
¿Qué es el impresionismo?
El impresionismo es un movimiento artístico que nació en Francia en 1860, que buscaba recrear los efectos de la luz al momento de observarla, a través de pinceladas gruesas o manchas. Por ello, en este movimiento se usaban colores vivos y brillantes.
Se le denominó impresionismo gracias a un comentario despectivo del crítico de arte francés Louis Leroy ante el cuadro de Claude Monet, llamado “Impresión, sol naciente”. A partir de allí se llamó impresionistas a los pintores con técnicas similares.
En líneas generales, las pinturas impresionistas se elaboran a partir de pinceladas de colores que juntas forman elementos y figuras. Pero no puede apreciarse de cerca (porque de cerca solo parecen manchas); es necesario tomar distancia para visualizar las formas, las luces y las sombras plasmadas en el cuadro.
Origen e historia del impresionismo
- La fotografía como enemigo de la pintura. El impresionismo tuvo sus orígenes en la Escuela de Barbizon, donde los artistas se reunían para pintar al aire libre e inspirarse en los escenarios naturales. De esta escuela los impresionistas tomaron el gusto por los paisajes y por la belleza y luminosidad de la naturaleza. En esta época se empezó a desarrollar la fotografía, que capta la realidad tal y como es. Esto afectó notoriamente a los pintores, quienes no sabían cómo justificar la elaboración de retratos y paisajes cuando una cámara lo podía hacer casi de forma instantánea y más fielmente. Por esta razón, los pintores buscaron la forma de retratar las cosas de una forma distinta, que no se asemejara a una fotografía. De esta manera se fueron alejando de las líneas y del volumen para enfocarse en el modo en que el ojo percibe los colores y las formas a través de la luz.
- Recibimiento de la crítica. Aunque en sus comienzos el impresionismo no fue muy aceptado por las academias (lo consideraban extraño y vulgar), este movimiento pictórico gozó de mucha fama. En esa época, Francia era considerada la cuna del arte, por lo que artistas de todas partes del mundo acudían a París para educarse y conocer las nuevas tendencias. Esto permitió que pintores y viajeros expandieran las nuevas técnicas del impresionismo por todo el mundo. El impresionismo alcanzó su mayor apogeo a partir de 1873, cuando pintores como Edgar Degas, Claude Monet, Camille Pissarro y Pierre Renoir se consagraron como artistas y representantes principales del nuevo estilo. Es conveniente destacar que, si bien el impresionismo siguió una serie de principios, cada uno de estos pintores lo interpretó de acuerdo a sus necesidades expresivas. Por ejemplo, Degas (1834-1917) se enfocó en plasmar la sensación de movimiento a partir del retrato de bailarinas, mientras que Monet prefirió los entornos naturales y acuáticos; así se aprecia en su obra Los nenúfares (pintada entre 1920 y 1926).
Características del impresionismo
Aunque el movimiento impresionista nació en Francia a partir de la mitad del siglo XIX, estuvo influenciado por el Romanticismo alemán y tomó ciertas nociones del estilo de los paisajistas ingleses.
Por ejemplo, de pintores como John Constable (1776-1837) y Joseph Turner (1775-1851) los impresionistas tomaron el gusto por el difuminado y por los colores intensos, como rojo y amarillo.
También fueron importantes los aportes de Édouard Manet (1832-1883) —amigo y tutor de varios pintores impresionistas— quien fue uno de los primeros en interesarse por los efectos de la luz en la percepción de las figuras y colores.
Además, este pintor también comenzó a desprenderse del uso de la línea y comenzó a emplear pinceladas más gruesas. Así se aprecia en su pintura Almuerzo sobre la hierba (1863).
– Captación de la luz. La luz es el elemento central; los artistas estudian cómo cambia según la hora del día.
– Pinceladas sueltas y visibles. No se busca el detalle perfecto, sino trazos rápidos que sugieren formas.
– Colores vivos y puros. Uso de colores sin mezclar demasiado, aplicados directamente sobre el lienzo.
– Ausencia de contornos definidos. Las figuras no están delimitadas claramente; se difuminan con el entorno.
– Representación de lo cotidiano. Escenas de la vida diaria: paisajes, gente común, momentos simples.
– Interés por el instante. Intentan capturar un momento fugaz, como una “fotografía” visual.
– Pintura al aire libre (plein air). Muchos artistas pintaban directamente en la naturaleza para captar mejor la luz.
– Efectos ópticos. Uso de pequeñas pinceladas de color que, vistas a distancia, se mezclan en el ojo del espectador.

Representantes y obras del impresionismo
Claude Monet (Francia, 1840-1926)

Este pintor es considerado uno de los padres del impresionismo; de hecho, el término fue tomado de una de sus obras más famosas: Impresión, sol naciente (1872).
Antes de 1860, sus obras habían sido de corte realista (es decir, retratando la realidad lo más fielmente posible). Pero luego comenzó a desarrollar un estilo completamente distinto, enfocado en la iluminación y las pinceladas gruesas.
A Monet le gustaba pintar al aire libre, especialmente en los jardines de su casa, ubicada en Giverny (que se puede visitar hoy en día). Allí elaboró una serie de pinturas conocidas como Los nenúfares, inspirado en los estanques de su hogar.

Otra de sus obras más conocidas fue la serie de La catedral de Ruan (elaboradas en 1895). Este trabajo estaba compuesto por varios retratos de la catedral, realizados a diferentes horas del día; de esta forma, Monet logró captar de qué manera cambiaban los colores del edificio dependiendo de la incidencia solar.
Pierre-Auguste Renoir (Francia, 1841-1919)

Destacó por sus figuras femeninas, que insertaba en paisajes naturales. Fue un artista muy especial que, a través de las pinceladas, logró plasmar vibraciones y luminosidades muy particulares en sus obras.
Esto se puede apreciar en pinturas como Las grandes bañistas (1884), donde los cuerpos femeninos tiene una iluminación llamativa y de matices rosados. Además, las pinceladas del agua le permiten al espectador percibir movimiento y vitalidad.
Renoir también hizo pinturas que plasmaban situaciones cotidianas, como sus obras Almuerzo de remeros (1881) y el Baile en el Moulin de la Galette (1876). Renoir se caracterizó por retratar los aspectos más bellos de la vida y la naturaleza.

Berthe Morisot (Francia, 1841-1895)

Aunque el mundo del arte estaba mayormente reservado para hombres, también hubo artistas femeninas que destacaron en el impresionismo. Es el caso de Berthe Morisot, quien desarrolló una extensa carrera artística durante tres décadas, empezando a exponer sus cuadros a los 23 años.
Sus pinturas se enfocaron en su propia vida, y en su percepción de las actividades femeninas. Así se aprecia en su obra La cuna (1872) y en Mujer en su baño (1875).

El estilo de Morisot estuvo impregnado de luz y color, destacando por sus pinceladas sueltas y por evitar las formas tradicionales.
Mary Cassatt (Estados Unidos, 1844-1926)

Pasó la mayor parte de su vida en Francia, nutriéndose de los ideales impresionistas. Fue amiga de Edgar Degas, quien la introdujo en el mundo artístico.
La temática de sus pinturas abarcó la vida cotidiana y social, especialmente de las mujeres. Uno de sus temas favoritos fue la maternidad y los niños.
Esto se puede apreciar en sus obras Maternidad (1890), Niños en la playa (1884), Jules secado por su madre (1900) y Madame Meerson y su hija (1899). La paleta de colores utilizada por Cassatt fue muy variada: empleaba desde colores pasteles hasta tonalidades oscuras como marrones y grises.

Édouard Manet (Francia, 1832-1883)

Uno de los mayores referentes del impresionismo en Francia. Al descubrir a Diego Velázquez y empezar a tratar con otros artistas, como Monet, su obra adoptó tintes del movimiento impresionista. Música en las Tullerías, Olympia o El balcón son algunas de sus creaciones más destacadas.

Edgar Degas (Francia, 1834-1917)

Fue uno de los impulsores del impresionismo, aunque él mismo se desmarcara de esa corriente. Su estilo es muy particular porque conseguía captar la espontaneidad, tanto en una figura concreta como en un colectivo. Mostraba técnicas de Delacroix, y algunas de sus más notables creaciones fueron Desnudo masculino (1856), La violación (1869), La cantante con guantes (1878), o las series de bailarinas.

Impresionismo en España
España fue uno de los países europeos que más se nutrió de la corriente impresionista. De hecho, muchos artistas españoles viajaron a Francia para conocer las nuevas tendencias e inspirarse.
Los pintores españoles tomaron del impresionismo el gusto por los paisajes y los ambientes naturales; también las pinceladas sueltas y los colores llamativos. No obstante, cada uno le añadió su perspectiva única. Así se aprecia en el estilo de Joaquín Sorolla y Darío de Regoyos y Valdés.
Joaquín Sorolla (1863-1923)

Fue un pintor muy exitoso que llegó a realizar hasta 2.200 pinturas. Su estilo es principalmente impresionista, aunque tuvo algunos rasgos de los movimientos postimpresionista y luminista.

Sorolla solía usar una paleta de colores pasteles, lo que se puede apreciar en sus obras Niños en la playa (1910), Paseo por la playa (1909) y el retrato de Raquel Meller (1918). Pero también usó tonalidades rojas y marrones; así se muestra en su Autorretrato (1909).
Darío de Regoyos y Valdés (1857-1913)

Además de impresionista, también experimentó con el puntillismo y el simbolismo. Los colores en su pintura fueron muy variados; por ejemplo, en Almendros en flor (1905) usó una paleta brillante compuesta por azules y verdes. En cambio, en Viernes Santo en Orduña (1903) empleó colores oscuros compuestos por tonalidades marrones.

Impresionismo en México
Al igual que los españoles, los pintores mexicanos también se influenciaron por las corrientes francesas. Sin embargo, los artistas de este país les añadieron a sus pinturas escenas locales y culturales de México. Así se puede apreciar en las obras de Joaquín Clausell.
Joaquín Clausell (1866-1935)

Pintor que también fue activista y abogado. Su obra fue de corte impresionista y estuvo enfocada en los paisajes de México. Cuando viajó a Francia, pudo conocer a artistas importantes como Camille Pisarro y el escritor Émile Zola, quienes lo motivaron en su vocación pictórica.

Sus pinturas fueron estrictamente paisajistas; esto se puede apreciar en Paisaje con bosque y río (1910), donde el artista logra captar el movimiento del agua y de las hojas gracias a la pincelada impresionista.
Es importante destacar que posteriormente las técnicas impresionistas sirvieron de inspiración a grandes artistas mexicanos, como Diego Rivera (1886-1957) y Frida Kahlo (1907-1954).