Síndrome de Asperger: síntomas, causas y tratamientos

El síndrome de Asperger lo poseen niños y adultos que presentan una afectación en el área social, comunicativa e imaginativa. Sus síntomas principales son: alteraciones en las relaciones sociales recíprocas, interés por actividades restringidas y repetitivas, rutinas o rituales y falta de habilidades sociales.

Se trata de una categoría que acarrea más problemas en cuanto a su validez nosológica ya que no está demostrado que se trate de una entidad diferente del autismo o un subtipo del trastorno autista, ya que ambos presentan déficits cualitativos comparables. Sin embargo, lo que lo distingue con respecto a otros desórdenes autísticos es la gran habilidad que presentan en relación al lenguaje.

síndrome de asperger

En cuanto a la prevalencia los estudios apuntan a una mayor incidencia en niños que en niñas, la ratio es de 8:1 (8 niños por cada niña).

Historia del síndrome de Asperger

Hans Asperger en 1944, describió un síndrome de características muy semejantes al síndrome descrito por Kanner un año antes, es decir, al autismo. Muchas de las características identificadas por este médico como centrales del trastorno han permanecido inalterables, como son la naturaleza heterogénea del trastorno, así como su variable manifestación sintomática en función de los rasgos de la personalidad del niño y las experiencias de aprendizaje a las que se ha expuesto en el colegio y entorno familiar.

En los años cincuenta se consideraba a estas personas como sujetos con un trastorno psicogénico, con presentación clínica similar en todos los pacientes.

En algunos países consideraban que estos sujetos tenían un deficiente trato familiar y estaban cercanos a las psicosis. Sin embargo, los estudios disponibles a partir de los años 70 mostraron que estas suposiciones eran falsas y empezaron a entenderse como unos trastornos del desarrollo de ciertas capacidades infantiles como la socialización, la comunicación y la imaginación. Las clasificaciones internacionales los ubicaron en el eje correspondiente a otros problemas ligados al desarrollo, como el retraso mental.

Posteriormente se acuñó el término Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), sin embargo, este término fue objeto de múltiples críticas como es el hecho de pensar que en estos sujetos no está alterado el desarrollo al completo.

Con el tiempo, se identificaron trastornos diferentes; se reconoció la presencia de cuadros parciales; se apreció la variabilidad de los síntomas con la edad y el grado de afectación; se describió su asociación con otros problemas del desarrollo y se aceptó de manera prácticamente universal que se debían a problemas relacionados con un malfuncionamiento cerebral.

No es hasta los años 80 cuando la comunidad científica empezó a interesarse por el síndrome de Asperger. Lorna Wing, U. Fritz y Gillberg retoman el diagnóstico y comienzan a tenerlo en cuenta para el uso clínico.

En los últimos años se ha incorporado el término Trastornos del Espectro Autista, gracias a la aportación de L. Wing y J. Gould. Con este término se hace referencia a un continuo, no a una categoría, en el que se altera cualitativamente un conjunto de capacidades en la interacción social, la comunicación y la imaginación.

Diagnóstico del síndrome de Asperger

El síndrome de Asperger no apareció en las clasificaciones diagnósticas hasta 1994.

Tanto en la CIE (Clasificación Internacional de enfermedades), sistema de clasificación desarrollado por la Organización Mundial de la Salud, como en el DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), sistema de clasificación de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana, el síndrome de Asperger ha sido clasificado y definido en criterios. Sin embargo, es cierto que a medida que han ido surgiendo nuevas ediciones se han ido modificando algunos aspectos.

La CIE plantea el síndrome de Asperger clasificado dentro del apartado de trastornos del desarrollo psicológico en los trastornos generalizados del desarrollo. Junto a éste se clasifican a su vez el autismo infantil, el autismo atípico, el síndrome de Rett y el trastorno hipercinético con retraso mental y movimientos estereotipados. Algunos critican la inclusión de estas otras categorías no mencionadas en el DSM, por carecer de validez.

Con respecto al DSM-IV-TR, plantea la clasificación dentro del apartado Trastorno de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia en los trastornos generalizados del desarrollo junto al Trastorno autista, el Trastorno de Rett, el Trastorno desintegrativo infantil, Trastorno de Asperger y trastorno no especificado.

Por último, es el DSM-5 el que plantea una clasificación diferente. Los expertos han decidido que los trastornos que antes se incluían en los trastornos generalizados del desarrollo son realmente una única condición, de tal manera que esta nueva categoría de Trastornos del Espectro del Autismo, engloba al antiguo Autismo, Trastorno de Asperger, Trastorno Desintegrativo infantil y Trastorno Generalizado del desarrollo no especificado, eliminándose los trastornos de Rett y el Trastorno desintegrativo, antes incluidos. La idea de hablar de “espectro autista” es una idea muy aceptada que responde a la dificultad de separar categorialmente casos limítrofes entre el autismo y el síndrome de Asperger

Criterios diagnósticos según la CIE-10 

A. Ausencia de retrasos clínicamente significativos del lenguaje o del desarrollo cognitivo. Para el diagnóstico se requiere que a los dos años haya sido posible la pronunciación de palabras sueltas y que al menos a los tres años el niño use frases aptas para la comunicación. Las capacidades que permiten una autonomía, un comportamiento adaptativo y la curiosidad por el entorno deben estar al nivel adecuado para un desarrollo intelectual normal. Sin embargo, los aspectos motores pueden estar de alguna forma retrasados y es frecuente una torpeza de movimientos (aunque no necesaria para el diagnóstico). Es frecuente la presencia de características especiales aisladas, a menudo en relación con preocupaciones anormales, aunque no se requieren para el diagnóstico.

B. Alteraciones cualitativas en las relaciones sociales recíprocas (del estilo de las del autismo).

C. Un interés inusualmente intenso y circunscrito o patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados, con criterios parecidos al autismo, aunque en este cuadro son menos frecuentes los manierismos y las preocupaciones inadecuadas con aspectos parciales de los objetos o con partes no funcionales de los objetos de juego.

D. No puede atribuirse el trastorno a otros tipos de trastornos generalizados del desarrollo, a trastorno esquizotípico, a esquizofrenia simple, a trastorno reactivo de la vinculación en la infancia de tipo desinhibido, a trastorno anancástico de personalidad, ni a trastorno obsesivo-compulsivo.

Como podemos observar, la CIE-10 incluye la presencia de conductas estereotipadas, repetitivas y restricción de éstas. Además, plantea como criterio diferencial del autismo la adquisición del lenguaje y el desarrollo cognitivo, que con frecuencia son normales en los niños con síndrome de Asperger, quienes tampoco presentan los problemas de comunicación asociados al autismo.

Criterios diagnósticos según el DSM-IV-TR 

A. Alteración cualitativa de la interacción social, manifestada al menos por dos de las siguientes características:

1. Importante alteración del uso de múltiples comportamientos no verbales como contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social

2. Incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros apropiadas al nivel de desarrollo del sujeto

3. Ausencia de la tendencia espontánea a compartir disfrutes, intereses y objetivos con otras personas (p. ej., no mostrar, traer o enseñar a otras personas objetos de interés)

4. Ausencia de reciprocidad social o emocional

B. Patrones de comportamiento, intereses y actividades restrictivos, repetitivos y estereotipados, manifestados al menos por una de las siguientes características:

1. Preocupación absorbente por uno o más patrones de interés estereotipados y restrictivos que son anormales, sea por su intensidad, sea por su objetivo.

2. Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos, no funcionales

3. Manierismos motores estereotipados y repetitivos (p. ej., sacudir o girar manos o dedos, o movimientos complejos de todo el cuerpo)

4. Preocupación persistente por partes de objetos

C. El trastorno causa un deterioro clínicamente significativo de la actividad social, laboral y otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D. No hay retraso general del lenguaje clínicamente significativo (p. ej., a los 2 años de edad utiliza palabras sencillas, a los 3 años de edad utiliza frases comunicativas).

E. No hay retraso clínicamente significativo del desarrollo cognoscitivo ni del desarrollo de habilidades de autoayuda propias de la edad, comportamiento adaptativo (distinto de la interacción social) y curiosidad acerca del ambiente durante la infancia.

F. No cumple los criterios de otro trastorno generalizado del desarrollo ni de esquizofrenia.

Criterios generalas del DSM-5 para el Trastorno del espectro autista

A. Deficiencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social en diversos contextos, manifestado por lo siguiente, actualmente o por los antecedentes (ejemplos ilustrativos, pero no exhaustivos).

1. Deficiencias en la reciprocidad emocional, varían, ej;

-Acercamiento social anormal; fracaso de la conversación normal en ambos; disminución en intereses; emociones o afectos compartidos.

-Fracaso en iniciar o responder a interacciones sociales.

2. Deficiencias en las conductas comunicativas no verbales utilizadas en la interacción social varían:

-Comunicación verbal y no verbal poco integrada: anomalías del contacto visual y del lenguaje corporal o deficiencias de la comprensión y uso de gestos.

-Falta total de expresión facial y de comunicación no verbal.

3. Deficiencias en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de las relaciones:

-Dificultades para ajustar el comportamiento en diversos contextos sociales: dificultades para compartir juegos imaginativos o hacer amigos.

-Ausencia de interés por otras personas.

B. Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades, manifestadas en dos o más de los siguientes puntos, actualmente o por los antecedentes:

1. Movimientos, utilización de objetos o hablar estereotipados o repetitivos, ej: estereotipias motoras simples, alineación de los juguetes o cambio de lugar de los objetos, ecolalia y frases idiosincrásicas.

2. Insistencia en la monotonía, excesiva inflexibilidad de rutinas o patrones ritualizados de comportamiento verbal o no verbal, ej: gran angustia frente a cambios pequeños; dificultad con transiciones; patrones de pensamiento rígidos; rituales de saludo; necesidad de tomar el mismo camino o de comer los mismos alimentos cada día.

3. Intereses muy restringuidos y fijos anormales en cuanto a sus intensidad o foco de interés: fuerte apego o preocupación por objetos inusuales, intereses excesivamente circunscritos o perseverantes.

4. Hiper o hiporeactividad a los estímulos sensoriales o interés inhabitual por aspectos sensoriales del entorno; indiferencia aparente al dolor/temperatura, respuesta adversa a sonidos o texturas específicos,m olfateo o palpación excesiva de objetos, fascinación visual por luces o movimientos.

C. Síntomas han de estar presentes en las primeras fases del período de desarrollo.

D. Los síntomas causan un deterioro clínicamente significativo en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento habitual.

E. Estas alteraciones no se explican mejor por la discapacidad intelectual o el retraso global del desarrollo.

EL DSM-5 añade diversas especificaciones, unas con respecto a la gravedad del trastorno y otras en relación a la existencia o ausencia de un déficit intelectual acompañante, deterioro del lenguaje, la asociación a otro trastorno del desarrollo neurológico, mental o del comportamiento o la existencia de catatonía.

Características del síndrome de Asperger en niños

Los niños asperger son aquellos que tienen campos de interés reducidos y absorbentes. Son generalmente buenos en las habilidades de memoria (hechos, figuras, fechas, épocas…), muchos destacan en las áreas de matemáticas y conocimiento del medio.

Utilizan el lenguaje de una manera levemente rara y toman a menudo significados literales de lo que leen u oyen. Es decir, por ejemplo, no entenderían la frase “el niño se partía de risa”, y entenderían el significado de partir como tal.

Prefieren tener una rutina y un ambiente estructurado. El mal comportamiento que suelen presentar está motivado por la inhabilidad para comunicar sus frustraciones y ansiedades. Son personas que necesitan sentirse protegidos, y reclama amor, cariño, dulzura, cuidado, paciencia y comprensión. Dentro de este marco realizan grandes progresos.

Aparentan ser para la mayoría de personas brillantes, felices y cariñosos y tienen una necesidad de acabar las tareas que han comenzado.

Tratamientos del síndrome de Asperger

Las investigaciones realizadas a lo largo del tiempo han llegado a la conclusión de que aquellas técnicas terapéuticas de elección para los niños con síndrome de Asperger son el análisis aplicado de la conducta para intervenciones globales y el análisis aplicado de la conducta para intervenciones específicas.

Las primeras se refieren a aquellos tratamientos conductuales aplicados que aglutinan una batería de técnicas durante un tiempo prolongado.

En cuanto a las segundas, se han utilizado las intervenciones conductuales con tal de instaurar desde las condiciones más elementales para el aprendizaje, hasta conductas complejas como el lenguaje o las académicas.

Posibles estrategias para los niños con Asperger

Teniendo en cuenta todas las estrategias que se han comentado a lo largo de este artículo, existen ciertas estrategias que podemos utilizar con estos niños para ayudarles a la adaptación a la vida.

En principio se debería utilizar un lenguaje simple, utilizando palabras y frases que sean de fácil comprensión, así como instrucciones simples, limitando las opciones a dos o tres ítems.

Se les indica que miren a la cara cuando se habla, así como se intenta que mantengan el turno de palabras y que escuche. Además, se les proporciona alabanzas por cualquier logro que alcancen.

Se intentará introducir una cierta flexibilidad en su rutina, acordando períodos de tiempo en los que puedan dedicarse a realizar las actividades que le interesan.

Se les enseñará algunas estrategias para hacer frente a situaciones difíciles, como respirar profundamente o relajarse.

Conclusión

A pesar de que a lo largo del tiempo se han producido muchos avances con respecto a este síndrome, bien es cierto que existen aspectos aún sin clarificar y especificar. Además, con la publicación del DSM-5 y la creación de la nueva categoría Trastornos del Espectro Autista, se ha contribuido de cierta manera a volver atrás, en el sentido de que puede que realmente entre el Síndrome de Asperger y otros trastornos de este espectro no haya diferencias palpables.

Bibliografía

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  2. AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION (APA). (2002). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-IV-TR. Barcelona: Masson.
  3. AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION (APA). (2014). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5. Barcelona: Masson.
  4. CIE-10 (1992). Trastornos mentales y del comportamiento. Madrid: Meditor.
  5. Bauer, S. (1995). Asperger Syndrome trought the lifespan. New York, The developmental unit, Genesee Hospital Rochester.
  6. López, R y Munguía, A. (2008). Síndrome de Asperger. Revista del Postgrado de Psiquiatría UNAH, vol. 1, nº 3.

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