
Sor Juana Inés de la Cruz (1648/1651-1695) fue una escritora novohispana, principal exponente del Siglo de Oro en América. Fue una religiosa jerónima que incorporó, de forma innovadora, el náhuatl clásico a su creación poética. Perteneció a la corte del 25 virrey de Nueva España, Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar. Su nombre completo era Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana.
Su obra incluyó poesía, teatro, auto sacramental y prosa. Y su lírica se inscribe dentro de las normativas del barroco español, en su etapa más tardía. En el teatro, sus temas fueron tanto sagrados como profanos. Se unió a la orden de San Jerónimo, que permitía a las religiosas estudiar, escribir, recibir visitas y celebrar tertulias. Lo hizo porque no deseaba casarse, y esa forma de vida le pareció mucho más fructífera que el matrimonio.
Hemos hecho una selección de las mejores frases de Sor Juana Inés de la Cruz, escritora que, junto a Juan Ruiz de Alarcón, Bernardo de Balbuena y Carlos de Sigüenza y Góngora, formaría el grupo de autores novohispanos más importante del Siglo de Oro en Nueva España.
Las mejores frases de sor Juana Inés de la Cruz
-No estudio por saber más, sino por ignorar menos.

-Sin claridad no hay voz de sabiduría.

-Hay muchos que estudian para ignorar.

-Hasta el saber cansa cuando es saber por oficio.

-En un amante no hay risa que no se altere con llanto.

-Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis.

-Triunfante quiero ver al que me mata; y mato a quien me quiere ver triunfante.

-El saber consiste solo en elegir lo más sano.

-Quien oye y aprende, es mucha razón que atienda y calle.

-La más brillante de las apariencias puede cubrir las más vulgares realidades.

-Con entendimiento se suple todo.

-Así como ninguno quiere ser menos que otro, así ninguno confiesa: porque es consecuencia del ser más.

-Siento una grave agonía por lograr un devaneo, que empieza como deseo y para en melancolía.

-Este amoroso tormento que en mi corazón se ve, sé que lo siento, y no sé la causa por qué lo siento.

-Todos aquellos que se eligen por algún medio para algún fin, se tienen por de menor aprecio que el fin a que se dirigen.

-Perfeccionad vos la obra con nuestro amor infinito, para que el fin de su vida no desdiga del principio.

-De la más fragante rosa nació la abeja más bella, a quien el limpio rocío dio purísima materia.

-Teniendo por mejor en mis verdades consumir vanidades de la vida que consumir la vida en vanidades.

-Con poca causa ofendida, suelo, en mitad de mi amor, negar un leve favor a quien le diera la vida.

-Que te vean mis ojos, pues eres lumbre de ellos, y solo para ti quiero tenerlos.

-El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa.
-El que de amor adolece, de él divino ser tocado.
-De ver que odio y amor te tengo, infiero que ninguno estar puede en sumo grado, pues no le puede el odio haber ganado sin haberle perdido amor primero.
-Pero yo por mejor partido escojo de quien no quiero, ser violento empleo, que de quien no me quiere, vil despojo.
-Amor empieza por desasosiego, solicitud, ardores y desvelos; crece con riesgos, lances y recelos; susténtase de llantos y de ruego.
-Amor, que mis intentos ayudaba, venció lo que imposible parecía: pues entre el llanto, que el dolor vertía, el corazón deshecho destilaba.
-¡Cuán altiva en tu pompa, presumida, soberbia, el riesgo de morir desdeñas; y luego, desmayada y encogida, de tu caduco ser das mustias señas!
-Siento mal del mismo bien con receloso temor, y me obliga el mismo amor tal vez a mostrar desdén.
-Y así, amor, en vano intenta tu esfuerzo loco ofenderme: pues podré decir, al verme expirar sin entregarme, que conseguiste matarme mas no pudiste vencerme.
-Y aunque es la virtud tan fuerte, temo que tal vez la venzan. Que es muy grande la costumbre y está la virtud muy tierna.
-Mas sin duda es invencible del amor la fortaleza.
-Constante adoro a quien mi amor maltrata; maltrato a quien mi amor busca constante.
-Si con ansia sin igual solicitáis su desdén, por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal.
-Nunca hallo gusto cumplido, porque entre alivio y dolor hallo culpa en el amor y disculpa en el olvido.
-¿Cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga, la que peca por la paga, o el que paga por pecar?
-Si al imán de tus gracias, atractivo, sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras, lisonjero, si has de burlarme luego fugitivo?
-En perseguirme, mundo, ¿qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando solo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas?
-Es compuesta de flores maravilla, divina protectora americana, que a hacerse pasa rosa mexicana, apareciendo rosa de Castilla.
-Todo el mundo es opiniones de pareceres tan varios, que lo que el uno que es negro el otro prueba que es blanco.
-Para todo se halla prueba y razón en qué fundarlo; y no hay razón para nada, de haber razón para tanto.
-Era una pasión por la mirada, y en su mirada estaban los ojos antes del tiempo; dice su padre que el tiempo es melancolía, y cuando se para lo llamamos eternidad.
-Detente, sombra de mi bien esquivo, imagen del hechizo que más quiero, bella ilusión por quien alegre muero, dulce ficción por quien penosa vivo.
-Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, como en tu rostro y en tus acciones veía que con palabras no te persuadía, que el corazón que me vieses deseaba.
-Salgan signos a la boca de lo que el corazón arde, que nadie, nadie creerá el incendio si el humo no da señales.
-Yo no estimo tesoros ni riquezas, y así, siempre me causa más contento poner riquezas en mi entendimiento que no mi entendimiento en las riquezas.
-Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo.
-Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.
-Yo no puedo tenerte ni dejarte, ni sé por qué, al dejarte o al tenerte, se encuentra un no sé qué para quererte y muchos sí sé qué para olvidarte.
-En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía.
-Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me sigue, dejo ingrato.
-Yo no dudo, Lisarda, que te quiero, aunque sé que me tienes agraviado; mas estoy tan amante y tan airado, que afectos que distingo no prefiero.
-¡Con qué, con docta muerte y necia vida, viviendo engañas y muriendo enseñas!
-¿Pues para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.
-Yo nunca he escrito cosa alguna por mi voluntad, sino por ruegos y preceptos ajenos, de tal manera que no me acuerdo haber escrito por mi gusto si no es un papelillo que llaman “el sueño”.
-Si daros gusto me ordena la obligación, es injusto que por daros a vos gusto haya yo de tener pena.
-Dime, vencedor rapaz, vencido de mi constancia, ¿qué ha sacado tu arrogancia de alterar mi firme paz?
-Que aunque dejas burlado el lazo estrecho que tu forma fantástica ceñía, poco importa burlar brazos y pecho si te labra prisión mi fantasía.
-¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo, y siente que no está claro?
-También es vicio el saber, que si no se va atajando, cuando menos se conoce es más nocivo el estrago.
-Cuando mi error y tu vileza veo, contemplo, Silvio, de mi amor errado, cuán grave es la malicia del pecado, cuán violenta la fuerza de un deseo.
-Si es mío mi entendimiento, ¿por qué siempre he de encontrarlo tan torpe para el alivio, tan agudo para el daño?
-Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas, y después de hacerlas malas, las queréis hallar muy buenas.
-¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada, la que cae de rogada, o el que ruega de caído?
-Solo los celos ignoran fábricas de fingimientos, que como son locos, tienen propiedad de verdaderos.
-Al que trato de amor hallo diamante; y soy diamante al que de amor me trata; si a este pago, padece mi deseo; si ruego aquel, mi pundonor enojo; de entrambos modos infeliz me veo.
-Estos versos, lector mío, que a tu deleite consagro, y solo tienen de buenos conocer yo que son malos, ni disputártelos quiero, ni quiero recomendarlos, porque eso fuera querer hacer de ellos mucho caso.
-Yo bien quisiera, cuando llego a verte, viendo mi infame amor poder negarlo; mas luego la razón justa me advierte que solo me remedia en publicarlo; porque del gran delito de quererte solo es bastante pena confesarlo.
-Rosa divina que en gentil cultura eres con tu fragante sutileza, magisterio purpúreo en la belleza, enseñanza nevada a la hermosura; amago de la humana arquitectura, ejemplo de la vana gentileza en cuyo ser unió naturaleza la cuna alegre y triste sepultura.
-Siempre tan necios andáis que con desigual nivel a una culpáis por cruel y a otra por fácil culpáis. ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada?
-Hijo y madre, en tan divinas peregrinas competencias, ninguno queda deudor y ambos obligados quedan. Pues si por eso es el llanto, llore Jesús, enhorabuena, que lo que expende en rocío cobrará después en néctar.
-Aquí arriba se ha de anotar el día de mi muerte, mes y año. Suplico, por amor de Dios y de su Purísima Madre, a mis amadas hermanas las religiosas que son y en lo que adelante fueren, me encomienden a Dios, que he sido y soy la peor que ha habido.
-Baste ya de rigores, mi bien, baste, no te atormenten más celos tiranos, ni el vil recelo tu quietud contraste con sombras necias, con indicios vanos: pues ya en líquido humor viste y tocaste mi corazón deshecho entre tus manos.
-Y si piensas que el alma que te quiso ha de estar siempre a tu afición ligada, de tu satisfacción vana te aviso. Si el amor al odio ha dado entrada, el que bajó de sumo a ser remiso de lo remiso pasará a ser nada.
-Siento un anhelo tirano por la ocasión a que aspiro, y cuando cerca la miro yo misma aparto la mano. Porque si acaso se ofrece, después de tanto desvelo, la desazona el recelo o el susto la desvanece.
-En dos partes dividida tengo el alma en confusión: una, esclava a la pasión, y otra, a la razón medida. Guerra civil, encendida, aflige el pecho importuna quiere vencer a cada una, y entre fortunas tan varias morirán ambas contrarias, pero vencerá ninguna.