
Los poemas de tres estrofas son composiciones poéticas que pueden tratar de cualquier tema, como el amor, la muerte, la existencia humana. Las estrofas suelen estar separadas por un punto y aparte, pero muchas veces los autores solo separan las estrofas simplemente con dobles espacios.
Es común que estas estrofas contengan desde dos versos hasta los que el autor considere, y que presenten métricas determinadas, constantes y que rimen entre sí, pero dependerá del estilo del poeta.
También pueden estar compuestas por versos blancos o libres, es decir, que sus estrofas pueden carecer de rima y de métrica (aunque no de ritmo).
Poemas de tres estrofas
“Tres heridas”, de Miguel Hernández
I
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
II
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
III
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
“Abril galán”, de Antonio Machado
Mientras danzáis en corro,
niñas cantad: “Ya están
los prados verdes,
ya vino abril galán”,
A la orilla del río,
por el negro encinar,
sus abarcas de plata
hemos visto brillar.
Mientras danzáis en corro,
niñas cantad: “Ya están
los prados verdes,
ya vino abril galán”.
“Dame la mano”, de Gabriela Mistral
Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más…
El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.
Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina y nada más.
“Rosa, pompa, risa”, de Juan Ramón Jiménez
Con la primavera
mis sueños se llenan
de rosas, lo mismo
que las escaleras
orilla del río.
Con la primavera
mis rosas se llenan
de pompas, lo mismo
que las torrenteras
orilla del río.
Con la primavera
mis pompas se llenan
de risas, lo mismo
que las ventoleras
orilla del río.
“Los ratones”, de Lope de Vega
Juntáronse los ratones
para librarse del gato;
y después de largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él,
librarse mejor podrían.
Salió un ratón barbicano,
colilargo, hociquirromo
y encrespando el grueso lomo,
dijo al senado romano,
después de hablar culto un rato:
– ¿Quién de todos ha de ser
el que se atreva a poner
ese cascabel al gato?
“Con la primavera”, de José Martí
Con la primavera
Viene la canción,
La tristeza dulce
Y el galante amor.
Con la primavera
Viene una ansiedad
De pájaro preso
Que quiere volar.
No hay cetro más noble
Que el de padecer:
Sólo un rey existe:
El muerto es el rey.
“Adelina de paseo”, de Federico García Lorca
La mar no tiene naranjas.
ni Sevilla tiene amor.
Morena, qué luz de fuego.
Préstame tu quitasol.
Me pondrá la cara verde,
zumo de lima y limón,
tus palabras, pececillos,
nadarán alrededor.
La mar no tiene naranjas.
Ay, amor.
Ni Sevilla tiene amor!
“Mucho pica el sol”, poema español anónimo del siglo XV
Mucho pica el sol:
más pica el amor.
Mucho pica el sol
con flechas de fuego;
más pica el amor,
que hiere más recio.
Mucho pica el sol:
más pica el amor.
“Álamo blanco”, de Juan Ramón Jiménez
Arriba canta el pájaro
y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo,
se me abre el alma).
¡Entre dos melodías,
la columna de plata!
Hoja, pájaro, estrella;
baja flor, raíz, agua.
¡Entre dos conmociones,
la columna de plata!
(¡Y tú, tronco ideal,
entre mi alma y mi alma!)
Mece a la estrella el trino,
la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba,
me tiembla el alma).
“Los reyes de la baraja”, de Federico García Lorca
Si tu madre quiere un rey,
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.
Corre que te pillo,
corre que te agarro,
mira que te lleno
la cara de barro.
Del olivo
me retiro,
del esparto
yo me aparto,
del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.
“El mar lejano”, de Juan Ramón Jiménez
I
La fuente aleja su cantata.
Despiertan todos los caminos…
Mar de la aurora, mar de plata,
¡qué limpio estás entre los pinos!
Viento del Sur, ¿vienes sonoro
de soles? Ciegan los caminos…
II
Mar de la siesta, mar de oro,
¡qué alegre estás sobre los pinos!
Dice el verdón no sé qué cosa…
Mi alma se va por los caminos…
III
Mar de la tarde, mar de rosa,
¡qué dulce estás entre los pinos!
“Melancolía”, de Alfonsina Storni
I
Oh, muerte, yo te amo, pero te adoro, vida…
Cuando vaya en mi caja para siempre dormida,
Haz que por vez postrera
Penetre en mis pupilas el sol de primavera.
II
Déjame algún momento bajo el calor del cielo,
Deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo…
Era tan bueno el astro que en la aurora salía
A decirme: buen día.
III
No me asusta el descanso, hace bien el reposo,
Pero antes que me bese el viajero piadoso
Que todas las mañanas,
Alegre como un niño, llegaba a mis ventanas.
“Esto”, de Fernando Pessoa
I
Dicen que finjo o miento.
Todo lo escribo. No.
Yo simplemente siento
Con la imaginación.
II
No uso el corazón.
Todo lo que sueño o vivo,
Lo que me falla o acaba,
Es como una terraza
Aún sobre otra cosa.
Esa cosa es la que es bella.
III
Por eso escribo en medio.
de lo que no está al pie,
Libre de mi ensueño,
Serio de lo que no es.
¿Sentir? ¡Que sienta quién lee!
“Avestruz”, de César Vallejo
I
Melancolía, saca tu dulce pico ya;
no cebes tus ayunos en mis trigos de luz.
Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales
la sangre que extrajera mi sanguijuela azul!
II
No acabes el maná de mujer que ha bajado;
yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz,
mañana que no tenga yo a quién volver los ojos,
cuando abra su gran O de burla el ataúd.
III
Mi corazón es tiesto regado de amargura;
hay otros viejos pájaros que pastan dentro de él…
Melancolía, deja de secarme la vida,
y desnuda tu labio de mujer…!
“Si una espina me hiere…”, de Amado Nervo
I
¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina,
…pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad
envidiosa en mí clava los dardos de su inquina,
esquívase en silencio mi planta, y se encamina hacia más puro
ambiente de amor y caridad.
II
¿Rencores? ¡De qué sirven! ¿Qué logran los rencores?
Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,
y no prodiga savias en pinchos punzadores:
si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,
se llevará las rosas de más sutil esencia.
III
Y si notare en ellas algún rojo vivaz,
¡será el de aquella sangre que su malevolencia
de ayer vertió, al herirme con encono y violencia,
y que el rosal devuelve, trocado en flor de paz!
“Madrigal al billete de tranvía”, de Rafael Alberti
I
Adonde el viento, impávido, subleva
torres de luz contra la sangre mía,
tú, billete, flor nueva,
cortada en los balcones del tranvía.
II
Huyes, directa, rectamente liso,
en tu pétalo un nombre y un encuentro
latentes, a ese centro
cerrado y por cortar del compromiso.
III
Y no arde en ti la rosa, ni en ti priva
el finado clavel, si la violeta
contemporánea, viva,
del libro que viaja en la chaqueta.
“Si mis manos pudieran deshojar”, de Federico García Lorca
I
Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
II
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.
Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
III
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.
¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!
“Apegado a mí”, de Gabriela Mistral
I
Velloncito de mi carne
que en mis entrañas tejí,
velloncito tembloroso,
¡duérmete apegado a mí!
II
La perdiz duerme en el trigo
escuchándola latir.
No te turbes por aliento,
¡duérmete apegado a mí!
Yo que todo lo he perdido
ahora tiemblo hasta al dormir.
III
No resbales de mi pecho,
¡duérmete apegado a mí!
“Preludio”, de Antonio Machado
I
Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero
poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.
II
Acordaré las notas del òrgano severo
al suspirar fragante del pífano de abril.
Madurarán su aroma las pomas otoñales;
la mirra y el incienso salmodiarán su olor;
exhalarán su fresco perfume los rosales,
bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.
III
Al grave acorde lento de música y aroma,
la sola y vieja y noble razòn de mi rezar
levantará su vuelo süave de paloma,
y la palabra blanca se elevará al altar.
“Lo fatal”, de Rubén Darío
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!…
Referencias
- Poema y sus elementos: estrofa, verso, rima. Recuperado de portaleducativo.net.
- Poemas de Juan Ramón Jiménez, César Vallejo y Gabriela Mistral. Recuperado de amediavoz.com.
- Poemas de Fernando Pessoa. Recuperado de poeticas.com.ar.
- Poemas de Amado Nervo y Antonio Machado. Recuperado de los-poetas.com.
- Poemas de Federico García Lorca. Recuperado de federicogarcialorca.net.