Formación reactiva: formación, tipos y ejemplos

La formación reactiva es un concepto psicoanalítico que trata de explicar la aparición de ciertas conductas, hábitos y comportamientos. Según esta corriente, algunas formas de actuar se crearían en la mente inconsciente, como una reacción a un deseo reprimido. Así, estarían encaminadas en la dirección contraria a la que apuntaría este.

La existencia de la formación reactiva fue propuesta por primera vez por el psiquiatra vienés Sigmund Freud. Este la veía como una forma de mecanismo de defensa; al actuar de forma contraria a un deseo que ve como negativo, la persona busca escapar de él. Sin embargo, esto puede llegar a causar muchos problemas en su vida.

Fuente: pixabay.com

De esta manera, la formación reactiva puede llegar a generar comportamientos muy extremos en la dirección contraria a lo que la persona realmente desea. Por ejemplo, alguien excesivamente rígido y disciplinado puede querer inconscientemente relajarse más y disfrutar de la vida.

De hecho, Freud creía que muchos de los síntomas que se veían en la consulta psicoanalítica provenían de la formación reactiva, también conocida como “contracatexia”. En este artículo estudiaremos en mayor profundidad el concepto.

¿Por qué aparece la formación reactiva?

Según el psicoanálisis, nuestra personalidad está formada por tres “capas distintas”: el ego, el yo, y el superyó. Cada una de ellas se encarga de ciertos procesos psicológicos, de los que podemos ser más o menos conscientes, y a menudo chocan entre sí.

Sigmund Freud decía que el ego es la parte en la que se generan nuestros deseos inconscientes, aquello que realmente queremos sin importar si se trata de algo moral o no. A menudo, no llegamos a ser conscientes por completo de lo que deseamos, debido a la mediación de las otras dos partes de nuestra mente.

El superyó es el opuesto al ego. Se trata de la idea que tenemos de lo que es ético, moral y justo; de lo que “debemos” hacer. Estas dos partes de nuestra mente entran en conflicto constantemente; y la tercera, el yo, tiene que ayudar a mediar entre ellas. Normalmente esto lo hace utilizando mecanismos de defensa.

La formación reactiva es uno de los mecanismos de defensa más comunes. Se produce cuando el superyó rechaza de pleno uno de los deseos del ego, y el yo decide generar comportamientos contrarios a lo que la parte más primaria de nuestra personalidad querría para evitar ir en contra de lo que creemos que “deberíamos” hacer.

Tipos de formación reactiva

En función de la intensidad de los comportamientos compensatorios, y de la importancia que tenga para la persona el deseo que está reprimiendo, generalmente se puede hablar de dos tipos de formación reactiva: localizada y generalizada. A continuación veremos en qué consiste cada uno de ellos.

Formación reactiva localizada

El primer tipo de formación reactiva se considera el menos grave de los dos. Se produce cuando el deseo reprimido de la persona no es central para su personalidad. Debido a ello, los comportamientos reactivos que lleva a cabo no suelen ser demasiado intrusivos para su bienestar.

Generalmente, además, la formación reactiva localizada se centra tan solo en un área de la vida del individuo. De esta manera, los síntomas más negativos provocados por este mecanismo de defensa no aparecerán a menudo.

Formación reactiva generalizada

El segundo tipo de formación reactiva implica deseos y comportamientos que son mucho más centrales para la persona. El superyó de algunos individuos no puede soportar los deseos más importantes del ego, y trata de reprimirlos a toda costa; pero esta batalla generalmente causa muchas tensiones psicológicas.

Las personas con formación reactiva generalizada inconscientemente quieren evitar uno de sus deseos principales. Debido a ello, los comportamientos alternativos que adoptan generalmente son muy rígidos, y pueden llegar a tomar las riendas de su vida. Además, a menudo dan lugar a todo tipo de problemas.

¿Es siempre dañina la formación reactiva?

Como ya hemos visto, la formación reactiva no es más que un tipo específico de mecanismo de defensa; es decir, una manera que tiene la mente de protegerse del estrés que supone la lucha constante entre el ello y el superyó. Por lo tanto, en principio no tendría por qué considerarse como algo negativo.

Sin embargo, la propia naturaleza de este mecanismo de defensa hace que en la práctica cause todo tipo de problemas. Las personas que lo utilizan a menudo (especialmente las que tienen formación reactiva generalizada) suelen adoptar conductas muy dañinas para su propia psique y que les causan un gran sufrimiento.

Por ejemplo, estos individuos suelen ser muy rígidos en su comportamiento. Esto se debe a que quieren evitar a toda costa caer en la tentación de sus deseos reprimidos. Además, por lo general sus conductas se generan desde el miedo, no desde la libertad de elegir lo que realmente quieren.

Cuanta más alta sea la intensidad del deseo del ello, más rígida será la conducta compensatoria de la persona, pudiendo llegarse a extremos muy insanos que les generarán todo tipo de emociones negativas.

Ejemplos de formación reactiva

A continuación veremos dos de los tipos de formación reactiva más comunes que existen. Estos se dan en mayor o menor medida en casi todas las personas, pero en algunos casos pueden llegar a provocar comportamientos muy extremos.

Deseo sexual

En muchas culturas de todo el mundo, el deseo sexual se ve como algo “sucio” o negativo. Por eso, para muchas personas, sentir atracción por otros individuos o querer mantener relaciones es algo intolerable. Esto generalmente es más exagerado en el caso de seguidores de alguna religión, pero no se limita a ellos.

Cuando los valores de una persona le dicen que el sexo es malo, es habitual que le de una importancia excesiva a la castidad y actúe como alguien sin ningún tipo de deseo. Además, habitualmente tratará de aleccionar a los demás sobre los peligros o la inmoralidad de este acto.

Deseo de conexión

Uno de los instintos más básicos del ser humano es el de pertenecer a un grupo y conectar con otras personas.

Sin embargo, algunos individuos, por diferentes motivos, se creen incapaces de conseguirlo o piensan que confiar en los demás les va a traer problemas, por lo que su superyó trata de evitar cualquier conducta que les lleve a ello.

Las personas que tratan de evitar su deseo de conexión suelen comportartse de forma distante y como si no necesitasen a nadie más.

En los casos más extremos, esto puede dar lugar a comportamientos misántropos, a una introversión extrema o a una gran arrogancia. Todo ello, con el fin de evitar el dolor que viene de ser rechazado por otros.

Referencias

  1. “La formación reactiva, un sorprendente mecanismo de defensa” en: La Mente es Maravillosa. Recuperado en: 23 Enero 2019 de La Mente es Maravillosa: lamenteesmaravillosa.com.
  2. “Formación reactiva” en: Psicólogos en Madrid. Recuperado en: 23 Enero 2019 de Psicólogos en Madrid: psicologosenmadrid.eu.
  3. “Formación reactiva: creer en lo antagónico” en: Psicoactiva. Recuperado en: 23 Enero 2019 de Psicoactiva: psicoactiva.com.
  4. “Formación reactiva” en: Diccionario de Psicología Científica y Filosófica. Recuperado en: 23 Enero 2019 de Diccionario de Psicología Científica y Filosófica: e-torredebabel.com.
  5. “Formación reactiva” en: Wikipedia. Recuperado en: 23 Enero 2019 de Wikipedia: es.wikipedia.org.
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Alejandro Rodríguez Puerta es un psicólogo y coach titulado por la Universidad Autónoma de Madrid, que compatibiliza su trabajo en el campo de la salud mental humana con sus labores como escritor y divulgador. Actualmente colabora con varias páginas de psicología y salud, hablando sobre distintos temas relacionados con el bienestar de las personas.

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