
¿Quién fue Tomás Moro?
Tomás Moro (1478-1535), en inglés Thomas More, fue un filósofo, estadista, poeta, traductor, abogado y escritor inglés, famoso por ser lord canciller de Enrique VIII. Era humanista y gran opositor a la corriente protestante, lo que le ganó ser santo de la Iglesia católica.
Estudió en la Universidad de Oxford, luego se preparó como abogado, carrera en la que tuvo un destino brillante. Aunque escogió la vida civil y se consagró al servicio público, su vocación religiosa estuvo latente desde muy temprano.
La filosofía de Moro quedó plasmada en una de sus obras más importantes: Utopía. El impacto que tuvo este libro en la filosofía, especialmente la política, fue inmenso, pues planteó el gobierno de un Estado ficticio guiado por la moral y la razón.
Entró al Parlamento en 1504, pero no congenió con Enrique VII, quien regía la nación en ese momento. Por eso decidió separarse de la vida pública hasta que el soberano murió y su hijo fue coronado.
Desde 1510, Moro se desempeñó como subprefecto de Londres. Siete años más tarde entró al servicio de Enrique Tudor, el octavo de su nombre en gobernar Inglaterra.
A esa administración Moro sirvió en primer lugar como diplomático y luego como mano derecha del monarca, al ser su secretario.
Recibió su nombramiento como caballero en 1521 y un tiempo después comenzó a servir como canciller de Lancaster. En 1529, Moro obtuvo, finalmente, el cargo de lord canciller por la gracia del rey.
Defensa del catolicismo de Tomás Moro
Desde esa época comenzó a mostrar su desacuerdo y férreo rechazo por los planteamientos de Martín Lutero, quien pretendía quebrar el orden de la Iglesia católica y sus autoridades en Roma.
Así comenzó la estrepitosa separación entre Moro y el rey, pues no apoyaba la idea de Enrique VIII de rechazar el dogma católico e instalarse a la cabeza de la jerarquía eclesiástica en Inglaterra.
Tampoco apoyó el divorcio entre Enrique y Catalina de Aragón, uno de los elementos que impulsó el cisma británico de la iglesia continental. Moro no realizó el juramento a favor de la supremacía del monarca y de su nueva línea dinástica.
Él mismo decidió separarse de su cargo como canciller, pero eso no fue suficiente para contener la ira de Enrique. Fue juzgado como traidor y decapitado.
Biografía de Tomás Moro
Primeros años
Tomás Moro nació el 7 de febrero de 1478 en Londres, Inglaterra. Fue el segundo hijo y el primer varón del matrimonio entre Agnes Graunger y sir John Moro, un abogado exitoso que luego fue nombrado juez.
Hizo sus primeros estudios en una de las escuelas más prestigiosas de la ciudad, St. Anthony. Estuvo poco tiempo en dicha institución, y su vida cambió de rumbo cuando su padre le encontró acomodo como paje en la casa del arzobispo de Canterbury, John Morton.
Cuando Moro entró a las órdenes de Morton en 1490, tenía 12 años. En ese momento el arzobispo también era canciller de Inglaterra.
Dos años más tarde, consiguió ingresar en la Universidad de Oxford, pues fue Morton quien le ayudó a conseguir esa plaza, ya que había quedado gratamente sorprendido por las cualidades del joven.
Durante el resto de su vida, Morton continuó siendo una figura muy importante para Moro, quien lo tomó como un modelo a seguir
Educación
No se sabe si Moro formó parte del St. Mary Hall o del Canterbury College. Algunos de sus docentes en la universidad fueron Thomas Linacre, que era médico y académico, y William Grocyn, especialista en griego.
Moro fue humanista, tendencia que dominaba los estudios de la época. También en estos años aprendió griego y latín.
La estadía de Moro en Oxford fue corta (solo pasó dos años), debido principalmente a la presión que ejerció su padre para que se convirtiera en abogado.
Aunque el joven no estaba de acuerdo, comenzó sus estudios en el New Inn. Todos los litigantes ingleses pertenecían a los Inn of Court, una suerte de asociaciones de abogados.
En ese momento, el nombre hacía alusión directa a las posadas donde se alojaban los profesionales del derecho y donde ejercían las actividades legales. Los jóvenes se formaban en esas posadas mirando las actuaciones de los barristers.
En 1496, ingresó en Lincoln’s Inn, una de las más importantes posadas de la época, y se recibió como barrister en 1501.
Vocación religiosa y civil
Antes de contraer matrimonio y asentarse como hombre de familia, Moro se mudó a las cabañas de huéspedes de Charterhouse. Era un importante monasterio regido por los hermanos cartujos y allí se dedicaba a realizar con ellos ejercicios espirituales.
Tras probar su vocación, prefirió continuar con su vida como civil, ya que su deseo de formar una familia era más intenso que el de recluirse en un monasterio. Consideró que podía alcanzar un equilibrio entre sus inclinaciones religiosas y su vida profesional y familiar.
Inicios profesionales
Moro ganó renombre como abogado, y en 1504 fue seleccionado como miembro del Parlamento inglés como representante de Great Yarmouth.
En ese mismo período tuvo su primer choque con la autoridad real, puesto que Enrique VII había solicitado con insistencia que se le aprobara un subsidio retroactivo para reponer los fondos que había gastado en la boda de su hija.
Se sabe que Moro tuvo un activo rol en que la petición del rey fuese rechazada por el Parlamento. Desde entonces la corona quedó en malos términos con él, que prefirió dedicarse a actividades privadas y mantener un perfil bajo en la política nacional.
Familia
A medida que su nombre se hacía relevante en las esferas profesionales y políticas, también encontró el amor en una joven, Jane Colt. La pareja se casó en 1505 y se estableció en Old Barge, Bucklersbury.
Para Moro fue una prioridad darle a su esposa una instrucción más profunda de la que había tenido. Hizo énfasis en materias como literatura y música, que consideraba importantes para estimular el intelecto. Tuvieron cuatro hijos.
A pesar de que no fue bien visto, decidió contraer matrimonio nuevamente solo días después de la muerte de Jane. El asunto fue tan delicado que hubo de procurarse un permiso especial de la Iglesia.
Su nueva esposa era una viuda llamada Alice Middleton, que tenía una hija y no concibió durante su enlace con Moro. Era siete años mayor que él y también era adinerada.
Además de hacerse cargo de los cuatro hijos de Moro y la niña de Alice, el matrimonio tomó la custodia de dos niñas más: Anne Cresacre, que luego se casó con John Moro, y Margaret Giggs.
Entrada en la política
Desde 1510, Moro había sido seleccionado representante de Londres al Parlamento. Además, se desempeñaba como subprefecto de la capital inglesa, cargo cuyos principales deberes eran presidir la corte local y brindar asesoría legal a otros funcionarios.
Eso lo mantenía sumamente ocupado, por lo que se piensa que, tras la muerte de Jane, la única solución posible para mantener el orden fue escoger pronto a su nueva compañera. De ese modo no perdió el control de su hogar, ni descuidó su trabajo.
Algo que se ha celebrado de Tomás Moro fue su insistencia, contra lo acostumbrado, de proporcionar educación tanto a sus hijas como al varón. Entre todas, destacó Margareth, muy dada a los idiomas.
El ejemplo de los Moro fue emulado por diferentes casas que, inspiradas por los resultados, les procuraron educación esmerada a sus hijas.
En 1514, Moro consiguió el cargo de maestro de solicitudes, un año más tarde entró de lleno al servicio de Enrique VIII y fue abriendo su espacio dentro del Consejo Privado del monarca británico.
Diplomático
Uno de sus primeros encargos fue un viaje a Brujas como miembro de la delegación diplomática inglesa junto con Cuthbert Tunstall y otros. La misión debía renegociar algunos acuerdos comerciales entre Inglaterra y Países Bajos.
Moro parecía el enviado ideal, puesto que estaba bien versado en derecho mercantil, ya que había trabajado de cerca con las compañías londinenses. Además, representaba los intereses de la ciudad a la que debía su lealtad.
Aunque las negociaciones se detuvieron en julio, Moro decidió permanecer en el continente durante varios meses más.
En este período comenzó a escribir Utopía, su obra más relevante, cargada de crítica social y sarcasmo al retratar la sociedad europea con todas sus fallas. Durante su viaje se cruzó con su amigo Erasmo de Róterdam.
Ambos se conocieron en Inglaterra en 1499 y desde entonces se volvieron muy cercanos. Parece que Erasmo no dominaba el inglés, por lo que se comunicaban en latín.
Eran tan unidos que Erasmo, incluso, contaba con una habitación en la casa de Moro a la que solía acudir por temporadas cuando visitaba Inglaterra.
Cuando Moro inició la escritura de Utopía, conoció a otros amigos de Erasmo en el continente, como Jerónimo de Busleyden y Pieter Gillis.
Utopía
Moro publicó su más famosa obra literaria, que rompió diversos paradigmas de la época, en 1516. El trabajo fue alabado tanto por académicos que favorecían el sistema humanista como por servidores públicos.
La selección del nombre de la isla surgió de un juego de palabras entre “ou-topos”, que en griego quiere decir “ningún lugar”, y “eu-topos”, cuyo significado es “buen lugar”.
En consecuencia, el ambiente era ficticio y, precisamente, eso le dio al autor la libertad suficiente para abordar los problemas sociales de forma franca.
Esta sociedad se regía por un sistema colectivo, republicano y democrático, y en lugar de seguir los designios de un autócrata, seguía el intelecto y el buen juicio.
También resaltó el hecho de que existiera la libertad de culto, que a los ojos europeos se entendía como paganismo. Planteaba la diferencia central con las instituciones medievales cristianas que estaban en decadencia.
Además, tenía una aproximación distinta sobre la naturaleza humana que la planteada por otros filósofos, como Maquiavelo. Moro abordó la supresión del mal en los hombres gracias a las libertades dentro del sistema de gobierno y el dominio de la razón.
También entre 1513 y 1518 estuvo trabajando en la Historia del rey Ricardo III, pero no la concluyó.
Al servicio del rey
En 1518 se confirmó la posición de Moro como miembro del Consejo Privado de Enrique VIII. Su selección para ocupar un puesto en la corte estuvo favorecida por su fama como intelectual, que le haría bien al gobierno del joven monarca.
Utilizó su puesto como consejero para impulsar importantes reformas educativas en Inglaterra, con lo que favoreció el estudio de los clásicos griegos y las propuestas planteadas por Erasmo de Róterdam.
También se desempeñó como secretario real hasta 1525 y fue el principal enlace entre el cardenal Wolsey y el monarca. Entre otras de sus obligaciones, estuvo la de diplomático y orador designado por la corona.
Desde 1520 hasta el siguiente año, estuvo en las conversaciones que se celebraron entre Carlos V y los mercantes de Hansa.
El rey lo honró en 1521 al otorgarle el título de caballero, y en esa misma época colaboró con la redacción del trabajo de Enrique VIII titulado Defensa de los siete sacramentos. Con ese texto el rey recibió del papa el título de “Defensor de la fe”.
Moro fue seleccionado como speaker of the Commons en 1523. El año siguiente, las universidades aprovecharon que un humanista estaba relacionado directamente con el gobierno y se incluyeron entre sus prioridades.
Entonces las autoridades académicas le designaron como mayordomo superior de la Universidad de Oxford, seguido tiempo más tarde, en 1525, por la Universidad de Cambridge.
Cancillería
Desde 1525 fue el canciller del ducado de Lancaster. También en estas fechas se le encargó la tarea de refutar los textos bíblicos traducidos a las lenguas comunes y tomó como misión oponerse a las pretensiones reformadoras o protestantes.
Finalmente, logró ocupar el cargo de lord canciller en 1529, que antes perteneció al cardenal Wolsey. Tampoco cumplió las expectativas que su predecesor había creado en el rey, pues, de hecho, ni siquiera las apoyaba.
Pero Moro no dejó que eso se interpusiera en su gestión, ya que desde el principio se tomaron medidas beneficiosas para Enrique VIII. Asimismo, se conformó el Parlamento de la Reforma, que estuvo sesionando durante siete años.
En 1531 fue el mismo Moro quien se encargó de hacer público el apoyo que habían manifestado diferentes universidades europeas a la tesis con la que Enrique VIII justificaba la nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón.
El Parlamento aprobó el divorcio y le retiró a María sus derechos sucesorales. También aceptaron la nueva unión del rey con Ana Bolena y se comenzó a llamar al papa “obispo de Roma”.
Ruptura con el gobierno
El movimiento inglés de separación con la Iglesia católica estuvo guiado, más que por diferencias religiosas reales, por el nacionalismo. Los británicos rechazaban la injerencia de Francia y España, que dominaban las acciones de Roma.
A pesar de eso, Moro estaba muy apegado a las tradiciones eclesiásticas y no consentía un cambio tan drástico en el dogma religioso.
La popularidad y el cariño del pueblo inglés por los Tudor fue indispensable durante el cisma que se produjo en tiempos de Enrique VIII. A eso se agrega que en realidad la división era conveniente tanto para los civiles como para el bajo clero.
Las islas británicas estaban separadas en geografía, lengua, cultura e intereses económicos del continente. Todos esos elementos se unieron para que el cambio social se volviera mucho más digerible para los habitantes de Gran Bretaña.
Para Moro resultó imposible jurar su reconocimiento a la supremacía de Enrique, porque no estaba dispuesto a abandonar su fe, ni la autoridad del papa. Por eso decidió presentar su renuncia a la cancillería en mayo de 1532.
Sin embargo, Enrique VIII todavía seguía manteniéndolo como un colaborador cercano. Un año más tarde, Moro resolvió no presentarse a la coronación de Ana Bolena, y con esa falta despertó la ira del soberano inglés y selló su destino.
Últimos años
Aunque en privado Moro le envió a Enrique VIII sus felicitaciones, así como sus mejores deseos, no fue suficiente. Pronto comenzaron a aparecer cargos contra el excanciller; el primero fue por soborno, pero pronto se desmintió.
Luego fue acusado de traición por un vínculo con Elizabeth Barton, quien había afirmado que con el nuevo matrimonio el rey había “dañado su alma”. También se comprobó que Moro había recomendado a Barton que no repitiera eso a nadie.
En marzo de 1534 debía prestarse el Juramento de Sucesión, para ratificar la lealtad a la nueva línea de herederos a la corona, pero Moro no quiso tomarlo.
Argumentó que no tenía problemas con la nueva sucesión, pero que si lo aceptaba públicamente, debía aceptar también lo concerniente a la autoridad del papa.
Prisión
Tomás Moro fue capturado por las autoridades reales el 17 de abril de 1534 y llevado a la Torre de Londres. Mientras estuvo recluido allí, Tomás Cromwell lo visitó en varias oportunidades, pero Moro no estaba dispuesto a sacrificar sus creencias, ni siquiera por su lealtad al rey.
Dejó en claro que su reclusión no le disgustaba en absoluto y que si hubiese podido, lo hubiese hecho antes de forma voluntaria. Explicó que solo lo ataban al mundo sus responsabilidades como padre de familia.
Los cargos que se levantaron en su contra fueron, en primer lugar, silencio malicioso, por no prestar juramento de la supremacía del rey sobre el papa.
A esta acusación se le sumó la de conspiración maliciosa, por su supuesta alianza con el obispo John Fisher. Se dijo que ambos habían afirmado que el Parlamento no tenía autoridad para decidir si el monarca tenía mayor legitimidad sobre la fe que el papa.
Sentencia
El juicio contra Moro se realizó el 1 de julio de 1535. El acusado se defendió con el argumento de que nunca había traicionado al rey, puesto que no afirmó ni negó nada con respecto a la supremacía del soberano y, en consecuencia, aceptaba la premisa por no oponerse.
Luego apareció un testigo, Richard Rich, quien nunca había estado en buenos términos con Moro, y afirmó que había escuchado de los labios del excanciller que el rey no era la legítima cabeza de la Iglesia.
Varios testigos más negaron las declaraciones de Rich, incluyendo al mismo Moro. Pero nada de eso logró cambiar el veredicto que lo declaró culpable de alta traición. Después, Moro decidió aclarar su posición en la que afirmaba que los hombres temporales no pueden dirigir la Iglesia.
En primera instancia, fue condenado al castigo clásico para los individuos que no eran de familias aristócratas, es decir, sería ahorcado, arrastrado y descuartizado. Enrique VIII no lo consintió y cambió la pena por decapitación.
Muerte
Fue ejecutado el 6 de julio de 1535 en Londres. Con sus últimas palabras dejó en claro que siempre había prestado un leal servicio al rey, pero que Dios ocupaba el escaño más alto en sus prioridades.
Su cabeza fue puesta en una estaca, y su cuerpo fue sepultado en la capilla de la Torre de Londres, conocida como St. Peter ad Vincula.
La única familiar presente en ese momento fue su hija adoptiva Margareth, que salvó su cabeza y la recluyó en el panteón familiar en Canterbury.
Su muerte fue un duro golpe para los académicos y humanistas de la época, especialmente para su amigo Erasmo de Róterdam.
Filosofía de Tomás Moro
Tomás Moro expresó su pensamiento con mayor intensidad en Utopía. Abordó una de las principales trabas que afrontaba su sociedad para salir adelante: el hecho de que la política y la moral habían tomado caminos separados.
Una de las consecuencias inmediatas de la corrupción de los gobiernos era que ese mismo mal pasaba a otras áreas de gran importancia, como la economía y la sociedad en general.
Los poderosos y millonarios mantenían secuestrado el sistema legal, con lo que perpetuaban y concentraban su poder.
Moro fue suficientemente inteligente como para no manifestar sus razonamientos en un contexto histórico y enmarcado en la geopolítica de su tiempo, sino en la ficción. Si sus ideas florecían en una isla que no existía, no podría ganar enemistades.
Características
En este Estado ficticio, el gobierno era republicano y democrático, como el de los griegos en su mejor momento. Para Moro, el país ideal estaba regido por la razón, más que por el poder económico y la tradición divina.
Este modelo está basado en la bondad interior que les atribuía a los humanos (al menos en la obra).
Es una consecuencia razonable que todo lo planteado en Utopía fuese inaplicable en la realidad, porque las características de sus habitantes no son de este mundo. Queda la opción abierta para cuestionar si el ideal de Moro podría tener lugar en el prometido reino de los cielos.
También aborda el trabajo repartido entre los miembros de la comunidad, con horarios determinados. Otro punto de gran relevancia es la idea del matrimonio para los clérigos y la igualdad de género.
Esta visión que plantea una suerte de vida comunal fue fundamental para teóricos como Karl Marx. Pero muchos han afirmado que las ideas de las que Moro hace gala en la obra eran una sátira y por eso Moro escogió tantos juegos de palabras cargados de sarcasmo.
Contrastes
En su vida, las ideas que puso en práctica no se correspondían con lo que había expresado en su Utopía. Algunos piensan que aplicó el modelo propuesto por Walter Hilton, donde se explica que puede existir un equilibrio entre la cultura y la vida espiritual.
Para Hilton, la religión, la academia y la vida civil pueden encontrarse en un punto y generar grandes beneficios al colectivo si se emplea esta combinación para efectuar cambios reales a través del gobierno.
Ejemplo de eso son los subsidios que recibió la corona inglesa gracias a la intervención de Moro como canciller.
Del mismo modo, defendió la tradición al apegarse al canon católico hasta sus últimos momentos, y con eso defendió el orden social y religioso que muchos pensaron que había criticado con su obra.
Otros aportes de Tomás Moro
Su más grande acción fue la reforma educativa, puesto que defendió el humanismo y su enseñanza. Abogó por que se incluyera en las universidades inglesas el estudio del griego y de sus obras más importantes.
También consideró que la aproximación de los estudiantes a las fuentes históricas podía darles una visión más amplia de los problemas contemporáneos. Eso conducía a un mejor análisis de las Escrituras Sagradas y a una comprensión acertada de la realidad de la sociedad renacentista.
También generó un gran impacto social con el ejemplo que impuso él mismo: la educación femenina. Las hijas de Moro fueron educadas en una pequeña escuela que este mandó a instalar dentro de su casa, y allí también se instruyó su único hijo varón.
Fue partidario de enseñar a mujeres y hombres con la misma complejidad, además de impartir las mismas materias. Gracias a los excelentes resultados que obtuvo, otras familias de buena posición social en Inglaterra comenzaron a educar a sus hijas.
Obras de Tomás Moro
- A Merry Jest (c. 1516).
- Utopía (1516).
- Poemas Latinos (Latin Poems) (1518-1520).
- Carta a Brixius (Letter to Brixius) (1520).
- Respuesta a Lutero (Responsio ad Lutherum) (1523).
- Un diálogo concerniente a las herejías (A Dialogue Concerning Heresies) (1529-1530).
- Síplica de las almas (Supplication of Souls) (1529).
- Carta contra Frith (Letter Against Frith) (1532).
- La confutación de la respuesta de Tyndale (The Confutation of Tyndale’s Answer) (1532-1533).
- Apología (Apology) (1533).
- Debellation of Salem and Bizance (1533).
- La respuesta a un libro envenenado (The Answer to a Poisoned Book) (1533).
Otros trabajos
- La historia del rey Ricardo III (The History of King Richard III) (entre 1513-1518).
- Las últimas cuatro cosas (The Four Last Things) (c. 1522).
- Un diálogo de fortaleza contra la tribulación (A Dialogue of Comfort Against Tribulation) (1534).
- Tratado sobre la pasión de Cristo (Treatise Upon the Passion) (1534).
- Tratado sobre el Cuerpo Santo (Treatise on the Blessed Body) (1535).
- Instrucciones y oraciones (Instructions and Prayers) (1535).
- La agonía de Cristo (De Tristitia Christi) (1535).
Frases de Tomás Moro
- No debes abandonar el barco durante una tormenta porque no puedes controlar el viento. Lo que no puedes convertir en bueno, al menos debes volverlo lo menos malo que puedas.
- Nunca pretendo, siendo Dios mi buen Señor, atar mi alma a la espalda de otro hombre, ni siquiera a la del mejor hombre vivo que conozco: porque sé que a dónde podría llevarla.
- Muero siendo un buen servidor del rey, pero primero de Dios.
- Mi caso fue tal en este asunto a través de la claridad de mi propia conciencia, que a pesar de que pueda sentir dolor, no sufriré daño alguno, puesto que en este caso un hombre puede perder su cabeza y no recibir daños.
- Lo que se retrasa no se evita.
- No he visto nunca a un tonto que no se creyera sabio. Si un tonto se percibe a sí mismo como tonto, ese punto no es una locura, sino una pequeña chispa de inteligencia.