Unificación alemana: causas, características, etapas y consecuencias

La unificación alemana fue un proceso histórico acaecido durante la segunda mitad del siglo XIX y que concluyó con la creación del Imperio Alemán en enero de 1871. Antes de la unificación, existían 39 diferentes Estados en ese territorio, destacando por su importancia el Imperio Austríaco y Prusia.

La idea de reunir bajo un mismo Estado a todos esos territorios cobró fuerza a principios de siglo. A esto contribuyeron varias causas, desde las ideológicas, con la aparición del romanticismo nacionalista alemán, a las económicas y estratégicas, como la disputa entre Austria y Prusia por hacerse con la supremacía en Europa Central.

Guillermo I – Fuente: Kabinett-Fotografie bajo la licencia CC BY-SA 3.0

La unificación se llevó a cabo mediante las armas. Fueron tres las guerras que ampliaron el territorio prusiano y desembocaron en la creación del Imperio. Austria y Francia fueron quienes salieron más perjudicados, ya que se vieron obligadas a ceder algunos territorios y, además, vieron reducido su poder político.

El resultado de la unificación fue la aparición de una nueva gran potencia. El Imperio intentó conseguir colonias en África, chocando con británicos y franceses. Junto con otras circunstancias, esto desembocó en la creación de varias alianzas internacionales que se mantuvieron hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Causas

Al acabar la Guerras napoleónicas, empieza a imponerse la idea de unificar todos los territorios que habían pertenecido al Sacro Imperio Germánico bajo un mismo Estado. El Congreso de Viena, celebrado en 1815, no había satisfecho las demandas nacionalistas que pretendían ese objetivo.

Antes de su unificación, Alemania estaba dividida en 39 diferentes Estados. Los más destacados, tanto política, como económica y militarmente, eran el Imperio austriacos y el Reino de Prusia.

Los dos protagonistas del proceso de unificación fueron el rey prusiano, Guillermo I, y su Canciller, Otto Von Bismarck. Ambos empezaron a maniobrar para lograr el objetivo de una Alemania unida y que se convirtiera en la gran potencia del centro del continente.

Otto Von Bismarck

Uno de los personajes más importantes de la historia europea durante la segunda mitad del siglo XVIII fue Otto Von Bismarck, apodado el Canciller de Hierro. No solo por su papel en la unificación alemana, sino por ser el artífice de la Paz armada, un sistema de alianzas que mantuvo un tenso equilibrio durante varias décadas.

Bismarck nació en 1815 y gobernó durante casi treinta años. De tendencia conservadora, el político fue, primero, ministro del rey de Prusia y, después, ministro del emperador de Alemania. Durante el proceso de unificación lideró las tres guerras que desembocaron en la conformación del Imperio Alemán.

El Canciller fue también el ideólogo de la reforma militar que pretendía Guillermo I. Para realizarla, estableció una auténtica dictadura, prescindiendo del parlamento entre los años 1862 y 1866. Con los impuestos fijado por el rey, Bismarck logró convertir a su país en una potencia capaz de enfrentarse con éxito a austriacos y franceses.

Romanticismo y nacionalismo

En el plano ideológico, la unificación alemana estuvo precedida por la aparición del romanticismo alemán, más concretamente aquel que entroncaba con el nacionalismo. Esta conjunción afirmaba que la legitimidad del Estado proviene de la homogeneidad de sus habitantes.

Este tipo de nacionalismo basaba la existencia de un Estado en aspectos como la lengua, la cultura, la religión y las costumbres de sus habitantes. Esta corriente ideológica tuvo un importante reflejo en la cultura, desde la música hasta la filosofía, pasando por la literatura.

En Prusia, este sentimiento nacionalista se había fortalecido durante la guerra contra las tropas de Napoleón. Apareció así el concepto “volkssturm”, que significaba «la condición de ser una nación» en el sentido de ser un pueblo.

Entre 1815 y 1948, este nacionalismo romántico tuvo un carácter liberal, con fuertes raíces intelectuales. Destacaron filósofos como Hegel y Fichte, poetas como Heine o narradores como los hermanos Grimm. Sin embargo, la fallida revolución de 1848 hizo que el proyecto liberal fracasara.

A partir de 1848, los grupos nacionalistas iniciaron campañas políticas para alentar a la unificación de Alemania en un solo Estado. Bismarck y Guillermo I compartían ese deseo, pero desde un punto de vista autoritario y no liberal.

Confederación Germánica

Las potencias vencedoras en la guerra contra Napoleón se reunieron en el Congreso de Viena, en 1815 para reorganizar el continente y sus fronteras. El acuerdo resultante contempló la creación de la Confederación Germánica, que agrupaba a 39 Estados alemanes que habían formado parte del Sacro Imperio Germánico.

Esta Confederación estaba bajo la presidencia de la Casa de Austria y no satisfizo al creciente nacionalismo alemán. La Dieta, una especie de Parlamento, estaba formada por delegados nombrados por los gobiernos de cada Estado, que seguían conservando su soberanía.

Al estallar la Revolución alemana de 1848, con gran repercusión popular, quedó claro que la unificación se produciría tarde o temprano. La duda radicaba en quién la lideraría, Prusia o Austria.

Esta rivalidad se podía contemplar en el mismo funcionamiento de la Confederación. Los acuerdos y la unidad de acción solo eran posible cuando Prusia y Austria estaban de acuerdo, lo que finalmente provocó la guerra de las Siete Semanas.

La victoria prusiana significó el final de la Confederación Germánica y su sustitución, en 1867, por la Confederación Alemana del Norte.

Unión Aduanera o Zollverein

El único ámbito en el que la mayoría de los Estados alemanes coincidían era en el económico. A propuesta de Prusia se creó en 1834 la Unión Aduanera. También conocida como Zollverein, se trataba de una zona de libre comercio en el norte alemán.

A partir de 1852, el Zollverein se amplió al resto de los Estados alemanes, con excepción de Austria. Este mercado permitió que la región se desarrollara industrialmente, así como el aumento de la influencia de la burguesía y el crecimiento de la clase obrera.

Fracaso de las revoluciones de 1830 y 1848

En el marco de las llamadas revoluciones burguesas se produjeron dos estallidos en Alemania: en 1830 y en 1840. Sin embargo, su fracaso acabó con la pretensión de llevar un sistema más democrático a la región, afianzándose el absolutismo.

Parte de ese fracaso se debió a la alianza que estableció la burguesía alemana con la aristocracia, ya que temían el triunfo de los movimientos obreros y demócratas.

Aun así, la influencia de los revolucionarios se dejó notar en el asunto de la posible unificación. Los liberales defendían la creación de un Estado federal, con un Emperador a la cabeza. Mientras, los demócratas apostaban por un Estado centralizado.

Además, había otras dos sensibilidades: los que preferían una Pequeña Alemania, sin Austria, y los que abogaban por una Gran Alemania, con Austria como parte integrante.

La rivalidad entre Prusia y Austria

Las diferencias entre Prusia y el Imperio austriaco se debían al intento de ambas potencias de controlar el proceso de unificación y, sobre todo, el poder una vez que se produjera.

Los prusianos, bajo el reinado de Guillermo I y con Bismarck como Primer Ministro, pretendían la creación de una Alemania unida bajo una hegemonía prusiana.

Fue el Canciller de Hierro quien afirmó que la unificación estaba justificada por una razón de Estado. Este motivo permitía, según Bismarck, utilizar cualquier medida para lograrla, sin importar el coste.

En su enfrentamiento con Austria, la táctica prusiana fue aislar a su rival mediante el apoyo de Francia. Al mismo tiempo, aisló a Rusia diplomáticamente para que no pudiera auxiliar a los austriacos.

Por otra parte, Prusia dedicó sus esfuerzos a superar militarmente a Austria, preparándose para cuando llegara la inevitable guerra. Por último, solo se trataba de esperar el pretexto para comenzar las hostilidades.

Características

La unificación alemana, como correspondía a la política del país, tuvo un carácter conservador y autoritario. Aparte de por la aristocracia y por la nobleza terrateniente, recibió el apoyo de la alta burguesía industrial.

El nuevo Estado se rigió bajo un sistema monárquico y federal, denominado II Reich. Su primer emperador fue Guillermo I. Con esto, quedó establecida la supremacía prusiana dentro del Imperio Alemán.

No democrática

La unificación alemana fue decidida por las élites prusianas, aunque contaran con apoyo de buena parte de la población. El pueblo no fue consultado y, en algunas zonas, fue obligado a cambiar su religión y su lengua de manera forzosa.

Conseguida con la guerra

La creación del Imperio Alemán no fue, en absoluto, un proceso pacífico. Para lograr unificar los Estados germanos se desarrollaron tres guerras. La paz no llegó hasta que la unificación se hizo efectivo.

Etapas

Como se ha señalado anteriormente, fueron necesarias tres guerras para que la unificación alemana se produjera. Cada una de ella marca una etapa diferente en el proceso.

Estos enfrentamientos bélicos sirvieron para que Prusia extendiera su territorio, especialmente a consta de Austria y Francia. El protagonista de estas guerras fue Otto Von Bismarck, quien diseñó la estrategia, política y militar, para que su país controlara el territorio unificado.

Guerra de los Ducados

El primer conflicto enfrentó a Austria y a Prusia contra Dinamarca: la Guerra de los Ducados. El motivo que originó el conflicto, desarrollado en 1864, fue la lucha por el control de dos ducados, Schleswig y Holstein.

Los antecedentes de esta guerra se remontan a 1863, cuando la Confederación Germánica presentó una protestas por el intento del rey de Dinamarca de anexionarse el ducado de Schleswig, entonces bajo control alemán.

Según un acuerdo firmado en 1852, Schleswig había quedado unido a Holstein, otro ducado que pertenecía a la Confederación Germánica. Bismarck convenció al monarca austriaco de defender dicho acuerdo y, el 16 de enero de 1864, lanzaron un ultimátum a Dinamarca para que desistiera de su propósito.

La guerra acabó con la victoria de Prusia y Austria. El ducado de Schleswig quedó bajo la administración prusiana, mientras que Holstein pasó a depender de Austria.

Bismarck, sin embargo, aprovechó el atractivo comercial de la Zollverein para imponer su influencia también en Holstein. Su justificación fue el derecho de autodeterminación de los pueblos, por el cual debía respetarse el deseo de los habitantes de unirse a Prusia.

Guerra austro-prusiana

El Canciller Bismarck continuó con su estrategia para establecer la supremacía prusiana sobre los austriacos. Así, logró que Napoleón III declarara su neutralidad ante un posible enfrentamiento y se alió con Víctor Manuel II.

Una ver logrado esto, declaró la guerra a Austria. Su intención era arrebatarle algunos territorios y, para ello, se había preparado impulsando enormemente su desarrollo industrial y militar.

En unas pocas semanas, las tropas prusianas derrotaron a sus enemigos. La batalla final se desarrolló en 1866, en Sadowa. Tras la victoria, Prusia y Austria firmaron la Paz de Praga, que permitió la ampliación territorial prusiana.

Por otra parte, Austria renunció de manera definitiva a formar parte de una futura Alemania unificada y aceptó la disolución de la Confederación Germánica.

Guerra franco-prusiana

La última etapa de la unificación, y la última guerra, enfrentó a Prusia con uno de sus tradicionales enemigos: Francia.

La razón del conflicto fue la petición de la nobleza española para que el príncipe Leopoldo de Hohenzollern, primo del rey de Prusia, aceptara la corona de España, vacante en esos momentos. Francia, temerosa de quedar entre dos países dominados por la nobleza prusiana, se opuso a esta posibilidad.

Poco después, Napoleón III declaró la guerra a Prusia, afirmando que Guillermo I había despreciado al embajador francés al negarse a recibirlo en su palacio.

Los prusianos, adelantándose a los acontecimientos, ya habían movilizado a 500.000 hombres y derrotaron a los franceses de manera aplastante en varias batallas. El propio Napoleón III había sido tomado prisionero durante la guerra.

El Tratado entre ambos rivales se firmó en Sedán, el 2 de septiembre de 1870. La derrota provocó una gran insurrección en París, donde se declaró la III República francesa.

El nuevo gobierno republicano intentó continuar la lucha contra los prusianos, pero estos avanzaron imparables hasta ocupar París. Francia no tuvo más remedio que firmar un nuevo Tratado, esta vez en Frankfurt. Este acuerdo, refrendado en mayo de 1871, estableció la cesión a Prusia de Alsacia y Lorena.

Consecuencias

Con la anexión de Alsacia y Lorena, Prusia, denominada en adelante Alemania, culminó la unificación. El siguiente paso fue la fundación del Imperio alemán el 18 de enero de 1871.

El monarca prusiano, Guillermo I, fue nombrado Emperador en la Sala de los Espejos de Versalles, algo considerado como una humillación para Francia. Bismarck, por su parte, ocupó el cargo de Canciller.

El recién creado Imperio tomó la forma de una confederación, dotado de una Constitución. Contaba con dos cámaras de gobierno, el Bundesrat, conformado por representantes de todos los Estados, y el Reichstag, elegido por sufragio universal.

Nacimiento de una gran potencia

Alemania vivió una época de crecimiento económico y demográfico que la convirtió en una de las principales potencias europeas.

Esto hizo que empezara a participar en la carrera por colonizar territorios africanos y asiáticos, en competencia con el Reino Unido. Las tensiones provocada por este hecho fue una de las causas de la Primera Guerra Mundial.

Imposición cultural

En el interior del Imperio, el gobierno impulsó una campaña cultural para homogeneizar a los Estados que formaban parte de la nueva nación.

Entre los efectos de esta unificación cultural destacaron la eliminación de algunas lenguas no germanas de la educación y de la vida pública, así como la obligación a la población no alemana de abandonar sus propias costumbres o, en caso contrario, de abandonar el territorio.

Formación de la Triple Alianza

Bismarck comenzó una labor diplomática para fortalecer la posición de su país frente al resto de las potencias europeas. Para ello, fomentó la creación de alianzas internacionales que contrarrestaran el peligro de nuevas guerras en el continente.

De esta forma, negoció con Austria e Italia la formación de una coalición, denominada Triple Alianza. En un principio, el acuerdo entre estos países era prestarse apoyo militar en el caso de un conflicto con Francia. Después, cuando los franceses firmaron sus propias alianzas, esto se amplió a Gran Bretaña y Rusia.

Aparte de esto, el Canciller impulsó el gasto militar para reforzar aún más su ejercito. Este periodo, conocido como la Paz Armada, desembocó años después en la Primera Guerra Mundial.

Referencias

  1. Escuelapedia. La Unificación de Alemania. Obtenido de escuelapedia.com
  2. Mundo Antiguo. Unificación alemana. Obtenido de mundoantiguo.net
  3. Historia Universal. Unificación Alemana. Obtenido de mihistoriauniversal.com
  4. University of York. Prussia and the Unification of Germany, 1815-1918. Obtenido de york.ac.uk
  5. History.com Editors. Otto von Bismarck. Obtenido de history.com
  6. Kenneth Barkin, Gerald Strauss. Germany. Obtenido de britannica.com
  7. German Bundestag. The German unification and freedom movement (1800 – 1848). Obtenido de bundestag.de
  8. German Culture. Bismarck and the Unification of Germany. Obtenido de germanculture.com.ua

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