Síndrome de Bloom: Síntomas, Causas y Tratamiento

El síndrome de Bloom (BS) es una enfermedad poco frecuente de herencia autosómica recesiva que se caracteriza principalmente por tres aspectos: retraso en el crecimiento, hipersensibilidad al sol y telangiectasia en la cara (dilatación de vasos capilares). Estos pacientes tienen una inestabilidad genómica que les predisponen a desarrollar cáncer fácilmente.

Se descubrió por el dermatólogo David Bloom en 1954 a través de la observación de varios pacientes que presentaban enanismo y eritemas telangiectásicos (piel enrojecida por la dilatación de los capilares sanguíneos) (Elbendary, 2015).

síndrome de Bloom

Este síndrome también puede llamarse eritema congénito telangiectásico o síndrome de Bloom-Torre-Machacek.

Causas del síndrome de Bloom

El síndrome de Bloom es una enfermedad autosómica recesiva, es decir, para que surja tiene que ocurrir una mutación en ambos alelos del gen BLM, tanto por parte de la madre como por parte del padre (Ellis et al., 1995). Los padres no necesariamente tienen que presentar esta enfermedad, sino que puede ser portadores del gen mutado sin tener síntomas.

Se han encontrado más de 60 mutaciones en el gen BLM en el síndrome de Bloom, siendo la más frecuente la deleción de 6 nucleótidos en la posición 2281 y la sustitución por otros 7 (Elbendary, 2015).

Según Genetics Home Reference (2016), el gen BLM se encarga de mandar instrucciones para la creación de la proteína RecQ, que forma parte de la familia de las helicasas

Lo que hacen las helicasas es unirse al ADN y separar temporalmente las dos hebras de éste, que normalmente se encuentran unidas en espiral, con el objetivo de desarrollar procesos como la replicación (o copia de ADN), preparación para la división celular y la reparación de daños en el ADN.

En definitiva, las helicasas RecQ son importantes para mantener la estructura del ADN y por eso se conocen como “cuidadoras del genoma”.

Por ejemplo, cuando una célula se va a dividir para formar dos células nuevas, el ADN que hay en los cromosomas se tiene que copiar para que cada célula nueva tenga dos copias de cada cromosoma: una del padre y otra de la madre.

El ADN copiado de cada cromosoma dispone en dos estructuras iguales que se llaman cromátidas hermanas, y están unidas al principio, antes de que se produzca la división de las células.

En esta etapa, intercambian entre ellas algunos trozos de ADN; lo que se conoce como intercambio de cromátidas hermanas. Parece ser que este proceso está alterado en la enfermedad de Bloom, ya que la proteína BLM está dañada y ésta es la que controla que se produzcan los intercambios adecuados entre las cromátidas hermanas y que el ADN se mantenga estable en el momento de la copia.

De hecho, se produce una media de 10 intercambios más de lo normal entre cromátidas en el síndrome de Bloom (Seki et al., 2006).

Por otro lado, se originan también roturas en el material genético en esta enfermedad, que provocan deterioro en las actividades celulares normales que, por la carencia de la proteína BLM, no se pueden reparar.

De hecho, algunos expertos clasifican este síndrome como el “síndrome de rotura cromosómica”, ya que se relaciona con gran cantidad de roturas y reorganizaciones de los cromosomas.

Esta inestabilidad de los cromosomas ocasiona una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades. Por ejemplo, por la falta de la proteína BLM no se pueden recuperar de daños en el ADN que puede causar la luz ultravioleta y por ello, estos pacientes son fotosensibles.

Además, los afectados presentan una deficiencia inmune que les hace más susceptible a contraer infecciones.

Por otro lado, tienen alta probabilidad de desarrollar cáncer en cualquier órgano por la división incontrolada de células, apareciendo principalmente leucemia (es un tipo de cáncer de la sangre caracterizado por un exceso de glóbulos blancos) y linfoma (cáncer en el ganglio linfático del sistema inmunitario).

También se han encontrado fallos en la acción del gen FANCM, que se encarga de la codificación de las proteínas MM1 y MM2, que también sirven para reparar daños en el ADN.

Éstas son las que se han vinculado tanto con este síndrome como con la anemia de Fanconi. Por eso vemos que estas dos enfermedades son parecidas en su fenotipo y en la predisposición a tumores hematológicos e insuficiencia en la médula ósea.

De todas formas, los mecanismos moleculares que afectan a los cromosomas en el síndrome de Bloom aún son objeto de investigación.

¿Cuál es su prevalencia?

El síndrome de Bloom es relativamente infrecuente, se conocen sólo unos 300 casos descritos en la literatura médica. Aunque este trastorno se produce en muchos grupos étnicos, parece ser mucho más común en judíos Ashkenazí, representando el 25% de los pacientes con este síndrome.

De hecho, dentro de este grupo étnico la frecuencia de presentar el síndrome puede llegar al 1%. También se ha encontrado, aunque con menos frecuencia, en familias japonesas.

En cuanto al sexo, los hombres parecen ser algo más propensos a presentar la enfermedad que las mujeres, siendo la proporción 1,3 hombres por 1 mujer.

¿Cuáles son sus síntomas?

Esta condición ya se presenta en los primeros meses de la vida y, por ahora, ninguno de los pacientes ha vivido más de 50 años.

Tumores malignos: ocasionados por la inestabilidad genómica como explicamos arriba, suponen el principal motivo de muerte en los afectados por este síndrome. Según la National Organization for Rare Disorders (2014), Sobre un 20% de los afectados por el síndrome de Bloom van a desarrollar cáncer. Estos pacientes tienen entre 150 y 300 veces más riesgo de desarrollar cáncer que las personas sin este trastorno.

Inmunodeficiencia que varía en gravedad según el paciente, y que predispone a diversas infecciones. Esto surge por déficits en la proliferación de linfocitos (glóbulos blancos), problemas en la síntesis de inmunoglobulina (anticuerpos del sistema inmunitario) y baja respuesta a la estimulación por mitógenos (que controlan la división y el crecimiento de las células).

– Son frecuentes los defectos en los linfocitos T y B, que afecta al desarrollo del sistema inmune.

– El mal funcionamiento del sistema inmunitario puede traer como consecuencia infección de oído (otitis media principalmente), neumonía u otros signos como diarrea y vómitos.

Fotosensibilidad: que es una excesiva sensibilidad del ADN a los rayos ultravioletas, llegando a dañarse. Se considera una forma de fototoxicidad o muerte celular que perjudica la piel del afectado cuando le da el sol.

Reducción de la fertilidad o infertilidad. De hecho, en los varones se da la incapacidad para producir espera. En las mujeres se produce una menopausia muy temprana.

Manifestaciones cutáneas: además de la fotosensibilidad se da también la poiquilodermia, una afectación de la piel que se da principalmente en el cuello, apareciendo zonas hipopigmentadas, otras hiperpigmentadas, telangiectasias y atrofia. Se observa comúnmente manchas rojas en la piel que se asocia con la exposición al sol (sobre todo en la cara).

– Otro problema cutáneo que se observa es la telangiectasia, que se ve como erupciones rojizas en la cara ocasionadas por la dilatación de los vasos sanguíneos pequeños. Aparece como un patrón “de mariposa” abarcando la nariz y las mejillas.

– También pueden aparecer manchas anormales de color marrón o gris en otras partes del cuerpo (manchas “café con leche”).

Retraso en el desarrollo que ya se manifiesta en los bebés. Los pequeños suelen presentar una cabeza y cara distintivas, más estrechas y pequeñas de lo normal.

– Sobre un 10% de los afectados acaba desarrollando diabetes (National Organization for Rare Disorders, 2014).

Voz muy aguda.

Alteraciones en los dientes.

Anomalías en los ojos, orejas (se observan orejas prominentes), manos o pies (como polidactilia, que se da cuando el paciente tiene más dedos de lo normal).

Quistes pilonidales.

Problemas de alimentación: se notan sobre todo en bebés y niños pequeños, mostrando una falta de interés en comer. Se acompaña numerosas veces de reflujo gastroesofágico severo.

Las capacidades intelectuales son variables, de forma que en algunos pacientes están más deterioradas y en otros se encuentran dentro de lo normal.

¿Cómo se diagnostica?

Se puede diagnosticar mediante cualquiera de las siguientes pruebas:

Pruebas citogenéticas que miden las aberraciones cromosómicas y el nivel de intercambio de cromátidas hermanas.

Se puede observar la presencia de asociaciones cuatri-radiales (intercambio de cromátidas de cuatro brazos) en linfocitos cultivados en sangre, mirar si hay niveles altos de intercambio de cromátidas hermanas en cualquier célula, lagunas de cromátidas, roturas o reordenamientos; o bien, ver directamente si existen mutaciones en el gen BLM.

Estas pruebas pueden detectar a un individuo sano que lleva mutaciones en el gen BLM y que puede transmitirlas a su descendencia.

La Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA) anunció en febrero de 2015 la comercialización de una prueba genética por “23andMe” que puede ser útil para detectar de forma temprana la presencia de esta enfermedad.

Se debe sospechar la presencia de este síndrome si existen estas condiciones clínicas:

Retraso en el crecimiento significativo que se observa desde el periodo intrauterino.

Presencia de eritemas en la piel de la cara tras exponerse al sol.

No confundir con…

Hay que tener en cuenta los siguientes síndromes para descartarlos antes de diagnosticar el síndrome de Bloom:

Otros síndromes de inestabilidad cromosómica autosómicos recesivos que se vinculan con roturas y reordenamientos de cromosomas, haciendo que el sujeto sea especialmente vulnerable a ciertos tipos de cáncer como: anemia de Fanconi, ataxia telangiectasia o xerodermia pigmentosa que involucran a otros genes y no al BLM.

Síndrome de Cockayne, que consiste en un trastorno hereditario que se manifiesta por retraso en el desarrollo, fotosensibilidad y apariencia envejecida a corta edad. Es una forma rara de enanismo.

Síndrome de Rothmund-Thomson: es extremadamente infrecuente y se manifiesta por anormalidades típicas en la piel, defectos en el cabello, cataratas juveniles, estatura baja y alteraciones esqueléticas como malformaciones craneofaciales. Se parece al síndrome de Bloom en las inflamaciones de la piel, en la poiquilodermia, degeneración cutánea (atrofia) y las telangiectasias.

Tratamiento

No hay un tratamiento específico para el síndrome de Bloom, es decir, para el número excesivo de mutaciones. Más bien las intervenciones van encaminadas a paliar los síntomas, ofrecer apoyo y prevenir complicaciones.

– Intentar no exponerse directamente bajo el sol.

– Utilizar un adecuado protector solar.

– Seguimiento por un dermatólogo, para tratar las manchas, rojeces e inflamación de la piel.

– Usar antibióticos para las infecciones.

– Revisiones médicas periódicas para detectar posibles casos de cáncer, principalmente cuando estos pacientes llegan a la edad adulta. Hay que intentar estar atentos a los posibles síntomas, ya que hay tumores que para su recuperación se requiere una sustracción quirúrgica temprana. Algunos métodos para el diagnóstico precoz del cáncer son la mamografía, la prueba de Papanicolaou o citología vaginal, o la colonoscopia.

– Controlar que estos niños reciban los nutrientes necesarios tratando de intervenir el reflujo digestivo. Para ello, se puede colocar un tubo en la parte superior del tracto intestinal para una alimentación complementaria mientras duerme. Eso puede aumentar un poco los depósitos de grasa de los pequeños, pero parece no tener un efecto en el crecimiento en sí.

– Examinar la existencia de diabetes para tratarla lo antes posible.

– Si el individuo presenta cáncer, se puede contemplar el transplante de médula ósea.

– Apoyo familiar y de otros grupos y asociaciones con enfermedades parecidas para que el individuo afectado se desarrolle como persona, con la mayor calidad de vida posible.

– Si se ha tenido en la familia casos de esta enfermedad o por parte de la familia del cónyuge, sería útil una asesoría genética para obtener información sobre la naturaleza, herencia, y consecuencias de este tipo de trastornos para contribuir a la toma de decisiones médicas y personales.

Referencias

  1. Bloom syndrome. (s.f.). Recuperado el 23 de junio de 2016, de Wikipedia.
  2. Bloom Syndrome. (2014). Recuperado el 23 de junio de 2016, de National Organization for Rare Disorders.
  3. Elbendary, A. (14 de diciembre de 2015). Bloom Syndrome (Congenital Telangiectatic Erythema). Obtenido de Medscape.
  4. Ellis, N.A., Groden, J., Ye T.Z., Straughen, J., Ciocci, S., Lennon, D.J., Proytcheva, M., Alhadeff, B., German, J. (1995). “The Bloom’s syndrome gene product is homologous to RecQ helicases”. Cell 83: 655–666.
  5. German, J., & Sanz, M. &. (s.f.). BLOOM’S SYNDROME. A descriptive summary prepared by the Bloom’s Syndrome Registry for registered persons and their families. Recuperado el 23 de junio de 2016, de BLOOM’S SYNDROME FOUNDATION.
  6. Sanz, M. G. (7 de abril de 2016). Bloom’s Syndrome. Obtenido de Gene Reviews.
  7. Seki, M., Nakagawa, T., Seki, T., et al. (2006). Bloom helicase and DNA topoisomerase III alpha are involved in the dissolution of sister chromatids. Mol Cell Biol.16: 6299-307.
  8. Fuente imagen.
COMPARTIR
Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Cursando Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here