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Humanidades » Historia » Martín Lutero

Martín Lutero

Retrato de Lutero por Hans Baldung Grien, 1521. Fuente: Hans Baldung Grien, Wikimedia Commons

¿Quién fue Martín Lutero?

Martín Lutero (1483-1546) fue un fraile agustino, teólogo, profesor y precursor alemán de la Reforma protestante de la religión cristiana del siglo XVI. Para cuando las ideas de Lutero florecieron, ya había un creciente descontento general con los líderes de la Iglesia católica. 

Uno de los principales motivos que llevó a Lutero a alzar la voz contra la Iglesia fue la venta de indulgencias, una práctica que a su parecer estaba siendo desvirtuada con fines de provecho económico para las altas esferas del poder eclesiástico.

Lutero exhortaba a la iglesia a volver a las enseñanzas originales de la Biblia. La doctrina que surgió fue el luteranismo.

Biografía de Martín Lutero

Primeros años

Martín Lutero nació el 10 de noviembre de 1483 en Eisleben, Alemania. Fue hijo de Hans Luder, minero, y de Margarethe Luder, de quien se dice que fue una mujer trabajadora y de buenos principios.

Un año después de su nacimiento, la familia se trasladó a Mansfeld, donde su padre varios años más tarde fue electo concejal (1492). Lutero tuvo varios hermanos pero solo se conoce con certeza el nombre de uno a quien era muy allegado: Jacobo.

Se ha planteado que Lutero quedó marcado por su infancia, la cual se desarrolló en un ambiente poco favorable que le hizo intentar convertir a Dios en su refugio y un camino para hallar la salvación de su alma.

Hans tenía esperanzas de que su hijo lograra convertirse en un profesional y accediera a un puesto como trabajador del gobierno. En aquella sociedad alemana eso hubiese sido un gran logro y honor para toda la familia.

La educación era algo de suma importancia si quería perseguir una carrera pública, por eso el padre de Martín intentó procurarle la mejor que pudo a su hijo.

Educación

Sus primeros estudios los recibió en la Escuela de Latín en Mansfeld, en 1488. Allí adquirió los fundamentos de latín, lo que más tarde le resultó indispensable para el desarrollo de su formación intelectual. Asimismo, se formó en los dogmas básicos de la religión católica.

En 1497, Lutero ingresó en la escuela de los Hermanos de la Vida Común, en Magdeburgo. Parece que su breve estancia, que duró solo un año, se debió a la escasez de recursos económicos de su familia.

Estos monjes, junto a los cuales Lutero tuvo sus primeros acercamientos a la vida de claustro, enfocaban su sistema en practicar la piedad extrema.

Universidad

Para 1501 Lutero decidió hacer una carrera en la Universidad de Erfurt, donde recibió un doctorado en filosofía cuatro años más tarde. Aunque era una de las mejores casas de estudio alemanas no dejó una buena impresión en Lutero, que años más tarde la calificó de prostíbulo y taberna.

Se ha considerado que al momento del ingreso de Lutero a sus estudios superiores el estatus social de su familia había mejorado, puesto que apareció en los registros como no candidato para recibir ayudas.

El camino de la fe

Aunque su padre había deseado que Martín se convirtiera en abogado, y el joven puso todo su empeño en lograrlo, fue en vano, porque sus inquietudes espirituales prevalecieron y decidió unirse a la orden los agustinos observantes en Erfurt.

Se dijo que su ingreso en la vida monástica se debió a una promesa que hizo por un profundo terror que vivió durante una tormenta. Aunque esto parece haber sido, de cualquier modo, una excusa.

Esta decisión tuvo el inconveniente de que su padre ya había ambicionado otro futuro para él, que era el mayor de los hijos y para quien todos deseaban una vida de comodidades y no de privaciones o encierro, como solían ser las de esos monjes.

Además, la orden que Lutero escogió era una de las más estrictas. Sus miembros debían subsistir gracias a la caridad, dedicaban su tiempo a constantes plegarias tanto de día como de noche, y realizaban ayunos frecuentes.

Era un modo de vida sumamente austero y rígido. En la celda de Lutero, y la de otros monjes, no había cama u otros muebles, más que una mesa y una silla.

Constante miedo a la condena

Un año después de ingresar al convento, Lutero concluyó su etapa de novicio y fue ordenado sacerdote. El temor por el destino conducía al muchacho a someterse a martirios innecesarios.

Le resultaba familiar la imagen de Dios como un ente de castigos e intransigencias, como se describe en los textos del Antiguo Testamento, lo que acrecentaba sus inseguridades y la sensación de indignidad.

Su superior, Johann von Staupitz, le recomendó buscar una nueva aproximación a Dios a través de Cristo, puesto que él habló del perdón y el amor en el Nuevo Testamento, lo que mostró una nueva faceta divina.

Profesor

También para despejar la mente del joven monje, Staupitz le encargó un curso sobre ética aristotélica en la recién creada Universidad de Wittenberg en 1508. Asimismo, el superior instó a Lutero a que continuara con su formación académica.

Así lo hizo y en 1508 terminó sus clases para optar al título de bachiller en estudios bíblicos, y al año siguiente otro en Sententiarum, acerca de los pasajes bíblicos basado en el trabajo de Pedro Lombardo. Tuvo un breve problema con la universidad, ya que Lutero había vuelto a Erfurt, pero finalmente Wittenberg le entregó sus grados.

Viaje a Roma

Tras su regreso a Erfurt, el joven monje fue enviado en 1510 a la capital de la fe católica: Roma. Allí hubo de asistir a la orden de los agustinos en asuntos internos como delegado de su ciudad.

Algunas fuentes afirman que fue durante esta travesía que Lutero se dio cuenta de los desmanes de la Iglesia romana. Pero esas historias carecen de fundamento, puesto que no tuvo contacto con las altas esferas del poder durante esa estancia en Roma.

En el recorrido que realizó únicamente tuvo contacto con miembros de su misma orden en varias ciudades. Hizo la jornada como peregrino, de forma piadosa y austera, como era costumbre en los monjes agustinos observantes.

Se sabe que su vida como monje fue sumamente estricta, incluso se piensa que más de lo normal.

Vivía martirizándose para expiar sus culpas, y aun así creía que el pecado lo conduciría irremediablemente al infierno, sin importar los sacrificios para evitarlo.

Ascenso interno

Tras su regreso a Erfurt de la aventura romana, Lutero fue asignado nuevamente a Wittenberg. Allí prosiguió con sus estudios doctorales en teología en 1512. Entonces lo ascendieron a superior de la orden en esa ciudad, con lo que sustituyó a Staupitz.

En esa oportunidad, Lutero también asumió varias cátedras, entre ellas una sobre las epístolas de san Pablo, otra sobre los Salmos y otra de temas teológicos.

Lutero describió sus años como monje como un tiempo marcado por una inquietud espiritual profunda, aunque eso no está expresado en los textos que escribió durante esos años, por lo que se duda sobre la intensidad de su conflicto espiritual real.

Se sabe que se familiarizó en sus años de intensa actividad intelectual con el contenido de las Escrituras. En este momento lo corriente era aprender sobre la Biblia utilizando la interpretación transmitida por la Iglesia, pero Lutero se dedicó a redescubrirla por sí mismo.

El humanismo dejó huella en su pensamiento y Erasmo de Rotterdam lo inspiró a anhelar una reforma que llevara nuevamente a un culto espiritual.

En 1515 fue nombrado vicario de Sajonia y Turingia, cargo por el que debía supervisar 11 monasterios dentro de la zona asignada.

Inquietudes

En sus primeros años, Lutero se sentía profundamente turbado por la idea de que no era digno de salvación.

Sus lecturas sobre san Pablo lo llevaron a creer que el pecado no solo se encontraba como clásicamente se afirmaba: en palabras, obras, pensamientos y omisiones, sino que además era inherente a la naturaleza humana.

Lo peor de todo es que había llegado a la conclusión de que no importaba cuántos actos bondadosos realizara una persona, porque no podría librarse del pecado, es decir, no existía alternativa a la condena.

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Teorías

Entre toda su angustia, Lutero encontró un pensamiento que le proporcionó calma: Dios no juzga al humano por sus actos, sino por su fe. De ese modo, el fervor en la creencia es lo único que realmente puede salvar el alma.

Según Lutero, Dios no hace distinción entre actos buenos y malos, porque todo es malo. En lo que se puede diferenciar a una persona de otra es en la sinceridad de su fe en el poder divino de la salvación y es eso lo que marca el destino de cada uno.

En consecuencia, los sacramentos pierden su sentido, porque no conducen a la salvación del alma, así como tampoco conllevan el perdón de las penas para los pecadores, puesto que esta solo se concede a través de Dios.

De ese modo, para Lutero la confesión podía hacerse en una conversación interna con Dios, sin acudir ante un sacerdote.

Las indulgencias

Desde 1506 comenzaron a recolectarse fondos para la construcción de la basílica de San Pedro. Uno de los métodos mayormente empleados para esos fines fue la venta de indulgencias, que garantizaba un ingreso de limosnas a la Iglesia.

Nuevamente en 1511 el papa León X decidió otorgar indulgencias para conseguir dinero, y en esa oportunidad los dominicos estuvieron a cargo.

El arzobispo de Maguncia, Alberto de Brandeburgo, había quedado con una gran deuda tras pagar por su elección, pero con el porcentaje que recibiría por las ventas de las indulgencias podría subsanar sus compromisos económicos.

Proceso del perdón

En la fe católica, las personas que pecan tienen una culpa que solo puede perdonar Dios después de que el individuo se confiesa, arrepintiéndose sinceramente. También deben, tras aceptar su culpa, cumplir con una pena en la tierra o en el purgatorio.

Después de confesarse, el individuo queda “en estado de gracia”. En ese momento las buenas acciones que realice disminuyen su pena.

Según se pensaba, los santos podían intercambiar sus méritos espirituales con vivos o muertos, siendo administrado ese crédito espiritual por la Iglesia como un tesoro. A través de las indulgencias, ese tesoro podía distribuirse entre los fieles a cambio de un valor específico. En este caso, su valor era económico y su utilidad era construir la basílica de san Pedro en Roma.

Asunto de fe

Aunque la venta de indulgencias se había realizado en diferentes ocasiones y con propósitos diversos, el factor que impulsó a Lutero a alzar la voz fue la poca claridad con la que se abordó el tema para obtener mayores ganancias económicas.

Nadie parecía estar interesado en aclarar el proceso indicado por el derecho canónico para que una indulgencia tuviese efecto. El principal factor que se hacía a un lado era que el receptor debía estar “en gracia”, es decir, haber confesado sus culpas.

De modo que la salvación se había convertido en una compraventa de méritos espirituales sin necesidad de otros requisitos.

Johann Tetzel fue el encargado de difundir el mensaje de las indulgencias, y frases como “cuando el dinero sonaba un alma subía al cielo” se le adjudicaron a este personaje para indicar la descomposición moral que se desarrolló alrededor del negocio del perdón.

Poder romano

El dominio del papado estaba en franca debacle, que se incrementaba a medida que aumentaba el control de los monarcas locales en cada uno de los países europeos. Todo eso se unió para amenazar la autoridad del pontífice y de la Iglesia.

Para contrarrestarlo, la Iglesiia católica afianzó su control sobre la sociedad al instaurar instituciones firmes como la curia. Asimismo, intervenían a menudo en asuntos más mundanos que espirituales.

Italia no contaba con un rey, como Francia o España, y ese rol era desempeñado por el papa, que desde Roma controlaba todas las ciudades vecinas. Además, se convirtió en costumbre escoger para el puesto de sumo pontífice a un italiano.

En esos años, el líder del Sacro Imperio ostentaba un cargo más nominal que real, ya que la autoridad firme estaba en mano de los príncipes electores. El territorio prosperaba económicamente, mientras Italia estaba cada día más ahogada en deudas.

Eso llevó a la curia a aumentar los impuestos religiosos a los alemanes, quienes notaron que su florecimiento como nación se veía amenazado por la ambición de los italianos, secundados por el líder del Sacro Imperio Romano Germánico.

Diferencias sociales

En tiempos de Lutero lo común era que las grandes figuras religiosas en Europa fuesen equivalentes a señores feudales. Los miembros del alto clero provenían de familias nobles y accedían a sus puestos gracias a la compra de títulos.

Acumulaban diferentes posiciones, pero en realidad no cumplían con sus obligaciones espirituales, sino que gozaban de las rentas parroquiales que les correspondían y no cuidaban de sus congregaciones.

En contraste, los sacerdotes de bajo grado generalmente eran muy ignorantes y no se dedicaban a cumplir sus deberes morales. Incluso en las órdenes de monjes mendicantes había una fuerte corrupción de los valores religiosos y las obligaciones de los miembros.

Todo eso se unió para que el pueblo no se sintiera en la necesidad de seguir a sus autoridades religiosas, que no eran consideradas referentes espirituales o morales, sino como parásitos económicos de las rentas nacionales.

La corrupción moral de la Iglesia católica se había vuelto pública y notoria, y llevó a muchos fieles a preferir seguir con fervor a las autoridades militares y civiles, en quienes encontraban una protección real y un ejemplo más sincero.

Verdaderos valores

Incluso en las mismas filas del catolicismo algunos pretendían retomar los valores espirituales que consideraban correctos. Estos intentos encontraron eco en muchos conventos europeos.

Ordenes como los franciscanos, cartujos, dominicos, benedictinos, clarisas y agustinos, de la cual era miembro Lutero, se volvieron a la observancia de los principios religiosos y se separaron de aquellos que no daban importancia a lo moral.

En medio del convulso ambiente de la época ocurrió un suceso que cambió el curso de la historia: una serie de textos apareció el 31 de octubre de 1517 bajo la firma de Martín Lutero. Estos pasaron a ser conocidos como las 95 Tesis de Wittenberg.

La anécdota original afirma que Lutero clavó las tesis en la puerta de la iglesia de Todos los Santos, y otra dice que se publicó en texto impreso. Lo cierto es que el monje agustino alzó su voz contra las malas prácticas que ocurrían amparadas por la Iglesia empleando a Dios como excusa.

Sus tesis se convirtieron en uno de los sucesos de mayor impacto en el siglo XVI.

Planteamientos

Algunas de las ideas centrales de Lutero fueron que los méritos espirituales de Cristo, así como de los otros santos, no pueden ser objeto de intercambio. Su fundamento para afirmarlo era que ya eso estaba distribuido en todas las personas sin necesidad de ningún intermediario.

También consideró que el único tesoro de la Iglesia era el Evangelio. Afirmó que las únicas penas que podían ser perdonadas por el papa eran las que él mismo imponía, no las que le correspondían a Dios.

Si la pena era instituida en el más allá no era indispensable confesarse ante un sacerdote, de acuerdo con las ideas luteranas.

Asimismo, aseguró que nunca podría haber certeza de la salvación puesto que el mal está dentro de cada uno, y en consecuencia las indulgencias solo podían engañar a los fieles al proveerles de una seguridad falsa.

Difusión

Las 95 tesis fueron impresas y difundidas en todos los rincones de Alemania. Las ideas contenidas en ellas encontraron eco en el pensamiento de los alemanes, quienes estaban descontentos con el proceder de la Iglesia.

En los primeros tiempos se reprodujeron en latín, el idioma en que Lutero las escribió, pero en 1518 fueron traducidas al alemán común y eso les dio un gran impulso, puesto que tuvieron un alcance mucho mayor.

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Se cree que en alrededor de 2 meses las tesis de Lutero tocaron todos los rincones de Europa y llevaron las ideas de una revolución espiritual de magnitudes colosales.

Alberto de Brandeburgo, el arzobispo de Maguncia, ordenó que las teorías contenidas en el texto de Lutero fuesen enviadas a Roma y que se analizaran para buscar en ellas algún rastro de herejía. El encargado de la investigación fue el cardenal Cayetano.

Se inició entonces un proceso contra Lutero, a pesar de que al principio el papa León X no le prestó mucha atención al asunto del monje alemán, lo que consideró una pataleta sin importancia.

Problemas con la Iglesia

En 1518 Staupitz se reunió con los agustinos y Lutero fue uno de los participantes. Allí hubo de explicar ante sus hermanos las ideas que había estado difundiendo.

En esa oportunidad se refirió a lo que él consideraba como la falacia del libre albedrío, porque todos los actos humanos están signados por el pecado. A partir de ese momento comenzó la larga batalla en la que Lutero tuvo que defender su punto de vista.

También ese año recibió una citación a la Santa Sede, pero decidió no acudir al llamado. Sin embargo, sí se reunió con el cardenal Cayetano en Augsburgo.

Para entonces había conseguido que las universidades alemanas le sirvieran como árbitros y que lo apoyara el príncipe elector Federico de Sajonia.

En enero de 1519 se reunió con el nuncio Karl von Miltitz en Altenburgo, Sajonia. Allí hizo algunas concesiones, pero fundamentalmente Lutero acordó que no diría nada más si no le decían nada a él.

Sin embargo, eso fue imposible de cumplir porque en julio del mismo año entró en un debate que mantenía Johann Eck con el discípulo luterano Andreas Karlstadt.

Lutero fue invitado a responder, lo hizo y de allí trascendió la idea de que el papa no poseía el monopolio de la interpretación de las Escrituras. Entonces, el alemán afirmó que ni el sumo pontífice ni la curia eran infalibles y desató un enfrentamiento directo con Roma.

Polémica in crescendo

Los últimos textos de Lutero habían creado una brecha mucho más honda. No deseaba que los acontecimientos tomaran ese rumbo, pero tampoco quería dejar a un lado sus ideas.

Podían extraerse dos afirmaciones incendiarias de sus textos: el papa no es la autoridad máxima de la Iglesia. Luego, su control político y militar de los Estados pontificios tampoco era legítimo, puesto que solo tiene jurisdicción en materia religiosa.

Todo eso devino finalmente en la teoría del sacerdocio universal: ¿para qué respetar jerarquías dentro de la Iglesia? Fieles y sacerdotes son iguales si uno u otro está inspirado por el Espíritu Santo.

Esta polémica comenzó a dividir la opinión pública en toda Europa. Todos querían pertenecer a un bando y se acercaron al calor del debate tanto artistas e intelectuales como políticos y gobernantes.

En Bohemia, los husitas tomaron a Lutero como bandera de su movimiento, en Alemania, caballeros nacionalistas y antirromanos, como Hutten y Sickingen, hicieron lo propio.

Movimientos económicos y políticos habían encontrado su justificación en las ideas de Lutero, aunque él las concibió sin tener en cuenta esos factores, que jugaron un papel primordial en el panorama de la época.

Excomunión

En 1520 León X se vio en la obligación de responder contundentemente al revuelo que se había creado alrededor de las ideas de Lutero.

En consecuencia, publicó el decreto papal Exurge Domine, en el que el alemán quedaba excomulgado.

Además, se declaró que 41 de las 95 tesis de Lutero eran heréticas, de acuerdo con el dogma católico. Se le concedió al monje agustino un período de 60 días para retractarse antes de que su sentencia de expulsión se hiciera efectiva.

La respuesta de Lutero sorprendió a muchos y animó a otros tantos: quemó la bula en Wittenberg, con lo que su conflicto con la Iglesia tomó un nuevo nivel y pasó a ser un problema de primera categoría.

Los más radicales que le rodeaban utilizaron el momento para avanzar con sus propias agendas. Comenzaron a usar a su favor el fervor que despertaban las ideas de Lutero en el pueblo.

Durante ese tiempo escribió algunas de sus obras más trascendentales, como Manifiesto a la nobleza cristiana, El papado de Roma, Cautividad babilónica de la Iglesia, De la libertad del cristiano o Sobre los votos monásticos.

Allí se vislumbró el rumbo que tomaba aquel movimiento, que había comenzado sin más pretensiones que la de reflexionar sobre el camino de la Iglesia.

Dieta de Worms

Martín Lutero no se retractó de sus tesis, y el papa León X, en consecuencia, decidió solicitar su arresto. Los príncipes alemanes, favorables al monje, no permitirían tales acciones contra el creador de un movimiento que tantos beneficios les reportaba.

Carlos V, gobernante de gran parte de Europa y América, también había ceñido en su frente la corona del Sacro Imperio Romano Germánico. Debido a lo reciente de su toma de poder, ansiaba estabilidad en sus dominios alemanes.

El emperador citó a Lutero a la Dieta de Worms y le proporcionó un salvoconducto para que pudiese acudir en calma, con la seguridad de que no sería aprehendido. Ese fue el modo que tuvo el rey de contentar tanto a los príncipes como a la Iglesia.

En 1521 se reunieron y Lutero se negó a retractarse de los textos que había publicado, puesto que eso hubiese significado obrar en contra de su conciencia, y no podía permitirse tal cosa.

Después, Federico de Sajonia lo llevó a salvo al castillo de Wartburg. Para protegerse, Lutero comenzó a usar el nombre falso de “caballero Jorge”, y estuvo en esa fortaleza un año entero.

Consecuencias

Carlos V decidió emitir un decreto que desterraba a Lutero del Imperio. También solicitó su captura, instituyó una pena para el que lo ayudara de cualquier forma y garantizó que si alguien lo asesinaba no incurriría en ningún crimen.

Durante el tiempo en que Lutero estuvo escondido en Wartburg se dedicó a traducir la Biblia al alemán común, lo que facilitó la difusión de los grupos que leían y analizaban las Escrituras en toda la región.

En ese tiempo, quienes actuaban bajo los ideales luteranos se radicalizaron, mientras él llamaba constantemente a la calma entre sus seguidores. No consentía que los buenos cristianos hicieran gala de comportamientos reprochables en nombre de Dios.

Sin embargo, los textos que seguía produciendo alimentaban la agitación en el pueblo. Consideró que cada uno de los bautizados estaba capacitado para ser confesor, así que la confesión podía realizarse mentalmente, en una comunicación con Dios.

También dijo que los monjes y monjas no debían cumplir con votos porque no eran legítimos, ya que no estaban plasmados en la Biblia, es decir, que era agregado por el diablo.

Radicalización

Cada día, los seguidores de Lutero se volvían más radicales, monjes rebeldes abandonaban los conventos, atacaban a sus priores, robaban las iglesias junto con campesinos.

Mientras tanto, sus libelos incendiarios se reproducían con mayor rapidez que sus llamados a la calma.

Otros eventos llevaron a Lutero a separarse de los radicales: su defensor y amigo Karlstadt lo consideró muy suave con la tradición y comenzó a reunir comunidades de “exaltados”. Para estos grupos, la norma era el matrimonio de los religiosos y desechaban la adoración de imágenes.

Lutero reprendió esas acciones, así como rechazó la invitación a unirse a movimientos como los de Hutten, que trató de llevar la reforma al plano militar, creando una revolución armada.

Otro de los famosos sucesos de la época fue el del antiguo exaltado, Müntzer, quien en compañía de artesanos y campesinos intentó formar comunidades de santos y recibieron el nombre de anabaptistas.

Estos últimos no poseían ley, Iglesia, rey o culto establecido. Los grupos de anabaptistas se organizaban con un sistema comunal, puesto que no creían que un cambio religioso podía tener lugar sin una revolución social.

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Los anabaptistas afirmaban que los príncipes cargaban al pueblo de trabajo para que ellos no pudiesen estudiar la palabra de Dios. Ninguna ciudad quería que estas comunidades se estableciera en sus tierras.

Alianza con los príncipes

Todos esos movimientos hicieron que Lutero temiera por su seguridad y decidiera abandonar el castillo de Wartburg. Volvió a Wittenberg, y desde allí aseguró que grupos como los anabaptistas eran en realidad profetas del diablo.

Solicitó que los fieles mantuvieran la calma e instó a los príncipes a reprender del modo más duro a quien atentara contra el orden de sus dominios.

En 1525 se dio la revolución de los campesinos, un movimiento en el que los súbditos se alzaron contra sus señores y les entregaron 12 solicitudes, entre las que se encontraban las siguientes peticiones:

– Libertad personal.

– Elección de los clérigos.

– Derechos de caza libre.

Bandas de campesinos, monjes y artesanos violentos comenzaron a saquear toda Alemania, especialmente las propiedades de la Iglesia y de los nobles. Lutero, por su parte, afirmaba que los nobles eran una plaga divina que debía ser aceptada y respetada.

A medida que se fue radicalizando el movimiento en su nombre, Lutero se acercó poco a poco al bando de los príncipes y nobles, y a estos les recomendó que acabaran con los violentos como se mata a un perro rabioso.

Matrimonio

En 1525 contrajo nupcias con Catalina de Bora, que había sido monja, pero había renunciado a sus votos tras la expansión de las ideas luteranas. Otros exponentes de la Reforma habían seguido el mismo proceder y se habían casado.

Aunque no tuvieron mucho dinero, Martín y Catalina fueron una pareja feliz. Ella tenía 26 años y el 41 al momento de casarse. El matrimonio tuvo 5 hijos y la pareja recibió siempre a personajes que admiraban y consideraban a Lutero como un mentor.

Confesión de Augsburgo

Los nobles asumieron sus posturas. Por un lado, estaba Fernando de Austria a la cabeza de la Liga Católica, mientras que en el otro extremo surgió la Liga de Torgau, liderada por el elector de Sajonia y de Hesse.

Los príncipes partidarios de Lutero protestaron contra la resolución de la Dieta de Spira en 1526 y afirmaron que no excomulgarían al alemán, así como tampoco lo expulsarían del territorio. En 1529 volvieron a hacer lo mismo y de allí surgió su nombre de “protestantes”.

Una nueva reunión en la Dieta de Augsburgo fue propuesta durante 1529, pero en esa oportunidad Lutero no acudió, sino que envió a Melanchton. El encuentro se produjo en 1530 y el enviado del alemán llevó consigo una propuesta moderada.

El planteamiento realizado se conoció como la Confesión de Augsburgo, y casi todas las tesis fundamentales coincidían con la doctrina católica. Sin embargo, Carlos V en esa oportunidad tampoco aceptó las ideas luteranas.

La Liga de Esmalcalda se conformó en 1531; Juan de Sajonia y Felipe de Hesse fueron los líderes del movimiento que se tornó armado un tiempo después.

Muerte

Martín Lutero falleció el 18 de febrero de 1546, en Eisleben, Alemania, probablemente por un infarto, antes de su deceso había sufrido de una apoplejía que paralizó su cuerpo parcialmente.

El alemán había regresado al pueblo donde nació, allí dio su último sermón el 15 de febrero y días más tarde murió.

Había pasado sus últimos años aquejado por múltiples enfermedades, especialmente relacionadas con el oído, que disminuyeron su calidad de vida.

Sufrió de tinitus, mareos y cataratas desde 1531. También tuvo piedras en los riñones, padeció de artritis y una infección de oído provocó que uno de sus tímpanos reventara. Además, desde 1544 comenzó a presentar síntomas de una angina de pecho.

Principales teorías de Martín Lutero

Justificación por la fe

A partir de sus estudios sobre san Pablo y san Agustín, Lutero concluyó que todos los humanos están corruptos por el pecado, que no puede ser borrado de modo alguno por obras terrenales.

En este sentido, aclaró que Dios es el único que puede perdonar a quienes hayan cometido fallas. Aunque cabe acotar que al ser esencialmente malos y corruptos todos los actos humanos, estos no influyen en el acceso al perdón.

Los hombres solo pueden esperar la voluntad de Dios con paciencia y haciendo honor a su fe en la vida eterna que les fue prometida.

Verdad de las Escrituras

Según Lutero, la única fuente de verdad es la palabra de Dios, transmitida a través de la Biblia, todo lo que esté fuera de ese marco está teñido por la mano de Satanás y considerado impuro.

Para la doctrina luterana cualquier fiel puede servir de intérprete del significado de las Escrituras, siempre que se encuentre inspirado para tal propósito por gracia divina, esto también se conoce como Libre examen.

Sacerdocio universal

Aunque la intención original de Lutero no era crear una separación entre los cristianos, esto fue en lo que devino el movimiento inspirado por sus teorías. Consideraba que mientras más difícil fuese una situación, mayor unidad debía existir dentro de la comunidad católica.

Luego se separó de la doctrina romana, así como también se alejó de algunos radicales que fueron sus seguidores y discípulos fieles, pero cuyo violento fanatismo no era compartido por él.

En 1520 comenzó a hablar de una idea que llamó “Iglesia invisible”. Con esto expresaba que debe existir una espiritualidad interior en cada persona y que los individuos no debían separarse de su comunidad para dedicar su vida a Dios, de modo que pudieran inspirar al resto de la gente.

Esta idea se basó en que todos podían desempeñar un cargo dentro del cristianismo con el único requisito de ser bautizados. Afirmó también que la verdadera fe no se puede obligar, sino que debe ser algo voluntario.

De otro modo, solo se obtiene una mentira que se dice para quedar bien ante la sociedad.

Sobre los sacramentos

En la fe católica, los sacramentos son una forma de distribuir entre los fieles la gracia de Dios. De acuerdo con las propuestas reformistas de Lutero, el pecado original era inherente a la humanidad y no podía ser eliminado de ningún modo por el hombre.

Entonces, el sacramento del bautismo perdía su sentido esencial. Para los luteranos, Dios se hace presente en una congregación de creyentes con fe.

Lutero afirmó que el pan es pan y el vino es vino. Pero si Dios se encuentra con sus creyentes se produce la consubstanciación, es decir, que esos dos elementos también son sangre y cuerpo de Cristo, de ese modo no se necesita que un sacerdote los consagre.

Sin embargo, puede encontrarse presente un pastor o predicador para que difunda la palabra de Dios ante los otros creyentes.

Predestinación contra libre albedrío

El humanista Erasmo de Rotterdam fue cordial e incluso simpático con los pensamientos de Lutero hasta que este publicó una obra que bautizó como De servo arbitrio, en la que criticaba la teoría del libre albedrío humano. Al contrario, planteaba una especie de predestinación que iba en consonancia con su teoría de la salvación.

En 1524 Erasmo de Rotterdam decidió contestar a Lutero, cuestionando su teoría al plantearle que si Dios salva sin tomar en cuenta las acciones humanas, entonces Cristo no habría insistido en que no se debía pecar en su mensaje a la humanidad.

Lutero finalmente respondió que Dios es todo y las personas no son nada. Entonces este no requiere explicar los motivos de sus decisiones bajo ninguna circunstancia.

Referencias

  1. Martin Luther | Biography, Reformation, Works, & Facts. Recuperado de britannica.com.
  2. Mazzara, S. La reforma. Madrid: Cincel-Kapelusz.
  3. Martin Luther. Recuperado de en.wikipedia.org.
  4. Flores Hernández, G. Apuntes de historia de la cultura II: De la Edad Media a la Ilustración. Libros El Nacional.
  5. Maurois, A., Morales, M. Historia de Francia. Surco.

Cita este artículo

Lifeder. (24 de septiembre de 2025). Martín Lutero. Recuperado de: https://www.lifeder.com/martin-lutero/.

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Por Mercedes Rolingson

Periodista venezolana, entusiasta de la fotografía y ex investigadora del Centro de Investigación de Comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello. Atraída por el estudio y difusión de las manifestaciones socioculturales del siglo XXI.
Última edición el 24 de septiembre de 2025.

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