactitud, puesto que existen varias hipótesis:

  • Atención insuficiente por parte de la madre, por lo que el niño busca otro tipo de estimulación.

  • También puede explicarse con las teorías del comportamiento, según la cual, la conducta se mantiene por la atención que la madre le presta cuando lleva a cabo esta conducta.

  • Por último, también se han encontrado teorías fisiológicas, que afirman que existen causas orgánicas que provocan el trastorno.

La rumiación se da en mayor medida en chicos que tienen algún tipo de retraso mental, al igual que sucede con la pica.

Aunque en la mayor parte de los casos se da una remisión espontánea a medida que aumenta la edad, en numerosas ocasiones se cronifica.

De hecho, se estima que la tasa de mortalidad puede llegar a un 25% de los casos, debido a la malnutrición, desgarro esofágico y otras causas orgánicas.

Ingesta selectiva

Se trata de un nuevo trastorno en el que el niño o la niña manifiesta un rechazo permanente a ingerir ciertos alimentos.

Aunque se han realizado pocos estudios hasta el momento, parece ser más frecuente entre la población masculina.

Este trastorno suele cronificarse, siendo pocos los casos en los que remite de forma espontánea con el paso de los años.

Debido a la falta de determinados nutrientes, el niño presentará una falta de energía que influirá de forma negativa en su rendimiento escolar.

Sin embargo, a diferencia de la anorexia y bulimia nerviosas, el menor no suele sufrir alteraciones en su estado anímico.

Con respecto al trastorno de la ingesta selectiva (o comedores selectivos), aún no se ha descrito un perfil que recoja las características psicológicas más importantes.

No obstante, parece que algunos de ellos pueden presentar ansiedad, algunos rasgos obsesivo-compulsivos, evitación social o dificultad para adaptarse a los cambios de su alrededor.

Estos rasgos se irán perpetuando en el menor, formando parte de su futura personalidad.

Y tú, ¿qué otros trastornos alimenticios de edades infanto-juvenil conoces?

Referencias

1. De Gracia, M., Marcó, M., & Trujano, P. (2007). Factores asociados a la conducta alimentaria en preadolescentes. Psicothema, 19
(4), 646-653.

2. Del Carmen Guirado, M., & Arnal, R. B. (2003). Detección de conductas alimentarias de riesgo en niños de 11 a 14 años. Psicothema, 15(4), 556-562.

3. Osorio, E., Weisstaub, N., & Castillo, D. (2002). Desarrollo de la conducta alimentaria en la infancia y sus alteraciones. Revista chilena de nutrición,29(3), 280-285.

4. Rodríguez S., J. (2009). Psicopatología Infantil Básica.

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