Las 5 Teorías de Freud en el Psicoanálisis Más Importantes

Las teorías de Freud han influido en el mundo de la Psicología y fuera de ella hasta la actualidad. Algunas de las más conocidas son el principio del placer, la pulsión y la represión.

Sigmund Freud (1856 – 1939) fue un neurólogo austríaco y el fundador del Psicoanálisis, una praxis formulada para el tratamiento de trastornos psicopatológicos, a partir del diálogo entre el paciente y el psicoanalista.

Sigmund Freud 1922

Su obra ha dejado una marca indeleble en la cultura y la historia de la humanidad pues han generado cambios sustanciales en la conceptualización de la subjetividad. Conceptos como el inconsciente forman parte del vocabulario de la mayoría de las personas y su definición se debe, en gran medida, a los descubrimientos de este eminente psicoanalista.

A su vez, las teorías de Freud dejaron su marca en el tratamiento de las psicopatologías, al relacionarse la enfermedad mental con el medio en que el paciente vive y con su historia personal, familiar y social.

Esta visión se contrapone a la idea de que las enfermedades psicológicas se deben solamente a fenómenos biológicos o cognitivos exclusivamente del sujeto.

Sus teorías no están exentas de polémica, por supuesto. Freud fue el tercer autor más citado del S.XX según la revista Review of General Psychology (Revista de Psicología  general)[1].

Numerosos filósofos, como Karl Popper, han desacreditado el psicoanálisis como pseudociencia, mientras que otros como Eric Kandel, consideran que el psicoanálisis “representa el punto de vista más coherente e intelectualmente satisfactorio sobre la mente”[2].

Diferencias entre psicoanálisis, sexualidad y genitalidad

Antes de empezar a leer, es necesario aclarar que, en el psicoanálisis, sexualidad y genitalidad no son lo mismo. La sexualidad es un concepto mucho más amplio, que abarca casi la totalidad de la vida de los seres humanos, pues se refiere a los modos de relacionarse con los demás, de amar, odiar y sentir. La genitalidad es más acotada y se refiere sólo a la sexualidad genital, es decir al coito o el onanismo.

Las 5 teorías más importantes de Freud

A lo largo de su prolífica carrera como escritor,  Freud revisó sus escritos en numerosas ocasiones, agregándole profundidad a sus argumentos o haciendo enmiendas.

Dejamos aquí las 5 teorías más importantes esbozadas por Freud para que el lector pueda conocer un poco de la vasta obra de este gran pensador:

1- El principio del placer (y el más allá)

Los niños son completamente egoístas; sienten sus necesidades intensamente y luchan rudamente para satisfacerlas.”.-Sigmund Freud.

El principio del placer postula que el aparato anímico busca, como fin último, alcanzar placer y evitar displacer, y así complacer las necesidades biológicas y psicológicas. El placer es la fuerza que guía el proceso de identificación de la persona.

Funciona sólo en el inconciente sistémico, y es el principio que rige todo su funcionamiento. Es por ello que las representaciones displacenteras son reprimidas, porque transgreden el orden.

El principio del placer conduce inconscientemente al alcance de las necesidades básicas de supervivencia.

¿Por qué tenemos síntomas?

Sabiendo que existe este principio, hacerse esta pregunta se vuelve obligación. ¿Por qué una persona padecería un síntoma, sufriendo en su vivir cotidiano si se supone que vive bajo el principio del placer?

La respuesta está en el párrafo anterior: el principio del placer es inconciente, mientras que en la conciencia opera el principio de realidad.

El principio de realidad es el polo opuesto al principio del placer, la persona tiene conciencia del entorno real y sabe que tiene que adaptarse a él para poder vivir en sociedad.

Aprendemos conforme maduramos a reprimir nuestros instintos en base a reglas sociales para poder obtener placer más a largo plazo y de forma más disminuida pero de acorde a la realidad.

El sujeto tiene una representación inconciliable y la reprime, por lo que la olvida. Pero, como el yo es regido por el principio de realidad, la representación vuelve como retorno de lo reprimido, bajo la forma de un síntoma.

El sujeto ya no recuerda qué fue lo que reprimió, sólo sufre un síntoma que mantiene una relación (unas veces cercana, otras distante) con lo reprimido. El principio del placer no se ha contradicho: el sujeto prefiere padecer un síntoma antes que recordar la representación inconciliable, que permanece inconciente.

¿Hay algo más allá del principio del placer?

Una vez finalizada la I Guerra Mundial, Freud se encontró con numerosos soladados que revivían constantemente los traumas que sufrieron durante la guerra a través de sueños. Teniendo en cuenta que el sueño es un lugar de cumplimiento del deseo (es decir, rige el Principio del placer), repetir dichos traumas se volvía una contradicción teórica importante.

Freud se abocó a revisar su teoría, por lo que llegó a concluir que hay una “fuente” en la psique humana que está más allá del Principio del placer, es decir que no obedece a sus leyes porque existe previa a dicho principio.

Se trata de un intento de ligar o reconocer la existencia (aunque después pueda ser reprimida) de una representación. Es un paso anterior al principio del placer y sin el cual no existiría. Entonces: la representación se liga al aparato psíquico -se reconoce su existencia-, y luego se juzga placentera o displacentera para tomar la acción correspondiente -Principio del placer-.

Esta enmienda le permitió a Freud dar cuenta de la compulsión a la repetición de las personas, en la cual (ya sea en el espacio de terapia o en la vida cotidiana) los humanos tendemos a tropezar siempre con la misma piedra, es decir que repetimos una y otra vez los mismos errores o variaciones muy similares.

2- La pulsión

Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas“.-Sigmund Freud.

Este concepto articula lo psíquico con lo somático y es llamado por Freud un concepto bisagra, por explicar la sexualidad.

Existen en el ser humano estímulos internos que son constantes y que, a diferencia del hambre, no pueden ser aplacados a través de una interacción con algo exterior, como lo sería comer.

A su vez, por ser internos tampoco puede se puede huir de ellos. Remitiéndose al principio de constancia, Freud postula que la cancelación de este estímulo de órgano da una satisfacción pulsional.

La pulsión consta de cuatro propiedades:

  • Esfuerzo/empuje: Es el factor motorizante. La suma de fuerza o medida de trabajo constante que acarrea la pulsión.
  • Meta/fin: Es la satisfacción alcanzable al cancelar el estímulo de la fuente.
  • Objeto: Es el instrumento mediante el cual la pulsión alcanza su meta. Puede ser parte del propio cuerpo y no está determinado de antemano.
  • Fuente: Es el propio cuerpo, sus orificios, su superficie, especialmente las zonas de borde entre el interior y el exterior. Es experimentado como excitación.

La pulsión no se satisface en el objeto, éste es el instrumento mediante el cual logra cancelar el estímulo, que es su única meta y lo que le da satisfacción.

Freud afirma en un principio que existen dos pulsiones que se encuentran en conflicto: las pulsiones sexuales y las de autoconservación. En el recorrido por su infancia, el niño encuentra distintos objetos “típicos” que satisfacen su pulsión sexual y según lo cual transita distintas etapas:

  • Etapa oral: El objeto de satisfacción es la boca.
  • Etapa anal: El objeto de satisfacción es el ano.
  • Etapa fálica: El objeto de satisfacción es el pene, en los niños, y el clítoris, en las niñas.
  • Etapa latente: El niño abandona sus exploraciones sexuales y se dedica a actividades más intelectuales.
  • Etapa genital: Coincide con la entrada en la pubertad, donde el púber reexplora su sexualidad en función del coito y la reproducción.

Una vez conceptualizada la compulsión de repetición y el Más allá del Principio de placer, Freud cambia la dualidad pulsional y agrupa las pulsiones sexual y de autoconservación como Pulsión de Vida. 

Las opone a la Pulsión de Muerte, que es la tendencia del humano a cancelar todo estímulo y encontrar un estado de “nirvana” donde no existen más estímulos, es decir, en la muerte. Estas dos pulsiones suelen trabajar juntas (mezcladas) pero cuando se separan es cuando se manifiestan los síntomas.

3- La represión

Los sueños pueden ser así declarados: Son realizaciones ocultas de deseos reprimidos“.-Sigmund Feud.

Este concepto es central en la teoría psicoanalítica. Las personas tienen pensamientos subconscientes que son claves en el desarrollo y en la vida de las personas.

La represión es un mecanismo de defensa psíquico: cuando una representación (un suceso, una persona, o un objeto) se vuelve intolerable para el sujeto, inconciliable con el cúmulo de representaciones que alberga en su mente, el aparato psíquico lo reprime y vuelve inconciente esa representación, por lo que el sujeto la “olvida” (aunque en verdad, desconoce que la recuerda).

De esta forma puede seguir adelante con su vida “como si” nunca se hubiera tomado conocimiento de ese suceso, persona u objeto.

Más adelante, en su texto “La represión”, Freud ubica dos tipos de represión que forman parte de todo sujeto: La represión primaria y la represión secundaria:

La represión primaria

Es una operación inconsciente que funda el aparato anímico. Mediante esta represión se inscribe en la psique la representación de la pulsión sexual, gracias a lo cual el sujeto es capaz de desear y buscar el cumplimiento de su deseo.

Esta represión le da fuerza al aparato anímico para atraer lo reprimido e impedir que éste se vuelva consciente.

La represión secundaria

También llamada represión propiamente dicha.

Se reprime el representante psíquico de la pulsión, es decir, aquello que resulta intolerable para la psique del sujeto y de lo que no quiere saber nada. La represión secundaria es la que describimos al inicio de este apartado.

El retorno de lo reprimido

Freud afirmó siempre que no existe tal cosa como una represión 100% exitosa, por lo cual lo reprimido siempre retorna y por lo general lo hace a través de un síntoma neurótico (una obsesión, una hipocondría, por ejemplo) o una formación sustitutiva como un chiste, un sueño o un lapsus.

4- Lo inconsciente

El inconsciente es el círculo más grande que incluye dentro de sí el círculo más pequeño del consciente; todo consciente tiene su paso preliminar en el inconsciente, mientras que el inconsciente puede detenerse con este paso y todavía reclamar el pleno valor como actividad psíquica“.-Sigmund Feud.

Íntimamente ligado a la represión, lo inconsciente es otro concepto central en el psicoanálisis y donde transcurre gran parte de la “acción” psicoanalítica. Es necesario aclarar de antemano que todo lo reprimido es inconsciente, pero no todo lo inconsciente está reprimido.

Freud, en su texto “Lo inconsciente” se explaya en profundidad para explicar este concepto con mayor claridad, dando tres definiciones sobre lo inconsciente:

Descriptivo

Es simplemente todo aquello que no es consciente.

Dicha propiedad no se debe necesariamente a que esa representación se haya reprimido, puede ocurrir que no es un contenido que debe ser usado en ese momento (está latente), por lo cual se encuentra “guardado” en el inconsciente. También suele llamarse Preconsciente.

Dinámico

Es aquello inaccesible a la conciencia a causa de la represión secundaria, es decir son aquellos contenidos reprimidos.

Estos contenidos sólo pueden volver a la conciencia como retornos de lo reprimido, es decir como síntomas o formaciones sustitutivas, o a través de la terapia, mediante la palabra.

Sistémico (estructural)

Es un lugar estructural dentro del psiquismo.

A diferencia de las otras dos definiciones, ésta no refiere a contenidos inconscientes, sino a la forma en que trabaja el inconsciente como sistema de pensamiento. 

Aquí no existe la negación, la duda ni la certeza, así como tampoco la contradicción o la temporalidad. Esto se debe a que no hay palabra, sino investiduras.

A modo de ejemplo, pensemos en un árbol. Al hacerlo, hicimos dos cosas: pensar en la palabra “árbol” e imaginar un árbol. Pues bien, las definiciones descriptivas y dinámicas se refieren a la palabra “árbol” mientras que la sistémica a la representación de un árbol.

Esta separación es la que permite que en el inconsciente sistémico existan dos representaciones contradictorias o convivan dos tiempos distintos.

Así ocurre en los sueños, donde una persona (por ejemplo, un amigo) puede representar a otras (el amigo puede ser también otro amigo y un familiar simultáneamente) y ubicarse en tiempos distintos (el amigo de la infancia se encuentra en el sueño aún como un niño al mismo tiempo que el soñador es adulto).

5- El complejo de Edipo

Los deseos sexuales con respecto a la madre que se vuelven más intensos que del padre, es percibido como un obstáculo para el; esto da lugar al complejo de Edipo“.-Sigmund Freud.

Sin duda uno de los aportes teóricos más importantes del psicoanálisis y uno de sus más relevantes pilares teóricos. El complejo de Edipo (en el varón) sostiene que el niño quiere seducir a su madre pero ello acarrea un conflicto con su padre, quien le ha prohibido tomarla como suya.

El complejo inicia en la Etapa fálica y es una respuesta a la seducción materna, pues el niño ha conocido su cuerpo (y sus zonas de placer), lo ha erogenizado en parte gracias a los cuidados maternos que ha recibido como ser acariciado, bañado o incluso limpiado después de ir al baño.

Dado que el niño no puede llevar adelante su cometido de seducir a su madre, se ve obligado a aceptar su propia castración fálica, llevada adelante por la prohibición paterna (la instalación de la ley), por lo que el complejo se sepulta y da paso a la Etapa de latencia hasta la llegada de la pubertad.

Al llegar a la Etapa genital, el niño ya no busca de nuevo a su madre, sino a otra mujer, pero su paso por el Complejo de Edipo ha dejado marcas indelebles en la forma en que ahora se relacionará con otros e influenciará su elección en las mujeres que querrá tomar como pareja.

Freud desarrolló esta teoría en base al sexo masculino, no explicando el desarrollo de esta teoría en mujeres. Sería más tarde Carl Jung quien desarrollase la teoría del Complejo de Electra, entendida como la versión femenina que explica el Complejo de Edipo en mujeres.

Sigue disfrutando de las teorías de Freud con este vídeo:

Referencias

  1. Freud, S.: La interpretación de los sueños, Amorrortu Editores (A.E.), tomo IV, Buenos Aires, 1976.
  2. Freud, S.: Tres ensayos de teoría sexual, A.E., VII, ídem.
  3. Freud, S.: Nota sobre el concepto de lo inconsciente en psicoanálisis, A.E., XII, ídem.
  4. Freud, S.: Recordar, repetir, reelaborar, ídem.
  5. Freud, S.: Pulsiones y destinos de pulsión, A.E., XIV, ídem.
  6. Freud, S.: La represión, ídem.
  7. Freud, S.: Lo inconsciente, ídem.
  8. Freud, S.: Más allá del principio de placer, A.E., XVIII, ídem.
  9. Freud, S.: El sepultamiento del complejo de Edipo, A.E., XIX, ídem.
  10. Freud, S.: El yo y el ello, ídem.
  11. Freud, S.: La organización genital infantil, ídem.
  12. Freud. S.: Esquema del psicoanálisis, A.E., XXIII, ídem.
  13. Haggbloom, Steven J.; Warnick, Jason E.; Jones, Vinessa K.; Yarbrough, Gary L.; Russell, Tenea M.; Borecky, Chris M.; McGahhey, Reagan; et al. (2002). “The 100 most eminent psychologists of the 20th century”. Review of General Psychology 6 (2): 139–152. doi:10.1037/1089-2680.6.2.139.
  14. Kandel ER., “Biology and the future of psychoanalysis: a new intellectual framework for psychiatry revisited.” American Journal of Psychiatry 1999; 156(4):505-24.
  15. Laznik, D.: Programa de la asignatura Psicoanálisis: Freud. Departamento de Publicaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.
  16. [1]     Haggbloom, Steven J.; Warnick, Jason E.; Jones, Vinessa K.; Yarbrough, Gary L.; Russell, Tenea M.; Borecky, Chris M.; McGahhey, Reagan; et al. (2002). “The 100 most eminent psychologists of the 20th century”. Review of General Psychology 6 (2): 139–152.
  17. [2]     Kandel ER., “Biology and the future of psychoanalysis: a new intellectual framework for psychiatry revisited.” American Journal of Psychiatry 1999; 156(4):505-24.

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