Ventrículos Cerebrales: Anatomía, Funciones y Enfermedades

Los ventrículos cerebrales son una serie de cavidades que están interconectadas entre sí en el interior del encéfalo. Estas cavidades están llenas de líquido cefalorraquídeo y su principal función es la protección del cerebro.

El conjunto de ventrículos cerebrales se denomina sistema ventricular y se encuentra localizado en el parénquima cerebral. Este es el tejido funcional del cerebro que controla la cognición. El resto de tejido cerebral es el que sirve de soporte.

ventriculos laterales del cerebro

Los ventrículos cerebrales se dividen en dos ventrículos laterales, el tercer ventrículo y el cuarto ventrículo. Estos se conectan entre sí por pequeños orificios.

Dentro de los ventrículos se encuentran los plexos coroideos que son los que producen el líquido cefalorraquídeo, que rodea el cerebro, la médula espinal y llena el sistema ventricular. Este líquido sigue un ciclo constante de producción y reabsorción, nutriendo las estructuras cerebrales.

Los ventrículos cerebrales poseen alrededor de una 1/5 parte del volumen del líquido cefalorraquídeo adulto, es decir, entre 20 y 25 mililitros.

Anatomía

Ventrículos laterales

Son las cavidades más grandes del sistema ventricular y existe una en el interior de cada hemisferio, dividiéndose en ventrículo derecho y ventrículo izquierdo.

Los ventrículos laterales tienen forma de C. Cada uno de ellos se divide en una parte central, compuesta del cuerpo y el trígono o atrio, y tres extensiones laterales o “cuernos”.

La parte central está situada en el lóbulo parietal. Mientras que el techo está compuesto por el cuerpo calloso. En la zona inferolateral encontramos el tálamo dorsal y la cola del núcleo caudado, y en el suelo está la parte anterior del fórnix, el plexo coroideo, la superficie dorsolateral del tálamo, la estría terminal y parte del núcleo caudado.

Los ventrículos laterales se conectan con el tercer ventrículo a través de dos agujeros interventriculares, también denominados agujeros de Monro. Estos agujeros se sitúan entre el tálamo y la parte anterior del fórnix.

Los ventrículos laterales poseen cuernos que se proyectan en los lóbulos occipitales, frontales y temporales. El volumen de estos ventrículos aumenta con la edad.

Tercer ventrículo

El tercer ventrículo consiste en una ranura estrecha que encuentra en el diencéfalo del cerebro, entre el tálamo derecho y el izquierdo. Se conecta con el cuarto ventrículo a través del acueducto cerebral o también llamado acueducto de Silvio, que desciende a través del cerebro medio.

Su superficie anterior posee dos protuberancias:

– El receso supraóptico: que se encuentra sobre el quiasma óptico.

– El receso infundibular: que se localiza encima del tallo óptico.

Cuarto ventrículo

Este ventrículo es el más inferior del sistema ventricular. Se encuentra en el tronco del encéfalo, en la zona donde se unen el puente de Varolio y la médula oblonga. Su piso está constituido por una parte del romboencéfalo, llamada fosa romboidal.

El cuarto ventrículo se localiza debajo del cerebro medio, posterior a la protuberancia, delante del cerebelo y sobre el bulbo raquídeo. Se comunica con dos canales diferentes:

– Canal espinal central, que permite al líquido cefalorraquídeo llegar a la médula espinal.

– Cisternas subaracnoideas, que permite que el líquido cefalorraquídeo llegue a las meninges cerebrales a un lugar llamado espacio subaracnoideo. El espacio subaracnoideo cubre todo el encéfalo permitiendo que este líquido rodee toda la estructura.

En las cisternas subaracnoideas el líquido cefalorraquídeo se vuelve a reabsorber.

El cuarto ventrículo se comunica con espacio subaracnoideo a través del foramen lateral de Luschka y mediante el agujero mediano de Magendie, que se encuentra en el techo del ventrículo.

Funciones

Los ventrículos cerebrales están llenos de líquido cefalorraquídeo. Este líquido se forma, en gran parte, en los plexos coroideos, que son estructuras vasculares muy pequeñas, que filtran el plasma sanguíneo para crearlo. Este ejerce importantes funciones en nuestro sistema nervioso central, por eso hay tantos espacios en el cerebro que lo contienen.

Además, el líquido cefalorraquídeo da flotabilidad al cerebro, esto contribuye a reducir el peso de éste. Así, se disminuye la presión en la base del cerebro que existiría si éste no estuviera rodeado del líquido.

La flotabilidad permite disminuir el peso de unos 1400 gramos hasta unos 50 gramos. Las principales funciones de los ventrículos cerebrales son:

– Permitir que el líquido cefalorraquídeo circule por las estructuras del sistema nervioso central, con ellos se consigue mantener una adecuada homeostasis interna, permitiendo la circulación de sustancias importantes para regular las funciones de nuestro cuerpo.

También permite defendernos de agentes externos que pueden ser peligrosos para el cerebro, es decir, aporta una protección inmunológica. Asimismo, mantiene a las estructuras nerviosas nutridas, eliminando sus desechos.

– Mantiene una presión intracraneal adecuada. Gracias a los ventrículos craneales se puede compensar los cambios de volumen sanguíneo dentro del cerebro para que no aumente ni disminuya la presión intracraneal.

– Actúa como amortiguador al estar llenos de líquido, así evitan daños cerebrales debidos a golpes u otras lesiones en el cráneo.

En definitiva, los ventrículos cerebrales sirven para que el líquido cefalorraquídeo llegue a las estructuras más internas de nuestro cerebro, aumentando la protección de éste frente a los traumas y manteniendo los tejidos nutridos, libres de desechos y de sustancias amenazadoras.

Desarrollo de los ventrículos cerebrales

Los cuatro ventrículos del cerebro se desarrollan en la etapa embrionaria durante el primer trimestre del embarazo. Surgen a partir del canal central del tubo neural.

Al final del primer mes de gestación, aproximadamente, se forman las tres vesículas cerebrales. Estas son el prosencéfalo, el mesencéfalo y el romboencéfalo.

El tubo neural se dilata dentro del prosencéfalo, de forma que el espacio existente dentro de ese tubo se ensancha formado los ventrículos laterales y el tercer ventrículo.

La cavidad del mesencéfalo da lugar al acueducto cerebral, mientras que el cuarto ventrículo se forma con la dilatación del tubo neural en el romboencéfalo. 

Enfermedades relacionadas con los ventrículos cerebrales

Varias enfermedades pueden afectar a los ventrículos cerebrales. Las más comunes son: la hidrocefalia, la meningitis y la ventriculitis.

Es muy importante que la producción del líquido cefalorraquídeo se equilibre con su reabsorción para que no se acumule más de la cuenta. Muchas de las patologías que afectan a los ventrículos cerebrales se debe a una obstrucción de éstos.

También su agrandamiento o disminución puede ser señal de distintas patologías. A continuación, se describen las anomalías más frecuentes del sistema ventricular:

Hidrocefalia

La hidrocefalia es la acumulación de líquido cefalorraquídeo en los ventrículos cerebrales al no absorberse éste como debería. Si no se trata, provoca presión intracraneal elevada y atrofia cerebral.

En los escáneres cerebrales se observan los ventrículos muy dilatados. Hay dos tipos de hidrocefalia según sus causas:

– Hidrocefalia comunicante: ocurre cuando el líquido se acumula sin que existan obstrucciones en la circulación. Suele deberse al deterioro de las granulaciones aracnoideas que reabsorben el líquido cefalorraquídeo.

– Hidrocefalia no comunicante u obstructiva: se debe a una obstrucción dentro del sistema ventricular. Normalmente suelen encontrarse en el acueducto cerebral, el que une el tercer y cuarto ventrículos.

Los síntomas de la hidrocefalia son: dolores de cabeza, somnolencia, pérdida de coordinación, visión borrosa, convulsiones, náuseas, además de cambios cognitivos como problemas para mantener la atención o retraso psicomotor.

Si este proceso se produce antes de que se hayan fusionado las fontanelas, es decir, antes de unirse las distintas regiones del cráneo, se puede observar macrocefalia. En ésta, el tamaño del cráneo crece anormalmente.

Mientras que, si las fontanelas se han fusionado, es más probable que se comprima y se lesionen los tejidos adyacentes.

Atrofia cerebral

atrofia cerebral

También se ha observado que los ventrículos se expanden en enfermedades neurodegenerativas, paralelamente a la atrofia cerebral. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, en la enfermedad de Alzheimer.

Meningitis

La meningitis es una enfermedad en la que se inflaman las meninges del cerebro y la médula espinal, es decir, las capas que lo cubren y que contienen el líquido cefalorraquídeo. Suele originarse por virus, hongos o bacterias, produciéndose un aumento de la presión intracraneal y dificultades para la circulación del líquido cefalorraquídeo.

Se acompaña de dolor de cabeza, deterioro cognitivo, náuseas, sensibilidad a la luz, fiebre repentina, debilidad muscular, etc.

Ventriculitis

La ventriculitis, como su nombre indica, es la inflamación de los ventrículos cerebrales, que abarca a las cuatro cavidades.

La ventriculitis es una complicación grave de cualquier meningitis. Está ligada a la ausencia de tratamiento con antibióticos. Viene acompañada de hidrocefalia y se asocia con la aracnoiditis, encefalitis, cerebritis y encefalomielitis.

Esquizofrenia

Algunos científicos han encontrado vínculos entre la esquizofrenia y la extensión de los ventrículos cerebrales. En concreto, parecer ser que los esquizofrénicos tienen unos ventrículos más grandes que las personas sanas.

No obstante, no está claro si son los trastornos mentales los que dan lugar al agrandamiento de los ventrículos o si es la dilatación ventricular la que es responsable de los trastornos mentales.

Por otra parte, también pueden producirse obstrucciones en el sistema ventricular debidas a tumores, quistes, traumatismos, anomalías en el desarrollo, malformaciones vasculares (aneurismas), etc.

Por otro lado, es frecuente observar una asimetría en los ventrículos laterales en escáneres cerebrales. En un artículo en el que se estudió la asimetría de los ventrículos del cerebro fetal humano, se encontró que esta suponía una variante normal que no implicaba ninguna patología.

Según Orellana (2003), lo que ayuda a determinar que la asimetría es una variante anatómica y no una patología, es que, normalmente, en la variante, lo cuernos temporales son del mismo tamaño e incluso, a veces, el contralateral está más dilatado.

Referencias

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Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

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