
¿Qué es la papila renal?
La papila renal es una estructura anatómica del parénquima renal en donde se completa el procesamiento del líquido tubular filtrado en los glomérulos. El líquido que abandona las papilas y entra a los cálices menores es la orina final, que se conducirá sin modificaciones hasta la vejiga urinaria.
Como las papilas forman parte del parénquima renal, es necesario conocer cómo se organiza este último. Un corte del riñón a lo largo de su eje mayor permite reconocer dos bandas: una superficial, llamada corteza, y otra más profunda, conocida como médula, de la cual forman parte las papilas.
La corteza renal es una capa superficial en donde se encuentran los glomérulos y la mayor parte del sistema tubular que se asocia con cada uno de ellos para constituir una nefrona: el túbulo proximal, el asa de Henle, los túbulos distales y los conductos conectores. Cada riñón posee un millón de nefronas.
Dentro mismo de la corteza, un par de miles de estos conductos conectores (nefronas) desembocan en un conducto más grueso llamado colector cortical, que se dirige radialmente en profundidad y se introduce en la médula renal. Este conducto con las nefronas que recibe es un lobulillo renal.
La médula renal no es una capa continua, sino que se organiza como en masas de tejido en forma de pirámides o conos cuyas bases anchas se orientan hacia fuera, hacia la corteza, con la cual limitan, mientras que sus vértices apuntan radialmente hacia adentro, introduciéndose en los cálices menores.
Cada una de estas pirámides medulares representa un lóbulo renal y recibe los conductos colectores de cientos de lobulillos. La porción más superficial o externa de cada pirámide (1/3) recibe el nombre de médula externa; la más profunda (2/3) es la médula interna, y en ella se incluye la región papilar.
Histología de la papila renal
Los componentes más importantes de las papilas son los conductos papilares de Bellini, que le dan los toques finales al líquido tubular que reciben. Al finalizar su trayecto por los conductos papilares, este líquido, convertido ya en orina, se vierte en un cáliz menor y no sufre más modificaciones.
Los conductos papilares, relativamente gruesos, son las porciones terminales del sistema tubular renal y se forman por la unión sucesiva de unos siete conductos colectores, de los que al dejar la corteza y adentrarse en las pirámides, han pasado de corticales a medulares.
Los agujeros de desembocadura de los varios conductos de Bellini de una papila le brindan a su recubrimiento mucoso un aspecto de lámina perforada, por lo que se le conoce con el nombre de lámina cribosa. A través de esa lámina se vierte la orina al cáliz.
Además de los conductos de Bellini, también se encuentran en las papilas los extremos de las asas de Henle largas, integrantes de aquellas nefronas cuyos glomérulos se ubican en la corteza que limita inmediatamente con la médula. Nefronas llamadas por eso yuxtamedulares.
Otro componente adicional de las papilas son los llamados vasos rectos, que se originan en las arteriolas eferentes de las nefronas yuxtamedulares y descienden rectamente hacia el extremo de las papilas, para luego subir de nuevo rectamente hasta la corteza.
Tanto las asas de Henle largas, como los vasos rectos, son conductos cuyos segmentos iniciales descienden hasta las papilas, y allí se curvan para volver a la corteza siguiendo un trayecto ascendente paralelo al descendente. El flujo por ambos segmentos se dice que es a contracorriente.
Aparte de los elementos citados, se describe también la presencia en las papilas de un conjunto de células sin una organización histológica precisa y a las que se da el nombre de células intersticiales, de función desconocida, pero que pudieran ser precursoras en procesos de regeneración tisular.
- Gradiente hiperosmolar en la médula renal. Una de las características más resaltantes de la médula renal y que alcanza su máxima expresión en las papilas, es la existencia de un gradiente hiperosmolar en el líquido intersticial que baña los elementos estructurales descritos. Es de hacer notar que los líquidos corporales se encuentran por lo general en equilibrio osmolar, y es ese equilibrio el que determina la distribución del agua en los distintos compartimentos. La osmolaridad intersticial, por ejemplo, es la misma en toda la corteza renal e igual a la del plasma. En el intersticio de la médula renal, curiosamente, tratándose de un mismo compartimiento, la osmolaridad no es homogénea, sino que va aumentando progresivamente desde unos 300 mosmol/l cerca de la corteza, hasta un valor, en la papila humana, de alrededor de unos 1200 mosmol/l. La producción y la conservación de este gradiente hiperosmolar es, en gran parte, el resultado de la organización a contracorriente ya descrita para las asas y los vasos rectos. Las asas contribuyen a conformar un mecanismo multiplicador a contracorriente que crea el gradiente. Si la organización vascular fuese como la de cualquier otro tejido, este gradiente se disiparía porque la corriente sanguínea se llevaría los solutos. Los vasos rectos aportan un mecanismo intercambiador a contracorriente que previene ese lavado y ayuda a conservar el gradiente. La existencia del gradiente hiperosmolar es una característica fundamental que, como se verá más adelante, se añade a otros aspectos que permiten la producción de orinas con osmolaridades y volúmenes variables ajustados a las necesidades fisiológicas impuestas por las circunstancias.
Funciones de la papila renal
- Drenaje de la orina. La papila renal permite el paso de la orina desde los túbulos colectores hacia los cálices menores, que luego la conducen hacia la pelvis renal y el uréter.
- Transporte final de la orina. Actúa como un conducto de salida para la orina que ha sido filtrada y concentrada en la nefrona, asegurando que llegue al sistema excretor para su eliminación.
- Prevención del reflujo urinario. Gracias a su estructura y orientación, la papila renal contribuye a evitar el reflujo de orina desde los cálices menores hacia los túbulos colectores, lo que protege al riñón de posibles infecciones ascendentes.
- Regulación de la concentración urinaria. La papila renal forma parte del entorno donde se da la última concentración de la orina antes de ser excretada, participando indirectamente en el equilibrio hidroelectrolítico del cuerpo.
- Participación en el gradiente osmótico renal. La papila se encuentra en una zona donde se mantiene un gradiente osmótico importante, fundamental para la reabsorción de agua bajo la influencia de la hormona antidiurética (ADH).
Referencias
- Ganong, W.F. Renal Function and Micturition. McGraw Hill Education.
- Guyton, A.C., Hall, J.E. The Urinary System, in Textbook of Medical Physiology, 13th ed. Elsevier Inc.
- Koeppen, B.M., Stanton, B.A. Renal Transport Mechanisms: NaCl and Water reabsorption along the nephron. Elsevier Mosby.
- Lang, F., Kurtz, A. Niere. Springer Medizin Verlag.
- Silbernagl, S. Die function der nieren. Georg Thieme Verlag.