
¿Qué son las trabéculas?
Las trabéculas son pequeñas láminas que se encuentran en un tipo de tejido óseo llamado hueso esponjoso o hueso trabecular o areolar. Las trabéculas están dispuestas irregularmente, creando tabiques y espacios, adoptando la forma de la superficie de una esponja.
Si bien el término es usado con frecuencia para referirse al tejido óseo, su uso no es exclusivo de los huesos. La importancia de la red trabecular en el hueso es que en los espacios que se forman entre los tabiques trabeculares se encuentra la médula ósea.
Esta es una estructura especializada ubicada en los huesos largos, donde comienza la formación de eritrocitos, leucocitos y plaquetas, las principales células que componen la sangre, proceso conocido como hematopoyesis.
En el hueso esponjoso de la pelvis es donde se toman muestras de médula ósea para diagnosticar enfermedades malignas, como la leucemia. La osteoporosis es una de las principales patologías que afectan este tipo de tejido óseo, ocasionando un deterioro significativo en la superficie de trabéculas.
Función e importancia de las trabéculas del hueso esponjoso
- Soporte estructural. Forman una red tridimensional que proporciona soporte interno al hueso esponjoso, distribuyendo las fuerzas y tensiones mecánicas que el hueso soporta durante actividades como caminar, correr o cargar peso. Están organizadas de manera estratégica siguiendo las líneas de estrés mecánico, lo que maximiza la resistencia y minimiza el peso del hueso.
- Reducción del peso del hueso. Al ser una estructura porosa y liviana, contribuye a reducir el peso del hueso, facilitando la movilidad y disminuyendo la carga sobre los músculos y las articulaciones.
- Reservorio de médula ósea. Los espacios entre las trabéculas están ocupados por médula ósea roja en ciertas regiones, especialmente en los huesos largos y planos. Es fundamental para la hematopoyesis (producción de células sanguíneas). En otros huesos, o en diferentes etapas de la vida, estos espacios pueden contener médula ósea amarilla rica en tejido adiposo.
- Intercambio metabólico. Permiten una mayor superficie para el intercambio de nutrientes, minerales y desechos entre el tejido óseo y la sangre. El hueso esponjoso, gracias a su disposición trabecular, es una región activa en el remodelado óseo y en el mantenimiento del equilibrio de calcio y fósforo en el organismo.
- Amortiguación. Actúan como un sistema amortiguador, ayudando a disipar las fuerzas de impacto y protegiendo el hueso compacto y las articulaciones de daños.
Tejido óseo y trabéculas
Los huesos están conformados por un tipo de tejido especial compuesto de calcio, conocido como tejido óseo.
El conjunto de huesos unidos por cartílagos y ligamentos forma el esqueleto humano, que cumple funciones de movimiento, mantenimiento de la postura, contención y protección de los órganos.
Además, los huesos son el principal lugar de almacenamiento de calcio y fosfato del cuerpo, tienen una importante reserva de células grasas, y algunos contienen espacios donde se encuentran células sanguíneas inmaduras que continuamente desarrollan e incorporan a la circulación nuevos componentes esenciales de la sangre.
Cada hueso tiene una estructura compleja constituida por células que se restituyen cada cierto tiempo, a través de la formación y eliminación de tejido óseo. Estas células se denominan osteoblastos y osteoclastos, respectivamente.
El proceso mediante el cual las células óseas maduras fabrican y reabsorben tejido óseo se conoce como remodelado óseo.

El hueso es el único tejido del cuerpo con la capacidad de regenerarse con una estructura exactamente igual a la original y no con un tejido cicatricial. Cuando un individuo sufre una fractura, las células óseas se encargan de formar nuevo tejido que termina de unir los extremos de la parte fracturada.
El equilibrio del funcionamiento de los osteoblastos y los osteoclastos es fundamental para el buen mantenimiento de este tejido. Si alguna de estas células falla en su trabajo, hay un aumento del metabolismo en el hueso que puede generar su desgaste o su crecimiento anormal.
Por ejemplo, cuando aumenta la reabsorción ósea por los osteoclastos, sin la correspondiente formación de nuevas células, habrá pérdida del tejido óseo. Esta patología se conoce como osteoporosis.
Tipos de tejido óseo
Se distinguen dos tipos de tejido óseo que se encuentra en todos los huesos, pero distribuido de manera diferente en cada uno. Estos son el tejido compacto y el tejido esponjoso.

A pesar de que ambos comparten características esenciales, sus estructuras y funciones, así como su respuesta ante el traumatismo, son completamente diferentes.
- Tejido compacto. Estructura dura y densa, muy resistente a la compresión, ubicada principalmente en el cuerpo de los huesos. Está organizado en varias capas de tejido concéntrico que está alrededor de un canal principal que le suministra sangre. Esta zona se denomina canal de Havers. Este tipo de tejido contiene un sistema vascular especializado, además de receptores hormonales que regulan el almacenamiento y la distribución de calcio y fosfato. El conjunto que forman el canal principal de Havers con la complicada red de canales, conductillos y espacios por los que se nutre el hueso, se denomina osteona o sistema de Havers. La osteona es la unidad estructural del hueso compacto.

- Tejido esponjoso. No contiene osteones sino espacios huecos que forman una estructura elástica y resistente que amortigua bien el peso. Su nombre proviene de la forma que adquiere, parecida a una esponja. Se encuentra ubicado principalmente en las extremidades superiores e inferiores de los huesos largos y en el interior del resto de los huesos. Dentro de este tipo de tejido hay laminillas dispuestas de manera organizada, denominadas trabéculas. Estas forman pequeños tabiques que crean espacios en el interior del hueso. Dependiendo de la disposición de estos tabiques, se distinguen hasta tres tipos diferentes de hueso esponjoso. En el interior de los espacios trabeculares se ubica la médula ósea, tejido que forma parte del sistema sanguíneo y que se ocupa de formar los elementos precursores de las células sanguíneas.

Consideraciones clínicas sobre las trabéculas
- Hueso esponjoso. Tiene una superficie mayor de recambio celular y de regeneración que el tejido compacto. Además, contiene la médula ósea. Por ello, las patologías óseas pueden observarse con frecuencia en esta parte del tejido. La osteoporosis es una enfermedad frecuente sobre todo en mujeres postmenopáusicas y ancianos, en la cual hay un desequilibrio entre la formación y la reabsorción del hueso, donde predomina la reabsorción. Los primeros signos radiológicos se observan en el tejido esponjoso de los extremos de los huesos largos, como el fémur, pero a medida que pasa el tiempo el hueso compacto también se ve afectado. Puede evidenciarse en la radiografía un área más clara de lo normal a nivel de las articulaciones de la cadera. Este signo significa que esa parte del hueso está menos denso y por lo tanto, más frágil. En el microscopio de un hueso esponjoso con osteoporosis se observa disminución en el tamaño y el número de trabéculas de la superficie ósea. La gran mayoría de las fracturas que se observan en ancianos son llamadas fracturas patológicas, y ocurren por esta enfermedad. El término fractura patológica se utiliza en toda aquella fractura con ausencia de traumatismo o en la cual la intensidad del trauma no tiene relación con la gravedad de la lesión. Por ejemplo, una fractura con desplazamiento de los huesos en un paciente que se tropezó con una mesa.

- Médula ósea. Las células madre de la médula ósea pueden sufrir mutaciones que las hacen desarrollarse de manera anormal causando enfermedades malignas, como la leucemia, el linfoma y el mieloma. Los pacientes con este tipo de patologías deben recibir tratamientos estrictos de quimioterapia y, en algunos casos, radioterapia. Una vez que el tratamiento hizo efecto, ese paciente puede plantearse para un trasplante de médula ósea. Con este procedimiento se busca reemplazar las células medulares defectuosas por células sanas. La técnica de recolección de médula ósea se realiza en los huesos de la pelvis del donante, que son accesibles para este procedimiento, aunque también puede tomarse el tejido de otros huesos. Consiste en extraer una cantidad suficiente de médula ósea de los huesos ilíacos mediante grandes cánulas. La cantidad se calcula según el peso del paciente receptor. Después de algunas semanas, a través de exámenes de laboratorio, se determina si el organismo del paciente aceptó adecuadamente el trasplante y si su médula ósea transplantada funciona. Este es un procedimiento complejo que puede tener complicaciones.

Referencias
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