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Humanidades » Historia » Catalina la Grande de Rusia

Catalina la Grande de Rusia

Catalina la Grande en su coronación. Fuente: Stefano Torelli, Wikimedia Commons

¿Quién fue Catalina la Grande de Rusia?

Catalina la Grande de Rusia (1729-1796) fue la emperatriz de Rusia por un periodo de 34 años, después de derrocar a su marido, Pedro III. 

Para esta jefa de Estado, la Ilustración fue una importante influencia. Eso hizo que el país entrara en un renacimiento cultural y científico, y que se fundaran muchas nuevas ciudades, además de colocar a Rusia entre las principales potencias europeas de la época. 

La incursión de Catalina en las altas esferas del poder ruso se dio luego de su matrimonio con Pedro III en 1745. Su esposo era nieto de Pedro el Grande, y había sido designado como heredero al trono del imperio, gobernado entonces por Isabel I de Rusia.

El reinado de Catalina duró 34 años, entre 1762 y 1796. Durante esa época también modernizó el ordenamiento jurídico ruso, para lo que empleó la ayuda de grandes filósofos occidentales, como Mercier de la Riviere.

Igualmente tuvo como invitado y consejero real durante un tiempo a Denis Diderot, el gran enciclopedista francés, y mantuvo correspondencia durante muchos años con Voltaire.

Catalina II expandió las fronteras rusas hasta Crimea, Lituania y Bielorrusia. Son famosas las reparticiones de Polonia entre Rusia, Prusia y Austria. También tuvo fama por colocar en altos puestos a aquellos hombres con quienes mantenía relaciones sentimentales.

Aunque nació como una princesa alemana de menor categoría, Catalina la Grande de Rusia logró elevar al país en el ámbito cultural y extender las fronteras de su territorio. Así, siguió el legado militar impuesto por Pedro el Grande.

Biografía de Catalina la Grande de Rusia

Primeros años

Sofía Federica Augusta von Anhalt-Zerbst, mejor conocida como Catalina la Grande, nació el 2 de mayo de 1729 en Stettin, Prusia. Era hija de Cristián Augusto, príncipe de Anhalt-Zerbst, un miembro de poca importancia de la realeza alemana, y su madre fue Juana Isabel de Holstein-Gottorp.

El padre era un general prusiano y gobernador de la ciudad donde radicaba la familia: Stettin. Por parte materna, estaba emparentada con Gustavo III y Carlos XIII de Suecia.

La educación de la joven estuvo a cargo de tutores e institutrices francesas, considerado en la época lo más alto y refinado de la cultura europea.

Poco más se sabe sobre sus primeros años, pero fue entonces cuando se desarrolló su amor por el conocimiento occidental y por los filósofos de la Ilustración, a los que siempre tuvo en alta estima y de los cuales fue una voraz lectora.

Familia

Cristián Augusto de Holstein-Gottorp era el padre de Juana Isabel, es decir, abuelo de Catalina. Tras la muerte de los padres de Carlos Federico de Holstein-Gottorp, este quedó a cargo de su tío, es decir, de Cristián Augusto. Un evento similar sucedió una generación más tarde, puesto que Carlos Federico murió y su hijo Pedro quedó huérfano.

La madre del muchacho también había muerto, ella era Ana Petrovna Romanova y era la hija de Pedro el Grande y Catalina I de Rusia.

En consecuencia, el joven Pedro de Holstein-Gottorp pasó al cuidado de su pariente Adolfo Federico Holstein, luego Adolfo de Suecia, que era hijo de Cristián Augusto de Holstein-Gottorp y tío de Sofía Federica, lo que los convertía en primos segundos.

Años más tarde el joven Pedro fue designado heredero por la zarina Isabel I, su tía materna.

Las fichas políticas se activaron y se le procuró al joven heredero una futura esposa que compartiera sus raíces alemanas, cosa que debilitaría la influencia austríaca en Rusia, y la seleccionada para este papel fue la joven Catalina.

Matrimonio

Desde su llegada a Rusia, Catalina deseó agradar a los locales, por lo que aprendió tanto su idioma como sus costumbres. En ese sentido, abandonó la religión luterana y se convirtió a la fe ortodoxa.

Desde el 24 de junio de 1744, la princesa Sofía Federica abandonó sus viejas costumbres y, tras adoptar su nueva religión, recibió el nombre de Catalina Alekséyevna. Al día siguiente se celebraron sus esponsales con Pedro III.

El enlace de la joven pareja real se realizó el 21 de agosto de 1745. En el momento de la unión, Catalina tenía 16 años, y Pedro 18. Desde entonces el futuro emperador mostraba actitudes inapropiadas para alguien de su edad.

Pedro no fue capaz de consumar el matrimonio durante 8 años, lo que llevó a que la pareja nunca pudiera consolidarse sino que, por el contrario, llenó a Catalina de resentimiento.

El infeliz matrimonio buscó refugio en diferentes amantes. En el caso de Catalina, su primer favorito fue un joven y apuesto noble ruso llamado Sergéi Saltykov.

Por su parte, Pedro también tomó una querida. La joven tenía por nombre Elizabeta Romanovna Vorontsova y era cerca de 11 años menor que él. 

Vida cortesana

Saltykov no fue el único amante de Catalina, entre los más destacados nombres de quienes estuvieron con ella se encuentran Grigory Grigoryevich Orlov, Alexander Vasilchikov, Gregorio Potemkin y Estanislao Augusto Poniatowski.

Catalina también era una ávida lectora de los textos franceses tanto de filosofía como de ciencias y literatura. Esas ideas guiadas por la corriente de la Ilustración la llevaron a cuestionar algunas costumbres y leyes vigentes en Rusia.

Forjó una amistad con la princesa Ekaterina Vorontsova Dashkova, la hermana de la amante de su esposo. Fue ella quien le presentó a muchos de los opositores del futuro zar a Catalina.

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Hijos

Catalina quedó embarazada, y en septiembre de 1754 nació Pablo. En 1757 tuvo una segunda hija llamada Anna Petrovna, cuyo padre fue uno de sus amantes.

La paternidad de Pablo fue puesta en duda incluso por la misma Catalina. El tiempo mostró su equivocación, puesto que Pablo al crecer heredó muchas características de su padre, Pedro III.

Casi inmediatamente despúes del nacimiento del primogénito, le fue arrebatado a su madre por la zarina Isabel I, quien deseaba dar una instrucción apropiada al joven Pablo para que pudiese hacerse cargo de Rusia, ya que su padre no parecía tener las aptitudes necesarias para regir.

Por su parte, Catalina ya había entregado un heredero a la corona, con lo que su deber estaba cumplido en la corte.

Mientras Pedro seguía decepcionando a todos como prospecto de gobernante, su hijo Pablo parecía ser un niño inteligente. Pero todos los traumas y carencias emocionales de su infancia le resultaron una pesada carga en el futuro.

El mismo año en que Catalina llegó al trono nació su último hijo: Alekséi Bóbrinski.

Ascenso

Isabel I murió el 5 de enero de 1762, y la nueva familia real se mudó a San Petersburgo. Una de las primeras acciones de Pedro III como zar de Rusia fue retirarse de la guerra de los Siete Años.

El zar firmó un tratado de paz con Federico el Grande, el líder de Prusia en ese momento. Pedro III también le entregó todas las conquistas que Rusia había alcanzado en el conflicto con los germanos.

La nobleza rusa no comprendió la actuación de su gobernante, que se arrodilló ante Prusia, con lo que Pedro III se ganó la reputación de débil y servil ante los alemanes.

El siguiente objetivo de Pedro III era deshacerse de Catalina para estar libremente con su amante. En julio de 1762 se fue a vacacionar junto con sus amigos y guardias, mientras su esposa permanecía en San Petersburgo.

Golpe de Estado

El viaje de Pedro fue la oportunidad perfecta para que Catalina tomara el trono. La guardia imperial se rebeló bajo la dirección de Grigory Orlov durante el 13 y 14 de julio. Desde ese momento, Catalina se convirtió en la nueva zarina.

Tres días después, Pedro III murió luego de abdicar en favor de su esposa. Se ha especulado desde ese momento si la causa de su fallecimiento fue asesinato o la que se proclamó oficialmente, es decir, un cólico hemorrágico que le produjo un ataque apopléjico.

De cualquier forma, muchos piensan que Catalina no ordenó que se asesinara a Pedro. La transición se llevó a cabo sin luchas y sin sangre, puesto que todos apoyaban a Catalina como la nueva emperatriz del Imperio ruso.

Emperatriz

Catalina II de Rusia fue coronada el 22 de septiembre de 1762 en Moscú. En medio de una ceremonia pomposa y llena de lujos, el Imperio ruso celebró el ascenso de su nueva gobernante.

De ese evento surgieron algunas de las más importantes reliquias familiares que utilizaron los miembros la dinastía Romanov hasta el final de su existencia, como, por ejemplo, la corona imperial rusa.

La corona imperial de Rusia. Fuente: AnonymousUnknown author, Wikimedia Commons

Aunque Catalina no pertenecía a los Romanov por consanguinidad, era descendiente de la dinastia Rurik, una de las casas reales más antiiguas de Rusia y fundadora del sistema zarista.

A diferencia de Pedro III, Catalina II se entregó totalmente a su nación y puso en primer lugar los intereses de Rusia. Sentía un sincero deseo de transformar el Imperio en una potencia próspera y avanzada, al nivel de los mejores países europeos.

Al encontrarse en una posición tan frágil políticamente, decidió mantener una relación pacífica con Prusia y Federico el Grande. En 1764 envío a Estanislao Poniatowski a Polonia como rey, uno de sus amantes, y quien sentía un gran respeto por Catalina.

Polonia fue repartida entre Prusia, Rusia y Austria en tres oportunidades: la primera, en 1772, la segunda, en 1793 (sin Austria) y la tercera en 1795. Así fue como estos países eliminaron la posibilidad de que Polonia surgiera como una potencia regional.

Gobierno de Catalina la Grande de Rusia

Uno de los principales problemas que encontró Catalina II fue la economía de la nación, que estaba subdesarrollada. Las arcas nacionales estaban vacías, los campesinos no eran libres, tampoco existía una clase media fuerte ni un marco legal que incentivara a la empresa privada.

Aunque había industrias, se basaban en el trabajo de los siervos, sometidos, prácticamente, a un sistema de esclavitud.

En 1768 se decretó que el Banco de Asignación debía crear el primer papel moneda ruso. El sistema implementado por Catalina II estuvo vigente hasta 1849.

Por otra parte, tuvo una gran decepción intelectual al darse cuenta de que era imposible para ella poner en práctica los postulados planteados por los filósofos de la Ilustración francesa en su tierra.

Leyes

En 1767 llamó a una comisión compuesta por las diferentes clases sociales rusas, salvo los siervos, para que hicieran propuestas que servirían en la creación de una constitución.

La Instrucción de Catalina la Grande fue un documento que se le proporcionó a los miembros representantes, que contenía los lineamientos que ella deseaba que se consideraran por la comisión.

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Allí defendió la igualdad de todos los hombres, también reclamó la modernización de las leyes y procedimientos jurídicos. Sin embargo, había inconsistencias, como su exaltación del absolutismo como centro del gobierno y la falta de derechos de los siervos.

Los resultados nunca se pusieron en práctica porque hubiesen resultado contraproducentes para el gobierno efectivo de Rusia, que contaba con una sociedad muy atrasada en comparación con Occidente.

Aunque algunos franceses, como Mercier de la Riviere, fueron invitados por la comisión y otros también frecuentaron la corte de Catalina II, como Denis Diderot, pensaban que un gobierno arbitrario no podía ser bueno, si bien estaban en la disposición de alabar a un déspota legal.

Guerra ruso-turca

La excusa perfecta de Catalina II para continuar con el sistema legal y político ruso sin tomar en cuenta las reformas propuestas por su propia comisión, fue el conflicto desatado en 1768 entre el Imperio ruso y el otomano.

Por diferentes motivos, principalmente el geográfico, los otomanos eran los enemigos naturales de Rusia.

La zarina deseaba retornar la mirada nacional a un solo objetivo, y para conseguirlo escogió un asunto de relevancia para toda la población: la grandeza de Rusia.

Según los registros históricos, un grupo de cosacos rusos siguieron a rebeldes polacos hasta Balta, parte del kanato de Crimea. Supuestamente, se efectuó una terrible matanza en la ciudad, que pidió la ayuda de su protector, el sultán Mustafá III.

Aunque los rusos negaron las acusaciones en su contra, los otomanos decidieron declararle la guerra en defensa del kanato de Crimea.

Con lo que no contó Mustafá III fue con que Rusia iba a dominar en el plano militar. Cracovia fue capturada por el ejército de Catalina II. Además, en 1770 la flota rusa llegó al sur de Grecia y esto provocó que las fuerzas otomanas se desviaran y descuidaran Ucrania.

Gobernación de Nueva Rusia. Fuente: Роман Днепр, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons

En la batalla de Chesma, los rusos destruyeron la flota turca, al tiempo que en la batalla de Kagul ocuparon las fortalezas turcas en la Ucrania otomana.

Paz

El sultán decidió enviar a su sobrino a negociar un acuerdo de paz con Catalina la Grande. El documento resultante fue conocido como tratado de Küçük Kaynarca en 1774.

Los turcos desde entonces reconocieron la independencia del kanato de Crimea, que se convirtió en un Estado satélite de Rusia. Además, pagaron a Catalina 4,5 millones de rublos y les permitieron a los rusos crear dos puertos en el mar Negro.

Rebelion de Pugachov

Esta insurrección comenzó en 1773, cuando el país aún se hallaba agitado por los enfrentamientos contra los otomanos. Todo empeoró con el brote de la plaga, que llegó a Moscú y acabó con vidas rusas indiscriminadamente.

Aunque no fue el único, Yemelian Pugachov fue uno de los impostores que se hizo pasar por Pedro III para intentar deponer a Catalina II. El protagonista del alzamiento había servido durante la guerra turco-rusa y escapó del servicio militar.

Pugachov esparció el rumor de que él era en realidad el zar y que había logrado escapar de los hombres de la zarina usurpadora. Gracias a esa historia, más de 30.000 hombres engrosaron las filas de un improvisado ejército dirigido por el impostor.

Con la fuerza que había logrado ensamblar, Pugachov pudo tomar varias ciudades. Entre las plazas más importantes que ocupó estuvieron Samara y Kazán, con las que se hizo en 1774.

Después del acuerdo de paz con los turcos, los hombres de Catalina II pudieron dedicarse a aplacar la rebelión y entonces capturaron a Pugachov. Tras ser apresado fue enviado a Moscú, donde se le juzgó y posteriormente fue condenado a la decapitación en 1775.

Consecuencias

La rebelión de Pugachov despertó grandes temores en Catalina II y la hizo pensar en que, a diferencia de Estados como Francia, Rusia no debía acrecentar las libertades a las clases sociales más bajas, sino por el contrario, había que procurarles más restricciones.

Aunque durante sus primeros años a cargo del gobierno, Catalina había considerado crear una constitución de corte liberal e ilustrada, pronto supo que eso no iba a ser práctico para su mandato.

De hecho, el apartado sobre los siervos y sus libertades fue el más editado de la Instrucción a la comisión que discutía el nuevo ordenamiento jurídico que deseaban para Rusia.

Cabe destacar que las riquezas de los nobles en Rusia no se medían en dinero, sino en la cantidad de “almas” que poseían, es decir, sus siervos. Eran justamente esos aristócratas los que sustentaban a Catalina II en el trono, y sin el apoyo de estos no era nada.

Hubiese sido un mal movimiento estratégico para Catalina quitarles a los nobles su más preciada “riqueza” y arriesgar con ello la estabilidad de su Imperio.

Por el contrario, los siervos terminaron más oprimidos y el número de campesinos libres se redujo cuantiosamente.

Ministro Potemkin

Desde la rebelión de Pugachov hubo un hombre que ascendió hasta las más altas esferas del poder tras ganarse la confianza de Catalina II: Gregorio Potemkin. Su buena estrella para la estrategia militar lo volvió muy cercano a la emperatriz, y luego se convirtió en su amante.

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Era popularmente difundido que en realidad era Potemkin quien controlaba el Imperio ruso, por su estrecha relación con Catalina y la influencia que ejercía sobre ella.

Aunque su relación íntima duró poco más de dos años, Potemkin continuó siendo muy respetado y estimado por Catalina II, quien le permitió conservar sus cargos y posiciones dentro del gobierno.

Patrona de las artes

Uno de los puntos destacados del gobierno de Catalina fue el ambiente que propició para que pudieran desarrollarse las actividades artísticas en Rusia. En ese momento, lo común en el mundo plástico e intelectual ruso era imitar lo que provenía de Occidente.

Aproximadamente en 1770 se comenzó a construir lo que originalmente fue la colección privada de la zarina, y luego se conoció como el Museo del Hermitage (o del “ermitaño”), en San Petersburgo.

Además de las obras de la Ilustración, la monarca también impulsó la construcción de jardines ingleses y se interesó por las colecciones de arte chinas.

Museo del Hermitage. Fuente: A.Savin (Wikimedia Commons · WikiPhotoSpace), CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons

Educación

Para la zarina fue de suma importancia el tema educativo. Estaba inmersa en los postulados de los filósofos ilustrados, lo que al principio la hizo creer que podría mejorar el gobierno si conseguía elevar el nivel intelectual de los ciudadanos.

Consultó con educadores británicos como Daniel Dumaresq, a quien nombró parte de la Comisión de Educación que abordó las reformas educativas necesarias para el país. Como muchos otros proyectos reformistas de Catalina, las sugerencias de la comisión no se implementaron.

Sin embargo, Catalina II sí se preocupó por crear nuevas instituciones educativas dirigidas tanto a hembras como a varones. Durante su reino se creó el primer orfanato ruso en Moscú, pero fracasó.

La primera escuela rusa de niñas también nació en tiempos de Catalina. En la academia eran admitidas tanto jóvenes nobles como de origen burgués, y llevó por nombre “Instituto Smolny”.

Otra de las gestiones que Catalina intentó realizar en pro de la instrucción académica rusa en 1786 fue el Estatuto de Educación Nacional. En dicho decreto ordenó que se crearan escuelas públicas en las principales ciudades, que debían admitir a jóvenes cualquier clase social, salvo siervos.

Los resultados de ese experimento no fueron alentadores en absoluto, puesto que el grueso de la población prefería enviar a sus hijos a instituciones privadas, y los números de jóvenes beneficiados por el plan eran muy bajos.

Religión

Aunque en un primer momento Catalina II emocionó a los rusos con su conversión a la fe ortodoxa, no pasó de ser un simple homenaje a sus súbditos. De hecho, no favoreció en absoluto a esa religión, al contrario, expropió los terrenos de la Iglesia a la que, prácticamente, nacionalizó.

Cerró más de la mitad de los monasterios y administraba las finanzas de la Iglesia a conveniencia del Estado. También decidió retirar la religión de la educación académica formal de los jóvenes, lo que se tradujo en el primer paso de la secularización rusa.

Polonia

Polonia comenzó a gestar un movimiento revolucionario en el que pretendía conseguir una constitución liberal enmarcada en la Ilustración, que había sido tan alabada por la misma Catalina II.

Esos deseos dieron pie a un alzamiento popular que concluyó con la segunda partición de Polonia, tras la cual Rusia tomó 250.000 km2 del territorio ucraniano-polaco, y Prusia se hizo con cerca de 58.000 km2.

El desenlace del conflicto dejó a muchos descontentos, devino en el levantamiento de Kosciuszko en 1794, y tras su fracaso la Mancomunidad de las Dos Naciones desapareció.

Últimos años

Uno de los sucesos que marcó el proceder de Catalina II durante el ocaso de su vida fue la Revolución francesa. Aunque había sido una gran admiradora de la Ilustración, no concebía que los derechos de la aristocracia fuesen sujeto de discusión.

Por eso, desde la ejecución del rey Luis XVI, estuvo mucho más recelosa de los efectos nocivos de la Ilustración en el pueblo. Catalina temía por el futuro de la casa real rusa, por lo que intentó que su nieta Alejandra se casara con el rey de Suecia, Gustavo Adolfo, pariente suyo.

Aunque el rey viajó en septiembre de 1796 para conocer a la chica y anunciar el compromiso, el enlace no se llevó a cabo por la aparente negativa de la joven para convertirse a la fe dominante en Suecia, el luteranismo.

Muerte de Catalina la Grande de Rusia

Catalina la Grande murió el 17 de noviembre de 1796 en San Petersburgo. El día antes, se había despertado de buen ánimo y aseguró haber pasado una maravillosa noche.

Después de iniciar con sus labores diarias, la encontraron en el suelo y con el pulso muy bajo. El médico le diagnosticó un derrame cerebral, entró en coma y falleció horas más tarde.

Otra de las preocupaciones que rondaron la mente de Catalina en sus días finales fue la sucesión de la corona de Rusia. No consideraba que su hijo Pablo fuese un heredero digno, puesto que observaba en él las mismas debilidades de su padre.

Catalina II había preparado todo para que el hijo de Pablo, Alejandro, fuese nombrado sucesor, pero por lo precipitado de la muerte de la soberana no se llevó a cabo ese acto, y Pablo fue el siguiente emperador de Rusia.

Cita este artículo

Lifeder. (19 de marzo de 2026). Catalina la Grande de Rusia. Recuperado de: https://www.lifeder.com/catalina-grande-rusia/.

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Por Mercedes Rolingson

Periodista venezolana, entusiasta de la fotografía y ex investigadora del Centro de Investigación de Comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello. Atraída por el estudio y difusión de las manifestaciones socioculturales del siglo XXI.
Última edición el 19 de marzo de 2026.

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