
¿Qué son las oriónidas?
Las oriónidas son una lluvia de meteoros, visible en el cielo nocturno desde comienzos de octubre hasta principios de noviembre, irradiando desde la constelación de Orión por la que reciben el nombre.
La vista de una estrella fugaz y la breve estela que traza en el cielo nocturno ha fascinado a todos los observadores desde tiempos remotos, pero el origen de estos veloces y fugaces visitantes no estuvo claro, sino hasta el siglo XIX.
Pese a llamarse “estrellas”, no tienen nada que ver con cuerpos celestes como el Sol. Las estrellas fugaces, o meteoros, tienen su origen en remanentes de materiales que se encuentran a lo largo y ancho del sistema solar.
Se trata de restos de cometas y asteroides fragmentados por la interacción gravitatoria, que también se encarga de mantenerlos en órbita.
A medida que la Tierra se mueve, va encontrándose con estos escombros. Cuando se topa con una gran densidad de restos, estos consiguen entrar en la atmósfera a gran velocidad, ionizan los gases presentes y producen la estela luminosa característica. Luego –en la mayoría de los casos–, se desintegran por el roce.
Las oriónidas son nada menos que los restos que el Halley, el más famoso de todos los cometas, ha dejado en sus visitas por estos lares.
Aparte de ser el padre de las oriónidas, el cometa Halley también es responsable de otra lluvia de estrellas muy llamativa: las eta-acuáridas en la constelación de Acuario, visibles entre abril y mayo de cada año.
Por su ubicación, las oriónidas pueden admirarlas los habitantes de ambos hemisferios, siempre que el cielo esté despejado y la Luna esté baja en el horizonte. Además, la presencia de Orión, el cazador celeste y las demás constelaciones y planetas visibles en ese momento, de por sí garantizan una vista del cielo nocturno realmente impresionante.
Orígenes de las oriónidas
El tamaño de los restos dejados por cometas y asteroides es muy variable, desde finas partículas de polvo de 1 micra (millonésima parte de un metro) de diámetro, hasta fragmentos realmente grandes con ancho de kilómetros.
El Halley es un cometa periódico cuya última visita se registró en 1986 y que se espera de vuelta en 2061. Fue identificado y estudiado por el astrónomo inglés Edmund Halley en 1705, pero ya era conocido desde mucho antes, siendo el mejor documentado de todos los cometas.

Al acercarse al Sol, la radiación calienta al cometa hasta vaporizar una parte. En el proceso se liberan átomos y moléculas ionizados, que emiten un espectro. Mediante análisis, los científicos reconocieron elementos como hidrógeno, carbono y nitrógeno y compuestos de ellos: amoníaco, agua y dióxido de carbono, formando parte del cometa.
Esta relación entre las lluvias de estrellas, cometas y asteroides no fue evidente durante algún tiempo. La existencia de las estrellas fugaces era atribuida a fenómenos atmosféricos y no a interacciones de la Tierra con otros objetos celestes.
Pero un sorprendente e inesperado fenómeno despertó la curiosidad de la gente por conocer el verdadero origen de los meteoros: la gran lluvia de las leónidas de noviembre de 1833, con centenares de miles de meteoros visibles en una sola noche.
Décadas después, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli halló el vínculo definitivo entre las órbitas de los cometas y las lluvias de estrellas, al comprobar que la órbita del cometa Tempel-Tuttle coincidía con las leónidas. Cada vez que el cometa llega a las inmediaciones cada 33 años, las leónidas suelen experimentar una intensa actividad.
Características de las oriónidas
– Recurrencia. Comienzan en octubre y prosiguen hasta comienzos de noviembre, el máximo de actividad suele ocurrir en la tercera semana de octubre, alrededor del 21 de ese mes. Los meteoros tienen un llamativo color verde amarillento.
– Radiante. Parecen provenir de un punto situado en la constelación de Orión, el cazador. Este punto se conoce como radiante de la lluvia de estrellas, que es simplemente un efecto de perspectiva, ya que las trayectorias de los meteoros, al ser paralelas, parecen converger en dicho punto.
– Tasa cenital. Otro factor importante es la tasa horaria cenital, ritmo cenital o THZ, que es la cantidad de meteoros por hora bajo condiciones de visibilidad ideales –cielos oscuros, despejados y luna no visible–. En promedio, se calcula que las oriónidas tienen un ritmo cenital de 20-25 meteoros por hora, aunque cuando la Tierra se encuentra con una gran cantidad de escombros dejados por el Halley en anteriores visitas, la THZ llega a ser de hasta 50 meteoros/hora, con velocidades en el rango de 60-66 km/segundo cada uno.
– Índice poblacional. Describe el brillo de las estelas dejadas por el enjambre. No es sencillo de cuantificar, porque depende, entre viarios factores, de la masa y la velocidad de los meteoros.
Cuándo y cómo observar las oriónidas
Las oriónidas se observan muy bien durante la madrugada, entre 2 y 3 horas antes de la salida del sol. Las lluvias de estrellas no se detienen durante el día, como lo revelan las observaciones hechas con radar, pero a menos que se trate de un gran bólido, difícilmente son vistos en horas diurnas.
Es un hecho que durante el transcurso de una misma noche, los meteoros van siendo cada vez más numerosos a medida que pasa el tiempo. En promedio, antes del amanecer se puede ver el doble de meteoros que al atardecer, por eso se recomienda observarlas a estas horas.
Además, los meteoros observados antes de la medianoche parecen más lentos, por aquello de que la velocidad relativa entre dos móviles en la misma dirección es la resta de ambas velocidades, mientras que en sentidos contrarios se suman. De inmediato un ejemplo.
Velocidad relativa de los meteoros
Supongamos que un fragmento que se mueve a 40 km/s, se encuentra antes de la medianoche con la Tierra. En tal caso, ambos, Tierra y fragmento, siguen la misma dirección.
Sabiendo que la Tierra tiene una velocidad aproximada de 30 km por segundo, la velocidad relativa será de 40-30 km/s= 10 km/s. Por lo tanto, este meteoro se ve venir a 10 km/s.
En cambio, antes del amanecer, cuando la Tierra se topa de frente con los meteoros, dicha velocidad es 40+30= 70 km/s, y veríamos venir a la estrella fugaz con una velocidad 7 veces mayor.

Recomendaciones para verlas
Las lluvias de estrellas se observan mejor a simple vista, por lo tanto, no se necesitan binoculares y telescopios. Básicamente, lo que se requiere es paciencia para escudriñar el cielo y esperar a que aparezcan los meteoros. Hay que darle tiempo a la vista para acomodarse a la oscuridad.
Sin embargo, el firmamento, en la época del año en que las oriónidas aparecen, es rico en objetos interesantes que vale la pena observar con instrumentos: estrellas de primera magnitud, nebulosas y planetas. Los más interesantes se mencionan seguidamente.
El radiante de las oriónidas está cerca de Betelgeuse, la gigante roja de Orión, en sí misma un espectáculo, aunque no es necesario mirar exclusivamente allí para apreciar la lluvia, ya que lo más recomendable es pasear la mirada por todo el cielo.
En cambio, sí es conveniente esperar a que el radiante se encuentre más o menos alto sobre el horizonte, y la forma más cómoda es ubicarse sobre una silla extensible o acostarse directamente sobre el suelo.
Además, como observar el cielo se lleva su tiempo, es buena idea contar con mantas, ropa cómoda, alimentos, termo con café, té o chocolate caliente, linterna, repelente de insectos y móvil inteligente con mapas celestes.
Finalmente, para fotografiar el evento, el equipo más apropiado es una cámara réflex provista de trípode y disparador automático.
Referencias
- Major Meteor Showers. Recuperado de amsmeteors.org.
- Orionids. Recuperado de solarsystem.nasa.gov.
- Pasachoff, J. Stars and Planets. Peterson Field Guides.
- The Best Meteor Shower in 2019. Recuperado de skyandtelescope.com.
- Oriónidas. Recuperado de es.wikipedia.org.