
¿Qué es el signo de Hegar?
El signo de Hegar es el cambio de consistencia del útero cuando una mujer se embaraza, específicamente en el istmo, área donde el fondo o parte superior del útero se une al cuello uterino. Constituye una de las primeras señales de probabilidad de embarazo que se evidencian en el examen físico ginecológico de una mujer.
Este signo se hace evidente a través de la palpación bimanual. Es decir, hay que palpar el útero por vía intravaginal y por vía abdominal para que el especialista pueda sentir el cambio de consistencia.
En condiciones normales, tanto el útero como el cuello uterino presentan consistencia firme. Sin embargo, en las mujeres embarazadas, desde las primeras 4 semanas, puede palparse más blando.
A pesar de que es uno de los primeros signos en aparecer, no está presente en todas las mujeres gestantes, y en las multíparas es más difícil de evidenciar. Eso no significa que su ausencia excluya la posibilidad de que la paciente esté embarazada.
Definición del signo de Hegar
Se conoce como signo de Hegar al cambio de consistencia del fondo e istmo del útero. Puede sentirlo el médico especialista a través de la palpación bimanual (intravaginal y abdominal).
Fue descrito en 1895 por el ginecólogo alemán Ernst Ludwig Alfred Hegar (1830-1914), profesor de la Universidad de Friburgo. Este doctor es reconocido a nivel mundial por sus innovadoras técnicas de asepsia y antisepsia y por el desarrollo de instrumentos y técnicas quirúrgicas en el campo de la ginecología, incluyendo la descripción del signo que lleva su nombre.
La maniobra para evidenciar el signo de Hegar consiste en realizar un tacto introduciendo dos dedos de la mano dominante a través de la vagina. Al encontrar el cuello uterino, los dedos se colocan en el espacio que se encuentra por delante del cuello uterino (fórnix anterior).
Al mismo tiempo, con la otra mano se realiza la palpación abdominal tratando de identificar el fondo del útero. Si los dedos de ambas manos se encuentran a través de esta maniobra, el signo es positivo y quiere decir que el istmo uterino está blando y flexible.
El cambio de consistencia ocurre porque la mayor disposición de hormonas femeninas durante el embarazo, especialmente progesterona y estradiol, tienen efecto sobre las fibras de colágeno que se encuentran en el útero. El influjo hormonal hace que el colágeno se elongue y se disperse formando un tejido mucho más elástico.
El signo de Hegar es uno de los primeros que evidencia el médico al examen físico. Ocurre a partir de la cuarta semana de gestación.
Genitales internos femeninos
Los órganos genitales son los destinados a la sexualidad y la reproducción. Existen genitales externos y genitales internos. En el caso de la mujer, los externos son la vulva y el monte de Venus, mientras que los internos están conformados por el útero, los ovarios, las trompas de Falopio y la vagina.
El útero, los ovarios y las trompas de Falopio están ubicados en la pelvis. Son órganos totalmente dependientes de hormonas y cambian continuamente según el ciclo menstrual. Su función principal es la reproducción.
Los ovarios son los contenedores de los óvulos o huevos que mensualmente maduran y pasan a través de las trompas de Falopio hasta el útero.

El útero
El útero es el órgano que recibe al óvulo fecundado para la gestación del feto, durante el embarazo. Está formado por un fondo amplio, un istmo y un cuello que sobresale hacia la vagina.
A pesar de que el útero contiene una importante cantidad de fibras musculares, sobre todo en su capa media, el colágeno es también un elemento fundamental de su estructura. La consistencia firme-elástica del útero se debe a su alto contenido de colágeno.

El útero de la mujer se compone de tres capas, la serosa, que es la capa más externa; el miometrio, o capa muscular, y el endometrio, que prepara el lecho para la implantación del óvulo fecundado.
Las arterias y venas uterinas son las encargadas de la nutrición sanguínea del útero. Uno de los cambios fisiológicos más importantes del embarazo consiste en el aumento del flujo sanguíneo y la vascularización del útero.
Fisiología del embarazo
Cuando un óvulo es fecundado por un espermatozoide, comienza un proceso de división celular y se forma un embrión. Este se adhiere al endometrio, la capa profunda del útero, mediante un proceso complejo hormonal y molecular.
Esa es la primera etapa del embarazo y, aunque no hay cambios físicos notorios a simple vista, sí comienza una serie de cambios fisiológicos detectables tanto por pruebas de sangre como por el examen de un especialista.
Todos los cambios que ocurren en la mujer están destinados a mantener el feto en el útero hasta el momento del nacimiento. Durante las 38-42 semanas que dura el embarazo, el feto debe crecer y desarrollarse por completo dentro del útero, nutriéndose a través de la madre.
Para que esto suceda, ocurren cambios fisiológicos importantes, como el aumento en la circulación de sangre hacia el útero, que desencadena un proceso de desdoblamiento del colágeno que hace que el útero se vuelva más elástico.
A partir de ese momento el útero crece a medida que crece el feto, sin que esto suponga un trauma para el órgano. Es decir, el útero se vuelve más elástico y puede aumentar de tamaño para que el feto se desarrolle, sin romperse ni desgarrarse.
Todos los cambios que ocurren en el útero para que el feto complete su etapa de vida intrauterina se denominan etapa de maduración.
Diagnóstico
El diagnóstico de embarazo se establece en varias etapas. En primer lugar, la paciente presenta los síntomas típicos que la hacen acudir al especialista.
Algunos de los síntomas que generan sospecha de embarazo son las náuseas matutinas, la ausencia de menstruación y sensibilidad en los senos.
Ya en el examen ginecológico, pueden evidenciarse signos físicos que tienen un grado de sospecha superior. Algunos de estos signos involucran el cambio de coloración de la mucosa de la vagina y el cambio de consistencia del útero.
Sin embargo, todos son signos de probabilidad. Es decir, a partir de la presencia de uno o más de ellos se puede sospechar de un embarazo, pero no se puede dar un diagnóstico definitivo, ya que ninguno asegura que haya un embrión desarrollándose dentro del útero.
Para dar un diagnóstico certero se usan pruebas más especializadas, como el ultrasonido pélvico o la demostración de actividad cardíaca fetal a través de un ultrasonido que ponga de manifiesto los latidos del corazón del feto.

Referencias
- Gossman, W., Fagan, S.E., Sosa-Stanley, J.N. Anatomy, Abdomen and Pelvis, Uterus. Recuperado de ncbi.nlm.nih.gov.
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