Cerebro Reptiliano Humano: La Teoría del Cerebro Triuno

El cerebro reptiliano humano, también llamado complejo R, es el área filogenéticamente más antigua del cerebro, y se encarga de las funciones más primitivas e instintivas. Su objetivo principal es asegurar la supervivencia de uno mismo y de la especie.

Carl Sagan, en su libro Cosmos, habla de la teoría del cerebro triuno de donde proviene la idea del cerebro reptiliano.

Cerebro reptiliano
Amarillo: Neocortex. Naranja claro: Cerebro medio. Naranja oscuro: Cerebro reptiliano.

Lo explica de la siguiente manera:

“En el interior del cráneo de cada uno de nosotros hay algo parecido al cerebro de un cocodrilo. Rodeando este complejo, está el sistema límbico del cerebro de los mamíferos, que evolucionó decenas de millones de años atrás en antepasados que eran mamíferos, pero aún no primates. Es una fuente importante de nuestro estado de ánimo y las emociones.

Y finalmente en el exterior, viviendo en una incómoda tregua con los cerebros más primitivos situados debajo, está la corteza cerebral. Que evolucionó hace millones de años en nuestros antepasados primates.”

El cerebro reptiliano está localizado en estructuras cerebrales más profundas encargadas de las funciones más básicas. Ocupa el 5% de nuestra masa cerebral, y principalmente su tarea es reaccionar ante estímulos del medio.

No es un área reflexiva, ni tiene en cuenta el pasado o el futuro. Principalmente pone en marcha respuestas de lucha o huida para enfrentar las amenazas del entorno. Se encarga también de conductas involuntarias e inconscientes, como las funciones cardíacas y respiratorias.

Además, parece ser que nuestro miedo al cambio proviene del cerebro reptiliano. Ya que, para asegurar la supervivencia, evalúa lo conocido como seguro y lo desconocido como peligroso.

La teoría del cerebro triuno

Uno de los modelos más conocidos para comprender la compleja estructura del cerebro fue la teoría del cerebro triuno o triúnico. Fue desarrollada por el neurocientífico norteamericano Paul MacLean a partir de 1950.

Aunque esta teoría ha sido muy influyente a través de los años, varios de sus elementos se han revisado para actualizarse a los descubrimientos neuroanatómicos más recientes.

El modelo de MacLean intenta describir el cerebro de los mamíferos como una serie de avances que se producen de forma evolutiva.

Desde esta perspectiva, el cerebro es esencialmente un cerebro de reptil al que luego se han añadido dos secciones: el sistema límbico y el neocórtex. Esto ha supuesto un proceso de evolución de más de 250 millones de años, desde que los mamíferos surgieron con un linaje distinto.

Entonces el desarrollo del cerebro se ha dado de forma progresiva, integrando funciones cada vez más complejas. Las funciones más primitivas siguieron procesándose por las mismas estructuras antiguas.

Carl Sagan, en su famoso libro Cosmos, explica que la estructura del cerebro refleja las fases por la que ha pasado. Describiendo la teoría de MacLean, afirma que en lo más profundo del cerebro está la parte filogenéticamente más antigua.

Se sitúa en el tallo encefálico, el encargado de las funciones más básicas. Incluyen los ritmos de vida, los latidos del corazón y la respiración.

También señala Sagan que en los más profundo de nuestro cráneo se encuentra algo parecido al cerebro de un cocodrilo: el complejo R. Que es “la sede de la agresión, del ritual, de la territorialidad y de la jerarquía social”.

Rodeando esta estructura, está el sistema límbico. Este sistema evolucionó de nuestros antepasados mamíferos, y es fuente de nuestros estados de ánimo y emociones.

En el exterior está la corteza cerebral, que evolucionó de los antepasados primates. Es aquí donde están las ideas, las inspiraciones, donde se lee y se escribe. En definitiva, donde se regula la vida consciente, lo que diferencia al hombre de otros animales.

Estas tres partes del cerebro no funcionan de manera independiente. Por el contrario, están conectadas por múltiples vías y se influyen mutuamente.

Los tres cerebros fueron evolucionando en forma de capas, como a continuación se explica:

Cerebro reptiliano

Está conformado por el tallo cerebral, los ganglios basales, el sistema reticular y el cerebelo. Como ya se ha indicado, se ocupa de asegurar nuestra supervivencia. Es el primer filtro por el que procesamos la información.

Por medio del cerebro reptiliano actuamos frente a amenazas, emitiendo una respuesta de ataque o huida. Más adelante se explican sus funciones de manera más detallada.

Cerebro límbico

Este cerebro surgió en los primeros mamíferos. Nos permite memorizar las respuestas para utilizarlas en situaciones futuras. Está compuesto por el tálamo, la amígdala (emociones), el hipotálamo, los bulbos olfatorios, la región septal y el hipocampo (memoria).

El cerebro límbico es un segundo filtro, y categoriza los estímulos según causen dolor o placer. Así, cuando se experimentan estas emociones, el cerebro límbico los guardará en la memoria y generará conductas de acercamiento o de lucha.

Es la sede de los juicios de valor que a veces hacemos inconscientemente, y que tienen gran influencia en nuestro comportamiento.

El cerebro cognitivo-ejecutivo (neocórtex)

Esta parte es la que nos diferencia del resto de los animales, pues este cerebro nos permite procesar conscientemente la información.

Aquí se generan los procesos intelectuales superiores, como las conductas sociales, la empatía, la inhibición, la planificación, la lógica, la imaginación, el procesamiento de experiencias futuras, etc.

Funciones del cerebro reptiliano

El cerebro reptiliano lo han utilizado algunos autores como un concepto para explicar por qué muchas veces tenemos miedo, nos resistimos a los cambios, somos poco flexibles o sólo miramos por nuestra supervivencia.

El cerebro reptil nos mantiene en un ambiente seguro y alejado del peligro, aunque tiende a ser algo rígido y repetitivo.

Seth Godin, un empresario estadounidense habla en su libro “¿eres imprescindible?” del cerebro reptiliano, indicando que:

“El cerebro de lagarto tiene hambre, miedo, enfado […] Y sólo quiere comer y estar seguro. Le importa lo que los demás piensan, porque el estado de la tribu es esencial para su supervivencia. […] Pero, por supuesto, la supervivencia y el éxito no son la misma cosa.”

Según indica Godin, el cerebro reptiliano en los humanos es la fuente de la resistencia a conseguir lo que queremos. Pues es la razón por la que tenemos miedo y a veces, más que protegernos, nos impide avanzar.

Al parecer, el cerebro reptiliano se asocia con una serie de funciones que podrás leer a continuación:

– Funciones vitales básicas: el cerebro reptiliano parece regular aquellas funciones básicas e inconscientes como la presión sanguínea, la respiración, la temperatura corporal, los movimientos oculares, el equilibrio o la deglución.

– Respuestas automáticas de afrontamiento a estímulos del medio y desafíos. Las respuestas típicas ante el peligro, por ejemplo, son reacciones rápidas de lucha. O bien de huida o de búsqueda de escondite.

Así, los instintos de supervivencia de reptil son ataques para proteger su propia vida o bien, huir u ocultarse. Los humanos podemos actuar como reptiles ante un estímulo inesperado que nos asusta, una amenaza o posible daño.

De hecho, ante un estímulo como un ruido fuerte, nuestra reacción más inmediata es el susto y la paralización. Esto es un ejemplo del mecanismo del cerebro reptiliano para reaccionar deprisa a estímulos potencialmente peligrosos del medio.

– Emociones básicas como la ira o la agresión. Mostrar ira sería una manifestación del cerebro reptil, en la que el individuo trata de demostrar que es más fuerte que su enemigo. Así, evita que el otro inicie una agresión, imponiendo respeto y asustándole. Es una manera de protegerse a sí mismo o a sus seres queridos de los demás.

– Evitar el dolor y buscar el placer o sensaciones agradables de manera automática. Esto también nos mantiene en un ambiente cómodo y seguro.

– La venganza. Ante un conflicto percibido como injusto, el cerebro reptiliano puede reaccionar desencadenando una necesidad de represalias. Así, castiga a otros por acciones o palabras que han hecho daño al individuo anteriormente.

Es una conducta instintiva que puede llegar a extender conflictos y guerras, cuando en realidad lo más adaptativo sería resolver el problema de otra forma. Es decir, de manera más reflexiva y con participación de estructuras corticales.

– Comportamiento territorial y tribal. Nuestros instintos reptiles nos llevan a aumentar nuestra seguridad a través de la defensa y definición del espacio en el que vivimos. Por ello, uno lucha por mantener y cuidar su propio hogar y pertenencias.

Además, el cerebro reptiliano procura que estamos en sintonía con los demás miembros de nuestra “tribu”, evitando mostrar conductas o ideas que no encajen con las de ese grupo.

– Necesidad reproductiva. Es lo que nos lleva a sentirnos atraídos por otras personas de nuestra especie con los que tenemos cualidades comunes. Esto mantiene la supervivencia de la especie.

Cerebro reptiliano y toma de decisiones

El cerebro reptiliano es un nombre que se le ha dado popularmente a un área del cerebro llamada el estriado. Pertenece al prosencéfalo, y envía información principalmente a los ganglios basales. Al mismo tiempo, recibe información de toda la corteza cerebral, sistema límbico y tálamo.

Como se ha mencionado, es una estructura más antigua en la línea de tiempo de la evolución. Parece ser que el establecimiento de conexiones entre el estriado y el globo pálido fue decisivo para la evolución de anfibios a reptiles. Esto ayudó a los reptiles a adaptarse con éxito a un hábitat totalmente terrestre.

De esta forma, el globo pálido actúa como una especie de filtro antes de ejecutar la acción. Haciendo que la información que proviene de estructuras más primitivas se procese antes de reaccionar.

Lo mismo ocurre en mamíferos, pero a un nivel superior, ya que utilizan circuitos cortico-estriados. Es decir, primero las regiones sensoriales del tálamo que captan los estímulos del medio proyectan hacia regiones corticales, que luego inervan el estriado para actuar.

Así, la información que proviene del entorno pasa por unas estructuras que la procesan, asegurándose de que va a tomarse la mejor decisión. Esto es porque no siempre una respuesta impulsiva e involuntaria, típica del “cerebro reptiliano”, es la mejor opción.

Por tanto, una participación de corteza y una interacción de ésta con el cerebro reptiliano, produce que nos comportemos y pensemos de manera más flexible.

En definitiva, para tomar decisiones, nuestra neocorteza interpreta la información que proviene del cerebro reptiliano y del cerebro límbico. Así, trata de inhibir los impulsos que no son adaptativos y despliega conductas más adecuadas para la situación.

Referencias

  1. Godin, S. (2011). ¿Eres Imprescindible? Barcelona: Gestión 2000.
  2. La teoría del Cerebro Triuno. (22 de enero de 2013). Obtenido de Blue Smart Europe: bluesmarteurope.wordpress.com.
  3. Lee, A. M., Tai, L. H., Zador, A., & Wilbrecht, L. (2015). Between the primate and ‘reptilian’ brain: rodent models demonstrate the role of corticostriatal circuits in decision making. Neuroscience, 296, 66-74.
  4. Naumann, R. K., Ondracek, J. M., Reiter, S., Shein-Idelson, M., Tosches, M. A., Yamawaki, T. M., & Laurent, G. (2015). The reptilian brain. Current Biology, 25(8), R317–R321.
  5. Reptilian complex. (s.f.). Recuperado el 22 de enero de 2017, de Psychology Wiki: psychology.wikia.com.
  6. Reptilian Coping Brain. (s.f.). Recuperado el 22 de enero de 2017, de Coping Skills for Kids: copingskills4kids.net.
  7. Sagan, C. (1982). Cosmos (6a ed.). Barcelona: ed. Planeta.
  8. The Brain from Top to Bottom. (s.f.). Recuperado el 22 de enero de 2017, de McGill: thebrain.mcgill.ca.
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Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Cursando Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

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