
¿Quién fue Anna Freud?
Anna Freud (1895-1982) fue una psicóloga austriaca, cuyo trabajo se centró en la psicología infantil. Fue la hija menor de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, y durante toda su vida se dedicó a profundizar en su trabajo y a aplicarlo en áreas donde tradicionalmente no se había utilizado.
Además de crear el psicoanálisis para niños y ser una de las primeras psicólogas infantiles, Anna Freud también hizo contribuciones importantes en el campo de la conciencia y el ego. Muchos de sus estudios se enfocaron en comprender cómo estos dos fenómenos mentales se relacionan con los pensamientos, las ideas y los impulsos.
Entre sus publicaciones, destaca el libro de 1937, El yo y los mecanismos de defensa. En él, defendió la idea de que la principal forma que tienen las personas de lidiar con las ideas, impulsos y emociones negativos es la represión. En esta obra investigó cómo se desarrolla este mecanismo de defensa desde la infancia, además de algunas otras alternativas que en ocasiones se pueden usar.
Durante gran parte de su vida, Anna Freud trabajó junto a su padre desarrollando las teorías paternas y las suyas propias. En 1938, escapó con él del dominio nazi en Austria, y se instaló en Londres, donde creó la Clínica de Terapia Infantil de Hampstead en 1947. En las siguientes décadas fue directora de la misma, y llevaba a cabo numerosas investigaciones sobre psicología infantil.
Biografía de Anna Freud
Primeros años
Anna Freud nació el 3 de diciembre de 1895, en Viena. Fue la más joven de los seis hijos de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, con su esposa Martha. Durante sus primeros años, Anna guardó distancia con sus hermanos, especialmente con su hermana Sofía, con la que rivalizaba por la atención de su padre.
Siendo niña, sufrió numerosos problemas de salud. No hay muchos registros sobre cuáles fueron exactamente, pero se cree que podrían haber incluido algunos como depresión o trastornos alimenticios.
Por ello, durante sus primeros años pasó mucho tiempo en campamentos de salud de verano, donde varios profesionales trataban de mejorar su situación.
En su infancia, Anna Freud no mantuvo buenas relaciones con su madre, declarando en varias ocasiones que se llevaba mejor con su niñera. Por el contrario, siempre vio a su padre como una figura de referencia y alguien a quien admirar, lo que probablemente influyó en sus decisiones profesionales.
Tras acabar el instituto, estudió para ser profesora, y más tarde viajó a Italia y a Inglaterra para ver mundo. Después, en 1914, ejerció la enseñanza en el instituto al que asistió de joven.
Carrera profesional
Aunque en un primer momento no estaba muy interesada en la psicología, Anna comenzó a investigar este campo cuando su padre empezó a psicoanalizarla en 1918, como parte de su investigación para un artículo científico, que publicaría en 1922.
Tras la presentación de este trabajo de su padre, Anna entró a formar parte de la Sociedad Psicoanalítica de Viena y empezó a aplicar terapia con niños de manera privada. Después de solo dos años, se le ofreció un trabajo como profesora en el Instituto de Entrenamiento Psicoanalítico de Viena, dando comienzo así a su carrera como psicóloga.
Varios años más tarde, en 1935, Anna Freud se convirtió en la directora del mismo insituto. Al año siguiente publicó su primer libro, El yo y los mecanismos de defensa, donde sentó las bases de la psicología del ego, y con ella consiguió hacerse un nombre como importante investigadora.
Exilio
Debido al origen judío de su familia, tanto Anna Freud como su familia tuvieron que emigrar a Inglaterra en 1938 por la ocupación nazi de Austria. Al llegar allí, fundó la Enfermería de Guerra de Hampstead, un centro que se dedicaba a cuidar a huérfanos y trataba de crear relaciones sanas de apego para los niños que habían sido víctimas de la guerra.
Durante su tiempo en este centro, se interesó aún más en la psicología infantil. Por ejemplo, publicó sus observaciones sobre cómo el estrés afecta a los niños, y la importancia de fomentar relaciones de apego en casos en los que los pequeños no pudieron crear un vínculo sano con sus padres.
Muchas de sus observaciones e investigaciones durante este periodo fueron publicadas en su obra Normalidad y patología en la infancia. Además, a partir de 1947 el instituto comenzó a impartir cursos de psicoanálisis, y se creó una clínica asociada al mismo que ofrecía servicios de terapia para niños.
Pasó los últimos años de su vida enseñando, impartiendo cursos e investigando. Viajó en varias ocasiones a Estados Unidos, donde dio clases en la universidad de Yale. Allí colaboró con investigadores como Joseph Goldstein y Albert Solnit, con quienes publicó Beyond the best interests of the child.
Falleció el 9 de octubre de 1982, convertida en una de las principales contribuyentes al campo de la psicología en su tiempo.
Teorías de Anna Freud
Psicología infantil
Uno de sus principales intereses profesionales fue la psicología infantil. Durante sus años de investigación sobre el tema, creó numerosas teorías que más tarde darían paso a muchos de los descubrimientos fundamentales de la historia de este campo.
Por ejemplo, descubrió que los niños a menudo presentan síntomas diferentes a los que surgen en adultos, incluso en presencia del mismo problema. Por lo tanto, creía que también era necesario utilizar técnicas terapéuticas distintas con ellos. Esto se contraponía a la visión oficial de la época, que veía a los niños simplemente como adultos con un cuerpo sin desarrollar.
Fue una de las primeras personas en advertir las consecuencias negativas que podrían tener los problemas de apego en los niños. Sus investigaciones con niños que habían sufrido abandono sentaron las bases de lo que más tarde se convertiría en la moderna teoría del apego, una de las más importantes de este campo.
Su padre, Sigmund Freud, había descrito varias fases del desarrollo psicosexual en niños, pero lo había hecho de manera teórica y basándose en los testimonios de adultos. A través de sus propias investigaciones, Anna refinó esta teoría y aportó muchos más datos sobre cada una de las etapas.
Naturaleza de la mente
Además de estudiar el desarrollo infantil y sus etapas, Anna Freud también dedicó tiempo a desarrollar las teorías de su padre sobre la forma en la que está estructurada la mente humana.
Según Sigmund Freud, la mente está dividida en tres partes: el Ello, el Yo y el Superyó. El ego (yo) se encargaría de controlar los instintos más básicos, especialmente el de vida (deseo sexual, hambre, búsqueda de la supervivencia) y el de muerte (agresión, violencia, automutilación).
El superyó, por otro lado, estaría relacionado con la moral y las ideas sobre lo que es aceptable y lo que no. Tanto el superyó como el ello serían inconscientes, lo que significa que no se puede acceder a ellos de manera directa. Por el contrario, el yo es consciente y se dedica a mediar entre las otras dos partes de la mente.
Anna Freud dedicó muchos esfuerzos a estudiar los componentes de la mente humana, aunque la mayoría de sus trabajos sobre este tema estaban relacionados con el yo y con la manera en la que este gestiona los conflictos entre el ello y el superyó. Así desarrolló sus teorías sobre los mecanismos de defensa.
Mecanismos de defensa, de Anna Freud
El otro campo donde Anna Freud realizó aportaciones importantes fue el de los mecanismos de defensa. Una de las premisas básicas del psicoanálisis es que la mente inconsciente utiliza ciertas estrategias psicológicas para defenderse de ideas, sentimientos e impulsos que entiende como perjudiciales.
Los mecanismos de defensa también pueden ayudar a enfrentar deseos que se cree que no son aceptables, es decir, a aquellas situaciones en las que el ello y el superyó entran en conflicto. Por eso, muchas veces, cuando aparecen, están relacionadas con la sexualidad, uno de los campos más conflictivos para la mayoría.
Anna Freud dedicó mucho trabajo a investigar los principales mecanismos de defensa, y sus descubrimientos siguen utilizándose hoy en día en terapia.
Represión
El mecanismo de defensa más básico consiste en reprimir los pensamientos, sentimientos e impulsos desagradables o que se cree tendrán consecuencias indeseadas. También puede utilizarse con aquellos deseos del ello que no son aprobados por el superyó, y que por lo tanto se consideran inmorales o inadecuados.
Un ejemplo de represión sería la negación de una persona homosexual de sus inclinaciones afectivas. Debido a haber crecido en una sociedad que contempla las relaciones entre personas del mismo sexo como negativas o vergonzosas, un individuo que las desee podría ocultarse a sí mismo este hecho para no enfrentar sus propias creencias limitantes sobre el tema.
Proyección
La proyección consiste en achacarle a otra persona los rasgos propios que se consideran negativos. De esta manera, se alivia la propia culpa por tenerlos. Este mecanismo de defensa funciona porque ayuda a transformar los sentimientos negativos que producen los deseos cuando entran en conflicto con las ideas del superyó.
Por ejemplo, una persona que tenga ideas y fantasías de agresión podría estar mucho más atenta a los comportamientos agresivos de otros individuos. De esta manera, justificaría su mal humor y sus sentimientos negativos al decirse que el resto de personas son peligrosas, lo que haría que fuera necesario estar atento a ellas.
Desplazamiento
Es el acto de transferir las emociones negativas a un objeto que no es el que las ha causado en primer lugar. Por ejemplo, un individuo que pagase la ira que le ha generado su madre con su terapeuta, estaría utilizando este mecanismo de defensa.
El desplazamiento se utiliza generalmente con emociones negativas, como la ira, la tristeza o la culpa. Su función principal es la de permitir lidiar con sentimientos que pueden ser abrumadores frente a situaciones que no se pueden controlar. Por ejemplo, un hombre que querría gritarle a su jefe podría utilizar el desplazamiento, y pagar su mal humor con sus hijos.
Sublimación
Otro mecanismo de defensa importante es la sublimación, que consiste en llevar a cabo una acción socialmente aceptable como forma de expresar un deseo que entra en conflicto con el superyó. Según Freud y Anna, este es el principio que está detrás de la mayoría de las formas de arte.
Según ellos, un pintor, por ejemplo, estaría utilizando su pincel para expresar deseos sobre los que no puede actuar. En función del contenido de sus cuadros, se podría llegar a deducir cuáles son las necesidades que está sublimando.
Regresión
El mecanismo de defensa más complejo es el que implica volver, a nivel psicológico, a una etapa anterior de desarrollo. Un ejemplo clásico es el de los niños que, al sufrir un trauma, pierden habilidades que ya habían adquirido.
En principio, la regresión solo se daría en casos muy extremos, donde la persona ha sufrido un trauma muy serio que le ha hecho desarrollar emociones muy negativas. Por lo tanto, es poco frecuente observar este mecanismo de defensa fuera de la terapia.
Obras de Anna Freud
- Introducción al psicoanálisis: lecturas para analistas infantiles y profesores (1922-1935).
- El yo y los mecanismos de defensa (1936).
- Investigación en la Clínica de Terapia Infantil de Hampstead y otros trabajos (1956-1965).
- Normalidad y patología en la niñez: diagnóstico y desarrollo (1965).
- Problemas de entrenamiento psicoanalítico, diagnóstico, y la técnica de terapia (1966-1970).
Referencias
- Anna Freud Biography. Recuperado de verywellmind.com.
- Anna Freud. Recuperado de famouspsychologists.com.
- Anna Freud (1895-1982). Recuperado de goodtherapy.org.
- Anna Freud. Recuperado de britannica.com.
- Anna Freud. Recuperado de en.wikipedia.org.