
¿Qué son los conflictos familiares?
Los conflictos familiares son situaciones de discusión o enfrentamiento entre personas cercanas, con vínculos familiares y afectivos. Resultan muy comunes y tienen características particulares, dadas por el nivel de cercanía. Por otro lado, la relación entre las partes se mantiene durante un largo tiempo.
Los problemas familiares son situaciones en las que dos o más partes se perciben o expresan como incompatibles. Pueden surgir en diferentes ámbitos de la vida cotidiana de forma habitual y si se manejan de la manera correcta pueden llegar a ser positivos para lograr cambios y nuevas formas de relacionarse.
Generan un alto grado de malestar, porque la persona no solo se siente afectada por su dolor, sino por el daño que pueda sentir la otra persona, por la que siente un aprecio profundo.
Tipos de conflictos
- Conflicto verídico. Existe de forma objetiva, y por tanto, las partes lo perciben como tal. Se manifiesta abiertamente y es evidente.
- Conflicto contingente. Se produce en una situación de fácil solución, pero no se percibe así por las partes. Se genera el enfrentamiento por un motivo que en realidad puede solucionarse sencillamente. Este tipo de conflicto es muy frecuente en las disputas con y entre adolescentes.
- Conflicto desplazado. Las partes enfrentadas expresan su malestar por un acontecimiento o situación que en realidad no es el motivo por el que se genera el malestar. Lo que la persona argumenta como la causa del conflicto no es realmente la causa principal que lo ha producido. Este tipo de conflicto es habitual en las relaciones de pareja.
- Conflicto mal atribuido. Es aquel que en realidad no enfrenta a las partes, sino que existe una tercera instancia responsable de que se dé esta situación.
- Conflicto latente. Es aquel que debería ocurrir abiertamente pero no sucede así. Se percibe el conflicto pero no se manifiesta, lo que impide que se pueda llegar a resolver.
- Conflictos falsos. Son los que se dan sin que exista una base objetiva para que sucedan. Se generan a partir de malas interpretaciones, incomprensiones, falsas atribuciones a la otra persona, etc.
Tipos de conflictos en el contexto familiar
Por las relaciones que se establecen y las características de los miembros que los conforman, existen diferentes tipologías del conflicto en el ámbito familiar:
- Conflictos en la pareja. Son los que aparecen por el hecho de que cada persona actúa, piensa y siente de forma diferente. Es inevitable que en las parejas aparezcan situaciones de conflicto o crisis, que si se resuelven de forma correcta, ayudarán al crecimiento personal y de la propia pareja. La mayoría de estos enfrentamientos tienen su origen en malos entendidos que surgen de manera cotidiana. Algunos de los elementos que causan estos malos entendidos son:
- Mala comunicación. De forma habitual, y especialmente cuando las personas están enfadadas, utilizan una forma de expresarse que puede no ser la más adecuada. En estos momentos se manifiesta el malestar en forma de reproches a la otra persona. También se utiliza la queja, la mayoría de las veces haciendo responsable o culpable al otro de lo que está ocurriendo. Otra manera de expresarse en estos momentos es generalizando, utilizando expresiones como “siempre haces lo mismo” o “nunca me haces caso”. Se manifiesta que siempre, sin excepción, la otra persona se comporta de esta manera que molesta, aunque en la mayoría de los casos no es real, y provoca malestar en el otro. Con frecuencia se usa un estilo de comunicación agresivo, no adecuado en este tipo de conflictos, porque lejos de ayudar a resolver el problema, lo agrava y contribuye a deteriorar la relación. Este estilo agresivo se caracteriza por el uso de insultos, amenazas o faltas de respeto.
- Pérdida de libertad. Cuando uno de los miembros, o los dos, tienen la sensación de pérdida de libertad a causa de la relación.
- Querer cambiar al otro. Los intentos de cambiar al otro en su forma de ser, de pensar o incluso de sus gustos. Esta situación genera conflictos de forma muy frecuente en las parejas que se empeñan en imponer al otro la manera de ser o de pensar que se considera adecuada. Es importante aceptar que la otra persona es única e irrepetible, por eso tiene sus propios gustos o formas de pensar.
- Incapacidad de solucionar problemas. Se trata de la falta de entrenamiento y habilidades para solucionar problemas, es decir, ausencia de la habilidad de resolución de problemas, asertividad y otras.
- Conflictos entre padres e hijos. Este tipo de conflicto se puede dividir en otros más específicos, en función de las etapas vitales.
- En la infancia. Esta etapa se caracteriza fundamentalmente por el desarrollo de la persona hacía su autonomía. Se trata de aprender a realizar las cosas por sí mismo, como está aprendiendo que hacen sus padres u otras personas significativas a su alrededor. Es en este proceso donde suele surgir el conflicto, porque los padres no saben cómo facilitar esta autonomía, porque el niño tiene demandas que no coinciden con lo que los padres consideran adecuado, porque el niño avanza en una dirección que los padres no quieren, etc.
- En la adolescencia. Esta etapa, entre los 12 y los 18 años, se caracteriza por los cambios rápidos que experimenta la persona y por una particular inestabilidad emocional. Además, en este momento se fijan las principales pautas de comportamiento y valores que regirán su vida. De forma habitual, los objetivos de los adolescentes suelen no estar de acuerdo con los objetivos de los padres. A menudo en esta etapa surgen más conflictos y dificultades de relación y en la que más de manifiesto se ponen las diferencias generacionales.
- Con hijos adultos. Este tipo de conflictos suele surgir de las diferentes formas de decidir, organizarse o vivir de dos personas que ya son adultas e imponen sus derechos a pensar y actuar de la manera que cada uno considera más adecuada.
- Conflictos entre hermanos. Los enfrentamientos entre hermanos son habituales y naturales. Suelen durar poco tiempo y los resuelven por ellos mismos, sin ser necesaria la intervención de los padres. Esto es muy importante porque sirve de enseñanza para resolver conflictos en la vida adulta con otras personas, sin necesidad de que intervenga un tercero.
- Conflictos con las personas mayores. Esta etapa puede resultar especialmente conflictiva en el ámbito familiar porque la persona que entra en la tercera edad vive una serie de cambios significativos. A nivel biológico, aunque el individuo se encuentre bien, se van deteriorando algunos aspectos, el cuerpo envejece, son más lentos en sus movimientos, pierden visión y/o audición, sufren pérdidas de memoria, tienen menos fuerza, etc. Y a nivel social aparecen una serie de acontecimientos críticos como la jubilación, el nacimiento de los nietos, la pérdida de seres queridos, como el cónyuge o los hermanos, etc. Todos estos acontecimientos pueden vivirse de forma muy dramática si la persona no se enfrenta a ellos con la actitud adecuada, y contribuir a la aparición de conflictos con otros miembros de la familia.
Consejos para resolver los conflictos familiares
Lo principal es entender el conflicto como una oportunidad para crecer, para encontrar nuevas maneras y planos de comunicación.
Es recomendable solucionar los problemas que surgen dentro del propio ámbito familiar, sin tener que buscar la ayuda de terceros, porque esto enseñará estrategias para resolver problemas en otros escenarios y a impedir que la relación se deteriore.
Algunas de las estrategias que se pueden aplicar para solucionar los problemas son:
- Escucha activa. Se realiza cuando se atiende a lo que la otra persona quiere transmitir, y ella sabe, además, que se le está entendiendo. Con esta estrategia se pueden evitar muchos malos entendidos si antes de contestar se asegura de haber entendido lo que la otra persona quiere decir o expresar.
- Cuidar la forma de hablar y expresarse. Al enfadarse, una persona no suele expresar su malestar de la forma más adecuada. Se trata de sustituir los reproches con los que se culpabiliza a la otra parte por la expresión de lo que se siente o lo que duele de la situación. Es explicar lo que se quiere sin dañar al otro. Además de evitar el deterioro de la relación, ayuda a buscar una solución al problema. También es importante no quedarse únicamente en expresar lo que molesta, es conveniente proponer alternativas o soluciones al problema.
- Permitir que en la discusión participen todas las partes implicadas. Igual de importante es expresar lo que causa el malestar, como que lo haga la otra persona. Es habitual que en las discusiones familiares se quiten la palabra unos a otros. Con esto se prioriza lo que uno quiere decir, en lugar de escuchar lo que los otros quieren transmitir, pero ambas cosas son necesarias.
- Mostrar afecto. Aunque se esté en conflicto con familiares, no dejan de ser personas a las que se quiere y valora, y es importante hacérselo saber. En muchas ocasiones expresar el afecto rebaja la tensión que produce el conflicto.
- Buscar la colaboración. Ante un conflicto, lo habitual es buscar quién gana y quién pierde en la disputa. Pero lo adecuado es buscar un punto común y trabajar para solucionarlo de forma conjunta. De esta manera, todos los miembros obtienen una solución satisfactoria, se buscan soluciones pensando en las necesidades e intereses de todos los miembros.
- Buscar el lado positivo de las cosas. Habitualmente, ante un conflicto solo se ve lo negativo de la situación e incluso lo negativo que hace o dice la otra persona, llegando en muchos casos a imaginar o adivinar lo que el otro piensa, metiéndose en un bucle de negatividad que solo sirve para sentirse aún peor y dificultar el acuerdo. En lugar de centrarse en estos aspectos negativos, se puede sacar partido de lo positivo del conflicto, verlo como una oportunidad para hablar, para conocer el punto de vista del otro, para conocerse mejor. No se trata de negar el conflicto, sino de utilizarlo para avanzar y resolver el problema.
- Buscar el momento y la situación adecuados para hablar del problema. En muchas ocasiones, es aconsejable posponer una discusión. Esto no significa evitarla o dejarla de lado, sino buscar el momento cuando la carga emocional sea menor y estén más tranquilos para controlar las emociones negativas que surgen en esos momentos. Eso permite expresar de forma más adecuada lo que se quiere transmitir, y escuchar al otro de forma más receptiva. También puede ser conveniente buscar un lugar donde las dos personas se sientan a gusto para dialogar.
Recursos para resolver los conflictos familiares
Cuando el conflicto va un paso más allá y las partes implicadas necesitan la actuación de un tercero para resolverlos, se pueden gestionar a través de diferentes recursos:
- Terapia familiar. El objetivo es ayudar a las familias a buscar una manera de colaborar y hacer frente a los conflictos familiares. Además van a aprender estrategias y habilidades adecuadas para resolver problemas.
- Conciliación. Proceso por el que las partes, ante un tercero que ni propone, ni decide, contrastan sus pretensiones tratando de llegar a un acuerdo.
- Mediación. Es una institución jurídica, un tercero neutral que busca una comunicación entre las partes para que lleguen a un acuerdo satisfactorio para ambas.
- Arbitraje. Es una institución destinada a resolver conflictos entre sujetos de una relación de derecho, que consiste en la designación de un tercero cuya decisión se impone en virtud del compromiso adquirido por las partes.
- Intervención judicial. Es un proceso destinado a actuar en el caso de conflictos de carácter jurídico mediante una resolución final obligatoria, emitida por órganos del Estado.
Referencias
- Deutsch, M. The resolution of conclict: Constructive and destructive processes. Yale University Press.
- Deutsch, M. Conflict resolution: theory and practice, Political Psychology.
- Nauret, R. Family Problems Harm Young Children. University of Rochester.
- Pavlina, S. Understanding Family Relationship Problems.
- Burton, J. Conflict: Resolution and prevention. St. Martin’s Press.