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Humanidades » Historia » Augusto

Augusto

Estatua de Augusto de Prima Porta. Fuente: Vatican Museums, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons

¿Quién fue Augusto?

Augusto (63 a.C.-14 d.C.) fue el primer emperador de Roma y el fundador del Imperio romano. Gobernó desde el 27 a.C. hasta el 14, cuando murió. 

El gobierno de Augusto comenzó durante los últimos tiempos de la República, que tambaleaba por la dictadura de Julio César, quien lo había nombrado como heredero de sus poderes cuando falleciese.

Las cuatro décadas que duró su gobierno fueron de estabilidad y calma, y a estos años se les llamó Pax romana.

Augusto era sobrino-nieto de Julio César, que lo adoptó en su juventud. Descendía del matrimonio entre Acia y Cayo Octavio Turino y su nombre original era Octavio. Sin embargo, es común referirse a él como Octaviano después del 44 a.C. y como Augusto desde que el Senado le concedió ese título en el 27 a.C. Augusto significa majestuoso, venerable.

Unió sus fuerzas con la de los antiguos partidarios de Julio César, para conformar lo que se conoció como el Segundo Triunvirato, en el que participaron Marco Antonio y Lépido. Conservaban una fachada de república, aunque el poder se concentró en manos de los triunviros. Después de que Antonio se suicidó y Lépido se fue al exilio, comenzó una nueva era conocida como “principado”.

En ese momento, el Senado romano le concedió poderes perpetuos con los que logró mantenerse de facto a la cabeza de casi todas las instituciones nacionales. 

Expandió el Imperio y también introdujo diversas reformas sociales y financieras, lo que acrecentó tanto su poder político como económico. Eso le permitió ser el responsable de muchas mejoras en la infraestructura del Imperio romano.

Aunque deseaba pasar el poder a uno de sus descendientes, no fue posible porque no tuvo hijos varones, y los otros hombres de su linaje fallecieron antes que él. Finalmente, tuvo que delegar el control a su hijastro Tiberio.

Biografía de Augusto

Primeros años

Cayo Octavio nació en Roma, dentro de la propia ciudad, el 23 de septiembre del 63 a.C. Fue hijo del también llamado Cayo Octavio, un destacado militar y pretor que fue gobernador de Macedonia. Su madre, Acia, era una de las hijas de Julia la Menor, hermana de Julio César. 

Por su rama paterna los familiares de Octavio eran personas adineradas. Provenían de Velletri, y muchos de ellos eran miembros de la Orden Ecuestre.

El padre de Octavio murió cuando él tenía cuatro años. Su madre contrajo nupcias nuevamente con Lucio Marcio Filipo, cónsul y antiguo gobernador de Siria. Tras la nueva unión de Acia, el pequeño Octavio quedó al cuidado de su abuela, Julia la Menor.

Su abuela falleció en el 51 a.C., cuando Octavio tenía cerca de 12 años, y desde allí pasó a vivir de nuevo con su madre. Aproximadamente tres años más tarde le fue concedida la toga viril, lo que marcaba el inicio de su adultez.

Juventud

En el 47 a.C. ingresó al Colegio de Pontífices, la institución religiosa más relevante de Roma. También se le dio la responsabilidad de organizar los juegos griegos,  celebrados en el Templo de Venus Generatrix.

Se presume que Octavio tenía gran madurez y sentido de la responsabilidad para su edad. A pesar de eso, su madre se negó a que acompañara a Julio César en la campaña africana, como Octavio había solicitado.

Un año más tarde, Acia cambió de opinión y dio el visto bueno para que el joven acompañara a César en la campaña en Hispania. La suerte parecía estar en contra: Octavio cayó enfermo justo antes de partir, pero al recuperarse salió al encuentro de su tío abuelo.

El barco en el que se trasladaba naufragó y eso lo obligó a atravesar territorio enemigo. Cuando finalmente arribó al campamento de Julio César, este quedó gratamente impresionado por las capacidades de su sobrino.

La admiración que despertó en César hizo que este le permitiera subir en su carruaje en el camino de regreso a Roma. Al llegar a la ciudad, el gobernante romano cambió su testamento y designó a Octavio como su heredero.

Asesinato de Julio César

Octavio se había residenciado en Apolonia, territorio que se corresponde con la actual Albania. Allí se preparaba tanto en el ámbito académico como en el militar.

El complot contra Julio César, cuya ejecución concluyó con su muerte, se efectuó en el 44 a.C. Cuando Octavio supo lo ocurrido partió de inmediato rumbo a Italia. Durante su viaje se enteró de que el dictador lo había adoptado en su testamento y que se había convertido en su heredero.

Desde ese momento, Octavio se propuso que no solo tomaría los dos tercios de la herencia, sino que sería el encargado de continuar lo que había dejado César en la política romana.

En este punto Octavio comenzó a usar el nombre de su padre Cayo Julio César y, aunque la costumbre dictaba que transformara el nombre original de su familia en un cognomen, no quiso hacerlo. No obstante, en los registros su nombre quedó asentado como Octaviano desde entonces.

Los miembros del ejército de César se alegraron con su llegada y supo que contaba con la lealtad de las tropas. Nadie tuvo objeciones cuando reclamó los fondos que su padre adoptivo había depositado para la campaña contra Partia, es decir, 700 millones de sestercios.

Paz con el Senado

Con el dinero que había conseguido comenzó a crear un ejército leal, compuesto principalmente por hombres que habían servido a las órdenes de Julio César. Tanto veteranos como miembros de la fuerza que lucharía contra los partos se le unieron.

En junio contaba con 3.000 legionarios y a cada uno había ofrecido pagarles 500 denarios. Octaviano sabía que el principal enemigo del Senado en ese momento era Marco Antonio, así que fue contra él.

Llegó a Roma en mayo del 44 a.C, Durante este período se había hecho un acuerdo de gobernabilidad entre los asesinos del César y Antonio, lo que mantenía una delicada estabilidad.

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Aunque era muy popular y contaba con un vasto apoyo, Antonio también contaba con detractores, especialmente entre aquellos leales a César. Cuando Octaviano solicitó la herencia de Julio César, Marco Antonio se negó a entregarla.

Con el respaldo de los partidarios de su padre adoptivo, más el de los optimates, la facción conservadora del Senado que se había opuesto a César, Octaviano consiguió una buena plataforma política.

Cicerón, el líder de los optimates, pensaba que podrían fácilmente manipular a Octaviano por su juventud e inexperiencia, mientras que Marco Antonio parecía un mal mayor por su dominio tanto de los ejércitos como de la política.

Guerra y paz con Marco Antonio

Anticipando la conclusión de su consulado, Marco Antonio maniobró para quedarse con el control de la Galia cisalpina. Octaviano entonces contaba con grandes sumas de dinero y ya poseía un gran ejército, por lo que dos legiones de Antonio se cambiaron a su bando.

Antonio decidió resguardarse en Galia, donde se encontraba Bruto, uno de los asesinos de Julio César. Este no quiso recibirlo y entregar el control de la zona, por lo que los hombres de Marco Antonio lo pusieron bajo asedio.

Mientras tanto, Octaviano fue nombrado senador el 1 de enero del 43 a.C., y se le concedió el título de propretor imperium, con el que su poder militar fue legítimo.

Fue enviado junto con Hircio y Pansa a atacar a Antonio, al que derrotaron en las batallas del Foro de los galos y la de Mutina. Sin embargo, los otros dos hombres fallecieron, por lo que Octaviano había quedado solo como comandante del ejército vencedor.

El Senado, por su parte, quiso conceder a Bruto los honores y premios de la victoria, en lugar de a Octaviano, quien había derrotado a Antonio realmente. Además, sugirieron que el asesino de César tomara el control del ejército.

Entonces, Octaviano decidió no atacar a Antonio y permanecer en la llanura Padana con sus hombres.

Segundo triunvirato

Octaviano envió a un grupo de centuriones a Roma con el mensaje de que Antonio no sería considerado un enemigo público, además de solicitar los consulados de Hircio y Pansa. El Senado contestó que no.

Tras la negativa de Roma, Octaviano marchó a la ciudad acompañado por ocho legiones. Así consiguió que se le nombrara cónsul a Quinto Pedio, un familiar suyo y a él mismo. Mientras tanto, Antonio forjó una alianza con Marco Emilio Lépido.

A finales del 43 a.C., se concertó una reunión entre Octaviano, Antonio y Lépido en Bolonia, y allí se forjó el segundo triunvirato, que duraría cinco años y fue aprobado por los tribunos de la plebe.

En este momento se declararon forajidos a entre 130 y 300 senadores, además de unos 2.000 miembros de la Orden Ecuestre. A gran parte de estos hombres se le confiscaron sus propiedades en Roma.

En enero del 42 a.C., Julio César fue reconocido como una deidad, lo que convertía a Octaviano en hijo de un dios (divifilus).

Venganza y división del territorio

La meta principal de los triunviros era acabar con quienes habían traicionado a César. Antonio y Octaviano se dirigieron en una flota con 28 legiones a bordo a enfrentar a Bruto y Casio, asentados en Grecia.

Tras las batallas de Filipos en Macedonia, ambos traidores se suicidaron, y los triunviros se repartieron el territorio del Imperio romano.

Tanto la Galia como Hispania pasaron a manos de Octaviano. Marco Antonio se quedó con Egipto, donde forjó una alianza con la reina local, Cleopatra. Y Lépido obtuvo el poder sobre África.

Triunvirato en un hilo

Octaviano confiscó muchas tierras dentro de Italia para honrar sus promesas a los veteranos de liberarlos del deber militar y ofrecerles un lugar donde asentarse. Eso causó un gran descontento entre la población y fue aprovechado por el hermano de Marco Antonio, Lucio Antonio, quien tenía sus propias aspiraciones políticas, además del apoyo del Senado.

En esos años, Octaviano decidió solicitar el divorcio de la hija de la esposa de Marco Antonio, con quien se casó para sellar la alianza del triunvirato. La muchacha era Claudia Pulcra y la separación tuvo connotaciones políticas.

Cuando envió a la chica a casa de su madre, añadió una nota que afirmaba que la devolvía en “perfectas condiciones”, y alegó que el matrimonio nunca había sido consumado. Esto causó un profundo rencor en Fulvia, madre de la joven.

Lucio Antonio y Fulvia unieron fuerzas para defender los derechos de Marco Antonio. Sin embargo, Octaviano logró asediarlos en el 40 a.C., obteniendo su rendición.

Por ese evento, 300 personas fueron ejecutadas en el aniversario de la muerte de César por haberse aliado a Lucio Antonio.

Alianza con Pompeyo

Tanto Marco Antonio como Octaviano deseaban concertar una alianza con Sexto Pompeyo, que controlaba tanto Sicilia como Cerdeña. El vencedor en la pugna fue Octaviano, gracias a su matrimonio con Escribonia, familia del suegro de Pompeyo.

Áureo de Sexto Pompeyo emitido en Sicilia entre 42 a.C. y 40 a.C. Fuente: Borsanova, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons

Del nuevo enlace nació una niña, a la que llamaron Julia, la única descendiente biológica de Octaviano. Sin embargo, un año más tarde, se divorció y se casó con Livia Drusila.

En el 40 a.C., Marco Antonio partió a Italia acompañado de una gran fuerza y arribó a Bríndisi.

Pero los centuriones se negaban a tomar partido en el conflicto interno, lo que facilitó que se reconciliaran. Este evento se conoció como el tratado de Bríndisi.

Se confirmó que Lépido tendría control de África, mientras que Antonio controlaba el este y Octaviano el oeste del Imperio. La alianza renovada fue sellada con el matrimonio entre Octavia la Menor y Marco Antonio.

Enfrentamiento con Pompeyo

El problema entre Roma y Pompeyo comenzó cuando este quiso sabotear la entrada de grano a Italia. Sexto Pompeyo poseía gran control sobre el Mediterráneo y empezó a hacerse llamar “hijo de Neptuno”.

En el 39 a.C. se acordó una tregua en la que Pompeyo pasó a tener control sobre Cerdeña, Córcega, Sicilia y el Peloponeso. No obstante, desde el divorcio de Octaviano y Escribonia ya no tenía interés en mantener la paz.

Gracias a los cambios en las lealtades de los gobernantes locales, Octaviano volvió a tomar el control de Córcega y Cerdeña. También Antonio le envió 120 naves para atacar a Pompeyo.

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En el ataque a Sicilia durante el 36 a.C., Lépido logró unirse a las fuerzas comandadas por Agripa. Fue este general quien se encargó de aplastar a Pompeyo, que posteriormente huyó y fue ejecutado en Mileto.

Nueva organización

Tras la victoria, Lépido intentó imponerse y le solicitó a Octaviano que se retirara con sus hombres de Sicilia, pero sus propios militares lo abandonaron.

En honor a su rango, Octaviano le permitió conservar el título de Pintifex Maximus, pero lo expulsó del triunvirato. Entonces el gobierno se repartió del siguiente modo: el este para Marco Antonio y el oeste para Octaviano.

A los soldados que Octaviano descargó de la milicia les dio tierras fuera de Italia, con lo que no molestó a los habitantes, y también regresó cerca de 30.000 esclavos que se habían unido a Pompeyo a sus dueños.

Fin de la alianza

La campaña de Partia, ejecutada por Antonio, resultó ser un total fracaso. Octaviano solo envió 2.000 hombres, lo que significaba un aporte tan pequeño que no hizo ninguna diferencia en el conflicto.

Antonio decidió enviar a Octavia la Menor a Roma, de modo que Cleopatra se mostrara más dispuesta a colaborar. Octaviano, por su parte, utilizó esta acción para alegar ante el público que cada día Antonio era menos romano.

En el 36 a.C., Octaviano dijo que deseaba concluir los enfrentamientos internos y que él se apartaría de su cargo como triunviro si Antonio hacía lo mismo, pero este se negó.

Un par de años después, el hijo de Cleopatra con Antonio, Alejandro Helios, fue nombrado por este como gobernante de Armenia.

También Antonio le dio el título de “reina de reyes” a la monarca egipcia. Entonces Octaviano decidió tomar Armenia bajo la premisa de que querían quitarle a Roma su poder y sus conquistas.

En enero del 33 a.C., el Senado nombró a Octavio cónsul. Continuó alegando que Antonio estaba repartiendo tanto títulos como honores a los familiares de Cleopatra, a quienes prefería antes que a los ciudadanos romanos.

Contra Marco Antonio

Los senadores leales a Antonio abandonaron Roma inmediatamente tras el ascenso de Octaviano al consulado. Mientras tanto, recibió a dos desertores de su antiguo colega: Munatius Plancus y Marcus Titius, que le aportaron importante información para debilitar a su nuevo rival.

Octaviano confiscó el testamento de Marco Antonio y publicó su contenido. En este expresaba que sus hijos con Cleopatra obtendrían el control de sus dominios tras su muerte y que deseaba ser enterrado en Alejandría junto a la monarca egipcia.

Ese fue el detonante para que el Senado suspendiera los poderes de Antonio y se iniciara la guerra contra Cleopatra abiertamente.

Agripa logró el bloqueo de suministros para los hombres de Antonio y Cleopatra, y de ese modo, Octaviano ganaba terreno. También consiguió que muchos hombres del bando enemigo, al ver las duras condiciones, desertaran y se unieran a él.

Cuando Antonio intentó romper el asedio, se produjo la batalla de Actium en el 31 a.C. El enfrentamiento fue favorable a Octaviano y Antonio decidió refugiarse, con las pocas fuerzas que le quedaban, en Alejandría.

Allí volvieron a enfrentarse, y tras la victoria final de Octaviano el 1 de agosto del 30 a.C., Marco Antonio se quitó la vida, y luego Cleopatra hizo lo mismo.

Control del Imperio

Para consolidar su posición tras la muerte de Antonio y Cleopatra, Octaviano ordenó que se ejecutara a Cesarión, que era un supuesto hijo de su padre adoptivo, Julio César, con la difunta monarca egipcia.

Perdonó en cambio a los hijos de Antonio, excepto a Marco Antonio el Menor, hijo de Fulvia, una ciudadana romana, por lo que era el único considerado digno de ser su heredero ante los romanos.

Aunque podía hacerlo, Octavio no quiso tomar el poder por la fuerza, sino mediante las tradiciones romanas. Además, para que su autoridad no pudiese ser puesta en entredicho, debía tener una firme base legal.

Tras la victoria, Octaviano y su general más apreciado, Agripa, fueron nombrados cónsules por el Senado. Durante el 27 a.C., decidió regresar el control de las provincias y el ejército al Senado, aunque los últimos seguían respondiendo a las órdenes de Octaviano.

Por su parte, el Senado sabía que necesitaban del heredero del César para mantener el control del territorio y evitar que todo sucumbiera al caos. De ese modo, le ofrecieron a Octaviano que tomara el poder durante diez años.

Seleccionó senadores de su confianza para supervisar las zonas que quedaron bajo su custodia, y el Senado escogió gobernadores para las pocas que permanecieron en su poder.

Augusto

A principios del 27 a.C. Octaviano ostentó el título de “Augusto”, especialmente ligado a materias religiosas, por la gracia del Senado romano. Antes de esto ostentaba el de “Romulus”, pero estaba demasiado ligado a la monarquía, cosa que no era muy bien vista.

Al mismo tiempo, el nuevo Augusto recibió un segundo título de gran importancia, el de “Príncipe”, lo que significaba simplemente que era el miembro más destacado del Senado, pero con el tiempo pasó a significar “el primero a cargo”.

Desde ese momento fue llamado popularmente y por los historiadores Augusto, lo que marcó el comienzo de la última etapa en su vida, la de gobernante indiscutido.

En esa época, el emperador romano convirtió “César” en un cognomen de su familia, para consolidar el inicio de un linaje hereditario.

Rechazó utilizar coronas, diademas o una toga púrpura que lo diferenciara del resto de los ciudadanos. Así, se desligó de la imagen de los gobernantes que habían portado estos elementos antes que él y evitó incurrir en los errores cometidos por Julio César.

La anexión de Galacia al imperio en el 25 a.C. significó una de las primeras grandes conquistas militares de Augusto. Además del mencionado territorio central de Asia Menor, Mauritania se convirtió en cliente de los romanos.

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Consolidación

En el 23 a.C. se convirtió en crítica frecuente el hecho de que Augusto recibiera un consulado cada año. También comenzó a parecer evidente la pretensión del líder romano de que Marco Claudio Marcelo, su sobrino, lo sucediera al frente del imperio.

Algunos militares como Agripa comenzaron a sentirse amenazados en su posición de liderazgo, mientras que Livia, la esposa de Augusto, no veía con buenos ojos que el emperador escogiera como heredero a su sobrino, en lugar de a sus hijastros.

Retrato de Augusto portando un gorgoneion (14-20 d.C.). Fuente: © Marie-Lan Nguyen / Wikimedia Commons

Para disipar esos rumores, Augusto seleccionó como cónsul a Calpurnio Piso, reconocido por apoyar al bando republicano.

El gobernante romano cayó enfermo ese mismo año y todos pensaron que el final de su vida estaba cerca. Augusto quiso dejar establecida una forma de continuar el principado, y lo hizo al darle su anillo a Agripa, con el que le estaba transmitiendo el comando de los ejércitos.

Por otro lado, le entregó a Piso todos los documentos legales, y sus herederos solo retendrían sus bienes materiales: la influencia militar y política había quedado simbólicamente en manos de personas externas a la familia.

Segundo trato con el Senado

Tras recuperarse, Augusto decidió que para calmar las aguas debía renunciar al consulado. Con esto, todos los senadores obtuvieron más posibilidades de ascenso y él conservó el control de la institución sin la mala reputación que se venía forjando.

Obtuvo un imperium proconsulare, que aplicaba a todas las provincias, lo que se traducía en mayor poder que el que ostentaban los mismos cónsules. Otro de los ventajosos acuerdos que consiguió fue el de la tribunicia potestas hasta su muerte.

Este último elemento fue de gran importancia, ya que le permitió convocar al Senado y a individuos a voluntad, así como derecho de veto tanto para la Asamblea como para el Senado. También podía presidir elecciones y obtuvo las facultades de un censor.

Augusto recibió posteriormente el imperio consular general en el 19 a.C. Desde ese momento su estatus mejoró, ya que podía usar la insignia consular, además de sentarse en el medio de los dos cónsules de turno.

Durante ese año, Agripa concretó la dominación de Hispania. En el 16 a.C. se llevó a cabo la conquista de los Alpes, que sirvieron como base ofensiva tiempo después contra los panonios en un enfrentamiento liderado por Tiberio, hijastro de Augusto. En esa misma época, Druso luchó contra los germanos al este del Rin.

Sucesión

Julia fue la única descendiente de Augusto y fue desposada por su primo Marco Claudio Marcelo. Después de que su esposo falleció, ella contrajo matrimonio con Agripa, el general predilecto de su padre.

Tuvieron cinco hijos, de los cuales dos varones fueron adoptados por Augusto: Cayo Julio César y Lucio Julio César.

Los otros descendientes de Julia y Agripa fueron Julia la Menor, Agripina y Marco Vipsanio Agripa Póstumo. El mismo año del nacimiento del menor de sus hijos, Agripa falleció. En consecuencia, Julia y Tiberio Claudio Nerón, hijastro de Augusto, se casaron.

Esta unión no produjo frutos, y además, ella comenzó a desplegar un bochornoso comportamiento sexual. Por eso, su padre decidió exiliarla a una isla donde no tuviese contacto con ningún hombre.

Augusto también favoreció con altos cargos del gobierno a sus hijastros. Así, ambos estarían preparados para ejercer el mando tras su fallecimiento, pero Druso falleció en el 9 a.C.

Tiberio se retiró voluntariamente del plano político en el 6 a.C., probablemente al ver que el ascenso de los hijos adoptivos de Augusto era inminente.

Años finales

Entre los hijos adoptivos de Augusto, el primero en alcanzar la edad para presentarse a la vida pública fue Cayo Julio César, durante el 5 a.C. Desde ese momento el muchacho partió al este del imperio para educarse y entrenarse.

Lucio Julio César tuvo su introducción pública el 2 a.C., en su caso, el entrenamiento fue realizado en la porción oeste de los territorios romanos. Sin embargo, ambos muchachos que debían heredar el imperio, fallecieron jóvenes.

Tras sus muertes, Augusto se vio obligado a solicitar la vuelta de su hijastro Tiberio, al que adoptó en el 4 de nuestra era, con la condición de que él adoptara a su sobrino Germánico, el hijo de Druso.

Tiberio se dedicó a consolidar la conquista de Germania, pero una fuerte revuelta local lo impidió, por lo que se le ordenó asegurar el Rin. En el año 6 se anexó Judea a los territorios romanos. También en esta época se creó un cuerpo de bomberos en Roma con deberes de policía local.

Muerte

Imperator Caesar Divi Filius Augustus, su nombre en latín, murió en Nola el año 14. Sus restos se depositaron en un mausoleo en Roma, a donde fueron trasladados en una caravana fúnebre. Poco tiempo después de su deceso se le nombró miembro del panteón romano, con lo que él mismo pasó a ser uno de los dioses de la ciudad.

Gobierno de Augusto

El mandato de Augusto marcó el comienzo de una era conocida como Pax romana. Al concluir con la guerra civil, el Imperio romano tuvo mayor capacidad para florecer en diferentes aspectos, como economía, arte y agricultura.

Augusto se encargó de restaurar numerosos templos y construir grandes obras, como los baños de Roma. También Virgilio destacó entre los poetas locales de la época. Otros avances de Augusto fueron las reformas que introdujo.

En lo religioso estuvo el culto imperial, con el que el emperador era equiparado con un dios. También se reformaron los impuestos para promover el matrimonio y la fertilidad, dando exenciones a las parejas con más de tres hijos.

Creó un ejército profesional constituido por 28 legiones y también inició el aerarium militare, una partida económica exclusiva para el pago de los salarios a soldados activos y retirados.

Referencias

  1. Augustus. Recuperado de britannica.com.
  2. Augustus. Recuperado de en.wikipedia.org.
  3. Suetonio. Vidas de los doce Césares. 
  4. Augustus. Recuperado de bbc.co.uk.
  5. Stearns, M. Augustus Caesar, architect of empire. F. Watts.

Cita este artículo

Lifeder. (11 de diciembre de 2025). Augusto. Recuperado de: https://www.lifeder.com/augusto/.

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Por Mercedes Rolingson

Periodista venezolana, entusiasta de la fotografía y ex investigadora del Centro de Investigación de Comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello. Atraída por el estudio y difusión de las manifestaciones socioculturales del siglo XXI.
Última edición el 11 de diciembre de 2025.

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