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Humanidades » Historia » Pedro Abelardo

Pedro Abelardo

Pedro Abelardo. Fuente: Antoni Oleszczyński, Wikimedia Commons

¿Quién fue Pedro Abelardo?

Pedro Abelardo (1079-1142) fue un filósofo, poeta, monje y teólogo francés que quiso volver más inteligibles los principios de la fe mediante el razonamiento filosófico.

Afirmaba que los individuos tenían derecho a decidir y actuar con albedrío, sin ser juzgados por la doctrina religiosa. De ese modo, la hipótesis de este autor se centraba en el comportamiento moral.

A su vez, aducía que la moralidad estaba determinada por la manera en la cual cada persona materializaba sus pensamientos. A diferencia de los intelectuales de la Alta Edad Media, que solo se basaban en las teorías, Abelardo expuso la necesidad de comprobar las tesis.

Establecía que la práctica era tan importante como los conceptos. Algunas de sus ideas en teología fueron declaradas heréticas por la Iglesia católica. Por ejemplo, declaró que la fe religiosa debía limitarse a “principios racionales”. Fue famoso, entre otras cosas, por su relación amorosa con Eloísa, y siglos más tarde la pareja sería ensalzada por el Romanticismo.

Biografía de Pedro Abelardo

Pedro Abelardo nació en 1079, en la localidad de Le Pallet, Bretaña. Fue el hijo mayor de Lucía y Berengario Abelardo, aristócratas y dueños de una parte del territorio del este de Francia.

Gracias a los recursos económicos familiares, desde temprana edad se educó esmeradamente. Renunció a la carrera militar y estudió lógica y dialéctica. A partir de ese momento se dedicó a viajar. Recorrió distintas regiones para debatir dialécticamente con los filósofos que ejercían la retórica. En 1093 obtuvo un certificado en Artes en la provincia de Lonches.

Desde 1095 se educó con Roscelino de Compiegne (1050-1120), un maestro nominalista que le enseñó que los nombres abstractos eran manifestaciones mentales, ya que los términos humanidad, virtud y libertad carecían de representaciones materiales.

Según Compiegne, tales vocablos eran únicamente sonidos. Abelardo se opuso a esta postura y acusó de blasfemo a Roscelino por transmitir ideas irracionales que atentaban contra el dogma de Dios.

Formación académica

A los 20 años se asentó en París, ciudad que era conocida como el círculo de los académicos. Ingresó a la Escuela Catedralicia en 1098, siendo su tutor Guillermo de Champeaux (1070-1121), quien era un doctor que lo instruyó en los principios de gramática, dialéctica y retórica.

Abelardo inició una especialización en Artes en 1100, donde aprendió astronomía, aritmética, geometría y música. En 1102 le otorgaron el título de maestría y al instante criticó el método didáctico de Champeaux porque lo consideraba exagerado e injustificable.

Con el objetivo de contradecir la hipótesis de Roscelino, Champeaux manifestó que cada término tenía una forma específica en el mundo externo, la cual era designada por la humanidad. Esa tesis ocasionó que Abelardo lo categorizara de realista extremo.

En 1103 Pedro se asentó en Laon y le solicitó a Anselmo de Laudunense (1050-1117) que le dictara clase de teología; pero al poco tiempo refutó la doctrina del teólogo, quien aludía que Dios era la fuerza que unificaba el Universo.

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Meses más tarde regresó a París para trabajar en un colegio que le permitiera demostrar los errores de las teorías que se estaban difundiendo.

Trabajos de enseñanza

No obstante, en París no obtuvo resultados favorables. Por ello partió hacia Melun y luego a Corbeil, municipios donde consiguió numerosos alumnos. De hecho, en 1108 fundó una institución en la Colina de Santa Genoveva.

En 1113 ganó la plaza de profesor de dialéctica y retórica en la Escuela Catedralicia. En 1115 se le confió la educación de Eloísa, sobrina de Fulberto –canónigo de la catedral de París–. Con ella tuvo un romance clandestino, y en 1119 nació su hijo, Astrolabio.

Para que no los descubrieran, Abelardo llevó a la nueva familia al hogar de su hermana en Le Pallet, y se casó con Eloísa, aunque ella se negaba, pues pensaba que los intelectuales y hombres de ciencia no debían casarse, sino dedicarse por completo al conocimiento. Fulberto, el tío, se sintió traicionado y difundió la noticia del matrimonio.

Además, contrató a dos siervos para que castraran a Abelardo, lo cual se condenó con la castración de quienes cometieron el delito, y con el destierro de Fulberto.

Humillado, Abelardo tomó los hábitos de monje y se recluyó en Saint-Denis, y dispuso que Eloísa se hiciera monja en el monasterio de Argenteuil.

Retorno a la pedagogía

En 1120 Pedro Abelardo se trasladó a Provins, comuna donde recuperó a sus estudiantes; pero en 1121 fue solicitado y cuestionado por el Concilio de Soissons por su texto Sobre la unidad y la divina trinidad, obra donde afirmó que existían tres deidades y no una.

La acusación fue planificada por los discípulos de Laudunense, Roscelino y Champeaux. Sin embargo, cuando Abelardo llegó no le permitieron defenderse y los jueces le impusieron que quemara su escrito, además le impidieron que ejerciera la docencia durante algunos años.

Luego de cumplir la sentencia en la abadía de Saint Médard, regresó en 1123 a Saint Denis, que abandonó rápido porque conquistó la enemistad de los sacerdotes cuando comentó que el santo al que alababan no era el mismo que Dionisio Areopagita, patrón del convento.

Días después se marchó a Troyes y sus estudiantes lo siguieron. Por eso, en 1124 erigió la escuela del Paráclito, la cual se hallaba cerca del templo de Bernardo de Claraval (1090-1153).

Acusaciones

Las enseñanzas que impartía en la institución de Claraval objetaban los ideales de Abelardo. Esto fue porque la metodología de Bernardo se caracterizaba por la severidad del cristianismo, expresaba que Dios les transmitía la verdad a los monjes para que se las comunicaran a los hombres.

En cambio, Abelardo planteaba que las decisiones eran responsabilidad del individuo y no de un ente superior. Eso ocasionó que lo declararan hereje. Por ello eligió retirarse en 1128, siendo recibido en el monasterio de Saint Gildas.

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En este lugar fue nombrado abad, y algunos religiosos comentaron que asumió su cargo con despotismo. En 1130 edificó un convento en el Paráclito, espacio donde ubicó a Eloísa y a quien le dio el cargo de abadesa.

En 1132 renunció a la abadía, y en 1139 fue inculpado nuevamente de sacrílego por los eclesiásticos de Roma.

Últimos años

Esta imputación se llevó a cabo por las pruebas que presentaron Bernardo de Claraval y Guillermo de Saint Thierry (1085-1148). Estos teólogos reunieron varias ideas heterodoxas que aparentemente estaban expuestas en las obras de Abelardo y se las enviaron al papa.

Esta denuncia hizo que Abelardo pidiera realizar un concilio, pero la respuesta del sínodo de Sens fue que se retractara de sus argumentos inmorales. Por ello recurrió al Sumo Pontífice, aunque esa autoridad ya había firmado la propuesta del sínodo.

La condena establecía su silencio perpetuo, es decir, que Abelardo ya no podría enseñar en espacios públicos ni academias. En 1141 fue llevado al monasterio de Cluny; pero terminó refugiándose en el templo de Saint Marcel por motivos de salud, donde se consagró a escribir.

Falleció en 1142 a los 63 años. En 1817 sus restos fueron transportados al cementerio parisino de Pere Lachaise, siendo sepultados junto al cuerpo de Eloísa. 

Pensamiento de Pedro Abelardo

Es difícil clasificar el pensamiento de Abelardo en una categoría determinada, puesto que no siguió los fundamentos del realismo extremo ni del nominalismo. Aun así, utilizó los conceptos de ambos movimientos filosóficos para desarrollar su propia teoría.

No consideraba que las ideas abstractas existieran en la realidad externa, sino que eran definiciones que se encontraban en la mente. En ese sentido manifestó que los nombres eran términos singulares creados por el entendimiento y no tenían referencias universales.

Esa hipótesis sentó las bases para el conceptualismo. Las ideas de Abelardo estuvieron influenciadas por la dialéctica aristotélica, ya que se enfocó en la lógica como pilar académico y religioso.

Abelardo afirmaba que la razón le daría sentido a la fe. Creía que las personas debían comprender el culto que predicaban. Con ello, contradecía al misticismo, que proponía adorar a Dios mediante la contemplación.

Aportes de Pedro Abelardo a la filosofía

La primera contribución de Abelardo fue exponer que las concepciones universales eran elementos coherentes que unían el mundo físico con el mental. Eran lógicas porque usaban el lenguaje. Es decir, las palabras debían ser comprensibles para las personas.

Por tanto, lo esencial no era el objeto, sino el significado. También describió una especie de procedimiento investigativo, donde detalló que la duda generaba la indagación. Cuando los individuos indagaban podían cruzarse con la verdad.

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Con ello estableció los cimentos para el desarrollo del método escolástico; pero antes de encontrar la verdad era primordial entender la composición de las palabras, elaborar un examen crítico de las sagradas escrituras e interpretarlas sin vincular la opinión del autor con la personal.

De cierta forma este filósofo motivó el estudio empírico, puesto que planteó que la observación era vital para analizar los hechos. 

Sobre la libertad

Siguiendo la teoría cristiana-agustiniana, Abelardo expuso que la libertad de la humanidad derivaba de su naturaleza. El Creador hizo al humano a su imagen y semejanza, por eso le otorgó la facultad de razonar.

Al razonar, las personas mostraban sus virtudes. Para él, la libertad era el derecho a pensar. Los pensamientos orientaban hacia el bien o el mal y dependían de la autodeterminación ética de cada individuo.

Con ese argumento, Abelardo fomentó el crecimiento de la subjetividad, ya que sugirió que las ideas no eran morales ni pecaminosas hasta que se ejecutaban.

Obras de Pedro Abelardo

En su trayecto pedagógico, Abelardo redactó diversas obras que sobresalieron por tener estilos híbridos, ya que no formaban parte de un género específico. Escribió sobre filosofía, teología y música.

Su objetivo fue establecer algunas respuestas sobre el inconveniente de los términos universales; procuró relacionar las posturas racionales con las religiosas, explicar las definiciones de justicia e injusticia y que el concepto de ética no solo abarcaba el área de la conciencia.

También escribió su autobiografía, donde confesó sus errores. Compuso varias sinfonías de amor para Eloísa, seis lamentos bíblicos y cien himnos de agradecimiento para la abadía de Argenteuil. 

  • Sobre la unidad y la divina trinidad (1121).
  • Historia de mis calamidades (1132).
  • Cartas de Abelardo a Eloísa (1133).
  • Teología cristiana (1141).
  • Sic et non (1141).
  • Conócete a ti mismo: Ética (1141).
  • Dialéctica (1141).
  • Diálogo entre un filósofo, un judío y un cristiano, cuya fecha de edición original aún es desconocida; pero en 1992 fue difundida la primera impresión.

Historia de mis calamidades

Es uno de los libros más importantes del filósofo porque muchos episodios de su vida son conocidos gracias a este texto. En esa autobiografía, el autor se dirige directamente al lector con el propósito de relatarle sus calamidades. 

Sí y no

En este tratado, Abelardo expuso los motivos que lo impulsaron a estar en desacuerdo con la institución eclesiástica. Planteó que los sacerdotes no podían intervenir en los pensamientos de los hombres porque atentaban contra la voluntad sagrada de Dios.

Referencias

  1. Castellanos, J. Lógica y razón en Pedro Abelardo. Recuperado de uba.ar.
  2. Daza, R. Dialéctica y razón práctica en Pedro Abelardo: independencia o laberinto intelectual. Recuperado de revistafyl.filos.unam.mx.
  3. Gilson, E. Abelard: treatise of logic and love life. Recuperado de cam.ac.uk.
  4. Jolivet, P. Medieval metaphysics and the modern world. Recuperado de history.stanford.edu.

Cita este artículo

Lifeder. (21 de enero de 2025). Pedro Abelardo. Recuperado de: https://www.lifeder.com/pedro-abelardo/.

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Por Gabriela González

Licenciada en Letras de la UCAB. Amante del conocimiento. Redactora de contenidos.
Última edición el 21 de enero de 2025.

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