Autismo: Síntomas, Causas, Tratamientos

Los trastornos del espectro autista (TEA), popularmente conocido como autismo, son un trastorno de origen neurobiológico que se manifiestan en los 3 primeros años de vida.

Dentro de esta categoría se incluyen varios trastornos con diferentes síntomatología (aunque en el DSM-V ya no se hace mención a estos trastornos): el trastorno autista, el síndrome de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil y el trastorno general del desarrollo no especificado.

qué es el autismo

Todos los trastornos del espectro autista comparten los siguientes síntomas: incapacidad para relacionarse de manera acorde con las normas sociales, incapacidad para desarrollar la habilidad comunicativa y la presencia de comportamientos repetitivos y estereotipados. Además, la mayoría de las personas que sufren TEA tienen también déficits cognitivos (el 75 % de las personas tienen asociada una Discapacidad Intelectual).

Sin embargo, la gravedad con la que las personas con TEA manifiestan estos síntomas es muy heterogénea, e incluso puede variar a lo largo de su vida, de manera que es necesario conocer bien el caso concreto para poder diseñar la terapia adecuada.

El antiguamente diagnosticado como Síndrome de Asperger es el tipo de TEA menos severo, las personas que lo sufren no suelen tener problemas en el desarrollo del lenguaje y tampoco suelen sufrir déficits cognitivos severos.

El Trastorno Desintegrativo Infantil se caracteriza porque aparece cuando el niño ya ha empezado a hablar, puede aparecer entre los 2 y 10 años, y el niño parece que desaprende todas las habilidades comunicativas y sociales que había desarrollado hasta el momento.

¿Cuántas personas sufren autismo?

Los últimos estudios epidemiológicos indican que 1 por cada 166 niños y niñas en etapa educativa sufren este trastorno.  No existen datos estadísticos sobre cuántas personas con TEA existen en la etapa adulta. Pude parecer que esto es una tontería pues los niños crecerán y habrá el mismo número de casos infantiles que adultos

El número de personas diagnosticada con TEA ha aumentado considerablemente en los últimos años (como puede observarse en el gráfico de abajo), pero, aunque pueda parecerlo, esto no significa que haya una epidemia de autismo si no que hoy en día han cambiado los criterios diagnósticos para este trastorno y que se le ha dado mayor importancia y se han estudiado más casos en países en vías de desarrollo, es decir, no es que estos casos no existieran antes, es que no se diagnosticaban.

PrevalenciaDatos de prevalencia en los EE.UU. según Autism Speaks

¿Cómo se diagnostica el autismo?

Criterio diagnóstico según el DSM-V

Bueno ya te he hablado antes sobre el DSM-V, pero ¿qué es? El DSM-V es el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, es decir, un manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Este manual es uno de los más usados a nivel mundial y se basa en la estadística para determinar qué conductas está dentro de la norma (o son normales) y cuáles se encuentras fuera de la desviación típica y podrían constituir un trastorno.

Dicho esto, os dejo los criterios diagnósticos que usa el DSM-V para diagnosticar los Trastornos del Espectro Autista.

1- Déficits persistentes en comunicación social e interacción social a lo largo de múltiples contextos, según se manifiestan en los siguientes síntomas, actuales o pasados (los ejemplos son ilustrativos, no exhaustivos, ver texto):

  1. Déficits en reciprocidad socio-emocional; rango de comportamientos que, por ejemplo, van desde mostrar acercamientos sociales inusuales y problemas para mantener el flujo de ida y vuelta normal de las conversaciones; a una disposición reducida por compartir intereses, emociones y afecto; a un fallo para iniciar la interacción social o responder a ella.
  2. Déficits en conductas comunicativas no verbales usadas en la interacción social; rango de comportamientos que, por ejemplo, van desde mostrar dificultad para integrar conductas comunicativas verbales y no verbales; a anomalías en el contacto visual y el lenguaje corporal o déficits en la comprensión y uso de gestos; a una falta total de expresividad emocional o de comunicación no verbal.
  3. Déficits para desarrollar, mantener y comprender relaciones; rango de comportamientos que van, por ejemplo, desde dificultades para ajustar el comportamiento para encajar en diferentes contextos sociales; a dificultades para compartir juegos de ficción o hacer amigos; hasta una ausencia aparente de interés en la gente.

Especificar la severidad actual:

La severidad se basa en la alteración social y comunicativa y en la presencia de patrones de comportamientos repetitivos y restringidos (ver la tabla de abajo).

2- Patrones repetitivos y restringidos de conductas, actividades e intereses, que se manifiestan en, al menos dos de los siguientes síntomas, actuales o pasados (los ejemplos son ilustrativos, no exhaustivos, ver texto):

  1. Movimientos motores, uso de objetos o habla estereotipados o repetitivos (por ejemplo, movimientos motores estereotipados simples, alinear objetos, dar vueltas a objetos, ecolalia, frases idiosincrásicas).
  2. Insistencia en la igualdad, adherencia inflexible a rutinas o patrones de comportamiento verbal y no verbal ritualizado (por ejemplo, malestar extremo ante pequeños cambios, dificultades con las transiciones, patrones de pensamiento rígidos, rituales para saludar, necesidad de seguir siempre el mismo camino o comer siempre lo mismo).
  3. Intereses altamente restringidos, obsesivos, que son anormales por su intensidad o su foco (por ejemplo, apego excesivo o preocupación excesiva con objetos inusuales, intereses excesivamente circunscritos o perseverantes).
  4. Hiper- o hipo-reactividad sensorial o interés inusual en aspectos sensoriales del entorno (por ejemplo., indiferencia aparente al dolor/temperatura, respuesta adversa a sonidos o texturas específicas, oler o tocar objetos en exceso, fascinación por las luces u objetos que giran).

Especificar la severidad actual:

La severidad se basa en la alteración social y comunicativa y en la presencia de patrones de comportamientos repetitivos y restringidos (ver la tabla de abajo).

3- Los síntomas deben estar presentes en el período de desarrollo temprano (aunque pueden no manifestarse plenamente hasta que las demandas del entorno excedan las capacidades del niño, o pueden verse enmascaradas en momentos posteriores de la vida por habilidades aprendidas).

4- Los síntomas causan alteraciones clínicamente significativas a nivel social, ocupacional o en otras áreas importantes del funcionamiento actual.

5- Estas alteraciones no se explican mejor por la presencia de una discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo intelectual) o un retraso global del desarrollo. La discapacidad intelectual y el trastorno del espectro de autismo con frecuencia coocurren; para hacer un diagnóstico de comorbilidad de trastorno del espectro de autismo y discapacidad intelectual, la comunicación social debe estar por debajo de lo esperado en función del nivel general de desarrollo.

Nota: Los individuos con un diagnóstico DSM-IV bien establecido de trastorno autista, síndrome de Asperger o trastorno generalizado del desarrollo no especificado, deben recibir el diagnóstico de trastorno del espectro de autismo. Los individuos que tienen marcados déficits en comunicación social, pero cuyos síntomas no cumplen los criterios para el trastorno de espectro de autismo, deberán ser evaluados para el trastorno de comunicación social (pragmática).

Especificar si:

  • Se acompaña o no de discapacidad intelectual.
  • Se acompaña o no de un trastorno del lenguaje.
  • Se asocia con una condición médica o genética o con un factor ambiental conocido (Nota de codificación: use un código adicional para identificar la condición médica o genética).
  • Se asocia con otro trastorno del neurodesarrollo, mental o del comportamiento (Nota de codificación: use otro(s) código(s) adicional(es) para identificar el trastorno del neurodesarrollo, mental o del comportamiento asociado).
  • Con catatonia (hacer referencia a los criterios de catatonia asociada con otro trastorno mental) (Nota de codificación: use el código adicional 293.89 [F06.1] catatonia asociada con trastorno del espectro de autismo para indicar la presencia de catatonia comórbida).

Niveles de severidad del trastorno del espectro autistaTabla autismo¿Cómo detectarlo?

Estos trastornos pueden diferenciarse desde una edad muy temprana (salvo el Trastorno Desintegrativo Infantil mencionado anteriormente), pero no existen pruebas diagnósticas fiables hasta que el niño no tiene unos 18-24 meses, aunque se está desarrollando una nueva prueba que parece muy prometedora, el Doctor Ami Klin os la explica en el siguiente vídeo:

Los principales signos de alerta son los siguientes:

  • A los 12 meses de desarrollo:
    • No balbucear.
    • No utilizar gestos como señalar.
    • No responder a su nombre.
  • A los 18 meses:
    • No emitir ninguna palabra.
  • A los 24 meses:
    • No emitir frases de dos palabras espontáneamente.
  • A cualquier edad:
    • Pérdida de lenguaje o habilidades sociales (podría ser indicativo del Trastorno Desintegrativo Infantil).

Si se observa alguno de estos signos es recomendable llevar al niño al servicio de evaluación y diagnostico

A continuación expongo los signos y síntomas de las personas con Trastornos del Espectro Autista de manera más detallada:

  • Déficits sociales. Estos déficits son los primeros en aparecer, el niño muestra poco interés en relacionarse con la gente incluso parece rehuir cuando los padres pretenden cogerlo o tocarlo, no suelen mirar a los ojos, no muestran signos de tristeza o de alegría, no suelen buscar consuelo en sus progenitores si sufren algún daño o tienen hambre, no imitan los movimientos de sus progenitores y no suelen gesticular ni realizar gestos. Cuando van haciéndose mayores muestran estos signos también con los niños de su edad, además parece no tener ningún interés en tener relaciones sociales y tienen problemas para comprender las emociones y expresarlas. En definitiva, parecen no tener bien desarrollada la teoría de la mente (concepto explicado en un artículo anterior).
  • Déficits comunicativos. Cuando son bebés muestran signos como no mirar cuando pronuncian su nombre y falta de comunicación ya sea verbal o no verbal. Cuando crecen y desarrollan el lenguaje este es muy limitado, parecen no entender qué se les está diciendo, suelen repetir la misma frase que se les acaba de decir y usar la segunda persona para referirse a ellos mismo, por ejemplo “Quieres comer espaguetis” en vez de “Quiero comer espaguetis”. Las personas con TEA que consiguen desarrollar un lenguaje comprensible y más o menos adaptado a la sociedad fallan a la hora de elegir una temática que pueda interesarle a las personas con las que está hablando y suelen entender las frases de manera literal (por ejemplo, contestar simplemente “Sí” cuando le preguntan “¿Tienes hora?”).
  • Intereses repetitivos y estereotipados. Cuando son bebés presentan respuestas inusuales ante la estimulación sensorial. Cuando crecen empiezan a mostrar movimientos estereotipados y repetitivos (como mecerse), además, sus juegos son extraños, suelen centrarse en un objeto particular o en la organización de sus juguetes más que en usarlos para representar acciones (por ejemplo, alinear coches uno detrás de otros y no representar que se están moviendo en ningún momento), también son muy resistentes al cambio, no les gusta cambiar de planes, que cambie la decoración, etc. Cuando son mayores suelen presentar intereses inusuales y llevar una vida bastante planificada.

Esta descripción de los síntomas y signos es solo una ayuda para comprender mejor este trastorno, pero en ningún caso pretende ser una guía diagnostica. El diagnóstico siempre debe ser realizado por profesionales especializados, para poder empezar a tratarles lo antes posible y diseñar un programa ajustado a las características particulares de cada individuo.

Posibles causas de los TEA

Aún no se conoce la causa del autismo, pero según las últimas investigaciones, parece que no existe una sola causa que pueda explicar todo el trastorno si no que influyen múltiples factores, aunque hay una evidencia clara de estos factores son biológicos, como ya indicaba el investigador Leo Kanner cuando describió el autismo por primera vez en 1943.

Han existido muchas teorías sobre las causas del autismo, pero se ha demostrado que todas ellas son inciertas.

La primera teoría que elaboraron los clínicos de la época de Kanner fue que el autismo estaba causado por la falta de sensibilidad y el trato distante de los padres, más concretamente de la madre ya que en esta época era muy usual que las mujeres se ocuparan de forma íntegra del cuidado de los niños.

Un investigador, Bettelheim, incluso comparo a los niños con autismo con los casos de los supervivientes de la Segunda Guerra Mundial que presentaban apatía y desesperanza. Está teoría fue como un hachazo para los padres de los niños con autismo, ya que les responsabilizaba a ellos de todos los problemas que sufrían sus hijos.

Afortunadamente se ha demostrado que esta teoría no es cierta ya que algunos estudios han encontrado que no hay diferencias significativas entre los padres de niños con autismo y los padres de niños sin autismo, en cuanto a sociabilidad y sensibilidad.

En el siguiente vídeo la Doctora Wendy Chung os explicará las teorías se han formulado y descartado hasta el momento y las nuevas líneas de investigación sobre las causas del autismo.

Referencias

  1. American Psychiatric Association. (2014). Trastorno del Espectro del Autismo 299.00 (F84.0). En A. P. Association, DSM-5. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Editorial Médica Panamericana.
  2. Carlson, N. R. (2010). Autistic Disorder. En N. R. Carlson, Physiology of Behavior (págs. 593-597). Boston: Pearson.
  3. Chica Martínez, A., & Checa Fernández, P. (2014). Trastornos del desarrollo. En D. Redolar, Neurociencia cognitiva (págs. 406-408). Madrid: Editorial Médica Panamericana.
  4. King, M., & Bearman, P. (2009). Diagnostic change and the increased prevalence of autism. International Journal of Epidemiology, 1224-1234. doi:10.1093/ije/dyp261.
  5. Presmanes Hill, A., Zuckerman, K., & Fombonne, E. (2015). Epidemiology of Autism Spectrum Disorders. En M. d. Robinson-Agramonte, Translational Approaches to Autism Spectrum Disorder (págs. 13-38). Springer International Publishing. doi:10.1007/978-3-319-16321-5_2.
  6. Weintraub, K. (2011). The prevalence puzzle: Autism counts. Nature, 22-24. doi:10.1038/479022a.
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Graduada en Psicología y estudiante del máster en Cerebro y Conducta y del Doctorado en Psicología de la Universidad de Sevilla. Especialista en el campo de las neurociencias y la psicofisiología.

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