Fisiopatología de la depresión: alteraciones estructurales y funcionales

La fisiopatología de la depresión se basa en diferencias en estructuras cerebrales como por ejemplo el tamaño de la amígdala, del hipocampo o de la corteza prefrontal.

Asimismo, se han encontrado cambios en el tamaño neuronal, densidad de las glías y en el metabolismo. Se ha documentado también el papel de las monoaminas o de otros neurotransmisores y también se han ofrecido diversas teorías sobre su génesis o explicación.

Fisiopatología de la depresión

Conocer qué se esconde detrás de la fisiopatología de la depresión es clave para poder proponer tratamientos eficaces que nos ayuden a que las personas afronten y superen esta enfermedad.

La depresión no se debe exclusivamente a factores biológicos o a factores psicológicos, sino que más bien se debe a la interacción compleja de numerosos factores de tipo social, psicológico o biológico.

A la hora de buscar el mejor tratamiento para hacer frente a la depresión, y teniendo en cuenta que la farmacoterapia (y los distintos antidepresivos) han reaccionado también de manera desfavorable en muchos aspectos, se ha buscado cuáles son los procesos que están involucrados en esta enfermedad.

Herencia y depresión

La tendencia a desarrollar un trastorno depresivo parece deberse, de algún modo, a la herencia. Esta información nos llega a través de los estudios de familias, de modo que, aquella persona con un familiar próximo con un trastorno afectivo presenta 10 probabilidades más de padecerlo que otra persona que no tiene un pariente afectado.

Estos datos nos indican que los trastornos depresivos tienen tendencia hereditaria. Además, esto también puede observarse a través de los estudios de gemelos monocigóticos, que muestran que hay mayor concordancia entre éstos en la depresión que en los gemelos dicigóticos.

En esta misma línea, los estudios de adopciones y depresión nos indican que hay una incidencia de depresión mayor en padres biológicos que en padres adoptivos.

Además, en relación a los genes implicados en la depresión, las investigaciones apuntan a que son múltiples los genes involucrados, observando ligamiento entre genes que se localizan en los cromosomas 2, 10, 11, 17, 18, entre otros, así como polimorfismos de genes como el del transportador de la serotonina en lo que se refiere al origen de la depresión.

Obviamente, si estamos haciendo referencia a una enfermedad con múltiples síntomas y donde la variabilidad es grande, es lógico pensar que los genes implicados son múltiples también.

Alteraciones estructurales y funcionales implicadas en la depresión

Se han realizado diversos estudios de neuroimagen con pacientes depresivos que han mostrado que presentan alteraciones en distintas estructuras cerebrales.

Entre ellas, destacamos las alteraciones en la amígdala, en el hipocampo y en la corteza prefrontal, tanto dorso-lateral como ventral.

Por ejemplo, en lo que se refiere al hipocampo, algunos estudios han encontrado disminuida la sustancia blanca y han encontrado que hay una asimetría entre los hemisferios, así como menor volumen en ambos hipocampos en pacientes con depresión (Campbell, 2004).

A nivel anatómico, en general, se ha encontrado reducida la materia gris en las áreas del córtex prefrontal orbitales y medias, en el estriado ventral, en el hipocampo y un alargamiento de los ventrículos laterales y del tercer ventrículo, lo que implica una pérdida neuronal.

En otros estudios, una vez los pacientes ya estaban muertos, se ha encontrado un volumen disminuido del córtex y de las células gliales.

Asimismo, en relación a la amígdala, los estudios arrojan resultados variables. Si bien no ha habido diferencias en lo que al volumen de la amígdala se refiere, sí lo hicieron algunas de sus características.

Por ejemplo, la medicación explicaba diferencias en el volumen de la amígdala, de manera que, cuantas más personas con medicación había en el estudio, mayor es el volumen de la amígdala de los pacientes con depresión en comparación al control.

Este tipo de resultados podrían aportar y reforzar la idea de que la depresión se asocia a una disminución del volumen de la amígdala.

En lo que se refiere a la corteza prefrontal, diversos estudios también han encontrado que los pacientes con depresión tenían menor volumen en comparación al control en el giro recto y no en otras regiones diferentes.

En referencia a la actividad cerebral, estudios de neuroimagen han mostrado también las anormalidades que se encuentran en el flujo sanguíneo y en el metabolismo de la glucosa en sujetos depresivos.

De este modo, se ha planteado que el aumento del metabolismo en la amígdala estaba relacionado con una mayor severidad de la depresión, mientras que cuando se reducía la actividad metabólica en el córtex prefrontal ventromedial, son demasiado reactivos a la tristeza inducida pero hiporreactivos a la felicidad inducida.

En otros estudios se mostró que había una correlación entre la severidad de la depresión y el mayor metabolismo de glucosa también en otras regiones como el sistema límbico, corteza prefrontal ventromedial, temporal, tálamo, áreas ventrales de los ganglios basales o la corteza parietal inferior.

La pérdida de la motivación en la depresión también estaba relacionada con ciertas áreas de manera negativa, con la corteza prefrontal dorsolateral, la parietal dorsal o la corteza de asociación dorsotemporal.

También se encontraba relación en el sueño, de manera que sus alteraciones correlacionaban con actividad mayor de algunas zonas corticales y subcorticales.

Circuitos relacionados con la depresión

Hay algunos circuitos que están relacionados con la depresión, entre los que podemos destacar, por ejemplo, el apetito e incremento de peso que se produce en algunos pacientes con depresión.

En este caso, regulado por el hipotálamo, encontramos que el neurotransmisor más importante es la serotonina (5HT).

El humor depresivo, el síntoma principal de la depresión, se encuentra relacionado con las alteraciones que se producen en la amígdala, en el córtex prefrontal ventromedial y en la circunvolución del cíngulo anterior, involucrando tanto a la serotonina, como a la dopamina y la noradrenalina.

Por su parte, la falta de energía que también caracteriza a los pacientes con depresión se relaciona con la dopamina y la noradrenalina y atiende a los problemas que se encuentran en el córtex prefrontal difuso.

Se encuentran también alteraciones del sueño relacionadas con las disfunciones del hipotálamo, el tálamo, el prosencéfalo basal y donde se encuentran involucradas la noradrenalina, la serotonina y la dopamina.

Por su parte, encontramos que la apatía se relaciona con una disfunción del córtex prefrontal dorsolaterl, del núcleo accumbens y encontrándose como neurotransmisores importantes la noradrenalina y la dopamina.

Los síntomas de tipo psicomotor que encontramos en la depresión se asocian a las alteraciones del núcleo estriado, del cerebelo y del córtex prefrontal, asociándose a las tres monoaminas.

Por su parte, los problemas de tipo ejecutivo se relacionan con la dopamina y la noradrenalina y están asociadas al córtex prefrontal dorsolateral.

Etiología y teorías e hipótesis de la depresión

Son diversas las teorías o hipótesis que se han reunido alrededor del origen de la depresión.

Una de ellas, la primera, surge alrededor de la idea o hipótesis de que un déficit de los neurotransmisores monoaminérgicos, como son la noradrenalina, la dopamina o la serotonina serían la causa de la depresión. Se trata de la hipótesis monoaminérgica de la depresión.

Esta hipótesis se basa en distintas evidencias. Una de ellas, por ejemplo, es el hecho de que la reserpina (medicamente para la hipertensión) provocaba depresión; actúa inhibiendo el almacenamiento de monoaminas y actuando de manera antagonista a las monominas. De este modo, se sugiere que puede llevar a la depresión.

En el caso contrario encontramos los fármacos que potencian estos neurotransmisores y que mejoran los síntomas de la depresión, actuando como agonistas.

Se encontraron también otras hipótesis que parecían ir en esta línea, como el hecho de que la tendencia al suicidio de pacientes deprimidos estaba relacionado con una disminución en líquido cefalorraquídeo de los niveles de 5-HIAA, un metabolito de la serotonina.

No obstante, hay que indicar también que hay datos que no apoyaban esta hipótesis, siendo la prueba definitiva contra esta hipótesis el hecho de lo que se llama latencia terapéutica, que explica la mejoría retardada que se produce en los síntomas de la depresión tras la administración del fármaco, lo que indica que debe haber algún proceso intermedio que se encarga de dicha mejoría.

Por todo ello, se propone que puede existir en el cerebro algún otro mecanismo que no corresponde sólo a las monoaminas y que son responsables de la depresión.

Un posible mecanismo explicativo son los receptores, de manera que podría existir en la depresión una alteración de los mismos, una regulación al alza que se debe a que hay un déficit del neurotransmisor. Al no producirse suficiente, con el tiempo se produce un aumento del número y de la sensibilidad de los receptores.

De esta hipótesis también se encuentran evidencias, como estudios de personas suicidas que postmortem permiten encontrar este incremento de receptores en la corteza frontal.

Otra evidencia sería el mismo hecho de que los antidepresivos que se toman producen desensibilización en los receptores.

No obstante, existen también otras hipótesis que permiten esgrimir la etiología de la depresión. Investigaciones más recientes apuntan a que podría deberse a una anomalía en la expresión génica de los receptores (por déficit o mal funcionamiento).

Otras líneas apuntan, más bien, a que podría deberse a una disfunción emocional de mecanismos como alteraciones en el gen del factor neurotrófico derivado del cerebro que sustenta la viabilidad de las neuronas.

Farmacoterapia para la depresión

Como ya hemos visto a lo largo del artículo, la depresión es una enfermedad bastante común y también incapacitante y puede acabar amenazando a la propia vida.

A pesar de que se cuenta con tratamiento eficaz, en un gran número de los casos no se recibe tratamiento, por lo que es preciso identificar los casos y conseguir un buen tratamiento, adecuado y eficaz.

Para buscar este tratamiento es necesario conocer el curso longitudinal de esta enfermedad así como su respuesta, su remisión, la recuperación, la recurrencia y la recaída (son las llamadas “cinco erres” de la depresión).

La depresión es una enfermedad episódica que, de no ser tratada, puede prolongarse entre 6-24 meses, produciéndose más tarde una mejoría de dichos síntomas. A pesar de ello, su naturaleza es de tender a la recurrencia.

Entre las principales características de los antidepresivos, cabe destacar su retardo en el inicio de la acción terapéutica, que se observa en todos ellos, además de que suelen producir ansiedad.

Es importante nombrar también que todos ellos, aunque por diferentes mecanismos, aumentan las monoaminas dentro del Sistema Nervioso Central y acaban regulando a la baja algunos receptores.

Dentro de los antidepresivos podemos nombrar, a grandes rasgos, los antidepresivos tricíclicos, los antidepresivos inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAOs), los antidepresivos inhibidores selectivos de la recapación de serotonina (ISRS) y otros como los inhibidores selectivos de la recaptación de NA (ISRN), los inhibidores selectivos de la recaptación de NA y DA (INRD), los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y NA (IRSN) y los antagonistas específicos noradrenérgicos y serotoninérgicos (NASSA), así como los antagonistas selectivos de los receptores 5Gt2A e inhibidores de la recaptación de serotonina (ASIR).

Diagnóstico y tratamiento de la depresión

Al inicio de este artículo indicábamos el grave problema de salud pública que supone (y supondrá todavía más) la depresión a nivel mundial. A pesar de todo ello, se dispone de tratamientos eficaces para hacerle frente, aunque por diversas circunstancias, no todo el mundo acceda a ellos.

Desde la psicología se puede ofrecer psicoterapia o tratamiento psicológico, donde a través de la terapia cognitivo-conductual se consiguen resultados excelentes para superar este problema.

Además, a nivel de farmacoterapia también se cuenta con medicamentos antidepresivos con los que una persona puede contar para afrontar su problema. No son el tratamiento de elección cuando nos encontramos en una depresión leve; sin embargo, en casos más graves son útiles para poder trabajar en psicoterapia.

Los objetivos de la depresión deben pasar por un tratamiento integral y personal de este problema atendiendo a qué factores predisponentes tiene la persona, cuáles son los precipitantes y cuáles los mantenedores.

Es importante también la psicoeducación sobre el trastorno, motivarlo a la adhesión al tratamiento y abordar todas las distorsiones cognitivas que presente. Es relevante, asimismo, que desaparezcan por completo todos los síntomas que presentaba, buscando la remisión completa y ayudándole a restablecer todo su funcionamiento.

El tratamiento debe incluir la terapia psicológica cognitivo-conductual y en aquellos casos que sea necesario un tratamiento farmacológico con antidepresivos.

Existen cada vez mayor número de evidencias, tanto a nivel clínico como también neurobiológico, de la importancia que tiene atender al tratamiento de la depresión desde sus inicios, dado que si se atiende nada más comienzan a aparecer los síntomas depresivos, se puede ofrecer una respuesta temprana que prevenga los cambios que ocurren a nivel neurobiológico y que empeoran el diagnóstico de la misma.

Datos de la depresión

La depresión se ha convertido en un grave problema de salud pública. Es un trastorno mental muy frecuente que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) afecta a alrededor de 350 millones de personas en todo el mundo.

No debemos confundir este problema psicológico con las distintas variaciones del carácter que puede sufrir una persona.

La depresión es, sin duda, un problema muy grave que causa discapacidad y altos niveles de morbilidad llevando en algunos casos a la mortalidad a través del suicidio.

Actualmente contamos con tratamientos que resultan eficaces para tratar la depresión; sin embargo, muchas personas todavía no acceden a estos servicios, bien sea por falta de recursos, por una falta de profesionales adecuados para tratarla o por el estigma que todavía acarrean las enfermedades mentales

¿Qué es la depresión?

La depresión es uno de los trastornos afectivos que se relacionan con el estado de ánimo, siendo su principal síntoma la alteración en los sentimientos. Esta cursa con síntomas anímicos como tristeza o pensamientos pesimistas y también sintomatología motivacional, alteraciones vegetativas y alteraciones cognitivas.

La depresión es un síndrome que cursa con un grupo de síntomas, de manera que nos encontramos ante una enfermedad con diferentes manifestaciones.

Así, una persona con depresión se caracteriza por combinar los síntomas de tristeza, pérdida de interés por actividades, pérdida de la capacidad por experimentar placer (anhedonia) en cosas que antes sí que producían, pérdida de confianza, sentimiento de culpabilidad, falta de concentración o alteraciones del sueño o de la alimentación, entre otros síntomas.

Además de los síntomas relevantes relacionados con la depresión y la mortalidad que está relacionada con el suicidio, también existe mayor morbimortalidad relacionada con otros problemas, como por ejemplo, problemas cardíacos, diabetes tipo 2, tumores y peor pronóstico en enfermedades de tipo crónico.

Sin embargo, y a pesar de que la depresión presenta tasas de prevalencia muy altas, la realidad es que se conoce mucho menos su fisiopatología que en otras enfermedades. Se debe, en gran medida, a que su observación (en el cerebro) es mucho más complicada y observar a los animales y extrapolarlo a los seres humanos se hace mucho más difícil.

Referencias

  1. Aguilar, A., Manzanedo, C., Miñarro, J., y Rodríguez-Arias, M. (2010). Psicofarmacología para estudiantes de psicología. Reprografia Facultad de Psicología, Universidad de Valencia.
  2. Campbell S, Marriott M, Nahmias C, McQueen GM. Lower hippocampal volume in patients suffering from depression: a meta-analysis. Am J Psychiatry 2004;161:598-607.
  3. Díaz Villa, B., González, C. (2012). Actualidades en neurobiología de la depresión. Revista Latinoamericana de Psiquiatría, 11(3), 106-115.
  4. Fordl TS, Koutsouleris, N., Bottlender R., Born, C., Jäger, M. et al. (2008). Depression-related variation in brain morphology over 3 years: effects of stress? Arch Gen Psychiatry, 65(10).
  5. Guadarrama, L., Escobar, A., Zhang, L. (2006). Bases neuroquímicas y neuroanatómicas de la depresión. Revista Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México, Vol. 49, 002.
  6. Hall Ramírez, V. (2003). Depresión: fisiopatología y tratamiento. Centro Nacional de Información de Medicamentos. Facultad de Farmacia, Universidad de Costa Rica.
  7. Organización Mundial de la Salud (2016). Centro de prensa, nota descriptica Nº 360: La depresión.
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Licenciada en Psicología, Máster en Psicología Clínica, Máster en Psicología Infantil, Máster en Logopedia. Formación de posgrado en Trastornos de la Conducta Alimentaria, Mindfulness aplicado en la práctica clínica, Trastornos emocionales, Psicología educativa y Tercera edad.

Actualmente trabaja en varias clínicas de la ciudad de Valencia, además de formar a padres y educadores en escuelas infantiles.

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